Convergencias: Álvaro Uribe y Salvatore Mancuso
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Convergencias: Álvaro Uribe y Salvatore Mancuso

Escrito por Hernando Llano

A pesar de su aparente distancia, las vidas de Salvatore Mancuso y Álvaro Uribe parecen acercarse. Ambos promovieron y ambos utilizaron, por ejemplo, las Cooperativas de Seguridad y Convivencia.

Hernando Llano Ángel*

¿Vidas paralelas?

Poco sentido tiene buscar una prueba reina de un encuentro personal entre Álvaro Uribe y Salvatore Mancuso. No hay una fotografía, un estrechón de manos registrado, una conversación telefónica, la firma de un documento, alguna correspondencia o cualquier otra evidencia que los comprometa. 

Seguramente nada de ello existe. Mucho menos testigos que lo demuestren. Son vidas paralelas que no se encuentran personalmente en ningún momento, más allá del saludo ocasional de finqueros vecinos en Córdoba, como lo ha reconocido el mismo Uribe. 

Pero sus vidas tienen un punto de confluencia histórica y política que es de carácter público. Toda Colombia lo sabe, está políticamente demostrado y salta a la vista de todos. Es un hecho público, aunque el expresidente Uribe rehúse reconocerlo y asumir su gran cuota de responsabilidad política. 

Ese punto es la lucha implacable de ambos contra las guerrillas y la secuela de crímenes que dejó esa cruzada. 

haría bien el expresidente Uribe, en aras de la verdad histórica y el respeto a la memoria de miles de víctimas de las AUC y de la “seguridad democrática”, en reconocer su inmensa responsabilidad política en esa catástrofe humanitaria.

Comienza con su acuerdo y apoyo entusiasta a las Convivir, cooperativas de vigilancia y seguridad privada para la defensa agraria, legalmente creadas por César Gaviria. Algunas de estas Convivir fueron el embrión de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y otros grupos paramilitares. 

La parábola de vida de ambos es paradójica. Mancuso acabó siendo un criminal politizado y Uribe un político judicializado. Ambos son, política y judicialmente hablando, útiles en la lucha contra las guerrillas a través de las Convivir. Mancuso desde las AUC y Uribe desde la gobernación de Antioquia y después desde la presidencia de Colombia. 

Foto: Radio Nacional - Las vidas de Álvaro Uribe y Salvatore Mancuso tuvo un punto de encuentro con la Ley de Justicia y Paz.

Caminos separados y convergentes 

Desde ese momento sus vidas políticas o criminales dejan de ser paralelas y convergen en la guerra sin cuartel contra las guerrillas. Mancuso desde la AUC y Uribe con la “Seguridad democrática” y su letal consecuencia de los “falsos positivos”. 

Hay un punto de encuentro crucial, cuando elaboran la ley 975 de 2005, denominada de Justicia y Paz. Esta confluencia empieza con el discurso de Mancuso en el Congreso el 28 de julio de 2004, cuya comparecencia fue posible por el visto bueno de Uribe, según los testimonios de las representantes a la Cámara, Eleonora Pineda y Rocío Arias.

Así lo relatan en el libro Las Comadres de la Parapolítica de Juan Carlos Giraldo. El libro recrea el momento en el que Uribe, en ese momento presidente, les da el visto bueno para traer a Mancuso al Congreso y ambas, dichosas, organizan tan importante evento para la paz de Colombia. 

Mancuso comienza así su histórica intervención en el Congreso: “Vengo en irrenunciable misión de paz desde Santa Fe de Ralito, donde, con la bendición de la Iglesia Católica y el apoyo de la OEA, de la comunidad internacional, del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez y del Pueblo Colombiano, dimos inicio formal a este histórico proceso de paz”. 

No obstante, después contaría a RCN la importancia de las Convivir en la expansión del paramilitarismo y las AUC: “A través de las Convivir y comisarios políticos nos permiten crear las autodefensas a nivel nacional, hacemos un engranaje entre una autodefensa ilegal amparada por el Estado con fusiles para servir de bisagra con la institucionalidad”. 

Por otro lado, en la gobernación de Antioquia, Álvaro Uribe fue un entusiasta promotor y defensor de las cooperativas de seguridad, considerándolas como un punto de unión entre la ciudadanía y la fuerza pública. Para él “Esta colaboración construye confianza institucional en los ciudadanos, evita su postración ante el crimen o que busquen salidas contrarias a la ley”.

Aunque Uribe advierte que las Convivir convocarían a ciudadanos para evitar salidas contrarias a la ley, lo que realmente sucedió fue lo contrario. De hecho muchas personas usaron las cooperativas como venganza de las extorsiones, secuestros y asesinatos por parte de las guerrillas. Amparados, además, por la fuerza pública. 

Así lo revelan innumerables testimonios de miembros de las AUC. El propio Mancuso explica que fundó sus Convivir en calidad de civil, asignado en un grupo con quince hombres, dos miembros de la DIJIN y algunos policías. Así inició un recorrido por territorios colombianos como Sucre, Bolívar y Magdalena para crear más autodefensas. 

