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COVID-19 en Colombia: alternativas a la cuarentena

Escrito por David Bardey
confinamiento en Bogotá
David Bardey

El encierro obligatorio no es una herramienta eficaz para Colombia. Aquí, una lista de alternativas más adaptadas al contexto colombiano.

David Bardey*

Estrategia equivocada

Algunos dirigentes parecen ser adictos a las cuarentenas. Las proponen apenas ven que aumenta la ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), y piensan que eso va a solucionar todos los problemas.

Pero encerrarnos de nuevo no es una vía eficaz, y existen alternativas a estos encierros para mitigar las consecuencias sanitarias de la pandemia.

En Colombia aplicamos políticas de confinamiento muy parecidas a las europeas tras el desastre sanitario que ocurrió en España o en Italia durante el mes de marzo. Pero el nuestro es un contexto socioeconómico muy distinto del europeo, y por esta razón la medida no tiene la misma eficacia en un país como Colombia.

El encerramiento se propone asegurar la distancia física entre las personas con el fin de disminuir la tasa de reproducción del virus. Pero la cuarentena no ayuda a resolver estos problemas; peor todavía: tiene efectos indeseados.

Estos son algunos problemas o efectos negativos:

1. Falta de profesionalismo.

Aunque todavía no sepamos si las medidas inevitablemente temporales de encierro reducirán el número total de muertos al final de la pandemia, se dice que estas cuarentenas permiten aplazar el pico, y, por ende, “comprar” el tiempo necesario para alistar el sistema de salud.

No obstante, el sistema de salud enfrenta restricciones que van más allá del número de ventiladores. La experiencia de Bogotá enseña lo que los gobernantes no quisieron oír durante meses: la principal restricción de las UCI no son los ventiladores, sino el talento humano. Muy pocos profesionales de salud saben trabajar en UCI.

2. El encerramiento segrega.

En Colombia, el 47,6% de la población trabaja informalmente. Esto quiere decir que muchos de los trabajadores tienen que salir de sus casas, ya sea a pequeñas empresas o a la calle para buscar su sustento diario.

Aplicar unos encierros universales, es decir, de la misma forma a todo el mundo, fue un acto de fe. En unos pocos barrios los trabajadores pudieron teletrabajar, pero en la gran mayoría de los casos, la gente no puede cumplir con estos encierros. El resultado salta a la vista, pues las localidades con más contagiados son Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar -como podía esperarse desde el principio-.

De hecho, la alcaldesa Claudia López dijo al comienzo de la pandemia que el virus había llegado “al norte de Bogotá” pero se había propagado en “el sur” de la ciudad. Aunque lo tenía claro, la alcaldesa no ha tomado las medidas necesarias para que el “distanciamiento social” no implique la discriminación entre ricos y pobres que ha implicado hasta el momento.

Con las cuarentenas, los más vulnerables económicamente acaban siendo los más expuestos al virus.

3. La economía no aguanta más.

No todas las dificultades económicas se deben a las medidas de encierro.

Aún si la economía colombiana no se hubiera cerrado, la reducción del comercio internacional nos habría golpeado. Buena parte de la crisis se debe a las consecuencias de la pandemia afuera de Colombia.

Con el virus en Colombia, pero sin encierros, también seguramente habríamos tenido un frenazo por la caída del consumo de todos los bienes y servicios que pueden facilitar el contagio.

Sin embargo, no se puede negar que los encierros han paralizado buena parte del aparato productivo en Colombia, con la recesión y las cifras altísimas de desempleo que estamos presenciando.

Los encierros aplazan el pico, pero también aplazan la reactivación de la economía, con todas las consecuencias sociales que eso puede tener.

4. No se cumple el objetivo.

Peor todavía: los encierros no han permitido alistar el sistema de salud como se pensaba.

Insistir en la cuarentena es una forma de confundir la finalidad con el medio. La finalidad de todas las medidas para luchar contra la pandemia es minimizar su letalidad. Los encierros son solamente un medio, y por lo que vimos, no necesariamente los más adaptados a nuestra realidad.

equipo médico covid-19
Foto: Wikimedia Commons - ¿Qué se hará para recuperar el río Bogotá?

