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Coronell, Semana y la sinrazón privada*

Escrito por Omar Rincón
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Omar RinconLo echaron por criticar la decisión de esconder una investigación que perjudicaba al gobierno. ¿Hubo censura? ¿Quién gana y quién pierde con este escándalo?

Omar Rincón**

Fin del periodismo

Daniel Coronell fue echado de la revista Semana, que así perdió su legitimidad periodística y demostró que ahora milita en los negocios de su dueño Gilinski. Coronell era el periodista que definía en sus columnas la agenda del rigor y ponía a temblar a los cínicos. Era también el que le daba rating a Semana.

Si lo echaron a él, ahora podrán echar a cualquiera que piense con su propia cabeza y no con la chequera del dueño. Fin del periodismo. Bienvenidos a la prensa militante y mascota, prosigue el periodismo arrodillado de Arizmendi, Gurisatti, Vélez y Morales. Inmunidad permanente para Uribe. Higienización de Duque. Victoria para los dueños del país.

Esta es la patética historia de un país que premia el periodismo mascota, militante y arrodillado y castiga el periodismo que molesta, cuestiona, pregunta y exige.

Daniel Coronell fue despedido de Semana luego de publicar su columna “La explicación pendiente”

Foto: Facebook Daniel Coronell
Daniel Coronell fue despedido de Semana luego de publicar su columna “La explicación pendiente”

El hecho

El New York Times (NYT) en inglés publicó el 18 de mayo un informe elaborado por el reportero Nicholas Cassey sobre el posible regreso de los Falsos Positivos o ‘cómo matar civiles y hacerlos aparecer como guerrilleros’. Siendo del NYT, se trata de un reportaje verificado y confirmado, no de una fakenews a la colombiana. El informe es riguroso, como lo dijo el editor ante el reclamo del que manda en el gobierno, el MinDefensa.

Pero tanto el gobierno como los militantes uribistas salieron a atacar al periodista y al medio y, como siempre, no hubo ninguna respuesta frente a los hechos que denunciaba la investigación. El periodismo es cuestión de hechos. Pero para ellos, los negacionistas del uribismo, todo es opinión, y para evitar el debate de los hechos se ataca al periodista.

Ahora bien, esta historia del NYT la tenía confirmada la revista Semana desde hacía mucho tiempo. Sin embargo esta se “engavetó” debido al lobby del gobierno uribista y se decidió no publicarla para beneficiar sus negocios y no dañar al gobierno.

Siendo del NYT, se trata de un reportaje verificado y confirmado, no de una fakenews a la colombiana.

Daniel Coronell, el columnista más leído de la revista, escribió una columna donde critica el uso político de esa investigación periodística y se pregunta qué tipo de periodismo se hizo en Semana al anteponer el interés del gobierno en negar la realidad a la necesidad del público de saber lo que estaba pasando.

No es la primera vez que Coronell critica el trabajo periodístico propio y el de otros. Pero ahora se metió a criticar a su propio medio, el modo periodístico de Felipe López, ese periodismo mascota del poder y que se usa para batallas entre empresarios. Y eso sí es pecado mortal en Colombia. A Coronell le hicieron la gran Bieri, eso de que ´uno no se mete con la mano que le da de comer´ y lo expulsaron del medio.

La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) afirma que “no hay censura por parte de la revista Semana, pero sí hay contradicciones» porque aunque reconoce “la autonomía de los medios para contratar o prescindir de sus colaboradores” plantea la reflexión de que este hecho “puede generar una atmósfera de autocensura o de censura indirecta” en las salas de redacción y, en términos de libertad de expresión, “se pierde una voz relevante en el debate público”.

Le recomendamos: El periodismo está perdiendo la perspectiva de lo público.

Para pensar

El grupo Gilinsky y Felipe López pueden echar al columnista. Son sus patrones y a los opinadores los cambian según sus intereses y conveniencias. Pero en este caso a Coronell lo echaron por defender la libertad de expresión; por demostrar autonomía e independencia; por ser el columnista más leído de Colombia. La idea era demostrar quién manda y el mensaje es que billete mata cabeza.

Pero este hecho también expresa las formas como ha cambiado el periodismo y que no quieren entender los dueños de nuestros medios. Si exigimos transparencia, debemos ser transparentes tanto medios como periodistas. En la entrevista que Coronell dio a la W cuenta cómo el semidueño y hacedor político de Semana, Felipe López, le dijo ‘es que nosotros no tenemos que dar explicaciones por las decisiones que se tomen editorialmente’. Y esto es sorprendente y cínico.

¿En dónde queda la libertad de prensa del columnista? ¿Es un acto de censura?

Foto: Departamento de Estado de Estados Unidos
¿En dónde queda la libertad de prensa del columnista? ¿Es un acto de censura?

