En qué consiste la transición energética en Colombia.
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En qué consiste la transición energética en Colombia

Escrito por Felipe Corral

La intención de eliminar la explotación de combustibles fósiles abrió el debate sobre la transición energética. Pero el proceso no es fácil y está lleno de preguntas: ¿qué hacer con el gas? ¿y qué con el petróleo?

Felipe Corral*

Anuncios y realidades 

Desde que comenzó su campaña electoral y también después de que ganó las elecciones, Gustavo Petro ha reiterado la intención de reducir y, eventualmente, eliminar la explotación de combustibles fósiles en Colombia.

Sin embargo, hasta ahora, el gobierno ha hablado únicamente de no firmar nuevos contratos de exploración. Esto no significa que se dejará de extraer gas de la noche a la mañana.

Según la ministra de minas y energía, Irene Vélez, el gobierno respetará los 180 contratos de exploración de hidrocarburos firmados antes del comienzo del nuevo gobierno.

Aun así, existe un gran debate sobre la transición energética que parece ser inminente, o al menos esa parece ser la intención del gobierno.

Conviene entonces aclarar que no hay una sino varias transiciones energéticas que tienen que ocurrir si Colombia quiere enfrentar sus retos climáticos, territoriales y económicos de una manera seria.

El caso del gas

Aproximadamente un 40 % del gas fósil que se extrae en Colombia es consumido en el sector petrolero, o sea que no llega directamente a los consumidores finales como gas. El Cuadro 1 muestra los sectores que más consumen gas en Colombia y su proyección en 2019.

Fuente: UPME

Los sectores que más consumen gas son el petrolero —en azul claro, para reinyección del gas en pozos—, seguido de las termoeléctricas —naranja, para el Sistema Interconectado Nacional (SIN)—, el sector industrial —amarillo— y el residencial —azul oscuro, principalmente para cocción y calentamiento de agua—. Por este motivo, los sectores más afectados por una disminución en la disponibilidad del gas serían el petrolero, el industrial y el termoeléctrico.

Pero en un futuro con más uso de energías renovables —como lo sugieren estudios académicos o el plan de gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez— el gas será cada vez menos importante para la producción eléctrica. Es decir, a través de nuevas políticas, de la acción empresarial y de la organización social, puede reducirse sustancialmente la demanda de gas por parte de las termoeléctricas en relativamente poco tiempo.

Aunque gran parte del gas consumido en Colombia se usa para procesos de cocción y calor indirecto de bajas o medianas temperaturas, hasta el momento no existe una política que promueva la sustitución tecnológica y el cambio de hábitos que reduzca la demanda de gas en la industria y los sectores residencial y terciario.

En segundo lugar, puede reducirse considerablemente la pérdida de gas fósil mediante la reinyección en pozos petroleros y sistemas de captura de emisiones fugitivas de metano en el sector hidrocarburos, como las que se están proponiendo en Estados Unidos en su Plan de Reducción de Emisiones de Metano.

En otras palabras, el Estado puede forzar medidas para que el sector de hidrocarburos reduzca su consumo de gas para reinyección o por lo menos para que las emisiones fugitivas de metano resultantes puedan ser recirculadas para atender la demanda nacional de gas.

En tercer lugar, aunque gran parte del gas consumido en Colombia se usa para procesos de cocción y calor indirecto de bajas o medianas temperaturas, hasta el momento no existe una política que promueva la sustitución tecnológica y el cambio de hábitos que reduzca la demanda de gas en la industria y los sectores residencial y terciario.

Esta sustitución puede incluir la electrificación de distintos procesos industriales o residenciales, con el uso, por ejemplo, de estufas de inducción eléctrica, calderas eléctricas u hornos de arco eléctrico.

En ese sentido, está en las manos de los gobiernos incentivar o desincentivar el uso de gas. La decisión de acabar con la exploración para reducir el suministro de gas tiene que estar acompañada de medidas concretas para disminuir la demanda.

En el mejor de los casos, la reducción de demanda y suministro se darán en el marco de un proceso de diálogo social que dé garantías a las distintas partes y que aclare cuál será el cronograma para declinar y, en última instancia, superar la extracción y el uso del gas fósil en Colombia. Esta es una discusión que aún no se ha presentado.

Por último, conviene preguntarse lo siguiente:

  • ¿Qué tipo de transición propone el gobierno?
  • ¿Qué tienen en mente las empresas?
  • ¿Qué decisiones se están tomando por parte y parte para satisfacer los intereses propios?
  • ¿Qué tanto se acercan estas decisiones a las políticas climáticas, ambientales o socioeconómicos del país?