Otras alternativas

1. Trasladar pacientes de una ciudad a otra.
Los gobiernos de varios países europeos durante el pico de la pandemia en marzo acudieron a la estrategia de trasladar pacientes de ciudades que tenían sus UCI desbordadas a ciudades que contaban con capacidad no utilizada.

Colombia ya está aplicando este tipo de medidas debido a la ausencia de UCI en varias ciudades. Medellín, por ejemplo, está recibiendo pacientes de Barranquilla y Chocó. El Ministerio de Salud debería aprovechar que los picos en las distintas ciudades del país son asincrónicos para organizar la logística de estos puentes aéreos.

2. Trasladar médicos de una ciudad a otra.
Durante el pico que enfrentó Santiago de Chile, el gobierno organizó el trasladó de médicos de UCI de otras ciudades. No es una medida difícil de organizar, pues hay que pagar médicos durante un tiempo para que roten entre las ciudades en función de sus necesidades.

3. Tener UCI especializadas.
Por definición, los pacientes de las UCI son muy vulnerables. Lo que menos necesitan quienes padecen enfermedades distintas del COVID-19 en este momento, es contagiarse de esta otra enfermedad. Por eso todas las ciudades deberían dedicar algunas UCI exclusivamente a los pacientes no infectados de COVID-19.

4. Subsidiar las pruebas.
Para minimizar la letalidad de la pandemia hay que evitar que los servicios de UCI se congestionen, y una forma de cumplir esta meta es no contagiarnos todos al mismo tiempo.

Si se aumenta el número de pruebas, es más fácil aislar los casos positivos. Esto ayudaría a no enfermarnos todos al mismo tiempo.

Para las profesiones con mayor probabilidad de contagiarse, y en consecuencia de contagiar a los demás, estas pruebas tienen que ser gratuitas.

5. Subsidiar a los casos positivos.
El proyecto Covida que adelanta la Universidad de Los Andes ha sacado a la luz que mucha gente no se hace la pruebas de COVID-19 por miedo a recibir una mala noticia.

Las personas que descubren que están infectadas tiene que aislarse, y posiblemente dejar de ejercer su trabajo. Estas personas tienen que recibir un subsidio para que se aíslen por defender al resto de la gente.

6. Pruebas y aislamiento para quienes convivan con personas vulnerables.
Si bien es difícil “desorganizar” los hogares en función de este criterio de precariedad sanitaria, es importante proteger a los más vulnerables. Una propuesta sería que quienes tengan COVID-19 y vivan con personas en estado de salud precario puedan aislarse en apartamentos o estudios reservados para este propósito. Por ejemplo, en hoteles que por esta época están desiertos.

7. Convalidar los títulos de los médicos migrantes.
Hay, en particular, más de 1000 médicos venezolanos que están dispuestos a reforzar el sistema de salud colombiano durante esta pandemia. Deberíamos tomar el ejemplo de España y Argentina que han flexibilizado las condiciones de convalidación en el contexto de esta pandemia.

8. En el futuro crear reservistas de UCI.
En tiempos “normales” las UCI están subutilizadas. Eso significa que aumentar su capacidad pensando en la atención de eventos muy excepcionales no es eficiente.

Cabría pensar, sin embargo, en una reforma de las facultades de medicina para que tengamos unos médicos reservistas que sepan trabajar en UCI. De esta manera, en caso necesario, podrían apoyar más eficazmente al sistema de salud.

crisis económica confinamiento
Foto: Facebook Alcaldía de Bogotá - Trasladar personal de salud de una ciudad a otra para manejar las UCI debería ser una opción.

No pretendo que esta lista sea exhaustiva y seguramente se pueden encontrar otras medidas en la misma dirección de minimizar la letalidad de la pandemia sin necesidad de encierros.

Insisto en que los encierros no son un propósito en sí mismos, sino apenas un medio que no es el más adecuado para nuestras sociedades.

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