¿Son creíbles las cifras sobre la coca y la cocaína producidas en Colombia?
Foto: Radio Nacional de Colombia

¿Son creíbles las cifras sobre la coca y la cocaína producidas en Colombia?

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El gobierno no confía en la metodología y los datos oficiales sobre cultivos de coca y producción de cocaína en Colombia. ¿Qué tan confiables son estas cifras? ¿Quién debe revisar su metodología?

La revisión 

El 30 de octubre la administración Petro anunció que revisaría la metodología y los datos que ha producido el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), programa financiado en un 100% por el gobierno colombiano que opera desde la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC) en Bogotá.

También aseguró el gobierno que el Sistema Integrado de Información y Monitoreo (SIIMA), a cargo de la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional, carece de capacidad para analizar el problema. 

Por lo anterior se encargó de esta revisión de la metodología y de las cifras a la   Dirección de Política de Drogas y Actividades Relacionadas (DPDAR) del Ministerio de Justicia, que a su vez actúa como Secretaria Técnica del Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE).  

En este artículo analizo la información disponible para profundizar sobre el tema.

Dos fuentes diferentes

La metodología de campo para medir los rendimientos de cultivos agrícolas no es nueva (se aplica ampliamente para muchos cultivos y en todos los países del mundo); en el año 2000 la “Sección Científica de la División de Operaciones y Análisis del Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID)” organizó una reunión de profesores universitarios, especialistas en cultivos ilícitos, agrónomos, matemáticos y otros expertos; se encontraron en la sede de la ONU en Viena para definir una metodología única para estos efectos. 

Dicha reunión produjo un documento que sigue siendo la base para todos los estudios de campo de hoja de coca y de látex de amapola; cabe añadir que hasta la agencia de drogas de Estados Unidos (la DEA) acepta dicha metodología, la aplica en todos sus estudios de campo, cruza sus hallazgos con imágenes satelitales y con resultados del análisis de laboratorio para construir bases de datos de hoja de coca, base de coca y cocaína en la región andina. 

La información recopilada durante la mayor parte de los últimos 24 años en Colombia se basa en esta metodología y es publicada por el SIMCI. Desde un comienzo las fuentes únicas de financiación SIMCI han sido el presupuesto nacional y los convenios que firma con el gobierno colombiano. Por tanto, esta información es del gobierno colombiano, aunque no le apetezca a la administración de turno. 

Siempre es muy cómodo para quienes financian los trabajos aceptarlos cuando sus hallazgos les favorecen y rechazarlos cuando no le gustan 

Pero de manera paralela, entre 2000 y 2010 el gobierno de Estados Unidos financió a la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) y la Policía Nacional para llevar a cabo estudios de campo; en 2011 la DNE dejó de funcionar y desde entonces el proyecto contó con de la Policía.  

Desde su creación el programa SIMCI ha sido utilizado por los gobiernos colombianos como contrapeso a las cifras de la Casa Blanca. Aunque ambas fuentes utilizaban la misma metodología, las diferencias en las muestras solían arrojar algunas diferencias en cuanto a la evolución de los cultivos.  

Mejoras en los cultivos  

Antes que todo, he de advertir que la información sobre hectáreas sembradas puede ser engañosa porque la cantidad de hojas que produce cada hectárea y el alcaloide que contiene cada hoja pueden cambiar con el paso del tiempo. 

Y en efecto, en el caso colombiano parece ser que las variedades de coca sembradas han mejorado la productividad de los cultivos, aumentado su rendimiento en cuanto al volumen de hoja y el contenido de alcaloide; mejoras en la fertilización y control de plagas (uso de fungicidas e insecticidas), sin duda están relacionados con el aumento de la productividad. 

Más o menos cada 80 a 100 días se cosecha la hoja, sin importar si el cultivador es grande (3 o más hectáreas) o pequeño (menos de 3), al “raspachín” se le paga por arroba de hoja pesada en el punto de acopio (una arroba equivale a 12,5 kilos de hoja). 

En los años 90, quienes realizamos trabajos de campo encontramos que, aun con variaciones regionales, se necesitaban unos 718 kilos hoja (57,48 arrobas) para sacar un kilo de base. Pero durante la primera década del siglo XXI se detectó un cambio en el contenido de alcaloide por arroba de hoja; trabajos de campo daban cifras del orden de 30 gramos/arroba, esta información se pudo verificar en el laboratorio. Es muy probable que la calidad de los precursores usados en el procesamiento de la hoja también haya mejorado. 

Dicho en menos palabras: hoy por hoy parece que se puede producir más cocaína a partir de un mismo número de hectáreas cosechadas.    

Cifras dudosas 

Hoy encontramos que el SIMCI ha cambiado el formato de presentación de sus cifras anuales, de manera que este análisis se basará solamente en el período 2013 a 2022, años para los que hay uniformidad en la presentación.