Lo peligroso en Colombia es que lo mismo pasa con todos los medios, ya que están al servicio de sus amos y no de los ciudadanos. Juegan a la militancia en los negocios de sus dueños y para servir al patrón político. Y todo esto lo disfrazan de “periodismo” y “libertad de expresión”, cuando estos intereses son poco claros para los públicos.

La paradoja es que mientras los medios y los periodistas exigen transparencia a los políticos y gobiernos, ellos (medios y periodistas) se abrogan la arrogancia de no explicar nada. A propósito, invito a leer la biografía no autorizada de Julio Mario Santodomingo del periodista Gerardo Reyes. Ahí se puede ver para qué sirven los medios a los empresarios en Colombia y como los periodistas sirven a sus amos.

La conclusión de Coronell es muy oportuna: “Creo que esos tiempos autárquicos donde los directores o los dueños de los medios no respondían ante nadie han pasado. Estamos obligados los medios de comunicación a tener un control ciudadano y a explicarle a la gente por qué se publica, por qué no se publica algo, y explicárselo también a los miembros del equipo”. Ese es el nuevo periodismo, el del siglo XXI.

Lea en Razón Pública: Los medios en el gobierno Duque: ¿cómo lo están tratando?

Los perdedores

Con este episodio, Semana pierde a su mejor voz. Muchos dirán que la revista se rebajó al periodismo lambón, cínico y sin pudor, y esto afecta la marca, su prestigio, su legitimidad y su credibilidad. Probablemente perderá a los lectores con criterio que aún la respetaban por tener a Daniel Coronell haciendo el mejor periodismo desde una columna, a pesar de sus permanentes publireportajes. Es más, ya se están yendo.

Pero el debate público también pierde. Porque, en lugar de estar discutiendo los nuevos falsos positivos, los otros falsos positivos del exfiscal Martínez, la inoperancia de este gobierno y la corrupción cada vez más aberrante, nos vamos a discutir sobre medios, redes y decires de barras bravas periodísticas.

Mientras que el buen periodismo es contrapoder, es poner a debatir diversidad de ideas y pluralizar los puntos de vista, hacer y narrar democracia en vivo; el periodismo colombiano se convierte en escándalo sensacionalista sobre sí mismo. Cuando el medio y el periodista son la noticia es que todo va mal.

La idea era demostrar quién manda y el mensaje es que billete mata cabeza.

Pierde igualmente la libertad de expresión una voz clave en el debate político colombiano. El rigor periodístico de Coronell era noticia, ponía a conversar sobre la ética de los políticos, las empresas, los jueces y los medios. Y lo hacía basado en hechos, con datos y documentos. No era un vociferador de matoneos o adjetivos. Eso hace que la libertad de expresión sea legítima. Ahora, sin Coronell en Semana, en Colombia hay menos democracia.

Finalmente, pierde el periodismo de rigor, el que investiga antes de opinar. Es preocupante que los medios colombianos creen y profundicen la polarización periodística y no reconozcan que más del 40 por ciento no está ni con el matoneo de Uribe ni con el de Petro. Lo peor está en que hemos llegado al periodismo militante de sus patrones, paranoico sobre los que piensan con su propia cabeza y provocador de escándalos de redes digitales y matoneo público.

Puede leer: ¿En qué quedó el periodismo? En 2018 corrió peligro

Y los que ganan

Gana Uribe. Por fin, Semana le hizo el favor de limpiarle el camino para seguir mintiendo. Sus falsedades, cinismos y mala leches solo han encontrado dos maneras públicas de “frenarse”: las columnas e investigaciones de Coronell y el humor que lo ridiculiza y que a través de la risa lo convierte en un ser burlesco. Ambas formas estaban en Semana con los danieles: Coronell y Samper. Para que la victoria de Uribe sea total, tal vez deban echar a Samper Ospina y así Semana será el nuevo RCN.

Pero paradójicamente también gana Coronell, quien podrá seguir haciendo periodismo en las redes y seguirá molestando al poder desde el periodismo libre, autónomo e independiente.

Por último, gana la sociedad de lo digital, que cada vez tiene mas claro que los medios tradicionales están del lado del poder y no representan a los ciudadanos. En Colombia los medios son el establecimiento y están acostumbrados a la genuflexión y la lambonería más que a la auto-reflexión y al periodismo independiente. Entonces, a leer medios como Razón Pública, La Silla Vacia y 070.

*Nota del director. Como yo mismo fui despedido de Semana, debo dejar constancia de que las opiniones expresadas en Razón Publica son responsabilidad de sus autores.

*Profesor del Centro de Estudios en Periodismo, CEPER, Universidad de los Andes

orincon61@hotmail.com

 

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