Lo que está claro es que:

  1. El suministro de gas no se agotará de un día para otro sin las exploraciones de gas.
  2. La demanda de gas es susceptible de aumentar o disminuir como resultado de las decisiones del Estado, las empresas y los consumidores.
  3. Existen alternativas al gas.
  4. Las reservas de gas pueden conservarse durante 10 o 15 años, dependiendo de su gestión. Mientras tanto, puede llevarse a cabo la transición a otras tecnologías y hábitos energéticos de forma gradual.
  5. Colombia puede reducir su demanda de gas en los próximos años, incluso si se quiere mantener la producción para sectores clave como el petroquímico o el de industrias que trabajan con altas temperaturas.

El caso del petróleo

La situación del suministro de petróleo es más complicada. Está el reto de atender la balanza de pagos, así como la dimensión fiscal. Sin embargo, cuando se habla del consumo doméstico de petróleo, el análisis es diferente.

Para empezar, Colombia exportó aproximadamente el 64 % del petróleo que extrajo en 2019. Es decir, el 36 % restante se queda en el país para su consumo o transformación. Conviene aclarar que el petróleo crudo tiene unos usos muy limitados, por lo que es crucial su procesamiento, por ejemplo para refinar derivados como el ACPM o la gasolina.

En 2019, 138 de 140 millones de barriles de petróleo disponibles para la oferta doméstica de energía fueron destinados a la refinación. Según la Agencia Internacional de Energía, en ese mismo año, Colombia importó alrededor del 22 % de los refinados del petróleo que consumió.

Mientras tanto, el Plan Indicativo de Abastecimiento de Combustibles Líquidos muestra que la refinería de Barrancabermeja produjo en 2021 el “60,3 % de la gasolina necesaria, el 57,8 % del Diésel y el 64 % de la demanda nacional de Jet, así como el 70% de los productos petroquímicos”.

Es decir, Colombia puede cubrir la mayor parte de su demanda de combustibles líquidos con el petróleo refinado domésticamente, pero aún tiene que importar gasolina y ACPM a precios internacionales. Paradójicamente, el país “re exporta” una porción de los refinados del petróleo que hacen parte de su oferta doméstica —aproximadamente el 21 % en 2019—.

Del total restante para 2019, el 71 % correspondió a combustibles líquidos para el transporte, que son aproximadamente 14 millones de toneladas de petróleo en combustibles líquidos. La gráfica siguiente muestra en qué tipo de transporte se usan estos combustibles.

Fuente: UPME

La gran mayoría del consumo de combustibles líquidos en el sector transporte corresponde a gasolina —en naranja— y Diesel —en gris—. En menor medida, el gas fósil —en amarillo— también hace parte del suministro energético del sector transporte. Cabe mencionar que el sector transporte es el mayor consumidor de energía del país, así como el mayor responsable de emisiones de GEI dentro del sector energético de Colombia.

El centro de la gráfica nos muestra en qué se usan esos combustibles líquidos. Predominan los vehículos de transporte de carga y pasajeros por carretera. De hecho, según el Plan Energético Nacional, el transporte carretero fue responsable de un 88 % del consumo energético en el sector transporte en 2019.

Llama la atención que alternativas como la movilidad eléctrica o el ciclismo son inexistentes en el consumo energético del sector transporte. Igualmente, a muchos les sorprenderá que el transporte de motores de combustión interna tan solo usa 24 % de la energía que consume, mientras que el resto corresponde a pérdidas e ineficiencias.

Sí se puede

Dicho todo lo anterior, hay en Colombia miedo o resistencia a frenar las exploraciones de hidrocarburo por sus efectos sobre el consumo interno; y sin embargo, la gran mayoría de las reservas se destinan a las exportaciones.

Por ende, si se mitiga la dependencia comercial y fiscal de las rentas petroleras, pueden reducirse la proporción de exportaciones de petróleo, e incluso su volumen. Con esto se alargaría la vida de las reservas y habría más tiempo de transición en el sector.

Adicionalmente, el gobierno, el sector privado y la sociedad en general, pueden empezar a replantear la política de transporte para sustituir el uso del motor de combustión interno allí donde sea más sensato.

De esa manera podría irse reduciendo gradualmente la demanda de combustibles líquidos, reduciendo a su vez la presión para extraer hidrocarburos. Esto puede suceder gracias a medidas que pueden ir desde reconstruir corredores férreos eléctricos que reemplacen parcial o completamente el transporte carretero, promover sistemas de transporte masivo urbano eléctrico, como metros o tranvías, o crear formas sustentables de movilidad rural colectiva o individual.

El mensaje principal es que, igual que con el gas fósil, Colombia no está condenada a necesitar los combustibles líquidos producto del petróleo de forma indefinida. Por el contrario, existen muchos caminos para reducir y acabar esa dependencia en las próximas décadas.

En cualquier escenario, empezar a planear y ejecutar la transición ahora es crucial para desarrollarla en las siguientes décadas de forma efectiva. El primer paso es dejar de pensarnos como una sociedad basada en hidrocarburos. Para ello, decidir que no se explorará más gas ni petróleo es un buen comienzo.

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