Crisis en la Universidad Nacional: ¿autoinmolación o atajo hacia la democracia?
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Crisis en la Universidad Nacional: ¿autoinmolación o atajo hacia la democracia?

Escrito por Mary Luz Alzate

La elección del rector de la Nacional precipitó una crisis que llevaba años cocinándose por la gestión de algunos rectore anteriores. ¿Por qué?

Mary Luz Alzate Zuluaga*

Unas rectorías “empresariales”

La elección del nuevo rector de la Nacional ha sido un reto para la comunidad universitaria. El descontento por los resultados ha ido en aumento entre quienes hemos puesto en duda las decisiones tomadas por el Consejo Superior Universitario (CSU). Este resultado es apenas la punta del iceberg del malestar con la gestión universitaria de corte neoliberal y sin ningún interés frente a los problemas que hemos vivido en los últimos años. 

A lo largo de las dos últimas administraciones de Dolly Montoya (2018-2021 y 2021-2024) y de las de Ignacio Mantilla Prada (2012-2018), la gestión “empresarial” de la universidad se ha consolidado, dejando de lado los problemas académicos, de infraestructura y del bienestar de los estudiantes.

los valores que han orientado a la Universidad como la autonomía universitaria, la excelencia docente, la crítica y reflexividad académica han perdido su significado e importancia bajo el proceder administrativo de las últimas rectorías

Basar la gestión en un aumento de recursos económicos no tendría ningún inconveniente si estuviéramos hablando de una empresa pública o privada en cuyo centro estuvieran los réditos financieros. Pero estamos hablando de una universidad pública, cuya finalidad primordial es la formación de profesionales íntegros y la producción de conocimientos en beneficio para la sociedad. Su misionalidad debe enfocarse en la calidad de la educación y en el bienestar de sus estudiantes y de toda la comunidad universitaria: trabajadoras y trabajadores, personal administrativo y docente, egresadas y egresados.

Lo cierto es que los valores que han orientado a la Universidad como la autonomía universitaria, la excelencia docente, la crítica y reflexividad académica han perdido su significado e importancia bajo el proceder administrativo de las últimas rectorías, interesadas en viaticar, participar en contratos interadministrativos de dudoso propósito, crear empresas o facultades como la denominada Ciencias de la Vida en la sede Medellín, sin que estas decisiones estén apoyadas en diagnósticos de necesidades regionales o mayor concertación con la comunidad universitaria. 

Tampoco se pueden dejar de lado los problemas que han sido desatendidos o que han recibido un tratamiento injusto, estigmatizante y discriminatorio con quienes se atreven a denunciar, mayoritariamente profesoras y estudiantes, como es el caso de las múltiples denuncias de las violencias basadas en género contra integrantes de la comunidad docente y estudiantil. 

A su vez, ha habido un proceder maniqueo de instancias universitarias como la Veeduría Disciplinaria, la cual termina archivando las denuncias por supuestas “falta de pruebas” o alguna otra consideración injustificada. Otro problema es la de los salarios precarios para docentes ocasionales y de planta y los salarios descomunales para un grupo minoritario de docentes, quienes bajo el sistema de puntos salariales por la productividad académica inflan sus salarios, sin que esto represente una contribución significativa para la sociedad.

Foto: MinEducación - En las últimas administraciones de la Universidad Nacional, Dolly Montoya e Ignacio Mantilla, se ha profundizado la gestión empresarial y se han dejado de lado el interés académico y el bienestar estudiantil.

Los atajos de la democracia universitaria

La situación crítica actual es fruto del modelo de democracia universitaria que ha imperado en los últimos años. El descontento con las consultas no vinculantes de la elección de los cargos administrativos refleja lo que una autora como Cristina Lafont ha denominado “los atajos de la democracia”: soluciones que se han dado a problemas supuestamente insuperables en las elecciones democráticas. Algunas de ella son: 

  • Superación de desacuerdos sustantivos: actitud de los denominados pluralistas profundos.
  • Superación de la ignorancia de los ciudadanos: actitud y propósito de los llamados epistócratas.
  • Mejora de la calidad de la deliberación entre la ciudadanía: apuesta de los lotócratas deliberativos. 