Para el presente vamos a suponer que la proyección de hoja cosechada SIMCI es correcta y que los datos fueron aprobados por la Dirección de Política de Drogas y Actividades Relacionadas del Ministerio de Justicia; el Gráfico 1 permite ver la evolución anual del volumen de hoja cosechada en kilos:

El Gráfico 2 refleja la producción de base o clorhidrato de cocaína según la misma fuente; existe un acuerdo en que la calidad de base que se produce en Colombia es equivalente a un kilo de clorhidrato, así que se puede aceptar que dicho cuadro refleja ambos indicadores.

El Gráfico 3 y el Cuadro 1 son un derivado de los dos anteriores; el gráfico traza la evolución de la relación arrobas de hoja por kilo de base/clorhidrato de cocaína, la variación, R2 de tan solo 0.101, indica que la relación arroba de hoja gramos de base varió muy poco durante el periodo; este número promedio alrededor de 60 arrobas por kilo de cocaína.

El Cuadro 1 presenta las arrobas por kilo de base/clorhidrato, la operación matemática que genera este es simple/sencilla; la información Cuadro 1 kilos de hoja producidos son divididos por 12.5 kilos por arroba dicho número se dividió por la producción de base/clorhidrato declarada en los informes lo que revela el número de arrobas de hoja por kilo de clorhidrato (columna 2), finalmente, la tercera columna refleja el contenido de alcaloide por arroba.  

La información de gramos de alcaloide por arrobas de hoja confirma que no hay mayor variación, el promedio de alcaloide extraído es del orden de 17 gramos por arroba durante todo el período, aunque existe evidencia de cambios el contenido de alcaloide y de la calidad de precursores usados en campo; hay algo sospechoso con los datos (ver cuadro 1).

Las proyecciones de potencial de producción de clorhidrato cambian radicalmente introduciendo los estimativos de gramos por arroba de otros estudios que han utilizado trabajos de campo y análisis científicos de laboratorios para determinar el contenido de alcaloide de la hoja;  dichas investigaciones han encontrado que el potencial el contenido de alcaloide por arroba de hoja es mucho más alto a pesar de lo cual el presente estimara la  producción de Clorhidrato limitando la tasa de conversión (gramos por arroba de hoja) a 29 gramos, cifra conservadora pero un 72% superior a la que usa SIMCI bajo la supervisión de MinJusticia.

La nueva proyección de clorhidrato (29 g/arroba) llegaría a las 3,272 TM de cocaína al 80% que es el promedio de pureza exigido en el mercado internacional (ver cuadro 2).  

La información que publica el programa SIMCI es discutible, especialmente cuando se les aplica una retro-ingeniería; se debe considerar que lo anterior no es problema de la metodología sino de la gente que la aplica: después de veinte años se perdió la autocrítica y cayeron en un círculo vicioso de complacencia. 

Es evidente que los datos publicados no han sido cruzados con la de otros estudios, y es muy posible que las muestras de campo nunca hayan sido analizadas en el laboratorio; además no hay registro que SIMCI hubiese realizado trabajos de campo de conversión de hoja a base ni que hubiese recogido muestras de base producida en finca para análisis científico. 

No parece lógico que se le entregue la misión de revisión de datos a quienes durante años se han limitado a aceptar los datos SIMCI; es evidente que el Ministerio de Justicia carece de personal calificado para esto. 

La revisión de la información debe ser confiada a un equipo multinacional, multidisciplinario, de técnicos que entiendan el tema de los cultivos ilícitos, así como la dificultad de la recopilación de datos; el SIMCI, sin embargo, sí tiene experiencia en sensores remotos/análisis de imágenes satelitales, especialidad que no existe en el Ministerio de justicia y que sería útil para la evaluación. 

Paralelamente a lo anterior, el grupo de la Policía Nacional que trabaja en el SIIMA tendría que ser incluido en la revisión que adelantará el gobierno. 

No menos importante, el gobierno tiene que definir si va a continuar con dos programas que son básicamente iguales (SIMCI y SIIMA). ¿Cuál será eliminado al final de la evaluación? ¿Será que el gobierno dispone de los recursos para financiar ambos programas? ¿Cuál agencia estatal tiene la capacidad para hacer seguimiento a los cultivos ilícitos en Colombia?

Finalmente, es imperativo identificar los laboratorios nacionales capaces de analizar la hoja, establecer la pureza de la base y la cocaína intervenida por los organismos de interdicción del Estado. Es probable que para esto se requiera asistencia internacional.  

Acerca del autor

Sergio Uribe
sergiouribe@razonpublica.org.co | + posts

*Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, máster en Economía y Política Internacional de Johns Hopkins University, profesor de la Universidad del Rosario y consultor internacional. @suribe52

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*Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, máster en Economía y Política Internacional de Johns Hopkins University, profesor de la Universidad del Rosario y consultor internacional. @suribe52

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