Cuando baja la inflación, sus efectos no desaparecen* - Razón Pública
Foto: Unsplash

Cuando baja la inflación, sus efectos no desaparecen*

Compartir:

Cuando la inflación cede, no deberíamos limitarnos a celebrar la caída del índice de precios. También deberíamos mirar los balances de los bancos, porque la batalla contra la inflación puede haber terminado en las estadísticas de precios mientras sus consecuencias siguen vivas, durante años, dentro del sistema financiero.

Cuando hablamos de inflación en Colombia, solemos pensar en el costo de la comida, los servicios públicos, el transporte, la vivienda y las tasas de interés. Es natural. La inflación golpea directamente el bolsillo de los hogares y deteriora su poder adquisitivo. 

Pero hay otro efecto, mucho menos visible, que también debería preocuparnos: la inflación puede cambiar la manera como los bancos utilizan sus recursos. Ese cambio importa porque los bancos cumplen una función esencial en cualquier economía: transforman el ahorro en crédito. Financian empresas, hogares, proyectos de inversión y capital de trabajo. Cuando esa función se debilita, las consecuencias no se quedan dentro del sistema financiero. Se trasladan al crecimiento, al empleo y a la capacidad de recuperación de la economía.

Una huella que permanece

Una investigación reciente de Giraldo et al. (2026) estudia precisamente este fenómeno: cómo los episodios de inflación afectan la composición de los balances de los bancos en economías emergentes y en desarrollo. Los resultados deberían llamar la atención de autoridades económicas, banqueros y empresarios colombianos. El hallazgo central es sencillo, pero importante: cuando la inflación alcanza niveles excepcionalmente altos frente a la historia de cada país, los bancos tienden a aumentar de manera persistente la proporción de sus activos destinada a inversiones. Ese cambio no desaparece rápidamente. Por el contrario, se intensifica con el paso de los años.

En otras palabras, la inflación puede dejar una huella en el sistema financiero mucho después de que el aumento de los precios haya comenzado a moderarse. Giraldo et al. (2026) analizan bancos comerciales de 63 economías emergentes y en desarrollo entre 2000 y 2021, incluida Colombia. La estimación final contiene 17.882 observaciones banco-año. El objetivo no es simplemente establecer si “más inflación” significa “más inversiones bancarias”. El estudio se concentra en dos aspectos que los análisis tradicionales pueden pasar por alto: la no linealidad y la persistencia.

Esta forma de identificar los episodios inflacionarios también es importante porque permite reconocer que un mismo nivel de inflación puede tener significados distintos según la historia de cada economía. Un aumento de precios que puede resultar relativamente habitual en un país con una larga experiencia inflacionaria puede ser extraordinario en otro acostumbrado a una mayor estabilidad. Lo relevante para la respuesta bancaria no es solamente el nivel absoluto de la inflación, sino qué tan lejos se encuentra de aquello que bancos, empresas y hogares consideran normal en su propio contexto.

Ambos resultan fundamentales. Una inflación moderadamente superior al promedio histórico de un país no produce necesariamente el mismo tipo de respuesta que un episodio inflacionario extremo. Tampoco es razonable asumir que los bancos reaccionan de inmediato y que el efecto desaparece al año siguiente.

Sus decisiones de balance pueden tardar tiempo. Los bancos deben revisar la calidad de sus créditos, las condiciones de sus deudores, el costo de sus fuentes de financiación, su capital, la liquidez y el rendimiento relativo de distintos activos. Por eso, Giraldo et al. (2026) no estudian solamente qué ocurre en el año del choque inflacionario, sino también qué sucede hasta cinco años después.

Cuando la inflación se sale de lo normal

Los resultados muestran una diferencia muy clara entre episodios normales y extremos. Cuando la inflación se mueve relativamente cerca de su promedio histórico, los bancos cambian poco la composición de sus activos. En particular, los movimientos situados aproximadamente entre una desviación estándar por debajo y una por encima del promedio tienen un efecto reducido sobre la participación de las inversiones.

La historia cambia cuando la inflación entra en terreno excepcional. Cuando supera aproximadamente dos desviaciones estándar frente a su promedio histórico, los bancos comienzan a aumentar de manera significativa la proporción de inversiones dentro de sus activos. Y, además, esa respuesta se hace mayor con el tiempo.

En uno de los escenarios extremos analizados, correspondiente a una inflación de 3,32 desviaciones estándar por encima del promedio histórico del país, el efecto inicial equivale a un aumento cercano a 2,8 puntos porcentuales en la proporción de inversiones dentro de los activos bancarios. Cinco años después, el efecto marginal estimado alcanza aproximadamente 6,5 puntos porcentuales.