Las decisiones que ha venido tomando el CSU de la Universidad Nacional de Colombia, y que podría ser una reflexión extensible al modelo de gobierno del sistema educativo superior en Colombia corresponde con los rasgos del atajo de los epistócratas, quienes definen al ciudadano o comunidades universitarias que se muestran en desacuerdo con sus decisiones como políticamente ignorantes, irracionales, apáticos, infantiles, irresponsables, miedosos, tribales y un número insignificante de quejosos.

Cristina Lafont propone un ideal de autogobierno sobre la base de una participación ciudadana ampliada, en el sentido de una real capacidad de influir en la creación de leyes y políticas, que son las formas de solución de los gobiernos frente a los problemas públicos. 

Esta autoinmolación del CSU nos ha llevado a poner atención a las prácticas de gobierno, autonomía y democracia universitaria por su proceder antidemocrático, neoliberal y pendenciero.

La autora nos dice que los ciudadanos podrán verse como participantes de un proyecto colectivo siempre que puedan identificarse con las leyes y políticas a las que están sujetos. Cuando no ocurre esto, se da un fenómeno que Philip Pettit llama extrañamiento o alienación política. Este consiste en esa desconexión que experimenta el ciudadano entre las decisiones que se producen políticamente y sus valores, voluntad y sentido de la justicia.

Pettit propone entender la democracia sobre un modelo contestatario, en cual un gobierno será democrático en tanto que sea el pueblo, que tenga la libertad de impugnar las decisiones sobre las que no esté de acuerdo bajo un proceder individual y colectivo.

El planteamiento del ideal de autogobierno tanto de Lafont como de Pettit se sustenta así en las posibilidades de participar en los procesos políticos, pero también en el contenido sustantivo de las leyes y políticas que los ciudadanos están obligados a obedecer. En contraste de una deferencia ciega, se necesita alguna forma de control democrático sobre los procesos de toma de decisiones políticas, tales como:

  1. Inclusión
  2. Igualdad en la votación
  3. Participación efectiva
  4. Comprensión ilustrada
  5. Control final sobre la agenda.

Frente a los atajos o caminos rápidos para evitarse las soluciones de fondo en el modelo democracia y autonomía universitaria, Lafont antepone que: “(…) tomar atajos que pasen por alto la deliberación pública sobre decisiones políticas erosionaría aún más el compromiso fundamental del ideal de autogobierno, a saber, el de garantizar que todos los ciudadanos puedan apropiarse e identificarse por igual con las instituciones, leyes y políticas a las que están sujetos”.

En el siguiente cuadro se sintetizan los atajos discutidos por Lafont:

Hacia un camino participativo 

Quienes hemos desdeñado la gestión administrativa de la educación pública recibimos un bofetón. No se puede aislar ninguna discusión académica de las prácticas y gestión de las instituciones, por lo que estamos en mora de una discusión amplia y abierta de todos los integrantes de la comunidad universitaria sobre la democracia universitaria y de la nueva Ley de educación superior en Colombia que derogaría la Ley 30 de 1992. 

Esta autoinmolación del CSU nos ha llevado a poner atención a las prácticas de gobierno, autonomía y democracia universitaria por su proceder antidemocrático, neoliberal y pendenciero.

Esperemos que promueva conversaciones y construcciones sobre los temas centrales como el tipo de educación universitaria necesaria, sus enfoques, modelos y problemas relacionados con la incorporación de las herramientas digitales o sobre qué tipo de educación propiciar: si la universalización y democratización de saberes, o si la especialización e hiper tecnologización, entre muchas otras discusiones que han estado en el ostracismo de nuestros orientadores o consejeros universitarios, quienes deben hacer honor a su labor y a sus “supuestos” méritos al integrar el CSU.

Según Lafont, “el único camino para obtener mejores resultados políticos es el largo camino participativo en el que los ciudadanos transforman sus opiniones y actitudes mutuamente para forjar una voluntad política colectiva. Ser demócrata es entender que no hay atajos”. 

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1 Comentario

Gladis abril 24, 2024 - 3:30 pm

Interesante artículo. Y clara explicación. Sin embargo dónde queda el derecho a la educación de los miles de estudiantes afectados por el paro. Es el paro la vía para avanzar en el mejoramiento de la U?. Las asambleas de estudiantes son democráticas o la mayoría actúa por miedo a expresar su opinión ?

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