
Crisis hídrica en Bogotá: hay que activar nuevas fórmulas para ahorrar agua
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El 2024 marcará un punto de inflexión sobre el futuro hídrico de Bogotá: el reto que tiene la ciudad se concentrará en los próximos meses en aumentar el ahorro de agua para que el racionamiento de este recurso esencial no se vuelva permanente para los bogotanos.
La respuesta tardía del regulador de agua potable y saneamiento básico para enfrentar la crisis hídrica de Bogotá
En septiembre de 2024, los bogotanos volvemos a tener la preocupación sobre el suministro de agua potable en la capital del país. A pesar del racionamiento que vive la ciudad, que se inició en abril del presente año, el nivel del embalse de Chuza, que soporta el sistema de Chingaza, no alcanzará la meta del 70% de ocupación fijada por el Distrito para el mes de octubre. Por el contrario, el embalse registra un preocupante 40% en el nivel de llenado para el mes de septiembre. Ante este difícil panorama, puede preverse que el racionamiento de agua se mantendrá, e inclusive se podría endurecer, en el año 2025 si se mantienen las condiciones climáticas que han marcado el 2024.
Frente a esta perspectiva, el Ministerio de Medio Ambiente y la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) anunciaron a la opinión pública que modificarán la penalización por consumo excesivo de agua en el hogar.
La norma vigente establece que los usuarios pagan el doble por el consumo del agua si se supera un límite de 22 metros cúbicos mensuales. De acuerdo con los anuncios que hizo la CRA con la nueva regulación se penalizarían los consumos superiores a los 12 metros cúbicos para los estratos 1,2,3 y 4; y para los otros estratos 5 y 6 la penalización sería a partir del consumo de los 9 metros cúbicos.
Como se puede deducir, la respuesta ante la crisis del agua por parte del Estado es endurecer el racionamiento y penalizar a los usuarios que desperdician el servicio de agua. Los instrumentos que se siguen aplicando por parte de las autoridades se enfocan así en restringir, prohibir o limitar el uso del agua; en lugar de pensar en generar mecanismos para ahorrar este recurso escaso.
Pese a que la crisis hídrica comenzó a profundizarse desde enero del presente año, en medio del fenómeno del niño, es evidente la tardía reacción del regulador, que a la fecha, no tiene una agenda robusta que defina medidas que promuevan el ahorro del agua, optimicen el uso de las redes y cambien el comportamiento de un recurso que cada día es más escaso para los bogotanos.
La urgencia de contar con una política regulatoria que modifique radicalmente los patrones del consumo de agua en Bogotá y en Colombia
Para enfrentar el reto del suministro de agua potable en Bogotá se requiere contar con una política pública integral, que permita avanzar de manera ordenada hacia el ahorro del agua en la ciudad. La CRA debe abordar el reto de manera multidimensional, no solo penalizando el consumo de agua de ciertos estratos.
Precisamente, las restricciones sobre el consumo de agua no deben seguir soportándose en la estratificación, un mecanismo que desde hace varias décadas evidencia serias ineficiencias al momento de asignar los subsidios orientados a los sectores más vulnerables. En las actuales circunstancias, se debe penalizar a los grupos poblaciones que desperdician agua, independientemente de la ubicación de su inmueble o su estrato económico.
Para esto es necesario actuar con urgencia y modificar los sistemas de información, contar con datos sectorizados por barrios y avanzar de manera decidida en la transformación digital de la prestación del servicio de acueducto, con el uso intensivo de analítica de datos, e inclusive, con la incorporación de la inteligencia artificial para generar modelos que permitan tomar decisiones soportadas en información en tiempo real.
La nueva agenda regulatoria debe incorporar un plan especial para mitigar las pérdidas de las redes de acueducto, que para el caso de Bogotá se calculan en un 35%, desde la fuente hasta los hogares capitalinos. Por lo que es indispensable que el regulador genere la señales para que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) disminuya de manera eficaz sus elevadas pérdidas y optimice la distribución del servicio, lo que traería importantes beneficios a los usuarios y un mayor ahorro en las fuentes hídricas.
La crisis del agua en Bogotá debe motivar al regulador sectorial a implementar un programa que apunte a llevar los medios y servicios digitales en la gestión de la red del acueducto de Bogotá. Por ejemplo, se requiere contar con medidores digitales de consumo, tableros tecnológicos para el control de la red, incorporación del internet de las cosas en la operación de esta y construir la suficiente capacidad de predicción del consumo futuro de agua en el Distrito Capital.
De la misma manera, las bases de datos de la EAAB deben integrarse con los sistemas de las cuencas hidrológicas, para que de esta forma se cuente con instrumentos de prevención que le permitan a la ciudad anticiparse mucho mejor a las variaciones climáticas extremas como la sucedida en el 2024.

