
El crítico panorama de los cuidadores en Colombia
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La Ley 2297 de 2023 protege a las personas que cuidan de otras personas, pero su situación real es desoladora: los enfermos cuidan a otros enfermos.
Óscar Alfonso Roa*
El derecho a ser cuidado 
La ley 2297 de 2023 es un avance en el reconocimiento de la autonomía de los demandantes de asistencia personal y de quienes prestan el servicio del cuidado sin ninguna remuneración. Sin embargo, su alcance es limitado debido a los problemas fiscales y a los 571.164 cuidadores que no están cubiertos por la ley.
De igual forma, en el artículo noveno, esta ley busca reafirmar la autonomía de las personas con discapacidad y la de los cuidadores. Un primer paso será formular un Programa Nacional de Orientación y Formación a través del Consejo Nacional de Discapacidad. También, es fundamental señalar que, antes del 28 de diciembre, el Ministerio de Trabajo deberá determinar “las competencias laborales necesarias para la prestación del servicio de cuidado o asistencia personal a personas con discapacidad”.
La propuesta anterior se sustenta en algunos de los postulados de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la cual entró en vigor en el 2008. El goce efectivo del Derecho a la Vida de las personas con alguna discapacidad se consagra en el artículo décimo. De él se derivan otras medidas como la obligación estatal de garantizar la movilidad, la integridad personal, el respeto de la privacidad, la educación y la salud de dicho sector de la población.
el cuidado difiere de otras actividades laborales porque entre sus motivaciones se encuentra el amor filial y el compromiso ético con la vida. Por este motivo, se considera más un oficio que una profesión.

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El oficio del cuidado
Se estima que casi 8,3 millones de personas, el 16,8% de los colombianos, tienen responsabilidades de cuidado dentro del hogar y no reciben ninguna remuneración. También, es posible evidenciar asimetrías de género porque por cada hombre hay 2,8 mujeres dedicadas al cuidado. Cuando el grupo atendido son los adultos mayores, la cifra cambia a 2,0; mientras que cuando se trata de los menores, sube a 3,1.

Quizá se deba a la magnitud del esfuerzo fiscal que conllevaría que cada cuidador recibiera un salario mínimo junto con su respectiva prima de servicio. Se calcula que se requerirían $109.465 millones, es decir, el 9,2% del PIB. En pocas palabras, se trata de un monto considerable si se compara con el Presupuesto General de la Nación, el cual oscina en torno al 30% del PIB.
No obstante, el cuidado difiere de otras actividades laborales porque entre sus motivaciones se encuentra el amor filial y el compromiso ético con la vida. Por este motivo, se considera más un oficio que una profesión. Además, la jornada de trabajo es superior porque su duración es incierta. La situación se agrava cuando no se respeta el descanso dominical, los días festivos o las vacaciones anuales.
El pago de la seguridad social y la cotización al sistema pensional son una carga adicional para los cuidadores que no reciben ingresos. Por lo tanto, si se toma la decisión de remunerarlo, el salario mínimo legal sería una suma irrisoria que no pasaría de ser un reconocimiento simbólico por una labor sumamente exigente.
Cuidadores enfermos
Tal como se mostró en el Cuadro 1, hay 1,3 millones de cuidadores con enfermedades como dolencias respiratorias, insuficiencia renal, padecimientos digestivos y óseos, diabetes, cáncer, epilepsia o desórdenes mentales. Por cada hombre enfermo dedicado al cuidado de personas mayores hay 2,4 mujeres. En el caso de los pacientes con alguna enfermedad, la ratio aumenta a 3,1. La asimetría de género en el cuidado de los menores es mayor, pues llega hasta 5,5.
Para fines analíticos, el cuidador que no padece ninguna de estas enfermedades se considera “sano”. Si sufre una sola de las dolencias, está “enfermo”. Por último, si tiene dos o más insuficiencias se trata de una persona “muy enferma”. La anterior tipología no es arbitraria si se asume que los cuidadores deberían ser personas sanas con aptitudes físicas y mentales para atender las necesidades especiales de los demás individuos.
Otro factor para considerar es el sueño. Casi la tercera parte de los cuidadores “sanos” no duerme las ocho horas recomendadas por la medicina preventiva. Entre los “enfermos” y “muy enfermos” esta problemática incrementa un 40%.
Enfermos que cuidan mayores
La cuestión subyacente es que las personas “sanas” dedicadas al cuidado son más propensas a enfermarse que las que no lo hacen. También, los cuidadores “enfermos” que asumen las exigencias físicas y psíquicas del cuidado son muy propensos a alcanzar el estado de “muy enfermas”. Esto se debe a que los cuidadores disponen de menos tiempo para preocuparse por su vida social, sus necesidades personales, para ejercitarse, etc.
La vejez saludable es un ideal irrealizado que solamente alcanza uno de cada seis ciudadanos que llegan a la vejez. El 22,2% de los cuidadores está “enfermo” y el 9,2% está “muy enfermo”. En este subgrupo persiste la asimetría de género: por cada hombre “enfermo” que cuida mayores, hay 2,4 mujeres en la misma situación. Finalmente, esa ratio asciende a 3,1 cuando están “muy enfermas”.

