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¿Cómo inventar un enemigo externo?

Escrito por Diana Isabel Molina
Bebé es entregado a su padre, de nacionalidad venezolana, para evitar que pase la noche en un albergue con su madre colombiana.

Bebé es entregado a su padre, de nacionalidad venezolana, para evitar que pase la noche en un albergue con su madre colombiana.

Diana MolinaEn la crisis colombo-venezolana (y en el proceso de paz) estamos viendo revivir la estrategia del enemigo externo para asegurar el liderazgo propio. Este libro analiza cómo se construyó aquella costumbre, que deberíamos a la “filosofía de la historia”. 

Diana Isabel Molina Rodríguez*

Dificultades con la filosofía de la historia

Odo Marquard

Traducción: Enrique Ocaña

Pre-textos, 2007

El enemigo creado

Dramática situación en la frontera colombo-venezolana.
Dramática situación en la frontera colombo-venezolana.
Foto: Defensoría del Pueblo

Las imágenes sensacionalistas y devastadoras que utilizan los medios de comunicación privados de Colombia para ilustrar el cierre de la frontera venezolana y la deportación de nuestros compatriotas provocó una oleada de odios y una nueva categoría de personas para incluir en la lista de nuestros enemigos: los venezolanos.

Una cosa es sentirnos inconformes por las actuaciones políticas, militares y administrativas del gobierno venezolano, pero otra muy distinta es odiarlos, como haciéndolos parte de un “todo malévolo y perverso” que “debe pagar” sus culpas y que -dicho sea de paso- debe sufrir mientras lo hace.

A veces resulta paradójico encontrar cómo los proyectos que giran alrededor de la venganza, la retaliación y el odio –el choque con Venezuela, pero también la resistencia a la paz pactada dentro de Colombia- acaban por recibir tan buena acogida en un país como el nuestro, donde hemos recibido tantas lecciones históricas precisamente a raíz de  embarcarnos en estos proyectos apresurados, irresponsables y demagógicos.

Además de la merecida crítica que pesa sobre los medios de comunicación debido a sus formatos y documentaciones periodísticas claramente agresivos, amarillistas e irresponsables, a través de los cuales nos inducen al “rencor militante”, cabe la pregunta filosófica sobre el odio cíclico, que vuelve a conducirnos hacia los mismos cauces densos y oscuros del desquite, el castigo divino o humano y la expiación.

Se trata de un odio con el cuál comulgan algunos sectores políticos y sociales en Colombia, para quienes tan solo con la condena de los culpables y de los que a su parecer han causado  “desequilibrios” en el mundo, podríamos conseguir el progreso, el bienestar y, sobre todo, la salvación deseada y prometida por ellos.    

Si nos acercamos a estos asuntos sobre castigo, expiación (purga de las culpas y los pecados), desequilibrios o contradicciones a las leyes naturales, diríamos que nos encontramos frente al clásico discurso del oscurantismo característico de la Europa del siglo XIII. Pero lo preocupante es encontrarlo hoy entre los argumentos de algunos altos funcionarios y dirigentes políticos en Colombia.

La filosofía de la historia

Para conseguir un acercamiento filosófico a estos asuntos, en especial en lo que respecta al origen del castigo y del enemigo en la modernidad, quisiera recomendar el texto de Odo Marquard: Dificultades con la filosofía de la historia.

En este libro el autor demuestra que la fórmula “mal por mal” (es decir, causar a los hombres dolor en retaliación por los daños que ellos pudieran haber provocado antes) es una apuesta cómodamente acogida por la modernidad y tomada del medioevo, a pesar del aparente desencanto que mostró la modernidad con los argumentos, las prácticas y las instituciones medievales para impartir justicia.

El autor presenta la filosofía de la historia como una disciplina propia de la modernidad, documenta su nacimiento en el siglo XVII y explica cómo esta induce a la sociedad a convertirse en un gran tribunal de acusados y de enemigos eternos.

