Colombia frente a los aranceles trumpianos | Razón Pública 2025
Foto: Unsplash: CHUTTERSNAP

Colombia frente a los aranceles trumpianos

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Si Estados Unidos nos añade a los países a los que aplica el 50%, habrá impactos importantes, por supuesto, pero el principal impacto lo sufrirá el consumidor gringo.

La curiosa política arancelaria de Trump regresa al mundo, a los siglos XIX y anteriores, cuando los aranceles se imponían según el país de proveniencia de la mercancía: los productos del comercio colonia-metrópolis recibían un tipo de arancel favorable o nulo, el resto del mundo pagaba altos aranceles o estaba prohibido su comercio. 

El arancel de la Nación Más Favorecida (NMF) es una creación del siglo XX y se generaliza porque controla las deflexiones de comercio, esos flujos que ocurren cuando es mejor pasar la mercancía por un puerto previo para alegar un origen más barato en términos arancelarios. Si se impone un arancel NMF, el espacio para la deflexión se cierra¹. Claro, existen los acuerdos comerciales que dan prioridad a socios comerciales “preferidos”, y estos acuerdos requieren Reglas de Origen (RO), que garantizan el origen en la nación con la que se llegó a un acuerdo. 

La improvisación trumpiana

La política arancelaria trumpiana es burda e improvisada y ha debido generar RO “a la carta”. Y esta área de las deflexiones no es el único caso en que se observa ese defecto; se puede mencionar el sesgo antiexportador sin corrección, las protecciones efectivas negativas, entre otros temas que no voy a cubrir en esta oportunidad, pero para el interesado está un artículo sobre el tema, “La hegemonía amenazada”, disponible en mi perfil en Linkedin. 

Los aranceles trumpianos se pueden evadir fácilmente si la regla de origen no está suficientemente bien determinada. La historia completa se observa en el caso de las fábricas de paneles solares de Malasia. Dichas fábricas se establecieron en respuesta a los aranceles de la primera administración Trump y procesaban las células solares para enviarlas montadas en paneles. Esas fábricas han debido cerrar (a lo largo de la administración Biden, que continuó la misma política comercial) debido a que importaban insumos chinos para exportarlos a Estados Unidos. A pesar de que cumplían reglas válidas para el comercio dentro de la OMC, Estados Unidos quiso cerrar también ese hueco en su muralla comercial y lo logró. La RO que necesitaba Estados Unidos no estaba escrita aún. 

La inestabilidad de la política comercial se destaca en este episodio como una característica particular de administración Trump. Dicha inestabilidad impide que los sectores privados tomen decisiones en respuesta a las medidas de política comercial y hace inefectiva gran parte de la política arancelaria trumpiana, al desincentivar la inversión en respuesta al incremento del arancel. El caso de los paneles solares malayos muestra además otro hecho para destacar: la deslocalización de la producción china ocurrió desde la imposición de los aranceles de la primera administración de Trump y se consolidó en la administración Biden. Es una muestra clara de que China sí se había preparado para una guerra comercial con Estados Unidos: había deslocalizado una parte cada vez más importante de su producción. Y ahora ya no será Malasia, sino un tercero cada vez más lejano. 

El resultado de la preparación china y la improvisación de Trump es que, hoy por hoy, el superávit comercial chino sigue creciendo, la economía china sigue teniendo como motor las exportaciones, mientras que Estados Unidos sigue con un déficit comercial, además creciente, déficit que ahora tiene su origen en terceros países. 