No estamos, por tanto, frente a una simple reacción temporal. Estamos observando una modificación persistente en la forma como los bancos distribuyen sus recursos.

Conviene hacer una precisión. Que aumente la proporción de inversiones dentro de los activos no significa que por cada peso adicional invertido desaparezca un peso de crédito. Un banco puede aumentar al mismo tiempo sus préstamos y sus inversiones si su balance está creciendo. Lo importante es que una parte mayor de sus recursos empieza a dirigirse hacia inversiones. En ese escenario, el crédito puede crecer menos de lo que habría crecido sin el episodio inflacionario. Y esa diferencia puede ser muy relevante para la economía real.

Foto: flickr: Banco de la República

¿Por qué cambian los balances de los bancos?

¿Por qué ocurre? Una parte de la explicación está en la propia naturaleza de la inflación. Prestar dinero siempre implica mirar hacia el futuro. El banco debe preguntarse si una empresa o un hogar tendrá capacidad de pagar meses o años después. Cuando los precios se vuelven más inestables, responder esa pregunta se hace mucho más difícil.

Con inflación alta, las señales económicas se vuelven menos claras. Los ingresos nominales de una empresa pueden subir mientras sus costos reales aumentan todavía más. Una compañía puede vender más pesos y, al mismo tiempo, estar en una situación financiera más frágil. Si además suben las tasas de interés, el servicio de la deuda se encarece y aumenta la incertidumbre sobre ventas, costos y márgenes futuros.

La inflación, por tanto, puede deteriorar la calidad informativa del mercado de crédito. Para los bancos, otorgar nuevos préstamos puede volverse relativamente menos atractivo frente a otras alternativas.

Al mismo tiempo, los episodios inflacionarios suelen estar asociados con cambios importantes en las condiciones financieras. Las tasas de interés aumentan, las curvas de rendimiento se modifican y los títulos financieros pueden volverse relativamente más atractivos.

En ese contexto, trasladar parte del balance desde créditos privados hacia inversiones puede ser una decisión perfectamente racional desde el punto de vista de un banco individual.

Lo prudente para un banco puede ser costoso para la economía

El problema aparece cuando muchos bancos reaccionan de la misma manera al mismo tiempo. Lo que puede ser prudente para una entidad puede terminar siendo costoso para la economía en su conjunto. Si los bancos destinan persistentemente una mayor parte de sus balances a inversiones y relativamente menos a crédito, empresas y hogares pueden encontrar más difícil conseguir financiación.

Este punto es especialmente importante en economías emergentes. Una gran empresa puede tener otras puertas abiertas: emitir bonos, buscar financiación internacional o atraer nuevos inversionistas. Para la mayoría de las empresas, esas opciones simplemente no existen. En Colombia, una pequeña o mediana empresa sigue dependiendo en gran medida del banco. Si el crédito se restringe, no siempre hay otra fuente de financiación lista para reemplazarlo.

Esa dependencia del crédito bancario hace que la reasignación del balance pueda tener efectos diferentes entre empresas. Las firmas grandes tienen mayor capacidad para sustituir parcialmente el crédito bancario por otras fuentes de financiación; las pequeñas y medianas cuentan con mucho menos margen. Por eso, si el sistema bancario se vuelve más cauteloso después de un episodio inflacionario, el impacto puede concentrarse precisamente en las empresas con menos alternativas financieras y con mayor necesidad de capital de trabajo.

Por eso el efecto encontrado por Giraldo et al. (2026) puede tener consecuencias importantes sobre la economía real. Un episodio de inflación extrema puede generar una especie de segunda ronda de efectos. Primero reduce el poder adquisitivo y obliga a endurecer las condiciones monetarias. Después puede modificar los balances de los bancos de una forma que reduzca la capacidad del sistema financiero para financiar al sector privado.

El desafío para la política monetaria

Aquí aparece un desafío adicional para la política monetaria. Una parte importante de las decisiones del banco central llega a la economía a través del sistema bancario. Cuando las tasas suben, el crédito se encarece y las condiciones financieras se endurecen. Más adelante, cuando la inflación baja y existe espacio para reducir las tasas, se espera que ocurra lo contrario: que el crédito vuelva a fluir y ayude a la recuperación.

Pero los resultados de Giraldo et al. (2026) muestran que ese camino de regreso puede ser menos automático. Si durante el episodio inflacionario los bancos cambiaron sus portafolios y elevaron de manera persistente la participación de las inversiones, una reducción de la tasa de política monetaria no garantiza que el crédito vuelva de inmediato a su situación anterior. El balance del banco puede conservar memoria de la inflación.

