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¿Cómo explicar la crisis del fútbol colombiano?

Escrito por David Quitián y Paola Andrea Lindo
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David QuitianPaola LindoA las denuncias de acoso sexual y discriminación de varias futbolistas, se sumaron el escándalo del arbitraje y los malos resultados en la Copa Libertadores. ¿A qué se debe todo esto?

David Quitián* Paola Lindo Lozano**

La importancia de las redes

Como es habitual en nuestros días, las redes sociales fueron el medio empleado por las futbolistas colombianas para denunciar los episodios de acoso sexual que sufrieron por parte de los técnicos Didier Luna y Sigifredo Alonso. Estas denuncias animaron a otras futbolistas a ventilar otros abusos como la existencia en las convocatorias de nóminas paralelas, el chantaje psicológico y económico por parte de varios miembros del cuerpo técnico, el reciclaje de uniformes masculinos y la enorme diferencia en viáticos, premios e inversiones que existe entre la selección masculina y la femenina.

Como sucedió con el hashtag #MeToo en Estados Unidos, las denuncias de las futbolistas provocaron un efecto “bola de nieve” que propició la aparición de muchas denuncias más. La presión de las redes fue tal que el tema se convirtió en una de las principales noticias del país tanto en los medios de comunicación tradicionales como en los alternativos. El revuelo que causó fue tan grande que hasta la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez se vio obligada a intervenir

¿Problemas económicos o discriminación de género?

futbol femenino
Foto: Juegos Bolivarianos 2017
Selección Colombiana femenina en competencia.

Tan pronto las denuncias se convirtieron en tema de debate nacional, aparecieron las mezquinas declaraciones de los directivos de la Dimayor y de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), quienes negaron varios de los problemas expuestos por las futbolistas y afirmaron que existían grandes dificultades monetarias para realizar el torneo femenino.

Esta postura resulta inverosímil al tener en cuenta que una medición reciente clasificó a la liga colombiana como la cuarta del planeta, entre otras cosas, por el tamaño de sus utilidades como industria deportiva, y que si el Producto Interno Bruto (PIB) del balompié global perteneciera a una sola nación, ella ocuparía el decimoséptimo puesto en la economía global.

El déficit presupuestal que alegan la Dimayor y la FCF carece de validez, puesto que esta última recibe dividendos por la participación de todas las selecciones que están bajo su control en las distintas categorías y en los eventos de la FIFA, y también obtiene parte de los réditos que usufructúan todos los estadios del país. Además, estas dos asociaciones echan mano de la fuerza pública siempre que lo desean y se quedan con un porcentaje de las ganancias que producen los hinchas cada vez que compran algún producto de la selección nacional.

La falacia sostenida por la Dimayor y la FCF es muestra del desprecio que sienten por el fútbol femenino, cuya liga profesional fue ordenada por la FIFA gracias a la presión ejercida por numerosas jugadoras de distintos países que obligaron al ente internacional a ceder en su ortodoxia machista y fijar un plazo perentorio para la inauguración del fútbol profesional femenino en el mundo entero.

En realidad, en Colombia el fútbol femenino no sufre por falta de recursos, sino por falta de igualdad de género. Prueba de ello es que además de las malas condiciones laborales que se ven obligadas a aceptar las futbolistas en nuestro país, el campeonato femenino ha quedado reducido a torneos relámpago jugados en canchas de mala calidad y en horarios poco vistos.

Todo indica que la FCF y la Dimayor aún patrocinan este torneo únicamente para cumplir con requerimientos políticos—y así evitar la sanción que impediría que sus selecciones jueguen la Copa Libertadores—y no porque genuinamente deseen apoyar el fútbol femenino.

Si realmente respaldaran el fútbol femenino, no habrían permitido que los clubes masculinos borraran el fútbol femenino aficionado y semiprofesional femenino al desintegrar sus equipos y llevarse a sus mejores jugadoras. Actualmente, todos los equipos femeninos que disputan el campeonato (a excepción de Envigado Formas-Íntimas Fútbol Club) son los mismos del torneo masculino.  

El machismo como un mal presente en todas las instituciones relacionadas con el fútbol en nuestro país fue ratificado por los directivos de Coldeportes cuando declararon que no podían hacer nada hasta que los dueños del fútbol federado en Colombia, o sea la Dimayor y la FCF, decidieran si autorizaban o no el campeonato femenino. Esta afirmación no sólo confirmó el triunfo del mercado sobre el Estado y la normalización de la discriminación de género, sino que puso en evidencia que a estas instituciones no les importa pasar por encima del derecho al trabajo, al deporte y al libre desarrollo de la personalidad.

Lo que ocurre en el fútbol colombiano es despreciable, pero no sorprendente, pues el deporte es uno de los espacios culturales en los que más chocan la tradición patriarcal y la lucha por la equidad de género. Esto se debe a que en su interior aún prima una visión dicotómica del género que solo admite las categorías—supuestamente antagónicas— ‘hombre’ y ‘mujer’, y el temor de que exista alguna zona gris entre ellas es tal que, en pleno siglo XXI, se realizan pruebas de comprobación genital y hormonal en muchas competencias femeniles.

Parece que el deporte no está listo para que los “machos” se infiltren en competiciones para “hembras”. Tampoco está listo para que deportistas y jueces se declaren abiertamente homosexuales, por eso, resulta paradójico que algunos árbitros colombianos hayan denunciado que muchos de sus pares obtienen ascensos o aseguran su permanencia mediante favores sexuales.

Le recomendamos: El futbol femenino: reflejo de una sociedad machista.

Otras crisis

arbitraje colombiano en crisis
Foto: Juegos del valle
Arbitraje colombiano- Denuncias por presiones para favores sexuales.

A la crisis del fútbol femenino, hay que sumarle los inesperados resultados de los equipos masculinos en la Copa Libertadores del año en curso. La temprana eliminación de Medellín y Nacional, la sorpresiva salida del Once Caldas ante el modesto Deportivo Santaní de Paraguay, y el titubeó del Junior de Barranquilla y del Tolima en la fase de grupos decepcionaron a los hinchas colombianos, quienes esperaban resultados como los de 2015 o 2016, cuando Independiente Santa Fe trajo la Suramericana y Atlético Nacional la libertadores a Colombia. 

Los resultados de este año contrastan con el hecho de que Colombia es considerada la segunda mejor liga del continente (después de Brasil) y la cuarta del mundo (después Inglaterra, España y Brasil) por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS).

Puede leer: Fútbol y política: ambos en la cancha.

A esto hay que sumarle la difícil situación que atraviesa la Selección Colombia por la salida de José Pékerman, el director técnico que llevó a la Tricolor a dos mundiales y la convirtió en uno de los mejores equipos del planeta de acuerdo con el ranking de la FIFA.

La Selección probará suerte con el nuevo timonel, proveniente de Portugal, Carlos Queiroz. La Copa América de este año, que se realizará en Brasil, será la prueba que determinará si el éxito de la Tricolor fue obra de la conducción técnica del ‘anciano de la tribu’ o si fue producto de la solvencia y madurez de nuestros jugadores. Una vez la bola ruede, la verdad será revelada. 

*Doctor en antropología, Universidade Federal Fluminense. Profesor Unipanamericana y UNAD. Integrante ACORD, Capítulo Meta. 

**Mágister en Educación. Profesora Universidad Unipanamericana, Villavicencio- Meta. 

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