
Cocreando el futuro de los barrios desde las bibliotecas
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Los laboratorios ‘Proyectos bibliotecarios comunes’ están transformando las bibliotecas de Bogotá en espacios vivos y participativos.
Hoy, las bibliotecas, como espacios de encuentro entre una comunidad y sus conocimientos y memorias, se erigen como lugares esenciales, sin importar la forma que adopten. Son fundamentales para la recuperación y el desarrollo de una identidad local; para la expresión de necesidades, sueños y expectativas, y para una comprensión integral, plural y diversa del territorio que habitan.
En ese sentido, la biblioteca es mucho más que una colección de libros o documentos. Es un espacio de encuentro, de discusión, de pensamiento crítico y de construcción de posibilidades. Según Edgardo Civallero, bibliotecólogo y archivista argentino, “es un rincón donde cimentamos nuestros castillos en el aire, un lugar lleno de oportunidades. Para un barrio, una comunidad o un pueblo, una biblioteca debería ser un espacio central, el corazón palpitante de su entorno. Deberíamos recordarnos quiénes somos, por qué estamos y hacia dónde vamos”.
A lo largo de este año, alrededor de 2 400 personas han participado en estos laboratorios de cocreación comunitaria que abordan temas como el fortalecimiento de colecciones, la construcción de memoria y patrimonio barrial, el reconocimiento de su trabajo investigativo, la promoción de prácticas de cuidado y protección del territorio, la disminución de la brecha digital con sus comunidades y el fortalecimiento de su programación cultural.
“Desde las bibliotecas cocreamos el futuro de nuestros barrios a través de acciones culturales innovadoras que conectan y revitalizan las prácticas de lectura, escritura y oralidad en Bogotá, lo que genera confianza entre los vecinos y vecinas para fortalecer la identidad local, preservar la memoria, reducir la brecha digital, proteger el medio ambiente, fomentar el intercambio cultural y el intercambio de saberes”, afirmó Santiago Trujillo Escobar, secretario de Cultura, Recreación y Deporte.
Estos proyectos hacen parte de la estrategia Barrios Vivos, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, que llegan a más de treinta bibliotecas, en trece localidades y 32 barrios de la ciudad para fomentar la transformación comunitaria del sector cultura de Bogotá, que permite pensar soluciones encaminadas a proyectos concretos para construir una mejor ciudad desde el arte y la cultura.
Diseñar y trabajar juntos para fortalecer los procesos bibliotecarios
Durante los primeros encuentros de Proyectos bibliotecarios comunes se hizo un llamado a más de 160 bibliotecas comunitarias para idear proyectos conjuntos entre bibliotecas. Se trabajó a través de cinco fases: en la primera se identificaron necesidades y aportes al proyecto; en la segunda, cada actor expuso las problemáticas concretas que se podrían abordar; en la tercera, se empezó a codiseñar soluciones para los problemas de las comunidades bibliotecarias, barriales o locales; en la cuarta, se dio la implementación de la solución pensada, y en la quinta, la sistematización, que es de vital importancia para poder replicar procesos y hacerlos visibles con otras comunidades.
En ese sentido, las bibliotecas comunitarias se fortalecen como epicentros de cambio comunitario y cultural que impactan barrios y localidades de Bogotá. Además, se demuestra que las bibliotecas pueden unirse para diseñar servicios y proyectos, que resuelven problemas concretos de las comunidades. Además, estos laboratorios nos permitieron generar lazos de confianza con las bibliotecas de diferentes tipologías para trabajar conjuntamente en el desarrollo de proyectos que potencien el arte, la cultura, la lectura, la escritura y la oralidad en la ciudad.
Siete Proyectos Bibliotecarios Comunes implementados
El proyecto ‘Catálogos Comunes’ promovió la gestión de colecciones bibliográficas como base fundamental para mejorar los servicios bibliotecarios comunitarios. Con el liderazgo del Sistema de Biblioteca de Bogotá (SiBiBo), la ciudadanía tiene a su disposición una plataforma interoperable que reúne y muestra las colecciones de siete bibliotecas participantes, incluidas Perros sin Raza, Ricaurte y BibloCleta, entre otras. Esta iniciativa benefició a diversas comunidades en barrios y localidades de Bogotá como Palma Comuneros, El Espino y Ciudad Bolívar, lo que fortalece el acceso a la información y la cultura.