Foto: Gobierno del Quindío

Qué significan los aranceles para Colombia

Hay que observar el análisis de la amenaza de aranceles para Colombia dentro de esta perspectiva más globalizante: si Estados Unidos nos añade a los países a los que aplica 50% (Brasil e India, entre otros), habrá impactos importantes, por supuesto. Pero el principal impacto lo sufrirá el consumidor gringo: por ejemplo, en café, con Vietnam en arancel del 35%, Brasil en el 50% y Colombia, que pagaba 10% y podría igualarse con Brasil; el efecto principal no será una baja de los ingresos de los caficultores colombianos: ya con la gran mayoría de la oferta cubierta por aranceles, el resto de países del mundo (principalmente africanos, que además producen una variedad diferente, robusta) no podrán suplir la demanda de Estados Unidos. El resultado será un precio más alto para el consumidor estadounidense. En el caso del café (y del banano), que es uno de los productos más inelásticos al precio (como lo prueban las historias de Europa continental durante la Segunda Guerra Mundial), los productores seguirán recibiendo el mismo precio del mercado internacional, los consumidores cargarán buena parte del ajuste, y el recaudo del Gobierno será el que tomará ese dinero en exceso que pagan los consumidores. En mi canal DatToInfo tengo un análisis gráfico detallado al respecto (Los aranceles trumpianos – anexo técnico), para quien quiera profundizar en el tema.  

La producción industrial que se exporta a Estados Unidos depende de si China era proveedor y de si México es productor (flores cabe en la misma categoría). Es posible realizar análisis detallados al respecto, pero no los adelantaré aquí. 

Tal vez el caso más ilustrativo sea el petróleo. Si bien el producto goza de exenciones en la política arancelaria trumpiana, si imaginamos el ejemplo de que Colombia sufriera sanciones al lado de las que se le aplican a Venezuela, ocurriría algo similar a lo que he descrito para el café: las refinerías estadounidenses del golfo estaban adaptadas para el petróleo pesado y sulfuroso de los llanos colombo-venezolanos, que comparte características con el crudo de las arenas bituminosas del Canadá. Otro petróleo similar es la variedad Ural. Con todos estos orígenes sancionados o en medio de la guerra arancelaria, a las refinerías del golfo les tomará unos cuantos años adaptarse a variedades shale-oil estadounidense, o a las variedades árabes, africanas y brasileras, todas ellas más livianas y con menos sulfuros. Nuevamente, el impacto más duro será para la industria y el consumidor estadounidense. Incluso, cabría la posibilidad de que se esté generando escasez de petróleo refinado en Estados Unidos, a causa del desvío de crudo canadiense hacia China, fenómeno que está ocurriendo masivamente en los últimos meses, a lo que se suman a las sanciones a Rusia y Venezuela, y una eventual sanción a Colombia. 

Y esto nos muestra un último punto: los refinadores del golfo no están haciendo inversiones para adaptarse a crudos livianos. Ni las harán: es preferible esperar que el Gobierno cambie de curso o a que haya cambio de gobierno (a ellos todavía les faltan tres años). 

Soportar el chaparrón, a la espera de que a otros les haya ido peor. 

Conclusión que también vale, en general, para el país. 

Le recomendamos: Entre acuerdos rotos y nuevas alianzas: Colombia en medio de los aranceles de Donald Trump

¹No totalmente: un mínimo procesamiento puede ocurrir, como reempaque, y el producto podría alegar origen. El arsenal de las RO multilaterales cubre estos casos simples de deflexión. Hay un complejo aparato de RO multilaterales, a las que se suman las RO preferenciales de los acuerdos, cuyo primer escalón es el cambio de partida (clasificación arancelaria), pero que puede incluir RO específicas con condiciones sobre porcentajes de valor agregado nacional o regional. El aparato de control de las reglas de origen es no menos sofisticado que las reglas en sí.

Acerca del autor

Joaquín Montes
jmontes@razonpublica.org | + posts

*Economista y científico de datos

3 comentarios

Joaquín Montes

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Joaquín Montes

*Economista y científico de datos

3 comentarios de “Colombia frente a los aranceles trumpianos”

  1. Lo de esperar el chaparrón y esperar por 3 años parece la única opción. Y esperar a que el consumidor gringo afectado reaccione en próxima votación.

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