¿Cuántos inocentes mueren en la Guerra de Gaza?
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¿Cuántos inocentes mueren en la Guerra de Gaza?

Escrito por Boris Salazar

Foto: X: UNRWA

Detrás del ataque del Ejército de Israel al convoy de la Cocina Central del Mundo subyace una preocupante y desmedida concepción del enemigo. Como siempre, los inocentes son las principales víctimas.

Boris Salazar*

Un error de cálculo

En el mundo interconectado en el que vivimos, ni la más sesgada de las investigaciones escapa de los incuestionables hechos reales. Esto es precisamente lo que sucedió con la investigación ordenada por las Fuerzas Armadas de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), después de la muerte de siete trabajadores internacionales de la Cocina Central del Mundo (WCK, por sus siglas en inglés).

En solo 72 horas, la comisión investigadora publicó un informe que vincula las muertes de los voluntarios internacionales a supuestos erróneos, es decir, a la toma de decisiones equivocadas por parte de los oficiales a cargo.

La supuesta transparencia y celeridad de la investigación resultan sorprendentes, después de que el Ejército de Israel negara cualquier responsabilidad en las muertes de decenas de miles de palestinos, en la destrucción de la infraestructura básica, en el sometimiento al hambre y el desplazamiento masivo de los gazatíes.

Hay un motivo obvio detrás de la sorprendente transparencia de las IDF: el “error de apreciación” podría costarle al gobierno de Netanyahu el generoso flujo de armas de destrucción masiva que los Estados Unidos y Europa le siguen vendiendo a Israel, y con ello, su continuidad en el poder político.

¿Por qué ese súbito cambio de actitud? La explicación es simple: de las siete víctimas de los mísiles de alta precisión disparados por la patrulla israelí, solo una era palestina: el joven que conducía el vehículo en el que murieron los siete trabajadores voluntarios. Los demás eran “extranjeros”, es decir, occidentales: tres británicos, un polaco, una australiana y un canadiense con doble nacionalidad.

Foto: Palestine RCS - El informe de las Fuerzas Armadas de Israel sobre la muerte de los trabajadores de la WCK solo considera como inocentes a personas occidentales, los más de treinta mil civiles palestinos, muchos de ellos niñas y niños, no lo son.

Identificar a los inocentes

La primera revelación del informe es que sólo reconoce como “inocentes” a los occidentales que, “por error”, caen bajo el fuego del Ejército de Israel. Los otros, los más de treinta mil civiles palestinos, entre ellos miles de niñas y niños caídos en el curso de la ofensiva israelí, no lo son.

Los civiles palestinos son un daño “colateral” causado por la “justa” venganza del Estado de Israel contra Hamás: una organización terrorista financiada y conducida al poder político en la Franja de Gaza, gracias al gobierno del primer ministro de extrema derecha Benjamín Netanyahu.

Ninguno de los eventos en los que miles de niños, niñas, mujeres, hombres y ancianos palestinos murieron bajo el fuego de la fuerza invasora israelí mereció una investigación, y mucho menos una tan rápida y efectiva en sus resultados disciplinarios: la rápida adjudicación de la culpa y la baja inmediata de los dos oficiales israelíes hallados culpables de “tomar malas decisiones”.

Hay un motivo obvio detrás de la sorprendente transparencia de las IDF: el “error de apreciación” podría costarle al gobierno de Netanyahu el generoso flujo de armas de destrucción masiva que los Estados Unidos y Europa le siguen vendiendo a Israel, y con ello, su continuidad en el poder político.

El informe revela otros motivos más profundos detrás del accionar y de los procesos de toma de decisiones del Ejército de Israel. En un segundo plano, cubierto por el lenguaje técnico y procedimental, subyace un supuesto muy importante: la guerra contra Hamás y los habitantes de Gaza es una venganza justa, porque, después de los ataques del 7 de octubre de 2023, dichos terroristas perdieron su humanidad y se convirtieron en meros “animales”. Ellos son los responsables de poner en peligro la integridad del Estado de Israel.

El letal poder de los procedimientos

Una vez establecida la justeza de la guerra de devastación contra Hamás y Gaza, la actuación de los soldados que ejecutaron dicha operación solo podría ser juzgada de acuerdo con los procedimientos y la racionalidad de las decisiones de los oficiales a cargo.

La decisión de matar o dejar vivir a los ocupantes del convoy de la WCK, la única organización de ayuda humanitaria que tenía permiso del Estado de Israel para operar de noche en Gaza, según el informe, no está relacionada con la ética o la preservación de la vida de los civiles que se desplazaban en los vehículos blancos de la organización. Todo lo contrario, responde al juicio de un observador humano armado que hace uso de un visor nocturno para identificar y clasificar los ocupantes de los vehículos en las dos únicas categorías que caben en la guerra: amigo o enemigo.

