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¿Cómo le fue a Bogotá en salud con Peñalosa?

Escrito por RazonPublica
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Alcaldía de Bogotá La desaprobación de Peñalosa coincide con el descontento de los bogotanos con el sistema de salud.

Julian Orjuela

Con preferencia marcada por lo privado y un retroceso en algunos indicadores clave, termina la alcaldía de Enrique Peñalosa. Estas son las cifras.

Julián Orjuela Benavides*

Para los privados

Enrique Peñalosa tuvo un mandato marcado por la impopularidad, como lo confirma su alta desaprobación (56,3 por ciento al acabar su mandato). Esta cifra coincide con el 56 por ciento de insatisfacción con el servicio de salud de Bogotá, un sector que sintió su estilo prepotente para gobernar.

En el momento de posesionarse, Peñalosa tenía lista la propuesta de reorganización del sector salud, que se plasmó en el Acuerdo 641 del 6 de abril de 2016 del Concejo de Bogotá. El acuerdo creaba cuatro subredes integradas de servicios de salud (sur, suroccidente, norte y centro oriente) que eliminarían 22 hospitales públicos. Esto se hizo sin ningún tipo de consulta con la comunidad, sin planificación y sin análisis de necesidades de salud. Se trataba tan solo de reducir costos de personal administrativo.

La visión de reducir la intervención del Estado y ampliar el mercado en la salud bogotana ha superado sus propias expectativas. De los 13.523 prestadores:

  • El 0,03 por ciento es de naturaleza jurídica mixta,
  • El 99,73 % es de naturaleza privada, y
  • Tan solo el 0,24 por ciento es de carácter público.

En cambio, los recursos de financiación del sector en su gran mayoría son públicos, pues representan más del 75 por ciento.

Bajo la lógica mercantil que rige en el sistema de salud colombiano, los prestadores de servicios de Bogotá se han aglutinado en el norte y centro de la ciudad, donde se encuentra la población con mayor capacidad de pago:

  • el 55,74 por ciento está en la zona norte,
  • el 25,01 por ciento en el centro oriente,
  • el 10,80 por ciento en la zona suroccidente, y
  • el 4,06 por ciento está en la zona sur.

Si comparamos la distribución de los prestadores con la proporción de ciudadanos en régimen contributivo y subsidiado por localidad, se puede ver que en la zona donde más se encuentran los servicios de salud es donde hay más población del régimen contributivo y donde hay menos servicios de salud es donde están los del subsidiado.

Por ejemplo: en Usaquén el 90,2 por ciento es contributivo y 6,0 por ciento es subsidiado; y en Teusaquillo es 99,7 por ciento contributivo y 1,6 por ciento subsidiado.

Los recursos de financiación del sector en su gran mayoría son públicos

En contraste, la proporción de la población que se encuentra en el subsidiado en las localidades más vulnerables es:

  • Santa Fe: 36, 6 por ciento,
  • Usme: 29,9 por ciento,
  • Ciudad Bolívar: 24,3 por ciento,
  • San Cristóbal: 24,9 por ciento.
Alcaldía de Bogotá Aunque en otros sectores el balance no es tan desesperanzador, sí aumentó la desnutrición crónica en Bogotá.

Foto: Alcaldía de Bogotá
Aunque en otros sectores el balance no es tan desesperanzador, sí aumentó la desnutrición crónica en Bogotá.

Esta desigualdad en la distribución de los servicios de salud se traslada a la falta de oportunidad de acceder a estos, dependiendo el lugar donde se vive. Por ejemplo: por una cama en zona sur, hay 20 camas en zona norte y 10,2 en zona centro oriente. En cuanto a salas de cirugía, por una en la zona sur hay 21 salas en la zona norte.

Peñalosa ha sido un abanderado del proyecto de extinción de lo público en el sector salud y de ampliar el mercado para el sector privado. Adicionalmente, los hospitales han sido el fortín político de concejales que reparten puestos a cambio de votos y dinero.

Mejor curar que prevenir

La visión de salud de Peñalosa se enfocó en la atención de enfermos que, como vimos, son atendidos especialmente por el sector privado. Por su parte los esfuerzos de salud preventiva consistieron en identificar los próximos enfermos para ser atendidos, y en impartir miedo o utilizar amenazas para cambiar los comportamientos poco saludables.

Esta visión de la salud se ve reflejada en la morbilidad atendida en Bogotá. La primera causa de atención han sido enfermedades no transmisibles en todos los ciclos vitales, excepto en la primera infancia, con un 40,01 por ciento, seguida de un 54,31 por ciento en infancia, 59,62 por ciento en adolescencia, 56,14 por ciento en juventud, 66,33 por ciento en edad adulta y 77,67 por ciento en personas mayores.

Las enfermedades determinadas por la manera de alimentarnos, el poco tiempo de descanso, la mala calidad del aire, el estrés, las condiciones insalubres de vida, entre otras, son patologías prevenibles relacionadas con estilos y condiciones de vida.

