Y cuando desperté, China seguía ahí | Armando José Mercado

Y cuando desperté, China seguía ahí

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La semana pasada el presidente de EEUU Donald Trump realizó una visita oficial a la República Popular de China, donde fue recibido con honores por su presidente Xi Jinping, para discutir no solo temas comerciales, sino también asuntos como el apoyo norteamericano a Taiwan, el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra EEUU-Irán y el apoyo chino a Rusia en medio de la guerra en Ucrania. 

China se ha convertido en un fascinante y complejo fenómeno de estudio para buena parte de las ciencias sociales occidentales, desde la ciencia política, relaciones internacionales, sociología, economía, historia y demás. En parte, porque muchas de las teorías, supuestos e hipótesis sobre la democracia liberal y la economía de mercado como la fórmula mágica del desarrollo económico a largo plazo, no parecen aplicar muy bien en el caso chino. 

Las ciencias sociales no solamente tratan de describir y analizar la realidad social, también tratan de comprenderla (interpretarla) o explicarla (en clave de causa-efecto). Y algunos paradigmas consideran que no solo debe describir, comprender y/o explicar la realidad social, sino que también, a partir de este conocimiento optenido, tratar de predecir lo que puede ocurrir.

El ejercicio es más o menos así, por ejemplo: describo cómo ocurren los golpes de Estado en varios países y momentos históricos, identifico semejanzas y diferencias entre ellos, relaciono las variables o factores que considero claves para comprender y/o explicar por qué ocurrieron los golpes, ergo, puedo identificar posibles causas que me ayuden a prever que, en ciertas circunstancias y condiciones, es probable que pueda ocurrir un golpe de Estado en un país o no. No hacemos una Ley universal de los golpes de Estado, porque eso no se puede en ciencias sociales. Lo que alcanzamos a tener son generalizaciones empíricamente comprobables, que nos dicen cuál es la tendencia o la probabilidad de que pueda ocurrir o no un golpe de Estado en un país. 

Sobre China desde la ciencia política y la economía se aventuraron algunas predicciones hace un par de décadas, las cuales ninguna se ha cumplido. En el primer caso podemos señalar a los politólogos Ronald Inglehart y Christian Welzel quienes en su magnífico texto de 2006 titulado Modernización, cambio cultural y democratización: la secuencia del desarrollo humano, pronosticaron que en aproximadamente dos décadas (es decir ahora) China debería —según las teorías de la modernización— estar haciendo el tránsito de un régimen de partido único a una democracia liberal. Como vemos, esto no ha pasado ni se vislumbra que ocurra pronto.

Por su parte los premios nobel de economía, Daron Acemoglu y James Robinson, en su texto del 2012 titulado Porqué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza pronosticaron que el rápido y sostenido crecimiento económico de China bajo lo que ellos denominan instituciones políticas excluyentes, no sería sostenible en el largo plazo. Por lo tanto, si sus élites no hacían un cambio hacia instituciones políticas más incluyentes (es decir, democracia liberal) era muy probable que su crecimiento en las próximas décadas se esfumara. Ha pasado más de una década desde que lo señalaron y no parece que esto vaya a ocurrir pronto, pues China sigue siendo junto a EEUU las potencias políticas, económicas, tecnológicas y militares más poderosas de la actualidad.

En este mismo sentido, el politólogo Andreas Schedler en su texto de 2013 La política de la incertidumbre en los regímenes electorales autoritarios, aunque con un poco más de cautela, sostenía que China en las próximas dos décadas viviría un proceso de apertura política, lo que implicaría una transición no tanto de un régimen de partido único a una democracia liberal, sino más bien a un régimen de partido hegemónico, o, lo que llama en su obra un autoritarismo electoral hegemónico. Esto tampoco ha ocurrido, pues China sigue siendo un sistema de partido único con el Partido Comunista de China (PCCh) gobernando el Estado. Tal vez habrá que esperar a la década de los 2030 para averiguar si las predicciones de nuestros autores se cumplen.

Pero no todo es color de rosa en China. Su combinación de comunismo de partido único en lo político, y, lo que llama el economista Branko Milanovic un capitalismo político en lo económico (para diferenciarlo del capitalismo anglosajón y europeo) es cierto que le ha generado un desarrollo económico sostenido por casi medio siglo, pero, también es cierto que el modelo chino enfrenta profundos problemas relacionados con una clase media cada vez mejor formada, que en algún momento empezará a exigir otro tipo de derechos políticos y libertades civiles, así como serios problemas institucionales de corrupción y demográficos de natalidad y envejecimiento.     

¿China entonces contradice y disvirtúa buena parte de las teorías sobre democratización y desarrollo económico? En realidad, no tanto. La combinación de democracia liberal y economia mixta sigue siendo una formula que a grandes rasgos les ha permitido a muchos países reducir pobreza y desigualdad. Pero el caso de China si invita a politólogos y economistas a tener un pensamiento mas abierto, reflexivo y crítico sobre las complejas y dinámicas relaciones entre democracia y desarrollo, pues, pese a lo que algunos predijeron, parafraseando al gran escritor Augusto Monterroso, cuando despertemos mañana, ese dinosaurio –o mejor, ese dragón- todavía estará allí.

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

1 comentarios

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Escrito por:

Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

Comentarios de “Y cuando desperté, China seguía ahí

  1. No se puede predecir el futuro de China solo con el «deseo» de verla acogiendo la democracia liberal occidental. 5.000 años de civilizacion les muestra a ellos el camino.

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