Comercio ilícito de personas en tiempos de integración económica - Razón Pública
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Comercio ilícito de personas en tiempos de integración económica

Escrito por Mónica Hurtado
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Monica Hurtado RazonPublica Catherine Patino RazonPublica

La esclavitud sigue existiendo y, además, prosperando. En Colombia se han reportado nuevos casos y modalidades. Países que antes eran expulsores hoy también son receptores, y los procesos de integración agravan el problema.

Mónica Hurtado* – Catherine Pereira-Villa**

Foto: Ingmar Zahorsky  – Trabajadoras sexuales en Katmandú, Nepal.

Esclavitud moderna

La esclavitud tuvo diversas expresiones históricas, como el tráfico humano desde el África negra o el rapto de mujeres europeas por los árabes en el siglo XIX (de aquí surgió la expresión “trata de blancas”). En las sociedades contemporáneas esta esclavitud se manifiesta a través de la trata de personas, la sujeción, comercio y abuso de seres humanos con fines de lucro. 

Aunque hay distintas formas de entender la trata de personas, las definiciones jurídicas suelen incluir tres elementos: 

1. La movilización de la víctima de un lugar de origen a uno de destino.  En esto la trata se asemeja al “tráfico de personas”, definida como el paso ilegal de fronteras. La trata puede ser externa (entre países) o interna (dentro de un mismo país) como sería el traslado de jóvenes del campo a la ciudad para ser explotados en trabajos forzados o servicio doméstico.  

2. Los métodos que utilizan los tratantes para subyugar la víctima. Dichos métodos pueden ser el engaño, la violencia física, el fraude y el abuso de autoridad. 

3. La explotación, que es el fin último de este comercio. 

El Protocolo de Palermo adoptado por Naciones Unidas en el año 2000 define este ilícito como “La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”. 

Las víctimas

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Foto: Ministerio de Seguridad Argentina
Armas incautadas.
 

La trata de personas va más allá de la explotación –por, ejemplo, la que se presenta a través de la economía informal- e incluye condiciones extremas equivalentes a la esclavitud.  Puede incluir, entre otros, el sometimiento para ofrecer servicios sexuales, el servicio doméstico, el trabajo forzado, el matrimonio servil, la mendicidad y el reclutamiento forzado para el conflicto armado. 

Mientras que en siglos pasados los esclavos eran encadenados o raptados para llevarlos a los lugares de destino, en la actualidad el reclutamiento no siempre es forzado. De hecho, muchas víctimas buscan oportunidades de viajar a otros países con la ilusión de mejorar sus condiciones laborales y de vida y acaban involucradas en alguna modalidad de trata de personas. Es el caso de jóvenes sin empleo o madres cabeza de familia que consideran opciones laborales en el exterior para aumentar sus ingresos y medios de subsistencia. 

En muchos casos esas personas deciden sobre la base de información dolosa o incompleta,  y cuando llegan al lugar de destino pierden su condición de sujetos y se convierten en “objetos” que se transan, reemplazan y explotan. Aun en el evento en que la persona conozca la actividad que va a ejercer –prostitución o trabajo doméstico, por mencionar algunas–, ignora las condiciones a las que se verá sometida –jornadas de trabajo excesivamente largas, ausencia de días de descanso, privación de la libertad, maltrato físico y emocional-. 

La doble condición de las víctimas (ser sujetos y objetos) hacen más complejo este comercio ilícito, entre otras razones, porque fortalecen la relación demanda-oferta: por un lado, los tratantes buscan incautos para reclutar y explotar;  por otro lado, las víctimas están dispuestas a apostarle a nuevas ofertas laborales que mejoren sus ingresos. Esto, sin duda, facilita la acción de las redes criminales. 

En ocasiones las víctimas incluso no se perciben como tales y de hecho se oponen a   la intervención de las autoridades, como ocurrió con las jóvenes colombianas rescatadas en centros de prostitución en Ecuador en el 2012. Lejos de agradecer su rescate, las jóvenes consideraron que les estaban quitando la oportunidad de “trabajar” y que era injusto adelantar acciones penales contra sus “empleadores”. Algo parecido sucedió con algunos colombianos rescatados en Argentina en el primer semestre de 2013 que estaban sometidos a trabajo forzado pero reincidieron pocos meses después. 