Por su parte, con el Proyecto bibliotecario común ‘Memoria y Patrimonios barriales y rurales’ se exploró el papel de las bibliotecas comunitarias como articuladores de la memoria colectiva en sus territorios. A través de metodologías participativas y de codiseño, se creó el juego ‘Entre barrios y montañas’, un dispositivo lúdico que articula relatos de memoria barrial y rural para itinerar por diferentes espacios de la ciudad. El proceso involucró ocho bibliotecas comunitarias y más de cien usuarios, y de él se elaboraron un documento de sistematización, una pieza de video y un capítulo de un pódcast. Las acciones se desarrollaron en barrios como Caracolí, Altamira y Chuniza, y fortalecieron la identidad de las bibliotecas como patrimonio local y promovieron la transformación.

El proyecto ‘Bogotá comunitaria y digital’ caracterizó a 33 bibliotecas comunitarias y diseñó una Biblioteca Digital Offline con más de doscientos recursos. Además, adelantó 24 formaciones en cultura digital a 142 personas en temas como seguridad digital, inteligencia artificial y redes sociales, lo que fortaleció las bibliotecas como espacios de inclusión digital en localidades como Usme, Ciudad Bolívar y Rafael Uribe Uribe.
A través de ilustraciones y narraciones, el proyecto biblioteca sobre medio ambiente puso a dialogar a usuarios y usuarias de las bibliotecas comunitarias sobre las problemáticas ambientales que atraviesa la ciudad y el reconocimiento de nuestros territorios como entornos bioculturales. La comunidad de la Biblioteca Comunitaria Casa Periferia creó un mapa del humedal Hyntiba, mientras que la Biblioteca pública La Peña diseñó un fanzine sobre Santa Fe. Además, se produjeron fichas bioculturales de las bibliotecas comunitarias Siglo XXI, Pepaso, Simón Bolívar y Quindío, que reflejan la rica diversidad de la localidad de San Cristóbal y promueven la conexión entre las personas y su entorno.
También se desarrolló una agenda con ilustraciones y narrativas de la Biblioteca Pública Escolar La Marichuela. En total, se involucraron ocho bibliotecas y 340 beneficiarios de barrios como Marichuela, La Perseverancia, Altamira, San Rafael, Libertadores, República del Canadá y Florencia, en las localidades de Fontibón, Usme, San Cristóbal y Santa Fe.
A su vez, el proyecto ‘Cortocircuito Cultural’ conectó diez bibliotecas comunitarias en diferentes localidades, para fomentar el intercambio cultural y artístico. En una segunda fase, las bibliotecas presentaron muestras artísticas que mostraron los talentos locales y fortalecieron la identidad de cada espacio, y enriquecieron la oferta cultural de la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá.
Se alcanzaron diez bibliotecas comunitarias ubicadas en las localidades de: Ciudad Bolívar en los barrios Paraíso, Perdomo alto, Arborizadora baja y San Antonio del Mirador; Rafael Uribe Uribe en los barrios Granjas de San Pablo y Villa Gladys; Usaquén en el barrio Babilonia; Kennedy en el barrio Llano Grande; Usme en la vereda Arrayanes, y Suba en el barrio Prados de la sabana. En una segunda fase, las bibliotecas presentaron muestras artísticas que mostraron los talentos locales y fortalecieron la identidad de cada espacio.
Con el proyecto bibliotecario común ‘Bibliotecas que aprenden e investigan’ se ha demostrado la versatilidad de las bibliotecas como espacios de formación, al impulsar tres procesos de aprendizaje innovadores en diferentes localidades de Bogotá, como el Preicfes en Babilonia, talleres de alfabetización en Usme y formación en ciencia y tecnología en El Recreo, con un total de 390 atenciones directas en siete bibliotecas comunitarias. De igual manera, se desarrollaron procesos de formación de manera territorializada en Babilonia, Usaquén; El Recreo, Bosa; Veredas El Destino y Arrayanes, y Usme rural. Estos tres procesos fueron sistematizados, en aras de recuperar la memoria y potenciar las posibilidades formativas de las bibliotecas públicas y comunitarias. Además, se logró la sistematización en edición artesanal de cuatro de ellas y un directorio de emprendimientos escrito por las mujeres rurales de Usme.
También desde los Laboratorios bibliotecarios comunes se facilitó el encuentro de las bibliotecas comunitarias alrededor del deporte, el juego limpio y el amor por la lectura en la localidad de Kennedy. Niños y adolescentes disputaron la ‘Libro Copa’, una iniciativa para fortalecer los procesos en bibliotecas comunitarias y la formación lectora en escuelas de fútbol y organizaciones barriales.
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*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la BibloRed. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.
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