Colombia Repunta: la apuesta del gobierno para el momento de las vacas flacas - Razón Pública
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Colombia Repunta: la apuesta del gobierno para el momento de las vacas flacas

Escrito por Álvaro Moreno

Presentación de la iniciativa Colombia Repunta.

Álvaro Moreno¿En qué consiste el nuevo plan para hacer crecer la economía y el empleo (y de paso ganar las elecciones de 2018)? ¿Cuáles son los supuestos, el alcance y los límites de esta estrategia de aumentar el gasto público y estimular la inversión privada?

Álvaro Martín Moreno*

El plan y su momento

El anuncio de un nuevo plan de choque contra-cíclico no ha recibido muchos comentarios por parte de los analistas ni de los partidos de la oposición: al parecer existe un consenso más o menos sobre las bondades de la iniciativa llamada Colombia Repunta.

Esta estrategia consta de dos tipos de medidas:

  • Un paquete variado de subsidios e incentivos tributarios para impulsar proyectos de inversión privada, y
  • Un aumento del gasto público dirigido a la provisión de infraestructura física (4G), viviendas de interés social, aulas escolares, carreteras terciarias y otros programas tocantes a la paz.

Según la aritmética del gobierno nacional, con un aumento del gasto privado de 15,4 billones de pesos y 24,9 billones de gasto estatal, la tasa de crecimiento del PIB mejorará en cerca de 1,31 puntos porcentuales y se crearán algo más de 765.000 empleos nuevos.  

Sin embargo en la ecuación de Colombia Repunta no se tiene encuenta un aspecto desagradable: el efecto recesivo de la reforma tributaria.El aumento de la tasa de tributación nacional –basada sobre todo en la elevación del IVA a 19 por ciento- será claramente recesivo en el corto plazo, lo que contrarrestará el impacto positivo del aumento del gasto público. Como ya había notado John Maynard Keynes en una carta al presidente Roosevelt en diciembre de 1933: “Para mí lo primero es realizar un gran volumen de gasto público financiado mediante préstamos, no a través de los impuestos”.

De todos modos, el plan Colombia Repunta tiene una relación evidente con el llamado “ciclo político de los negocios”. Es conocida la costumbre de que el gobierno de turno utilice las herramientas de política macroeconómica para mejorar variables como el PIB y el empleo, con el fin de aumentar su popularidad y maximizar la probabilidad de triunfar en las próximas elecciones.

Al parecer, en este caso el éxito o fracaso de Colombia Repunta definirá en gran medida las posibilidades del triunfo de una coalición política favorable al proceso de paz en 2018. Si fracasa, resurgirá con todo su ímpetu reaccionario el proyecto político del Centro Democrático.

Reactivación económica y corrupción

Actual Reforma Tributaria.
Actual Reforma Tributaria. 
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Para el gobierno nacional el camino para recuperar rápidamente el crecimiento económico es remover los principales obstáculos que inhiben la inversión privada, como son el conflicto armado, la vulnerabilidad fiscal, la aceleración de la inflación, la violencia ciudadana, los bajos precios del petróleo y el fenómeno de El Niño.

El plan Colombia Repunta busca eliminar algunas de las supuestas distorsiones microeconómicas que afectan la tasa de rentabilidad de las inversiones nacionales y extranjeras, así como el costo del capital y las materias primas para las empresas. Del mismo modo, busca compensar la reducción de la demanda agregada con un programa de gasto público con externalidades o con efectos benéficos sobre la economía del país en su conjunto (como sucede por ejemplo con las carreteras). Pero desde la otra orilla:

El éxito o fracaso de Colombia Repunta definirá las posibilidades del triunfo de una coalición política favorable al proceso de paz.
  • Se considera que estas iniciativas son concesiones innecesarias a las grandes empresas y a las corporaciones internacionales, y que además no tendrán los efectos esperados.
  • También se advierte –sin mayor análisis- que el problema más importante de Colombia es la corrupción; de aquí se infiere que el gasto público puede perderse por los canales del clientelismo y la ineficiencia.
  • Por último, no faltan quienes insisten en que el gasto público no es sino un derroche de recursos y abogan por la disciplina fiscal y la austeridad.

Más allá de las imprecisiones conceptuales y de la banalización del tema de la corrupción por parte de un grupo de candidatos presidenciales, el problema más urgente de la economía colombiana es la insuficiente demanda efectiva que no permite alcanzar niveles de pleno empleo.

