
Cuidado: responsabilidad vs. ayuda
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Julieta se levanta a las 5 a.m., hace ejercicio e intenta recordar qué falta en la maleta de su hijo. Se baña, despierta al niño y prepara el desayuno mientras Lucas, su esposo saca al perro. Julieta deja la lista de mercado, algunas instrucciones para la casa, recoge la ropa, pone a lavar, arregla un poco y sale al trabajo. En el trabajo, aprovecha algunos momentos para comprar mercado, llamar al plomero, pedir citas médicas al hijo y el permiso al jefe para faltar. Julieta llega a casa y prepara la comida, también limpia y lava la loza y quizá, a ratos Lucas le ayuda.
Ana y Julieta tienen condiciones económicas distintas, pero algo las une: el trabajo invisible no remunerado. Quizá Julieta pueda contratar a alguien que la apoye, pero no implica que deje de hacer labores de cuidado. Ambas duplican, en su hogar, las horas de trabajo de cuidado comparado con sus parejas. Ambas no sólo realizan tareas de cuidado directas sino también de gestión, llevando a una carga física y mental ardua que no es reconocida.
Según el DANE, la carga total de trabajo de las mujeres es de 14 horas con 49 minutos diarios, de las cuales destinan el 49% al trabajo no remunerado mientras los hombres tienen una carga total de trabajo de 12 horas 39 minutos y sólo el 27% al trabajo no remunerado. La carga de trabajo excesiva de las mujeres impide actividades lúdicas o de autocuidado; también pone restricciones para capacitarse o dedicar igual cantidad de horas al trabajo remunerado en condiciones comparables a las de los hombres.
¿Qué explica esta absurda desigualdad? Los datos gruesos no permiten entender bien esto. Si se mira la ENUT, se ven aparentemente cambios en la precepción del rol de hombres y mujeres respecto al cuidado y la contribución económica al hogar de una sociedad más justa. Sin embargo, también se observa la disparidad en horas reportadas a las actividades de cuidado. Por eso, toca abrir la caja negra.
Una forma es entender los patrones culturales que definen estas brechas. Un diagnóstico reciente hecho por Plural, muestra cómo hay arraigos que catalogan el cuidado entre responsabilidad y ayuda. Existe aún la creencia de que es responsabilidad de las mujeres el trabajo del hogar y de cuidado por tener las habilidades o por ser innato a nuestro sexo. Si socialmente la responsabilidad recae en las mujeres, los hombres no tienen un deber estructural frente a esto y su participación es cuestión voluntaria o de ayuda.
La dicotomía entre responsabilidad y ayuda es perversa, tanto que se señala a las mujeres cuando “descuidan” lo que por definición social nos corresponde: el cuidado. Así, aún bajo la presión del trabajo remunerado y contribuir económicamente al hogar, las mujeres seguimos asumiendo tareas de cuidado de manera desproporcionada con muy poca posibilidad de negociación pues esta es casi imposible cuando lo que se intenta negociar es una “responsabilidad” a cambio de una “ayuda” y no lo que debería ser: negociar la responsabilidad compartida.
Quizá varios lectores piensan: “yo no soy así”. Seguro hay outliers pero la gran mayoría sigue viendo el cuidado dentro de la dicotomía “responsabilidad-ayuda”. La revolución de derechos, libertades y poder de decisión nos ha tomado más de 100 años, pero, mientras la revolución no entre a casa y redefina los roles de cuidado, seguiremos experimentando una carga diferenciada que no sólo se contabiliza en horas sino en oportunidades de vida, de ocio y de bienestar.
Acerca del autor

Marta Juanita Villaveces Nino
Economista, MSc en Política Comparada y PhD en Estudios Políticos. Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia. Ex Decana de la FCE, Ex viceministra técnica de Hacienda.
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Luis Antonio González, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas en la Univeridad Nacional de Colombia trabaja tan duro como sus colegas de Tiempo Completo y Dedicación Exclusiva. Sin embargo, y a pesar de haber ganado dos concursos públicos, al profesor González se le mantiene en dedicación parcial de Cátedra. «¿Qué explica esta absurda desigualdad?»