Corroborando lo anterior, en el año 2017 las causas de muerte fueron:

  • 5416 enfermedades isquémicas del corazón,
  • 2326 enfermedades crónicas de las vías respiratorias,
  • 2034 enfermedades cerebro vasculares,
  • 1172 agresiones (homicidios y secuelas), y
  • 1165 enfermedades hipertensivas.

Lo bueno no fue para todas

El embarazo adolescente en Bogotá se redujo de 13.757 casos en 2016 a 12.036 en 2018. Sin embargo, a todas las bogotanas no les va igual. Mientras en Usaquén la razón es de 278 por 100.000 nacidos vivos, en Usme es de 911, Bosa 1472 y Ciudad Bolívar 1692.

Los hospitales han sido el fortín político de concejales

Esto demuestra que las adolescentes de las localidades más vulnerables tienen mayor probabilidad de tener un embarazo no planeado y tienen mayores barreras de acceso. Un ejemplo son las interrupciones voluntarias del embarazo, que entre 2016 y 2018 se distribuyeron así:

  • En Usaquén se realizaron 19.638,
  • En Teusaquillo, 1.720,
  • En Santa Fe se realizaron 115,
  • En Ciudad Bolívar, 543 y
  • En Bosa, 508.
 Concejo de Bogotá Peñalosa se ha dedicado a extinguir lo público en el sector salud.

Foto: Concejo de Bogotá
Peñalosa se ha dedicado a extinguir lo público en el sector salud.

La mortalidad materna viene mejorando, para el 2018 fue de 25,2 por 100.000 nacidos vivos en comparación de las 34,1 de 2015.

Sin embargo, las cifras globales esconden inequidades. La localidad con mayor mortalidad materna es Engativá, con una razón de 75,3, seguida de Chapinero con 60,1, y Usaquén con una razón de 54,9, localidades donde están los prestadores. A comparación de Tunjuelito, Santa Fe, Sumapaz, Candelaria y Puente Aranda que tiene una razón de 0.

Pero la morbilidad se distribuye de manera desigual en la población:

  • En Usaquén hay una razón de 48,7 de morbilidad,
  • 75,4 en Santa Fe,
  • 69,8 en Tunjuelito,
  • 77,8 en Mártires y
  • 160 en Sumapaz.

En síntesis, son las mujeres pobres y de la periferia de la ciudad las que van a morir al norte y centro de la ciudad.

Mal balance

Aumentó la desnutrición crónica en Bogotá. Pasamos de 22.740 casos en 2016 a 29.965 casos en 2018, y de una prevalencia de 17,0 por ciento en 2016 a una de 17,6 por ciento en 2018.

De igual manera, aumentó la proporción de bajo peso al nacer: pasó de 12,1 en 2015 a 13,5 en 2018, como resultado del abandono de la salud pública y la ausencia de una política social integral.

Aumentó la tasa de VIH. En el régimen contributivo pasó de 34 a 39,9 por 100.000 habitantes y en el régimen subsidiado pasó de 35 a 40,7 en 2018. Pero a los que peor les va es a los no afiliados, que pasaron de una tasa 352 por 100.000 habitantes en 2016 a 854,2 en 2018.

Los casos de abuso de sustancia psicoactivas en 2018 fueron 5633: 4569 hombres y 1044 mujeres. Si bien los casos son menos que los reportados en 2016 (10.362), los casos sin información pasaron de 553 en 2016 a 1078 en 2018, otra evidencia de que sin trabajo territorial no se conocen los problemas.

Las lesiones de tránsito se han convertido en un problema de salud pública que poco se ha estudiado. En 2018 en Bogotá murieron 8,2 personas por cada 100.000 habitantes: 245 peatones, 150 motociclistas y 64 ciclistas. Se lesionaron 5754 motociclistas, 4108 peatones, 2279 pasajeros de bus y 2108 ciclistas.

Esto demuestra la necesidad de un trabajo intersectorial y una comprensión transdisciplinaria desde la salud pública y la cultura ciudadana para disminuir lesionados y mortalidad.

En cuanto al cuidado, el gobierno distrital ha retirado beneficios a los y las cuidadoras. Un ejemplo: la Secretaria de Integración Social redujo el subsidio de transporte de 44.000 a 22.000 pesos, y el subsidio a las personas cuidadoras de personas con discapacidad de 250.000 a 175.000 pesos.

Es importante señalar que las mujeres son las que tienen mayor participación en el cuidado:

  • 71,9 por ciento en el suministro de alimentos,
  • 67,8 por ciento en limpieza,
  • 16,6 por ciento en cuidado físico a personas y
  • 23,6 por ciento en cuidado pasivo.

Esto muestra las profundas inequidades de género: acaban siendo las mujeres quienes pagan con su trabajo el “ahorro” del Estado y las EPS.

Si Bogotá quiere marcar otros caminos de la salud en Colombia deberá concentrarse en promover modos, estilos, hábitos y condiciones sociales que protejan la vida a través de la pedagogía del cuidado, con una salud pública que garantice la atención.

* Magister en Salud Pública de la Universidad Javeriana y odontólogo de la Universidad Nacional de Colombia.

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