¿Hasta cuándo el ELN negociará? | Razón Pública 2024
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz ¿Hasta cuándo el ELN negociará?

¿Hasta cuándo el ELN negociará?

Escrito por Adrian Restrepo

Foto: Presidencia

Contrariamente a lo que se piensa, el ELN no es impermeable al paso del tiempo. Las contradicciones entre lo que dice y lo que hace son cada vez más evidentes, y esto aumenta la confusión en el proceso de la “paz total”

Adrián Restrepo Parra*

¿Otras temporalidades?

En las negociaciones con el ELN se ha vuelto común afirmar que la lentitud se debe a que dicha guerrilla tiene otra concepción de la temporalidad. En pocas palabras, para esta guerrilla el tiempo se mide en función de los objetivos de un proyecto histórico, de una revolución. 

Esos analistas consideran que el tiempo juega a favor de la guerrilla, como si sesenta años de conflicto armado no hubieran afectado constantemente a dicha organización. Es como si durante décadas estuvieran esperando la llegada del próximo gobierno para prolongar la guerra: solo combatiendo o dialogando y, a la vez, combatiendo.

Pero los hechos políticos controvierten la supuesta “impermeabilidad” de los grupos armados al paso del tiempo. El contexto político e histórico cambia sobre todo en dos aspectos: la reconfiguración de la guerra y los procesos de paz con las distintas insurgencias. 

el ELN pide que el Estado colombiano ponga fin a su relación con grupos paramilitares, es decir con “organizaciones criminales, mercenarias y narcotraficantes”, aunque el mismo ELN emplee un modus operandi similar.

Las guerrillas actuales no luchan apenas contra el ejército, sino que tratan de copar el vacío que dejaron las FARC tras la firma del Acuerdo de La Habana. A partir de este momento, se han disputado militarmente los territorios con otros grupos al margen de la ley. En la actualidad, después del cese al fuego, no hay combates directos entre el ejército y el ELN, pero este grupo insurgente sigue enfrentándose con otros enemigos, y por eso busca nuevos recursos para sostener las actividades militares.

Después de seis décadas de violencia, la acción depredadora de la guerra ha deslegitimado a las guerrillas. La financiación del conflicto las ha llevado a incurrir en prácticas con alto descrédito nacional e internacional al punto de generar confusión sobre su eventual naturaleza política. 

Foto: Policía - Las actuales guerrillas no tienen como principal enemigo al ejército estatal. Y a pesar de los ceses al fuego, las guerrillas siguen teniendo combates, especialmente en zonas de acceso a fuentes de riqueza.

La confusión 

Antonio García, en su columna “La razón de la sinrazón”, hace referencia a la actual situación de Nariño, donde el gobierno anunció un proceso de paz regional con una facción del ELN. De acuerdo con el autor, este es un plan de inteligencia militar porque “los supuestos mandos del ELN” son infiltrados del ejército que se aliaron con una banda (facción) de la segunda Marquetalia y un grupo paramilitar para enfrentarse con el EMC. Esta alianza tendría el propósito de disputar el territorio, la minería y demás actividades ilegales. 

Para el comandante García no existen reincidencias ni disidencias, solo bandas y paramilitares. La única y última guerrilla en el país es la que él lidera. A pesar de las controvertidas opiniones de Antonio García, el gobierno tiene en la mesa de diálogo al ELN y a las Marquetalias en procesos separados pero unidos, debido a la naturaleza política de estos grupos armados. 

Contradicciones 

La necesidad de sobrevivir como fuerza militar conduce a posiciones contradictorias desde el punto de vista ideológico. Por ejemplo, el ELN pide que el Estado colombiano ponga fin a su relación con grupos paramilitares, es decir con “organizaciones criminales, mercenarias y narcotraficantes”, aunque el mismo ELN emplee un modus operandi similar. 

El ELN no reconoce la beligerancia del paramilitarismo ni de otros grupos al margen de la ley. Los elenos consideran inaceptable la relación del Estado con el paramilitarismo y las bandas criminales; este, de hecho, es un punto común entre el ELN y el gobierno de Gustavo Petro. Por ejemplo, para poder prolongar el cese al fuego en el quinto ciclo de negociaciones acordaron que el gobierno combatiría las organizaciones paramilitares y sus variantes. 