Las Convivir desbordarían todos los marcos de la legalidad por las relaciones y coordinaciones clandestinas que sostuvo Mancuso con Pedro Juan Moreno como secretario de Gobierno bajo la administración y responsabilidad política del entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe. 

Impunidad total 

Está plenamente probado el favorecimiento que Álvaro Uribe, como presidente de la República, promovió para las AUC a través de sus iniciativas legales, especialmente del fracasado referéndum de 2003.

En el punto 6 sobre “Reducción del Congreso”, aparece un parágrafo sobre “circunscripciones especiales de paz”. En él expresaba su deseo de reincorporar a la vida civil a miembros de grupos al margen de la ley bajo la estricta dirección y supervisión del gobierno. 

Dicho parágrafo tenía como único destinario a las AUC, pues las FARC acababan de cometer el atentado terrorista contra el Club el Nogal y las autodefensas eran la única organización armada interesada en un proceso de paz bajo la dirección del gobierno. 

Sorprenden la laxitud y generosidad de Uribe, pues los representantes de esos grupos alzados en armas no deberían rendir cuenta ante millares de víctimas. 

Además, según el proyecto explícito del presidente Uribe, las AUC tendrían una representación política en todas las corporaciones públicas, desde el Congreso hasta las asambleas y concejos, sin mención alguna de penas privativas de la libertad. Inclusive el gobierno podría no tener en cuenta inhabilidades y requisitos necesarios para ser congresista, diputado y/o concejal. 

Eso es todo lo contrario de las objeciones presentadas por Uribe y el Centro Democrático al Acuerdo de Paz de 2016, cuando vetaron la presencia de diez excomandantes de las FARC en el actual Congreso. Estos excomandantes hoy están sometidos a la JEP y deberán cumplir a las víctimas con la verdad y las penas de reparación que fije dicha jurisdicción, so pena de ser condenados por la justicia ordinaria a penas de por lo menos veinte años de prisión.

Semejante favorabilidad política para las AUC fue frustrada por la Corte Constitucional al declarar inexequible dicho parágrafo del punto 6, pues consideró que las circunscripciones especiales de paz no guardaban relación alguna con la reducción del tamaño del Congreso y los cambios en las fórmulas de la representación política.

Amnistía

Lo anterior demuestra claramente cómo esas vidas paralelas de la política de Uribe y de criminalidad de Mancuso confluyeron y formaron una tangente de amplia y plena favorabilidad política para los comandantes de las AUC. 

Tangente que se volvería a intentar con la ley 975 del 2005, pero que la Corte Constitucional volvería a impedir. En esta ocasión el gobierno intentó conferir a los miembros de las AUC el carácter de sediciosos, es decir, de delincuentes políticos y, por tanto, no sujetos a extradición y con derecho a participación y eventual representación política. 

La actuación del alto comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, en este suceso fue brillante. Defendió la justicia restaurativa en aras de alcanzar la paz y la reconciliación entre los colombianos. Justicia restaurativa y transicional que hoy encarna la JEP, pero que Uribe y el Centro Democrático desconocen y desprestigian todos los días.

Uribe ahora propone la amnistía política en alusión velada a las condenas de Sabas Pretelt y Diego Palacio por la yidispolítica, que permitió su espuria reelección presidencial de 2006-2010. 

Curioso que el expresidente olvide Agro Ingreso Seguro de Andrés Felipe Arias, donde se asignaron miles de millones de pesos a cercanos agro empresarios que financiaron su campaña de reelección y que también olvide a Invercolsa de Fernando Londoño Hoyos, condenado a devolver 145 millones de acciones que adquirió ilegalmente a Ecopetrol, ambos ministros de su gabinete.

Las Convivir desbordarían todos los marcos de la legalidad por las relaciones y coordinaciones clandestinas que sostuvo Mancuso con Pedro Juan Moreno como secretario de Gobierno bajo la administración y responsabilidad política del entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe.

¿Serán problemas de senilidad e impunidad los que aquejan al expresidente? Al fin de cuentas, amnistía viene de “amnēstía; propiamente ‘olvido’”, según la RAE. 

Así como hay que reconocerle el éxito de la desmovilización de cerca de 30.000 paramilitares, haría bien el expresidente Uribe, en aras de la verdad histórica y el respeto a la memoria de miles de víctimas de las AUC y de la “seguridad democrática”, en reconocer su inmensa responsabilidad política en esa catástrofe humanitaria. 

Pero, sobre todo, que reflexionara sobre su concepción binaria de una violencia buena, la del establecimiento y miembros de la fuerza pública, que debe ser tratada con benevolencia y admiración por su combate sin límites contra la otra violencia, la mala y criminal de la insurgencia. 

Solo cuando se deslegitimen ambas violencias tendremos un horizonte cierto de paz y superaremos el embrujo de la actual ‘Paz Total’.  Esa paz exaltada en los discursos oficiales pero desprestigiada por la inseguridad y la criminalidad exacerbada de quienes dicen ser sus interlocutores.

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