Dicho de otra manera, la inflación puede desaparecer del índice de precios antes de desaparecer de los balances bancarios. Este es, a nuestro juicio, uno de los mensajes más importantes del estudio para Colombia. Controlar la inflación sigue siendo indispensable, pero el análisis no debería terminar cuando los precios vuelven a una senda más normal.

Las autoridades deberían preguntarse también qué ocurrió mientras la inflación estuvo elevada. ¿Cambió significativamente la composición de los balances bancarios? ¿Aumentaron las inversiones de manera temporal o persistente? ¿Se redujo la capacidad del sistema para financiar al sector privado? ¿La recuperación del crédito está ocurriendo al mismo ritmo que la normalización de la inflación?

Por supuesto, el mensaje no es que los bancos deban prestar más ignorando los riesgos. Una banca prudente es indispensable para la estabilidad financiera. El verdadero desafío es distinguir entre una reacción defensiva, necesaria y temporal, y un cambio del balance que termina volviéndose permanente. Esa diferencia importa tanto para la política monetaria como para la supervisión financiera.

Cambiar un riesgo por otro

Estas preguntas deberían formar parte del seguimiento macroprudencial. Pero hay otra cara del problema. Durante períodos de inflación y tasas de interés altas, los bancos pueden aumentar sus tenencias de títulos como una forma de protegerse. El punto es que esas inversiones tampoco están libres de riesgo. Si una entidad acumula títulos de largo plazo, puede quedar expuesta a pérdidas cuando las tasas de interés vuelvan a moverse.

Existe, entonces, una tensión. Reducir la exposición al riesgo crediticio puede aumentar la exposición al riesgo de duración. Por eso la gestión de activos y pasivos adquiere todavía más importancia en entornos inflacionarios. Los bancos deben prestar atención no solamente a cuánto invierten, sino también al plazo, la liquidez y la sensibilidad a tasas de los instrumentos que incorporan a sus portafolios. Para las autoridades financieras, esto significa que la supervisión debe mirar más allá de indicadores agregados de capital y liquidez.

Así, un sistema bancario puede verse sólido en sus indicadores prudenciales y, al mismo tiempo, estar cambiando silenciosamente la función que cumple en la economía: prestar relativamente menos y mantener relativamente más activos financieros.

Las crisis no ocurren en el promedio

La investigación de Giraldo et al. (2026) deja además una lección metodológica importante: los efectos de la inflación no son lineales. No tiene por qué producir las mismas consecuencias pasar de una inflación baja a una moderada que pasar de una moderada a una extrema. Los resultados muestran justamente eso. Los movimientos relativamente normales generan cambios pequeños en los balances bancarios; los episodios extremos pueden provocar una reasignación grande, persistente y acumulativa.

Esto recuerda algo que a veces se pierde cuando miramos solo los promedios: muchas de las consecuencias económicas más importantes aparecen precisamente en los extremos. Las crisis no ocurren en el promedio. Colombia, como otras economías emergentes, necesita pensar la estabilidad de precios y la estabilidad financiera como dos caras de un mismo problema. La inflación no solo afecta cuánto podemos comprar con nuestros ingresos; también puede cambiar la manera como los bancos utilizan cada peso que administran. Y de esa decisión depende cuánto crédito llega a las empresas, cuánto financiamiento reciben los hogares y con qué fuerza puede recuperarse la economía después de un período de inestabilidad. 

Por eso, cuando la inflación finalmente cede, no deberíamos limitarnos a celebrar la caída del índice de precios. También deberíamos mirar los balances de los bancos. Porque la batalla contra la inflación puede haber terminado en las estadísticas de precios mientras sus consecuencias siguen vivas, durante años, dentro del sistema financiero.

Le recomendamos: Decálogo de errores de la política económica del gobierno Petro y lecciones para no repetirlos*

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

Acerca del autor

Jacobo Campo Robledo
jcampo@razonpublica.org |  + posts

*Docente de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de la Universidad del Rosario, economista y negociador internacional de la Universidad ICESI. jacobo.campo@uexternado.edu.co

0 comentarios

Jacobo Campo Robledo y Jose Gomez Gonzalez

Escrito por:

Jacobo Campo Robledo y Jose Gomez Gonzalez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

mauricio puello
Economía y Sociedad

Una estrella para Brigitte

Economía y Sociedad

Doña Juana debe llegar a su fin

Economía y Sociedad

¿Cómo debe ser la reforma tributaria de 2021?

fredy cante
Economía y Sociedad

Debate sobre la pobreza: silencios y omisiones tecnocráticas

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.