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Colombia: de la confusión electoral a la democracia pluralista

Escrito por Sonia Garzón
Sonia Ramirez democracia pluralista Manuel Santos

Sonia Ramirez democracia pluralista Manuel Santos

Sonia Garzon RazonPublicaUna mirada aguda y novedosa al panorama político. La unanimidad en el Congreso paraliza a los partidos y les impide ejercer el pluralismo. ¿Vamos hacia una sociedad post–política donde tiende a prosperar la derecha populista?

Sonia Garzón Ramírez*

Confusión electoral

La columnista María Jimena Duzán escribió en estos días que: “apoyar el proceso de paz no nos convierte automáticamente en santistas ni neutraliza nuestra capacidad de crítica frente a este gobierno”.

Esas palabras llaman la atención sobre la posibilidad de que la amalgama entre Santos y el proceso de paz haga que en las próximas elecciones los ciudadanos crean escoger entre los partidos que apoyan el proceso y aquéllos otros que defienden la opción guerrerista.

Ese pronóstico refleja la polarización entre Santos y Uribe, pero también podría reflejar otra tendencia: muchos electores optarían por el voto útil, por no dejar escapar esta oportunidad para la paz.

La confusión se debe a un hecho básico: hoy prevalece la unanimidad legislativa sobre la democracia pluralista. Y la confusión se acentúa porque el Polo Democrático se ha abstenido de apoyar abiertamente el proceso de paz y porque la aplicación del umbral del 3 por ciento amenaza con borrar a varias fuerzas pequeñas del panorama político.  

En estas circunstancias, es pertinente preguntarse: ¿la disyuntiva Santos-Uribe es el reflejo de una auténtica oposición democrática? Si este no fuera el caso, ¿qué condiciones deberían cumplirse para que exista esa oposición democrática en los próximos comicios?

En este artículo propongo algunos elementos para abordar esas preguntas; lo hago ante todo a la luz del pensamiento de Chantal Mouffe acerca del pluralismo democrático.

 

Sonia Ramirez democracia pluralista Alvaro Uribe

Foto: WorldEconomicForum
Expresidente Uribe, líder del movimiento
de derecha Puro Centro Democrático.

 

Extraña oposición

La oposición impulsada por la derecha dura de Álvaro Uribe ha dado pie a una extraña bipolaridad que sitúa al presidente Santos como un político de centro, mientras que la derecha uribista niega su extremismo y se autoproclama como el “Centro Democrático”.

Sin embargo — como anotan Duzán o Simón Gaviria — tal oposición está lejos de ejercer el papel natural de la oposición: el control político.
http://www.youtube.com/watch?v=gOC6I2Lq3Lo

  • Primero, porque la oposición de Uribe se limita a atacar a Santos y al proceso de paz a través de las redes sociales.
  • Segundo, porque sus trinos no se han trasladado a escenarios de decisión y de debate político.

Todo lo contrario: mientras los políticos de línea uribista se han sumado en general a la coalición de la Unidad Nacional promovida por Santos, el control político ha sido ejercido por figuras afiliadas a opciones de izquierda, como el Polo Democrático o el Movimiento Progresistas.  

 

 

La Tercera Vía tropicalizada

Sin embargo, vale la pena observar que el centrismo de Santos no solo es resultado de la crítica uribista, sino además de sus propias orientación y estrategia políticas. Me refiero a la adhesión de Santos a la “Tercera Vía” y a las movidas políticas que esta adhesión le ha permitido ejecutar durante su gobierno.

Promovida por pensadores como Anthony Giddens, la Tercera Vía emergió tras la caída del bloque comunista, como una opción que superaba la polarización entre izquierda y derecha. En lugar de “ideologías”, esta “tercera vía” se basaba en la razón y en los principios morales. Y sin embargo es indudable que, una vez en el poder, la “tercera vía”, acabó siendo cuando más una variante del modelo “neoliberal” que por entonces dominaba en el mundo.      

La Tercera Vía contó entre sus exponentes más visibles al primer ministro británico Tony Blair, quien firmó un texto — Nuevas Políticas para el Nuevo Siglo — en el mismo volumen donde Santos publicó “La Tercera Vía, una alternativa para Colombia” en 1999[1].

La Tercera Vía ha dado origen a lo que Mouffe denomina sociedades post-políticas[2] es decir, donde el debate entre izquierda y derecha parece haberse vuelto impertinente, y en su lugar la gente es inducida a creer que las decisiones públicas han de ser adoptadas sin conflicto -por consenso o por sentido común -. Así la democracia pluralista acaba siendo eliminada.

Como reflejo de esta orientación, la Tercera Vía inspiró la llamada Unidad Nacional, la coalición que ha permitido a Santos tramitar su agenda en el Congreso con el apoyo de fuerzas otrora irreconciliables, como los partidos liberal y conservador.