Marquard desenmascara la idea de que en la historia de la humanidad haya existido una única manera para arreglar los problemas y de que  siempre haya sido hacer pagar a los culpables, como si el dolor que padece un hombre pudiera compensarse con el dolor de otro. Esta idea perversa deja igualmente la errada sensación de que la única manera para llegar algún día a la sociedad anhelada es exterminando a unos cuantos culpables que se interponen en el camino hacia ella.

Como es evidente que no se ha llegado a la sociedad prometida, entonces la filosofía de la historia se apresura a rastrear nuevos enemigos para justificar sus promesas incumplidas, sus intentos fallidos y para que la sociedad emprenda una nueva cacería de brujas y se olvide de los reparos a las instituciones y al poder.

La historia del castigo

Ilustración de Santo Tomás de Aquino, filósofo, teólogo y jurista medieval autor del Tratado de la Ley.
Ilustración de Santo Tomás de Aquino, filósofo, teólogo y jurista
medieval autor del Tratado de la Ley.
Foto: Wikimedia Commons

¿En qué términos documenta el autor este origen? En primer lugar explica cómo en el medioevo Dios era quien castigaba con el dolor el pecado de los hombres. Por eso el dolor era visto como un “mal necesario”, provocado por Dios para mantener el equilibrio que requiere el cosmos. El que sufría estaba pagando el precio de sus pecados o de los pecados de sus antepasados. Su sufrimiento hacia realidad la justicia divina y devolvía las cosas a su estado natural.

Pero cuando en la modernidad el mundo encontró que había también hombres buenos y justos sufriendo sin ninguna razón ni culpa, el dolor y la justicia dejaron de ser un asunto de Dios para convertirse en una tarea propia de los hombres. La modernidad decidió llamar al dolor “vulneración de derechos” y se abandonó, aparentemente, la pasada concepción de este como castigo divino.

Sin embargo, cuando el dolor ya no es vergüenza sino injusticia, todas las exigencias de los hombres se vuelcan hacia las nuevas instituciones laicas como responsables directas, y es cuando el autor resalta que los Estados, las instituciones y sus dirigentes tienen dos caminos:

  1. Emprender un proyecto real de compensación o
  2. Desatender el dolor provocado por la injusticia y buscar nuevos enemigos a quienes pueda cargárseles semejante responsabilidad.

En el segundo de los casos, para que las instituciones y el Estado se sostengan los enemigos deben ser eternos y se les debe perseguir eternamente. De este modo, un Estado con muchos malestares y profundas injusticias debe apresurarse a buscar muchos, variados y nuevos enemigos para ocultar con ellos su verdadera responsabilidad.

Repitiendo la fórmula

La fórmula de “mal por mal” sigue siendo la misma de origen medieval, y es característica claramente distintiva de los liderazgos manipuladores y falaces de nuestro tiempo.

Esta reflexión filosófica sobre el odio y la eterna persecución de unos desafortunados enemigos de la humanidad (para conveniencia de otros) acaba por recordar el alcance nefasto de la “cacería de brujas” cuando, tras el rastreo de los culpables, se han desencadenado dos sangrientas revoluciones liberales, dos guerras mundiales y una guerra global de larga duración y baja intensidad militar.

Además, con esta excusa se han creado complejos sistemas de rastreo y espionaje, así como nefastos proyectos militares de persecución y exterminio sistemático de grupos humanos, razas, credos y preferencias sexuales, entre otras. Bajo una consigna de “mal por mal” resultan imposibles los procesos de reconciliación y la firma de acuerdos de paz porque estos se hacen entre enemigos.

Nos preguntamos a estas alturas del dolor, en medio de un país de enemigos y de culpables, de fobias espontáneas y casi naturales, si no es justa la suspensión de la criminalización sobre los otros y si no es sana la suspensión de los mensajes que insinúan acabar con “los malos” de este mundo lleno de “iguales y de buenos”.

 

*Abogada, docente e investigadora. Magíster en Filosofía de la Universidad del Valle. Miembro del grupo de investigación La Minga. 

 

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