COP30: avances, retos y necesidades | Vanessa Torres
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COP30: avances, retos y necesidades

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Lo que sigue es una síntesis del trabajo conjunto del equipo técnico de Ambiente y Sociedad, que hizo seguimiento a las negociaciones y aterrizó avances y retos en un contexto geopolítico tenso y polarizado.

La reciente COP30, celebrada en la ciudad amazónica de Belém, en Brasil, volvió a mostrar una tensión conocida: la arquitectura climática global avanza, pero no al ritmo que exigen la ciencia ni las comunidades que ya viven los impactos de la crisis. Para Ambiente y Sociedad, este escenario representaba una oportunidad estratégica para exigir decisiones coherentes con la justicia climática y con la protección de los territorios y de quienes los habitan y defienden.

Por eso llegamos con expectativas claras: avances en justicia climática, compromisos creíbles para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y un marco de financiamiento que permitiera hacer realidad las metas del Acuerdo de París.

La Presidencia impulsó el Mutirão Global —nombre del texto final de cierre— como un esfuerzo colectivo para acelerar la implementación del Acuerdo. Pero pese a los progresos técnicos en distintos planes temáticos, estos no se tradujeron en decisiones operativas ni vinculantes. Una vez más, el impulso político quedó lejos de convertirse en obligaciones concretas para los países.

Lo que sigue es una síntesis del trabajo conjunto del equipo técnico de Ambiente y Sociedad, que hizo seguimiento a las negociaciones y aterrizó avances y retos en un contexto geopolítico tenso y polarizado. El análisis completo lo pueden consultar en este enlace

NDC 3.0: oportunidades y límites

En cuanto a mecanismos de cumplimiento, la COP30 se quedó corta. No se adoptaron sanciones ni instrumentos vinculantes que garanticen que las metas se cumplan. Esto implica que las NDC siguen siendo voluntarias y determinadas a nivel nacional, lo que perpetúa la brecha entre lo prometido y lo necesario. El informe de síntesis de 2025 mostró que, incluso si se implementan todas las NDC actuales, el mundo se dirige a un calentamiento de entre 2,3 y 2,5 °C. 

A esto se suma que el objetivo de US$1,3 billones anuales hacia 2035 no tiene compromisos concretos para lograrse, hojas de ruta ni criterios de acceso.

Para Colombia, la COP30 reafirma una verdad incómoda: la NDC 3.0 presentada por el país sigue siendo declarativa, carece de un presupuesto estimado y no define responsabilidades sectoriales. Aun así, el país tiene la oportunidad de reestructurar su NDC como una herramienta operativa. Para esto, recomendamos formular un plan de implementación con cronogramas, metas sectoriales, indicadores y responsables. 

Para avanzar con esta oportunidad, los países desarrollados deben cumplir la meta colectiva de financiamiento a largo plazo, mejorar el acceso a recursos y tecnologías, fortalecer las reglas de reporte y transparencia y alinear los flujos financieros internacionales con la meta global de 1,5 °C.

Cerrar la brecha entre discurso y acción

Las NDC 3.0 no pueden ser solo declaraciones de buena voluntad, requieren planes operativos con financiamiento, cronogramas, responsabilidades sectoriales y participación vinculante. Para países como Colombia, la COP envía un mensaje claro: sin protección territorial, sin defender a quienes defienden la vida y sin recursos adecuados, hablar de transición justa es como arar en el mar. 

El desafío, ahora, es convertir el liderazgo político en un proyecto nacional capaz de sobrevivir a los ciclos de gobierno y a las presiones económicas. Belém dejó alertas, pero también una oportunidad: reconstruir la confianza en el sistema climático internacional antes de que la ventana de 1,5 °C se cierre de manera definitiva.

Financiamiento climático justo y transparente

Si bien el financiamiento estuvo presente en toda la negociación, los resultados siguen siendo insuficientes para trazar un camino claro hacia la meta declarativa del Mutirão Global.

