Conflictividad global, la crisis energética y la pérdida de una gran oportunidad
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Conflictividad global, la crisis energética y la pérdida de una gran oportunidad

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La grave crisis en la que se ha sumido al sector minero-energético tradicional colombiano se convierte en un agravante ante la situación actual no solo por limitar la soberanía energética, sino por la pérdida de una oportunidad de oro para la reactivación económica.

Aunque el conflicto bélico de las últimas semanas entre Estados Unidos e Israel por una parte, e Irán por la otra, ha cobrado el mayor protagonismo en razón de su impacto directo en el mercado energético global, al abrir el foco en la observación, existen otros factores que se han venido combinando para dar como resultado una escalada de precios del petróleo y el gas natural, lo que, como es obvio, arrastrará el precio de los energéticos en general e implicará un freno inevitable en la economía mundial.

La tormenta perfecta: de los estrechos al Báltico

Es evidente el impacto de lo que podríamos denominar bloqueos estratégicos y cierres marítimos en Medio Oriente, particularmente el cierre casi total del estrecho de Ormuz como estrategia de presión de Irán sobre sus atacantes, lo que desde el pasado 9 de marzo ha provocado que el suministro mundial de petróleo se reduzca en unos ocho millones de barriles por día (MMbpd).  

Pero lo que sucede en Ormuz no es el único reto para el mundo hoy, a ello se suma la amenaza de la insurgencia hutí de Yemen, apoyada por Irán, de imponer un bloqueo total en el estrecho de Bab el Mandeb, una ruta fundamental que conecta Occidente, Asia y África y por donde transita el 10% del comercio marítimo mundial.

Y, por si fuera poco, la estrategia iraní de no solo responder los ataques contra sus contendores directos, sino dirigirlos hacia la importante infraestructura petrolera de otros países vecinos ha contribuido a aumentar el estrés de las cadenas de abastecimiento energético mundial.

Pero el asunto no se circunscribe solo a este conflicto, en el marco de la guerra en Ucrania se han registrado ataques con drones contra los terminales de Primorsk, el puerto petrolero más importante de Rusia, y el que sería el segundo, el de Ust-Lugal, ubicados ambos en el mar Báltico, y otros ataques a la infraestructura que han afectado la capacidad de exportación rusa de manera importante.

Derivado de todo lo anterior, la cotización al cierre del pasado 3 de abril alcanzó los US$112,04/Bbl para el Brent y de modo inusual, un remonte por parte del WTI que alcanzó los US$112,06/Bbl y que estaría casi duplicando su precio desde el inicio de la guerra en Irán.

El efecto dominó: del gas natural al retorno del carbón

Del mismo modo que para el suministro de crudo y refinados en términos de hidrocarburos líquidos, el gas natural licuado (GNL) viene enfrentando enormes retos asociados no solo al ataque contra la importante infraestructura de licuefacción en el Medio Oriente, sino también por cuenta de fenómenos climáticos que han afectado cerca del 8% adicional en el suministro global desde Australia, que registra incrementos exorbitados de hasta 140% acumulado entre marzo y abril en Europa; un acumulado del 100% para los últimos tres meses en Asia, según la cotización del Japan-Korea Marker (JKM), que llegó a cotizarse por encima de US$25/MMBtu.

Ante los incrementos de precios del crudo y del GNL, la tendencia a retornar a la generación a carbón será inevitable, lo que traería como consecuencia una señal alcista en la cotización de este energético y al final un incremento en los costos de la energía eléctrica en el mundo.

Y ante este panorama, la situación colombiana sí que resulta penosa, porque con ello se incrementa el costo de la energía en el país que a causa de su pérdida de autosuficiencia en materia de gas natural viene aumentando el consumo de gas importado, que regularmente está siendo adquirido con señales de mercado spot y que en consecuencia no solo afectaría el precio de este energético en el servicio público domiciliario tanto residencial como comercial e industrial, sino que será un factor de encarecimiento de la energía eléctrica local.