Disyuntivas extremas
El numeral “c” del artículo 4º de la ley 2297 establece que “el cuidado o asistencia personal podrá ser remunerado”. No es gratuito que se haya empleado “podrá” como muestra de prudencia fiscal, ya que si se hubiera utilizado “deberá” se tendría que duplicar el presupuesto de los gastos de funcionamiento del gobierno. La anterior decisión implica que los cuidadores que no reciben una remuneración seguirán sin recibirla, lo cual conlleva a mantener el statu quo en materia de inequidad salarial.
los cuidadores “enfermos” que asumen las exigencias físicas y psíquicas del cuidado son muy propensos a alcanzar el estado de “muy enfermas”. Esto se debe a que los cuidadores disponen de menos tiempo para preocuparse por su vida social, sus necesidades personales, para ejercitarse, etc.
En el oficio del cuidado tampoco hay economías de escala. Además, hay 423.257 personas que velan por las necesidades de dos o más adultos mayores. A la anterior problemática se añade que los medicamentos para la diabetes no son los mismos que los prescritos para las enfermedades mentales u otras dolencias, y, por este motivo, requieren esfuerzos y trámites diferentes.
El panorama es mucho más exigente para quienes necesitan el acompañamiento de un cuidador, pero no pueden costearlo. Asimismo, en muchos casos, ellos mismos deben satisfacer las necesidades especiales de otros individuos en su misma condición. Dicho de otro modo, los enfermos están cuidando a otros enfermos.
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*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones son responsabilidad de los autores.
Acerca del autor
Óscar A. Alfonso R
*Doctor en Planeamiento Urbano y Regional, economista, docente e investigador de la Universidad Externado de Colombia. oscar.alfonso@uexternado.edu.co.
5 comentarios







Que bendición por qué Dios es justo y no injusto y el hace llover sobre todos dónde Dios lo permita ,y Dios es equitativo y es amor y misericordia,gloria a Dios por todo
Agradezco de corazon su publicación y me idintifico en el título que hay en este escrito que dice guerreros sin fin soy cuidadora líder del colectivo S.O.S CUIDADORES FAMILIARES en cli valle también soy integrante dela RED NACIONAL DE CUIDADORES FAMILIARES MARCHANTES a nivel NACIONAL caminamos 4mujeres caminamos 4 mujeres para lograr que nuestra ley se diera y nos tengan en cuenta y seguimos perceberando para que se reglamente y se inplemente nos gustaría conocerlo y poder seguir alimentando este tema que muchos no conocen y seguimos entre las sombras
Mamada de que no exista una ley certera que proteja a quienes asumen el rol de cuidado ya sea de un menor o una persona enferma, Colombia es un circo
La lucha de los cuidadores, esta iniciando y unidos somos mas
Los cuidadores son muchos yq que la población adulto mayor está en aumento con muchas enfermedades y la mayoría a los hijos les toca tomar el cuidado que las EPS no ayudan con las enfermeras para proveer este cuidado que termina en manos inexpertas, llevando a maltrato y mal manejo de los enfermos agrabando la situación