Aunque la corrupción es una actividad ilegal y reprochable, está lejos de ser la causa de todos los males de la sociedad colombiana. No es cierto que la corrupción sea el simple resultado de una sociedad que pierde sus valores o que sea el engendro de la cultura del atajo. La corrupción tiene raíces objetivas en el sistema de incentivos, como dice el economista Ha-joon Chang: “la corrupción suele existir porque hay demasiadas fuerzas del mercado, no demasiado pocas”.

Es decir, las políticas de liberalización, privatización y desregulación de los mercados son las que abren el espacio para la excesiva búsqueda de rentas, un exceso que -junto con un Estado débil y funcionarios mal remunerados- crea el caldo de cultivo para los sobornos, el peculado y el cohecho.

Tampoco es cierto que la corrupción sea perjudicial para el crecimiento y el desarrollo económicos en todo tiempo y lugar. La evidencia es variada y no es posible derivar ninguna ley natural de esta relación. Por ejemplo, los índices de transparencia de China y Colombia son muy similares. El índice de China se redujo de 39 en 2012 a 37 en 2015, mientras que el de Colombia aumentó de 36 a 37 en el mismo período. Sin embargo, el desempeño económico de China ha sido muy superior al de la economía colombiana entre 1990 y 2015. En el Gráfico 1 se muestra la evolución del índice delos PIB per cápita de China y Colombia, medidos en dólares de paridad de compra.

Gráfico 1. Índice del PIB per cápita (US$ ppp)

Fuente: Banco Mundial, cálculos propios.

Diagnóstico equivocado

No cabe duda de que la mayor parte de los incentivos tributarios y la Ley de Zidres buscan mejorar la rentabilidad del sector privado.

Pero el modelo de intervención de Colombia Repunta se basa en una falacia de composición, pues considera que la fuente del empleo reside en las empresas individualmente consideradas y que para aumentar el número de empleos basta con reducir los costos de las firmas privadas. Sin embargo, lo más probable es que gran parte de estos incentivos sean ineficaces para promover nuevos proyectos de inversión, sobre todo en condiciones de vulnerabilidad externa, creciente desigualdad y deterioro de los indicadores financieros de los agentes privados (fragilidad financiera).

El problema más urgente de la economía colombiana es la insuficiente demanda efectiva.

Desde la publicación de Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, la obra cumbre de Keynes de 1936, sabemos que el nivel de empleo no se determina en el mercado de trabajo sino en el mercado de bienes. El empleo en una economía capitalista es determinado por el gasto agregado autónomo, esto es, por la inversión privada, el gasto público y las exportaciones. En un escenario de clara desaceleración económica, expectativas limitadas y caída de las exportaciones, la única fuente de recuperación económica es el gasto público financiado con endeudamiento.

Ley Zidres, favorece la rentabilidad del sector privado.
Ley Zidres, favorece la rentabilidad del sector privado. 
Foto: Presidencia de la República

Por eso la estrategia de gasto público del plan Colombia Repunta es insuficiente para alcanzar el objetivo del pleno empleo. Los 597.433 nuevos puestos de trabajo que se crearán gracias a las inversiones públicas en infraestructura, vivienda, escuelas, carreteras terciarias y paz apenas reducirían la tasa de desempleo en 2017 a un 6 por ciento.

Una política audaz de reducción del desempleo al 4 por ciento sería la mejor apuesta para 2017, pues si esta meta se lograra, Santos habría asegurado la reducción de la desigualdad, la elevación del bienestar social, la reactivación de la economía y por ende la victoria en las elecciones del 2018.

Esto requeriría un gasto de 45,8 billones de pesos. Sin embargo, los principios conservadores de las llamadas finanzas sanas y de la austeridad fiscal acabarán por derrotar los objetivos económicos y políticos del gobierno.

Vale la pena recordar la experiencia de Estados Unidos. El presidente Obama acabó siendo prisionero de su propio invento porque-si bien adelantó un programa de gasto público para sacar la economía de una gran recesión -la escala de la inyección de demanda fue insuficiente. Al final, la recesión duró más de lo necesario y su pérdida de popularidad desembocó en una derrota electoral.

Ahora, el nuevo presidente ha ido desmontando uno a uno los pocos avances democráticos y progresistas de la administración Obama. Como escribió un gran filósofo y economista del siglo XIX: “todo lo que era sólido se desvanece en el aire”.

 

* Profesor asociado de la Universidad Nacional y profesor investigador de la Universidad Externado de Colombia.

 

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