El soldado creyó observar la correa de un fusil, imposible de ver a pesar de la potencia de su visor nocturno, y dedujo que se trataba de un vehículo ocupado por combatientes de Hamás, y, por tanto, de un blanco legítimo. Ni el observador ni los oficiales que recibieron la información deliberaron para corroborar su sospecha o adjudicar con certeza la identidad de los ocupantes del vehículo.

Inteligencia Artificial vs Deliberación racional

La forma en que se observó, las inferencias realizadas y las acciones tomadas, parecen el producto de un algoritmo de aprendizaje automatizado, y no del ejercicio de la racionalidad por parte de un humano. Ni el observador ni los oficiales usaron sus capacidades de deliberación; tampoco emplearon la información que tenían acerca de la frecuente movilización de convoyes de la WKC en la zona, específicamente, distintivos como el color blanco de los vehículos.

En pocas palabras, actuaron como autómatas dirigidos por algoritmos diseñados para maximizar el número de bajas del enemigo y a ignorar el daño colateral causado a los civiles.

Tomaron una decisión de vida o muerte para siete personas sobre la base de una imagen poco confiable, de un detalle en el hombro de una de las víctimas. Lo hicieron actuando como una máquina que toma decisiones cruciales con información incompleta y con altos niveles de ruido. Lo hicieron renunciando a la información adicional y a la alta probabilidad de que el convoy que pasaba fuera de la WKC.

Aceptemos como válida, por un momento, la imagen equivocada registrada por el observador humano. Aquí aparece una segunda decisión que refleja cómo el Ejército de Israel toma decisiones de vida o muerte.  Aunque en apariencia solo una persona tenía lo que podía ser un fusil, ¿había que borrar de la faz de la tierra a los otros seis ocupantes del vehículo de la WKC?

Pensemos ahora en los miles de casos en los que el Ejército de Israel, equipado con tanques de guerra y lanzamisiles dirigidos por Inteligencia Artificial, actúa de acuerdo con los procedimientos descritos con anterioridad. Pensemos en las decenas, centenas de personas que estaban cerca, que vivían en el mismo edificio, en el mismo hospital, en el mismo refugio, en el que se encontraba un sospechoso detectado por IA.

¿Cuáles serían las consecuencias de la orden de bombardear con mísiles, proyectiles, fuego de tanques a los sospechosos, pero también a sus vecinos, a sus familiares, a los transeúntes, a todos los seres humanos que estaban cerca? ¿Cuál sería el daño colateral causado a los civiles cercanos por los procedimientos automatizados de eliminación de sospechosos de pertenecer a Hamás?

En pocas palabras, actuaron como autómatas dirigidos por algoritmos diseñados para maximizar el número de bajas del enemigo y a ignorar el daño colateral causado a los civiles.

La proporción en este caso de falsa identificación fue de 1 a 6: seis inocentes asesinados por un sospechoso dado de baja. Si esta proporción imprecisa fuera extendida a los cientos, quizás miles de casos, en que un sospechoso de pertenecer a Hamás fue identificado por la AI, ¿cuántos serían los civiles o inocentes muertos bajo el fuego del Ejército de Israel?

El número estaría en las decenas de miles, no muy lejano de las más de 37,000 víctimas civiles causadas por la guerra indiscriminada de Israel contra los habitantes de Gaza.

La IA no ha sido una buena guía para el Estado y las Fuerzas Armadas de Israel. Antes del ataque terrorista de Hamás, el Servicio Interno de Seguridad había desarrollado su propia plataforma de IA: Lavender. Sin embargo, de acuerdo con el diario Sicha Mekomit, durante los primeros enfrentamientos, cualquier ataque contra un terrorista identificado por Lavender causaba la muerte de hasta 20 civiles.

El funcionario a cargo del Sistema Interno de Seguridad proclamó que la plataforma identificaba a los terroristas porque sabía todo sobre ellos. No obstante, los operadores de Hamás se dieron cuenta del uso de dicha herramienta y la alimentaron con la información que el Ejército de Israel deseaba creer.

En los días anteriores al ataque de Hamás, decenas de israelíes que vivían cerca a la frontera detectaron entrenamientos y simulacros de ataques masivos. Jóvenes mujeres reclutas del Ejército de Israel redactaron un informe con abundante información fotográfica sobre el ataque que Hamás planeaba. Los burócratas de las IDF respondieron que se trataba de alertas imaginarias y no hicieron nada.

¿Por qué con toda la información que tenían en sus manos no neutralizaron el ataque de Hamás? La pregunta habría que hacérsela a Benjamín Netanyahu, el único interesado en librar una guerra de exterminio contra Gaza para eternizarse en el poder.

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1 Comentario

Eduardo Sáenz Rovner abril 8, 2024 - 8:19 am

Idan, nieto de mi prima Miriam, fue asesinado en estado de indefensión y con un tiro en la cabeza por un sicópata de Hamas el 7 de octubre. Supongo que, según el apparatchik, la culpa fue de Idan.

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