Más aún, la Tercera Vía de Santos le ha permitido incorporar al gobierno a políticos de izquierda — cercanos a los movimientos sindicales, como el vicepresidente Angelino Garzón y el ministro sin cartera Luis Eduardo Garzón — quienes de hecho contribuyen a avalar políticas neoliberales aunque sigan definiéndose como personas de izquierda.

En todo caso, como explica Marcela Prieto en Razón Pública, coaliciones del corte de la Unidad Nacional han surgido en varias democracias europeas, entre ellas Alemania, Austria y los Países Bajos. Estas coaliciones, observa Mouffe, tienen el efecto de impedir que los partidos que las integran puedan diferenciarse y los paraliza en tanto fuerzas políticas. Por eso las coaliciones multicolores han sido el caldo de cultivo para el auge de partidos de derecha populista en Europa.

Desde esta perspectiva es válido preguntarse: ¿qué lecciones deja esta experiencia para Colombia? Y en particular: ¿qué sugiere para que la izquierda colombiana se consolide como real oposición?

Sonia Ramirez democracia pluralista Lucho Garzon
Foto: Polo Democrático Alternativo 
Luis Eduardo Garzón, ex-dirigente sindical
y militante del polo, ahora Ministro
Consejero para el diálogo social. 

La equivocación del Polo Democrático

A partir de su crítica de la “sociedad post-política”, Mouffe aboga por la recuperación del pluralismo democrático, o sea por retornar al binomio político ellos/nosotros que permita diferenciarse a los partidos para volver a despertar pasión en el electorado.

El pluralismo democrático implica una relación de tipo agonista[3] entre adversarios, en lugar de una antagonista entre enemigos que buscan la extinción de su oponente. Así, mientras los adversarios políticos se ponen de acuerdo sobre principios éticos, como por ejemplo: igualdad y libertad, difieren sobre el significado de estos principios y sobre la manera como éstos deben aplicarse[4].

Lamentablemente, el Polo Democrático no parece apostarle a la lógica de una democracia pluralista entre adversarios, pues en vez de eso se comporta como una fuerza “más interesada en acabar con sus copartidarios que en construir una izquierda moderna”, como lo resume María Jimena Duzán en la columna mencionada.  

Una estrategia que devuelva la pasión a los seguidores del Polo no puede derivarse de:

  • cálculos sobre el número de votos que le permitan superar el umbral electoral, obligando a sus copartidarios a someterse a él;
  • ni tampoco de una agenda motivada por el afán de purificar al partido, que subordine el discurso de clases a otras sensibilidades genuinas de la izquierda: étnicas, ecologistas, pacifistas o de género.

Una lección elocuente

Me permito ilustrar con un ejemplo: lo que permitió el triunfo del socialista François Hollande en Francia fue una agenda de izquierda basada en la idea de cambio que logró articular múltiples sensibilidades, además de un proceso de elecciones primarias dentro del partido.

Una tarea nada fácil tras una década de gobiernos de derecha y ante una crisis económica profunda, frente a la cual el sentido común se empeñaba en señalar como única respuesta viable al neoliberalismo de Nicolas Sarkozy. Sin mencionar otras dificultades como el auge creciente del nacionalismo de Marine Le Pen, y aún más, el desprestigio causado al socialismo francés a raíz del escándalo sexual de Dominique Strauss-Kahn.

Sin una agenda incluyente, y frente a la amenaza de unanimidad en el legislativo — que anula la capacidad de diferenciarse y de pensar políticamente — la desilusión de los votantes de izquierda y de aquellos que buscan alternativas puede llevarlos a que se manifiesten solo en las redes sociales, sin llegar a cristalizarse en las urnas.

A pesar de sus buenas intenciones, ésta ha sido la peligrosa deriva de movimientos como el de los indignados en España: a falta de una adecuada articulación con los partidos políticos — con el pretexto de evitar ser neutralizados o capitalizados por tales instituciones — terminaron facilitando la llegada de la derecha popular de Rajoy al gobierno español.

No existen democracias perfectas.  Pero como lo afirma Mouffe, el escenario de una sociedad post–política — basado en el consenso sin conflicto y en una democracia sin adversarios políticos y sin diferenciación entre derechas e izquierdas — “está muy lejos de representar un progreso democrático.”[5] 

* Magister en Relaciones Internacionales, especialización en Estudios Internacionales de Género de la Universidad de Lodz (Polonia), candidata a doctorado en Estudios de Género de la Universidad Central Europea, Budapest (Hungría).

[1] Santos, Juan Manuel y Tony Blair. 1999. “La Tercera Vía, una Alternativa para Colombia”, Bogotá: Aguilar. 

[2] Mouffe, Chantal (2004:182): «Le Politique et la Dynamique des Passions». En: Rue Descartes. Les 20 Ans du Collège International de Philosophie. Nº 45:179-192. 

[3] El término agonista proviene del griego γωνιστής, combatiente, luchador. 

[4] Mouffe, Chantal (2005:31). “On the Political”, London: Routledge. 

[5] Mouffe, Chantal (2005:29). “On the Political” London”: Routledge.

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