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¿Cómo va la reincorporación de los excombatientes de las FARC?

Escrito por Angélica Zambrano

¿Qué ha pasado con los excombatientes de las FARC después de la firma de los acuerdos de paz? ¿Cuáles son sus dificultades concretas para reintegrarse a la sociedad?

Wilson López López * – Andreas Glücker**

Los retos de la paz

Los conflictos armados en todo el mundo dejan una cantidad de daños visibles y medibles: miles de muertos, heridos, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, vidas destrozadas, daños a las infraestructuras, etc. Así mismo, dejan consecuencias que son más difíciles de identificar y de medir: heridas psicológicas en víctimas y excombatientes y daños en el tejido social que incluyen pérdida de confianza, corrupción, fatalismo, naturalización de la violencia, etc.

Los estudios sobre estos asuntos señalan que los daños empeoran con el paso del tiempo porque construyen y legitiman espirales socioeconómicas y sociopolíticas que mantienen la violencia durante generaciones. Como consecuencia, la reconstrucción de una sociedad que naturalizó lo que Andrés Bar Tal denomina ‘lo intratable del conflicto’ presenta múltiples desafíos.

La evidencia demuestra que la firma de tratados de paz no es el final del conflicto, sino el comienzo de un complejo proceso de reconstrucción o ‘curación’ de heridas profundas en el plano individual y en el social. Este proceso es largo y compromete dimensiones económicas, políticas, culturales e históricas que se encuentran en el trasfondo de la violencia. Por eso se necesita una estrategia multidimensional si se quiere que el proceso sea exitoso.

El problema de la identidad

Los actores involucrados construyeron sus identidades en torno a los grupos de los cuales formaban parte, y aprendieron por tanto a legitimar el uso de la violencia. Varios estudios concluyen que muchos individuos fusionan su identidad con la del grupo hasta tal punto que su identidad personal queda opacada y su comportamiento acaba siendo dominado por el grupo. Como lo muestran los artículos de Swann y colaboradores y el libro de Mckeonwn, Haji & Ferguson (2016) los grupos armados tienden a propagar discursos de odio contra otros grupos, presentándolos como enemigos y justificando las acciones violentas contra ellos. En otras palabras, los grupos acaban por justificar las acciones violentas que sus miembros cometen contra los miembros de otros grupos.

La firma de tratados de paz no es el final del conflicto, sino el comienzo de un complejo proceso de reconstrucción.

Por supuesto, tratar de romper estos circuitos resulta complejo y como lo muestran, los trabajos de Aponte y Zapata (2018) sobre “la salud mental en el contexto de desarme, desmovilización y reintegración”; y el de Aponte y cols (2018) “diálogos humanizantes”; como los estudios de Ugarriza, & Nussio (2017), y la investigación de López-López, Rincón, Pineda-Marín, & Mullet (2019) en su investigación con excombatientes cercanos a salir de las cárceles y el reciente trabajo de investigación de Glücker que se llevó acabo en uno de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ECTRy que está en proceso de publicación muestran consistentemente (bajo múltiples perspectivas) que los procesos identitarios entran en crisis al iniciar procesos de desmovilización y reincorporación a la sociedad.

Estas investigaciones demuestran además que los procesos de desmovilización y reincorporación a la sociedad suelen acarrear crisis de identidad, porque los elementos de legitimación que se construyeron durante años desaparecen repentinamente. Además, los miembros de distintos grupos tienen dificultades para relacionarse entre sí y para construir nuevas identidades que se distancien de los valores que defendieron durante años.

En ese orden de ideas, la decisión de Iván Márquez y otros excomandantes de las FARC de retomar las armas podría ser interpretada como una prueba de la imposibilidad de salir de este terrible circuito de violencia. Sin embargo, es importante señalar que su decisión es distinta de la del grueso de los excombatientes, pues las disidencias no representan siquiera el cinco por ciento de los excombatientes, lo que quiere decir que la mayoría no tiene intenciones de retornar a la guerra.

Puede leer: Adiós a los fierros: la reincorporación de las FARC

¿Cómo va la reincorporación?

Así pues, invertir en infraestructura socio-económica y acompañar la reincorporación de los antiguos combatientes es una tarea fundamental para lograr que el proceso de paz se sostenga y sea exitoso a largo plazo.

Una reincorporación exitosa implica que los excombatientes encuentren un espacio dentro de la sociedad colombiana, es decir, que no sean rechazados por su pasado y que tengan la posibilidad de encontrar un empleo, cuidar de sus familias y satisfacer sus necesidades como cualquier ciudadano.