En este escrito se hace un nuevo llamado a trabajar la posibilidad de aumentar la meta de financiamiento movilizando recursos públicos, el financiamiento concesional y las subvenciones. Pero creemos que el tiempo planteado para alcanzar la meta es demasiado amplio, especialmente cuando han pasado diez años desde la adopción del Acuerdo de París.

También destacamos como positivo el lanzamiento oficial del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF por su sigla en inglés), pensado para proteger estos ecosistemas y financiar la transición energética justa. Este fondo ya reunió aproximadamente US$5.500 millones, sin contar con un aporte de 1.000 millones de euros durante diez años por parte de Alemania.

Este es un paso hacia adelante, aunque esta cifra combina recursos realmente nuevos con aportes previamente comprometidos o reasignados desde otras iniciativas. Por esto insistimos en la necesidad de diversificar los instrumentos y mecanismos que se utilicen para dicho fin y que los mismos se guíen por el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y respetando los derechos humanos.

Las voces que incomodan

En las riberas del río Guamá, pueblos indígenas, quilombolas, afrodescendientes, jóvenes, mujeres y comunidades tradicionales entregaron a la Presidencia una declaración para exigir participación real y decisiones más ambiciosas. Sin embargo, la negociación alrededor de estas exigencias fue incierta: aunque hubo menciones parciales a personas afrodescendientes en varias decisiones, no se aprobó su inclusión como ítem formal dentro de la CMNUCC.

Brasil impulsó además la Declaración contra el Racismo Ambiental, firmada por 19 países, incluido Colombia. Aunque no es vinculante, señala un principio que ya no admite rodeos: sin justicia racial, no habrá justicia climática.

Infortunadamente debemos resaltar que las campesinas y campesinos fueron los grandes ausentes en las negociaciones de la COP30. Mientras la agricultura y los sistemas agroalimentarios alimentan al mundo y sostienen prácticas de mitigación y adaptación, quienes lo hacen posible continúan ausentes de los mecanismos de reconocimiento y participación. Aun con los avances en la Meta Global de Adaptación, la abstracción de la expresión “comunidades locales” se queda corta para abarcar sus derechos, necesidades y contribuciones.

Foto: Wikimedia Commons

Defensores ambientales: avances en el discurso, rezagos en la protección

Aunque América Latina continúa siendo la región más peligrosa para quienes defienden el ambiente, la agenda en la COP pudo ser más robusta en medidas para su protección. Aun así, Belém dejó un avance importante: el Plan de Acción de Género que incorporó, por primera vez, una referencia explícita a las mujeres defensoras ambientales. Consideramos esto como un punto de partida que fortalezca su seguridad y participación en espacios de toma de decisión.

Pero esta conquista solo tendrá impacto si se articula con marcos existentes, como el Acuerdo de Escazú y el Plan de Acción sobre Defensores de Derechos Humanos en Asuntos Ambientales. En Colombia, donde la violencia territorial persiste, la integración de estos instrumentos es indispensable para evitar duplicidades, cerrar brechas y dar una respuesta coherente y efectiva.

Una contradicción persistente es que aunque el discurso sobre participación a defensores fue visible, especialmente en los espacios paralelos a en los textos negociados, su protección no quedó como eje central en las decisiones formales de la COP. 

Las pérdidas y daños ganan terreno

La importancia del Fondo de Pérdidas y Daños fue reiterada por numerosos representantes en las plenarias, quienes resaltaron que el Fondo no es caridad, sino un mecanismo de justicia climática. 

Precisamente, el informe más reciente del Fondo presenta avances significativos, incluida la rápida puesta en marcha de sus operaciones durante 2025: 

  • Establece las Modalidades de Implementación de Barbados (BIM).
  • Abre la posibilidad de solicitudes de financiamiento directo por parte de gobiernos en desarrollo.
  • Presenta compromisos financieros acumulados por más de US$817 millones. 
  • Se adoptó el plan de trabajo para 2026.