Economía y trata de personas

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Foto: Alex Proimos –
​Trabajos forzados en Sullana, Perú.

La trata de personas no es solo un asunto de derechos humanos y crimen organizado.  También está relacionada con la economía y los procesos de integración económica. 

Durante la última década algunos países de América Latina han fortalecido sus economías y se han integrado más al mercado regional y global. En particular, Colombia, Chile, Perú y México han registrados tasas de crecimiento bastante altas[1], han aumentado sus exportaciones y han recibido considerables flujos de inversión extranjera directa. Es más: todos o casi todos los países latinoamericanos están abriendo sus fronteras al intercambio comercial mediante tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio. 

El crecimiento económico y la integración comercial han sido acompañados por el cambio en los patrones de la trata de personas: de ser lugares de origen por excelencia (de acuerdo con los Trafficking in Persons Reports (TIP) del Departamento de Estado de Estados Unidos 2002 – 2012), los países latinoamericanos se están convirtiendo también en lugares de destino. Desde 2010 las investigaciones judiciales y los medios de comunicación han registrado casos de trata con fines de trabajo forzado en Chile y Argentina, de minería en Perú y de explotación sexual en Panamá y Guatemala. 

¿Hasta qué punto el crecimiento económico y la integración de mercados están estimulando o facilitando el comercio ilícito de seres humanos?  Esta pregunta amerita investigación;  por ahora podemos adelantar algunas hipótesis: 

· La integración implica mayores flujos comerciales, pero los tratados de libre comercio no siempre incluyen acuerdos sobre migración. Excepto en cuanto a visas de negocios, la regulación de los  temas migratorios suele dejarse a discreción de cada parte. Esto puede aumentar los riesgos de trata de personas, porque al haber más intercambio comercial la gente podría creer que es más fácil hallar trabajado en el extranjero; y por su parte las redes de tratantes cobrarían por servicios como obtener pasaportes, visas y permisos migratorios. 

· Algunas economías asiáticas con las cuales Colombia está estrechando sus lazos comerciales -como Corea del Sur, Japón y China- son países de destino de víctimas de trata de personas. Desafortunadamente, en estos países la trata no siempre es un asunto de derechos humanos sino apenas de migración ilegal, de modo que en lugar de protección, las víctimas van a la cárcel por no tener sus documentos en orden. 

Fines y propósitos

Más allá de las definiciones jurídicas y de la posible mitificación de las “víctimas perfectas”, se necesitan políticas y acciones de los Estados y organismos internacionales para combatir esta forma de esclavitud moderna.

Se trata de enfrentarse a poderosas organizaciones internacionales que prosperan ante la inoperancia o, en muchos casos, la complicidad de las autoridades. Cabe recordar que en virtud del Protocolo de Palermo, los Estados se comprometieron  a 

· Prevenir y combatir la trata de personas, prestando especial atención a las mujeres y los niños;

· Proteger y ayudar a las víctimas de dicha trata, respetando plenamente sus derechos humanos, y

· Promover la cooperación entre los Estados para lograr esos dos objetivos.  Colombia ratificó ese  Protocolo.   

* Profesora de la Universidad de la Sabana, M.A. en Estudios de América Latina de la Universidad de Stanford, M.A. en Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame, politóloga de la Universidad de los Andes. E-mail: monicahl@unisabana.edu.co 

** Profesora y directora del Programa de Administración de Negocios Internacionales de la  Universidad de la Sabana,. M.Sc. y M.Phil. en Economía Avanzada y Finanzas Internacionales de la Universidad de Glasgow, Reino Unido; economista de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido. E-mail: catherinepereira@unisabana.edu.co


[1] Según cifras de CEPAL, entre 2003 y 2011, Chile, Colombia y Perú registraron crecimientos del PIB anual entre el 3 y el 9 por ciento, exceptuando el 2009 cuando Chile y México tuvieron un crecimiento negativo de  1,0 y 6,0 respectivamente.

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