Implica también que tengan la posibilidad de construir una nueva identidad desvinculada del grupo armado al que pertenecieron por tantos años. La experiencia internacional parece demostrar que para lograr este objetivo es necesario propiciar la construcción de nuevas relaciones incluyentes con otros grupos sociales y con la sociedad en su conjunto.

Con el fin de comprender mejor el proceso colombiano, iniciamos una investigación de carácter cualitativo en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ECTR) ubicado en el suroriente de Colombia a mediados del año pasado. Les preguntamos a los excombatientes en proceso de reincorporación qué redes de soporte social tenían y cómo percibían sus relaciones con otras personas dentro de las FARC, con sus familias, con la sociedad y con las instituciones estatales.

Descubrimos entonces que, para ellos, la primera fuente de soporte son los excombatientes del ECTR, la segunda son sus familias y la tercera es la esperanza de construir una mejor relación con las comunidades aledañas que les permita afrontar con mayor fortaleza la incertidumbre económica, la violencia política y las condiciones de precariedad, entre las cuales se destacan la ausencia de servicios públicos básicos. Así mismo, encontramos que algunos de los excombatientes no se sienten respaldados por la sociedad ni por los líderes de la FARC que están fuera de la región.

Los participantes se sienten preocupados por la división dentro de las FARC, el abandono de los líderes centrales de la organización y la creciente salida de sus compañeros de los ETCRs. Así mismo, encontramos que muchos se sienten rechazados y estigmatizados por la sociedad a la que intentan reintegrarse y creen que ella es indiferente ante la creciente violencia política y la falta de cumplimiento por parte del Estado, lo cual disminuye su confianza y les deja menos vías en su búsqueda por la reincorporación.

Todo esto provoca sentimientos de frustración y desesperanza en el proceso de paz y conduce a los excombatientes a buscar en sus antiguas prácticas e identidades un camino que les permita resolver su crisis vital.

Los procesos de desmovilización y reincorporación a la sociedad suelen acarrear crisis de identidad.

Aunque todos los excombatientes entrevistados se mostraron firmemente comprometidos con la paz, manifestaron sus intenciones de salir de los ETCRs y reincorporarse a la sociedad individualmente por fuera del proceso oficial. En ese sentido, podemos afirmar que los excombatientes que han salido de los ETCRs no necesariamente son un indicador del ingreso a las disidencias o del fracaso de la reincorporación, pues como lo reportaron nuestros entrevistados, algunos se fueron a vivir con sus familias, otros se insertaron en el mercado laboral y otros simplemente se fueron para salir del contexto de posconflicto.

Aunque las condiciones de muchos ETCR no son las mejores, es innegable que retirarse del proceso oficial hace que los excombatientes sean más vulnerables frente a las disidencias y los grupos armados que intentan cooptarlos.

Lo anterior implica que el mayor peligro de Márquez no es la cantidad de seguidores que tiene actualmente, sino que el descuido de los procesos de reincorporación en los programas de inclusión social, política, económica y las condiciones de las zonas en las que viven podrían motivar a muchos excombatientes a vincularse a las actualmente minúsculas disidencias de las FARC-EP. Dicho de otro modo, entre más difícil sea la reincorporación, más fácil será que los excombatientes decidan unirse a las disidencias.

Puede leer: El peligro que corren los excombatientes de las FARC

¿Qué hacer?

Como es lógico, para evitar que las disidencias crezcan, los excombatientes deben sentir que existen posibilidades de reincorporarse de forma efectiva a la sociedad colombiana. Así pues, iniciativas creativas como el proyecto de ecoturismo “Remando por la Paz” deben ser apoyadas por el gobierno colombiano. Igualmente, el gobierno y la sociedad deben difundir de forma consistente el mensaje de inclusión y apoyo al proceso de paz, creando espacios de inclusión que facilitan la construcción de nuevas identidades.

Para lograrlo debemos entender que la paz es un proceso construido en las comunidades, en las familias, en las relaciones, en los discursos que usamos de inclusión y reconciliación social, es decir, en el día a día, en la vida cotidiana.

Así mismo debemos entender que la ambigüedad frente al proceso de paz puede tener múltiples y desafortunadas consecuencias para Colombia -empezando por el crecimiento de las disidencias-.

Estamos a tiempo de mejorar el proceso de reincorporación facilitando la inclusión y, con ello, la construcción de nuevas identidades desligadas de la lógica macabra de la guerra. En otras palabras, estamos a tiempo de darle a Colombia “una segunda oportunidad sobre la tierra” como dijo acertadamente García Márquez.

*Profesor titular de la Universidad Javeriana y líder del grupo de investigación de lazos sociales y culturas de paz.

**Magister de la Universidad Colonia de Alemania.

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