Sin embargo, el documento también señala desafíos pendientes, como acelerar la adopción de la estrategia de recaudación y garantizar procesos ágiles sin reproducir cargas burocráticas Los próximos pasos deben ser el inicio del primer proceso de reposición del Fondo en 2027 y la solicitud a los países para presentar recomendaciones antes de la reunión de 2026.

Desde AAS subrayamos la importancia de reconocer y abordar las Pérdidas y Daños no monetarias, que incluyen afectaciones culturales, espirituales, rupturas comunitarias, desplazamiento y traumas socioemocionales. Esta comprensión amplia es indispensable para avanzar hacia reparaciones justas y culturalmente adecuadas.

Colombia asumió un liderazgo climático ambicioso pero incierto 

Colombia llegó a la COP con una decisión contundente: eliminar progresivamente los combustibles fósiles y declarar a su Amazonia como zona libre de proyectos de gran minería e hidrocarburos. Esto la convierte en la primera nación de la región en asumir este compromiso y ubica al país como referente de transición justa. Por eso también resaltamos la voz activa y fuerte por parte de la delegación colombiana durante la negociación, que hizo énfasis en un principio fundamental del derecho: “Lo que no está escrito no existe”.

No obstante, esta decisión presenta retos evidentes. Por ejemplo, debe formular un marco jurídico, financiero y territorial que permita implementarlo. A esto se suma la dependencia fiscal del país a combustibles fósiles y el riesgo de que la discusión se quede puramente en un plano simbólico o declarativo. La transición justa debe incluir alternativas económicas para los territorios dependientes del extractivismo, y estrategias claras frente a las economías ilegales.

Teniendo en cuenta la Conferencia Global de Phase-Out que se celebrará en Santa Marta en 2026, el país tendrá que convertir este liderazgo discursivo en una hoja de ruta concreta y participativa.

Una COP atrapada en avances técnicos y falta de ambición

Pese al énfasis inicial en implementar el Acuerdo de París, los debates se enfrentaron con un obstáculo conocido: la negativa de varios países a incluir una hoja de ruta para eliminar combustibles fósiles. Por esta omisión, más de treinta delegaciones rechazaron el texto final.

Sin plazos, sin mecanismos vinculantes y sin una mención clara a fósiles, el mensaje global de descarbonización se debilita. Aunque en mitigación y adaptación hay avances, la distancia entre promesas y acción sigue siendo considerable, teniendo en cuenta que el Global Stocktake confirmó lo que la ciencia viene anunciando: no estamos en camino a cumplir la meta de mantener la meta de 1,5 °C, ni siquiera con las metas de 2030.

Un punto novedoso sí emergió: por primera vez, la integridad de la información climática entró al corazón de la conferencia. En un mundo donde la desinformación amenaza la acción climática tanto como las emisiones, se trata de una señal necesaria.

Le recomendamos: La COP30: una victoria de los productores de combustibles fósiles

Acerca del autor

Vanessa Torres
VTorres@zonpublica.com |  + posts

*Subdirectora de Ambiente y Sociedad. Abogada, especialista en Derecho Ambiental y candidata a magíster en Estudios sobre Sustentabilidad. Investigadora en temas relacionados con banca multilateral, industria extractiva y derechos humanos. Como activista ambiental ha liderado desde la sociedad civil procesos relevantes como la ratificación del Acuerdo de Escazú en Colombia y la implementación de este importante instrumento a nivel regional.

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Vanessa Torres

*Subdirectora de Ambiente y Sociedad. Abogada, especialista en Derecho Ambiental y candidata a magíster en Estudios sobre Sustentabilidad. Investigadora en temas relacionados con banca multilateral, industria extractiva y derechos humanos. Como activista ambiental ha liderado desde la sociedad civil procesos relevantes como la ratificación del Acuerdo de Escazú en Colombia y la implementación de este importante instrumento a nivel regional.

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