
Y cuando desperté, la democracia todavía estaba allí
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Las elecciones presidenciales las ha ganado Abelardo de la Espriella (ADLE). Pese a todos los pronósticos catastrofistas – promovidos buena parte de ellos por los mismos sectores que ganaron- las elecciones se realizaron a grandes rasgos sin inconvenientes, los resultados fueron entregados de manera ágil y la participación electoral fue la más alta en las últimas décadas. Nada de convertirnos en Venezuela, ni el régimen se robó las elecciones, ni decretó conmoción interior para suspenderlas… nada de eso. Hubo elecciones y hubo alternancia, como ocurre en las democracias.
Se han escrito muchos análisis y columnas explicando porqué ganó ADLE o porqué perdió Cepeda. En esta columna vamos a tratar de hacer también unas reflexiones muy personales al respecto. Considero que Cepeda perdió por tres motivos: (a) mala estrategia en redes/medios en primera vuelta, (b) tiempo perdido con el tema de no reconocer los resultados del escrutinio y (c) judicializar la campaña electoral.
Con respecto a lo primero, desde antes de la primera vuelta, en algunos sectores de la campaña de Cepeda y su electorado se percibía una especie de triunfalismo. No solo porque en todas las encuestas – salvo una – Cepeda era el candidato que punteaba, sino que incluso, algunos llegaron a sugerir que se podría ganar en primera vuelta. Con respecto a si las encuestas se equivocaron, yo sería más prudente en este punto. Si bien se escacharon al no poner a ADLE de primero, también es cierto que no se equivocaron en el porcentaje de intención de votos que le adjudicaban a Cepeda en primera vuelta (entre un 40% y un 44%). De hecho, dos semanas antes de las elecciones en las últimas encuestas antes de la restricción de publicarlas, sí se notaba una tendencia de ADLE en alza. Recordemos que en la última semana no se podían publicar encuestas, entonces, lo más probable es que si se hubiesen conocido los resultados de estas en esa última semana, la foto que hubiesen mostrado es probable que se pereciera más al resultado de la primera vuelta.
El triunfalismo y el exceso de confianza pudo llevar no solo a que algunos no se movilizaran electoralmente más en primera vuelta, sino también a despreciar un trabajo más estratégico en medios. Algunos conocedores del tema han señalado que hubo una mala estrategia en redes sociales y medios digitales antes de primera vuelta en la campaña de Cepeda. Mientras que la campaña de ADLE fue muy fuerte en redes sociales y medios digitales, la de Cepeda no lo fue tanto y solo mejoró en las tres semanas antes de la segunda vuelta, cuando ya de pronto el tiempo no era suficiente.
El segundo punto tiene que ver con el hecho de no recocer de manera más ágil los resultados de la primera vuelta. Aunque Cepeda reconoció los resultados de primera vuelta a los pocos días, esos pocos días en una campaña tan corta son claves. Fueron días en los que en vez de concentrarse en hacer autocrítica a los errores comunicacionales de la campaña y de buscar de manera más ágil alianzas con sectores independientes y de centro, se enfocaron en sostener la tesis del hipotético fraude. Es claro que si hay indicios o pruebas de un fraude electoral masivo y sistemático se deben dar a conocer a las autoridades y esperar el escrutinio. Pero, al parecer hasta el momento no han presentado pruebas contundentes de ello, por lo que fueron días y energías perdidas.
El tercer punto tiene que ver con judicializar la campaña, haciendo acusaciones al candidato ADLE de ser el presunto responsable de delitos relacionados con el paramilitarismo, o, presuntos delitos cometidos en EE.UU. Esto más que aportar en el debate, lo que hizo seguramente fue mandar una imagen de desespero, y, a las bases y apoyos de ADLE de seguro radicalizarlos y movilizarlos mucho más. Personalmente considero que muchas de las sospechas judiciales que existen contra ADLE algo tienen de cierto, pero soltarlas en medio de una campaña electoral, creo que restó mas de lo que sumó. Aunque reconozco que este argumento puede ser engañoso, pues si hubiese ganado Cepeda estaríamos diciendo que estas acusaciones a ADLE fueron claves para restarles votos en sectores moderados.
Pero si la campaña de Cepeda pecó de triunfalismo antes de la primera vuelta, la de ADLE está pecando de triunfalismo ahora que ganaron en segunda. Ni la campaña de Cepeda fue un rotundo fracaso ni la de ADLE fue un éxito arrollador. En la primera vuelta la distancia entre los dos fue de 670 mil votos, mientras que en la segunda la campaña de Cepeda logró reducir ese margen a solo 250 mil. ADLE entre la primera y segunda vuelta logró subir 2,600.000 votos, mientras que Cepeda logró subir 3 millones de votos, aunque no le alcanzó. Al gobierno recién electo no se le puede olvidar que el resultado no fue un 80/20, 70/30, 60/40, 55/45, ni siquiera un 51/49, fue casi 49,6 vs 49,4, es decir, casi un empate técnico.
Y es que, en redes sociales leí recientemente un comentario de una persona progresista pero crítica del gobierno de Petro que decía más o menos así “pese a lo desastroso del gobierno de Petro, sacó casi 13 millones de votos”. Tal vez el análisis sea al contrario. Para que casi 13 millones de personas hayan votado por Cepeda, eso demuestra que, de pronto, el gobierno de Petro no fue tan desastroso como parece. Obviamente que muchos de los errores del gobierno de seguro hicieron que sectores independientes, de centro (e incluso algunos de izquierda) se les hiciera muy difícil votar por Cepeda, o, sencillamente no votaran o votaran en blanco en segunda vuelta. Pero los análisis tanto del gobierno, oposición y lideres de opinión deberían ser más reflexivos, rigurosos y críticos. ¡Hasta el mismo Tomas Uribe le hizo un llamado de atención a los sectores ganadores de derecha! reconociendo que esos 13 millones de votos de la izquierda, centro y sectores independientes, están mandando un mensaje que el nuevo gobierno no puede minimizar o desconocer.
Luego de una autocrítica profunda -no solo para identificar los errores que se cometieron en campaña sino durante el gobierno- lo que tiene que hacer la oposición ahora es prepararse estos cuatro años para defender las reformas sociales conquistadas, hacer un control político serio y riguroso a las propuestas del gobierno que busquen desmontar el Estado social de derecho, erosionar nuestra democracia o atacar la arquitectura institucional del Acuerdo de Paz de 2016, y, sobre todo, prepararse para la verdadera tercera vuelta, que no será en las calles como sugirió ADLE en sus agresivo pasivos discursos triunfalistas de respeto -condicionado- a los derechos de la oposición, sino el próximo año en las elecciones locales.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
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