Lo anterior representa un generador adicional de estrés sobre la economía nacional ya afectada por la escalada en la carga tributaria de los últimos años y los mayores costos laborales que han puesto en riesgo la viabilidad de muchas empresas y señalan una senda inflacionaria con afectación directa en los hogares.

Foto: Flickr

¿Capricho ideológico o seguridad nacional?

La grave crisis en la que se ha sumido al sector minero-energético tradicional colombiano por cuenta de las políticas, supuestamente ambientalistas, del actual gobierno, que vienen desincentivando el desarrollo de los recursos energéticos de origen fósil, se convierte en un agravante ante la situación actual no solo por limitar la soberanía energética, sino por la pérdida de una oportunidad de oro para la atracción de inversión extranjera directa, la generación de divisas, el crecimiento de ingresos fiscales, el encadenamiento productivo, la generación de empleo y en general la reactivación económica.

Capítulo especial merece, dentro de la crisis del sector, la muy mala situación en la que se encuentra Ecopetrol, la principal empresa de todos los colombianos y la que debería ser líder en la atenuación de las consecuencias adversas que genera la crisis energética global, y el aprovechamiento de la oportunidad que debería representar para nuestro país dicha situación; pero la que en su desorientación estratégica, la reducción acelerada de su capacidad de generación de valor, el deterioro de su clima organizacional y los nefastos escándalos de corrupción y pérdida de gobernanza que viene enfrentando no ofrece esperanza alguna de jugar el papel esperado.

En razón de todo lo anterior, es momento de generar una reflexión sensata sobre no solo el presente, sino el futuro de nuestro sector minero-energético, que, en la crisis local global por el evidente desacierto de las políticas públicas de los últimos gobiernos, y elevada a su máxima expresión en el actual, agravada por la situación global que enfrentamos, habla a gritos acerca de su pertinencia para todos los colombianos.

Lo sucedido en la actualidad hace totalmente evidente que la industria petrolera no es de los empresarios, o de los trabajadores del sector, no es ni siquiera de las regiones de influencia directa de los proyectos en los que opera la industria, es un patrimonio de todos, y en su detrimento todos los colombianos nos vemos afectados, porque del mismo modo que el mundo hoy lo está sufriendo, la energía no es un capricho, muy por el contrario, es una necesidad vital para la humanidad.

Y es por esto que los colombianos en general debemos darnos por notificados acerca de la relevancia de las decisiones que en el corto plazo se adopten para retomar la actividad de exploración y desarrollo de nuestros recursos energéticos tradicionales, no como una negación de la necesidad de promover una adición energética mediante el desarrollo de nuevas fuentes, sino haciéndolo con la racionalidad que dicta, que es garantizando la soberanía energética y el suministro con criterio de máximo costo eficiencia, lograremos corregir nuestro rumbo y mitigar, al menos parcialmente, las consecuencias de la actual situación energética global, y quizá tomar ventaja de la misma para promover una reactivación efectiva y oportuna de nuestro sector.

Le recomendamos: El paro minero en Antioquia: una crisis persistente en la economía del oro

Acerca del autor

Alejandro Ospina​
alejandro@razonpublica.org.co | + posts

*Ingeniero de Petróleos, EMBA, magister en Gestión de la Industria de los Hidrocarburos, presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Petrolera y Energética de Colombia (UTIPEC) y de la Federación de Trabajadores de la Región Andina y Pacífica vinculados al Sector Petroquímico, Energético y Minero (FETRAPPEM).

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Alejandro Ospina​

*Ingeniero de Petróleos, EMBA, magister en Gestión de la Industria de los Hidrocarburos, presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Petrolera y Energética de Colombia (UTIPEC) y de la Federación de Trabajadores de la Región Andina y Pacífica vinculados al Sector Petroquímico, Energético y Minero (FETRAPPEM).

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