COP 16: Un Año Después | Columna Jeremiah Carew

COP 16: Un Año Después

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Un poco más de un año ha pasado desde que los gatos misteriosos de Cali recibieron muchos visitantes curiosos.  El noviembre pasado, Colombia cerró las puertas de su altamente exitosa COP 16, despidiéndose a 500,000 visitantes que asistieron a 1000 eventos de toda clase.  La COP reunió la gama completa de actores en el sector de la cooperación internacional: donantes, la ONU, fundaciones, academia, ONGs locales, el sector privado, ni mencionar casi todos los gobiernos del mundo.  Como tal, funcionó como un microcosmo virtual para el sector, mientras todo se preguntaban cómo avanzar la conservación de la biodiversidad.  Yo asistí casi toda la COP como el Director Interino de USAID/Colombia y quería reflexionar, después de un año, sobre las lecciones del evento durante este momento difícil para el sector de la cooperación internacional.

En mi experiencia, había tres conversaciones, paralelas pero distintas, sucediendo en la COP.  La primera era la negociación formal tomando lugar en la Zona Azul.  Lleno de fanfarronería, la geopolítica, y la ideología, me quedo algo escéptico sobre el valor real de tales acuerdos formales y su impacto en el terreno.  La segunda era lo que algunos llamaban cínicamente como “the money grab” en inglés (“agarrón de plata”).  Haciendo contactos, asistiendo cocteles, y cerrando negocios, esta fue la parte de la COP donde el negocio billonario que es el desarrollo internacional se llevaba a cabo.  La tercera conversación era la técnica, donde el enfoque era aprender qué funciona en las políticas y programas de conservación.  Quiero enfocarme en esta última conversación y lo que podemos aprender para fortalecer la cooperación internacional.

De las docenas de proyectos que yo conocí en la COP, había tres muy memorables.  El primero fue el negocio de una mujer joven indígena que producía condimentos y comestibles usando frutas del bosque tropical.  Ella y yo conversamos sobre temas como la certificación sanitaria, el acceso a los mercados, y sus requerimientos para capital para hacer crecer a su negocio.  La segunda conversación fue con un negociante de Bogotá que producía helado gourmet sabor a Açaí, una fruta del bosque tropical.  Conversamos sobre la demanda de su negocio para esa fruta y cuántas hectáreas se requería (alrededor de 1400, me dijo).  La tercera conversación fue con la directora de la Fundación Catarubén, organización que se enfoca en implementar créditos de biodiversidad, similares a los créditos de carbono, para conservar grandes extensiones de tierra con valor de biodiversidad.  Me explicó el complejo flujo de capital, planes de manejo de biodiversidad, y la potencial para impacto de gran escala, explicando que su fundación tenía 300,000 hectáreas en conservación a través de estos créditos.

Todas estas iniciativas recibieron apoyo de donantes en algún momento y ayudan a ilustrar los retos típicos enfrentado por el sector.  ¿Cuál es el proyecto mejor, más impactante de los tres?  Depende.  El desarrollo internacional es como una prueba de Rorschach donde el vidente ve lo que quiere ver.  Algunos creen (con buenas razones) que el sector debe ayudar a mujeres pobres y marginadas como el mayor objetivo.  Otros ven las alianzas públicas-privadas, como el helado de sabor a Açaí, la clave para la sostenibilidad y escala.  Y otros apuntarían al número de hectáreas conservadas como el único criterio que importa.  El sector de la cooperación internacional se llena con objetivos y enfoques que se compiten, frecuentemente diluyendo lo que se puede lograr. 

A más de un traslape de objetivos y enfoques, tiende haber en el sector una reticencia en hacer preguntas difíciles que ayudarían lograr la sostenibilidad y escala.  Para ilustrar, aquí hay tres preguntas difíciles que se podrían hacer sobre los proyectos resumidos anteriormente.

  • ¿Es realista que negocios indígenas de productos del bosque sean auto-sostenibles y capaces de crecer dado requisitos complejos de permisos, distancia a los mercados, y la falta de acceso al capital?
  • ¿Debería compañías basadas en Bogotá vendiendo productos gourmet recibir apoyo dado un impacto de conservación relativamente limitado (1400 hectáreas de Açaí)?
  • ¿Si bien créditos de biodiversidad producen resultados de conservación impresionantes (300,000 hectáreas en conservación), debería dueños de tierra adinerados recibir subsidios para la conservación de los escasos fondos de la cooperación?

Nada de lo anterior es un argumento a favor o en contra de ningún proyecto específico de conservación.  Lo que quiero ilustrar son los dilemas reales que rápidamente aparecen para operadores y quienes toman decisiones en la cooperación.

Lo que se ha cambiado desde que la COP 16 tomó lugar en noviembre 2024 es que los flujos de recursos de cooperación han sido devastados mientras se hacen preguntas profundas sobre el valor de los programas de cooperación.  ¿Desde este punto, para dónde va el sector?  ¿Cómo mejoramos en hacernos las preguntas difíciles (antes que otros nos hagan)?  ¿Y es posible que el sector se reinvente para contestar la crítica dura que recibe?  Quisiera abordar estas preguntas en mi próxima columna.  Por favor, únete conmigo para sumergirnos en este debate necesario.

Acerca del autor

Jeremiah Carew
jcarew@razonpublica.org |  + posts

*Arquitecto de la Universidad de Yale y Maestro en Estudios Latinoamericanos y Planeación Regional y Comunitaria de la Universidad de Texas. Fue oficial senior del servicio exterior del Gobierno de Estados Unidos. Subdirector de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID/Colombia) y ha estado en varias misiones de USAID en el mundo: En Sudán del Sur, Vietnam, Afganistán, Uganda y Perú. También fue consultor y voluntario en el Cuerpo de Paz, en República Dominicana y Ecuador.

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Jeremiah Carew

*Arquitecto de la Universidad de Yale y Maestro en Estudios Latinoamericanos y Planeación Regional y Comunitaria de la Universidad de Texas. Fue oficial senior del servicio exterior del Gobierno de Estados Unidos. Subdirector de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID/Colombia) y ha estado en varias misiones de USAID en el mundo: En Sudán del Sur, Vietnam, Afganistán, Uganda y Perú. También fue consultor y voluntario en el Cuerpo de Paz, en República Dominicana y Ecuador.

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