El reto del Distrito: construir una cultura de ahorro del agua en Bogotá
Es entendible que para enfrentar la escasez del agua el Distrito haya optado por el racionamiento, buscando aliviar la presión sobre el embalse de Chuza y, en general, sobre el sistema de Chingaza. Sin embargo, se requiere iniciar la construcción de una cultura ciudadana que fomente el ahorro del agua, y que, al disminuir el consumo, permita la sostenibilidad del sistema hídrico en la ciudad en los próximos años.
La tarea debe empezar por liberar la información de la EAAB. Al revisar el portal de datos abiertos de Bogotá, las cifras que reporta la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, y en general la información de la misma empresa, se detecta la falta de datos que sirvan para diseñar modelos para focalizar las campañas de ahorro en determinadas zonas o barrios de la ciudad.
Tampoco existen fuentes robustas para hacer análisis sobre tendencias que le permitan a las autoridades orientar su acción sobre un determinado sector residencial o no residencial que gaste agua de manera desproporcionada frente al promedio que registra Bogotá. A ello se suma la ausencia de herramientas digitales que le permitan a los ciudadanos tener un mecanismo para controlar o planear su consumo de agua de manera más responsable, y así empezar a generar una disciplina en el ahorro del recurso.
Si fuera posible identificar las zonas o barrios con mayor consumo de agua, se podrían activar alertas tempranas mediante mensajes de texto o chats para informar a los ciudadanos sobre la necesidad de aumentar sus esfuerzos de ahorro en determinadas áreas.
Las comunicaciones móviles, que tienen un amplio alcance y cobertura en la ciudad, podrían convertirse en un medio clave para transmitir los mensajes institucionales del Distrito, informar a los usuarios y promover campañas de ahorro segmentadas por grupos poblacionales, lo que permitiría a la administración enfocar mejor sus esfuerzos en reducir el consumo de agua.
Las campañas de ahorro podrían complementarse con estrategias para identificar los sectores con mayor consumo de agua y evaluar si, por ejemplo, es necesario promover el teletrabajo o realizar cortes sectorizados del servicio por actividades económicas, en lugar de hacerlo por zonas de la red de acueducto como ocurre actualmente.
Con la irrupción de la inteligencia artificial, se abre una ventana de oportunidades para desarrollar tableros de visualización del estado del consumo de agua, crear algoritmos para mejorar la gestión de la red del acueducto, diseñar aplicativos digitales para monitorear el consumo, y avanzar en el fortalecimiento de la capacidad para predecir de manera más precisa las contingencias en las fuentes hídricas.
Las herramientas digitales están disponibles para transformar radicalmente los hábitos de consumo de agua en Bogotá. Sin embargo, su adopción dependerá de la voluntad de las autoridades nacionales y locales para convertirlas en la herramienta eficaz que los bogotanos necesitarán para enfrentar el desabastecimiento de agua, quizá uno de los mayores desafíos que definirá el futuro de la ciudad.
Acerca del autor
Sergio Martinez
*Economista de la Universidad de los Andes, Magister en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo de la Universidad de los Andes, Máster en Economía y Regulación de los Servicios Públicos de la Universidad de Barcelona, mimbro de la Comisión de Regulación de Comunicaciones CRC (2019-2022), Alto Consejero Distrital de TIC de la Alcaldía Mayor de Bogotá (2016-2019).
2 comentarios





Hola. Hay un tema relacionado a la crisis hídrica del que no se habla mucho, el cual es el continuo crecimiento de la ciudad y el consumo indiscriminado del suelo. Es un tema viejo en toda Latinoamérica que ha resultado en la creación de las mega ciudades. En términos macro económicos y de sostenibilidad ambiental, hasta donde puede, poblacional y territorialmente, crecer la ciudad? No es este un problema de país?
La digitalización en el servicio y el ahorro son dos estrategias más para enfrentar la crisis. El problema grueso de fondo se llama planeación y el rigor técnico de funcionarios y comisionados, que en ocasiones obedecen a agendas políticas.
La escasez hídrica y el crecimiento poblacional desordenado no son nuevos. En los años 60 hubo sequías prolongadas y Bogotá supero el millón de habitantes con una rápida expansión urbana. La respuesta fue el sistema Chingaza y Tibitoc, la modernización de Chisacá que en su momento garantizó a partir de los 80 el suministro a 5 millones de habitantes.
Con 10 millones de habitantes en toda el área metropolitana y ventas en bloque a 8 municipios y a futuro a otros 10, aparte de amenzas y penalizaciones, qué más se le ocurrirán a nuestros planificadores?