En la práctica, es fundamental combatir a otros grupos como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, agrupación que lucha contra el ELN. El director de la Policía Nacional anunció el relanzamiento de la operación Agamenón para apresar a los líderes y desarticular sus redes criminales. En un comunicado, el Clan del Golfo justificó su actuación supuestamente debida a que el Estado favorecía a la guerrilla. 

En contraste con la exhaustiva separación que hacen los altos mandos del ELN entre criminales, mercenarios, narcos y subversivos (entiéndase este último como un actor de naturaleza política revolucionaria), sus más recientes acciones demuestran una seria paradoja.  

El desarrollo y la evolución de la guerra ha hecho que, contrariamente a lo que se pregona, las guerrillas incurran en prácticas criminales por mano propia o ajena. Además de ser recurrentes, conducen a pensar si los adjetivos “criminal, mercenario y narco” son también rasgos propios. Pensemos en el secuestro de Luis “Mane”, padre del futbolista Luis Díaz. La investigación, además de reconocer el protagonismo del ELN, confirmó el vínculo entre la guerrilla y otras bandas criminales. 

El Estado colombiano ha negociado con distintos grupos armados. Estos procesos han logrado desmovilizar varios grupos subversivos y llevarlos a la lucha política desde la legalidad. Estas salidas negociadas desacreditan a los revolucionarios que siguen justificando la violencia.

La policía informó que los autores materiales pertenecían a la banda de “Los Primos”. Los elenos pagan estos “servicios” para evitar competir con otros grupos y porque conocen mejor los entornos urbanos. De igual forma, de acuerdo con los medios de comunicación, en el sur de Bolívar, el ELN realizó una alianza con una de las Marquetalias para frenar el avance de las AGC. Mientras que en algunos territorios trabajan conjuntamente, en Arauca la confrontación es directa entre elenos y disidencias.  

Ilegitimidad guerrillera

La necesidad de sobrevivir hace que las guerrillas sacrifiquen la legitimidad política en aras de los triunfos militares. Es un costo que han pagado desde su incursión en el secuestro, la extorsión y el narcotráfico, el medio que les ha servido para prolongar la guerra hasta hoy en día, el mismo que les acarrea el rechazo de los colombianos y las organizaciones internacionales. 

Las acciones de los grupos armados suelen ser tan comunes e impopulares que arrojan un manto de duda sobre los espacios creados por el gobierno para consolidar la Paz Total: una mesa socio política y otra mesa socio jurídica. En la primera están las organizaciones que el gobierno considera de naturaleza política (el ELN y las Marquetalias), mientras que en la segunda están los grupos criminales (Mesas de paz urbana de Buenaventura, Medellín y Quibdó). 

Aunque para el comandante del ELN, el EMC y la segunda Marquetalia son bandas delincuenciales, para el gobierno son organizaciones con motivaciones políticas. Sin embargo, otros sectores opinan que el ELN debería de estar en la segunda categoría. 

A los problemas anteriores se añaden los resultados positivos de los procesos de paz entre el Estado colombiano y los grupos subversivos. El Estado colombiano ha negociado con distintos grupos armados. Estos procesos han logrado desmovilizar varios grupos subversivos y llevarlos a la lucha política desde la legalidad. Estas salidas negociadas desacreditan a los revolucionarios que siguen justificando la violencia.  

Igualmente, los últimos gobiernos en Colombia han asumido políticas públicas y reformas sociales que dejan seriamente cuestionadas las banderas de la justicia social enarboladas por los guerrilleros como justificaciones de su violencia revolucionaria. Hoy día, el mayor impedimento para realizar los cambios demandados por los colombianos que habitan los territorios en disputa es la dinámica de la guerra y no el desinterés estatal. 

La pérdida de legitimidad es un resultado histórico: obra del tiempo, obra de una guerra infinita, obra de las negociaciones de paz y de gobiernos, como el actual, interesados en producir cambios reales. La pérdida de legitimidad indica que es falsa la idea de la impermeabilidad del ELN al paso del tiempo. 

En estas circunstancias, ser la última guerrilla que queda en Colombia no debe ser un motivo de orgullo sino un motivo de preocupación. Hacer un acuerdo de paz quizás contribuya a detener la pérdida de legitimidad que la guerrilla a pagado por hacer la revolución por medio de una larga guerra.

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies