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Ciencia y tecnología en el Plan Nacional de Desarrollo

Escrito por Julio César Zuluaga

El Presidente Juan Manuel Santos

Julio César ZuluagaHoy se sabe con certeza que el conocimiento y la innovación son las claves del desarrollo. ¿Qué dice – y qué no dice- el plan de Santos II sobre este asunto, qué tantos y que tan serios son los cambios que podemos esperar? 

Julio César Zuluaga*

Interés creciente

Esta semana el gobierno radicó el proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo ‘Todos por un nuevo país’ 2014-2018, tras el proceso de discusión en las regiones que se llevó a cabo a partir del pasado mes de octubre.

Uno de los temas fundamentales del Plan es la política científico- tecnológica y de innovación (CTI), que además de aparecer con frecuencia y relieve crecientes en la formulación de los  planes de gobierno, es materia de escrutinio cada vez más cercano por parte de la ciudadanía. Así lo prueban, por ejemplo, el debate alrededor del programa de créditos-becas Ser Pilo Paga, o las críticas a iniciativas recientes de Colciencias, como los de repatriación de científicos y  medición de grupos de investigación.

Son señales de que hay fuerzas sociales importantes que reclaman una Colombia educada y a tono con los adelantos del siglo XXI.

El diagnóstico

El documento del Plan reconoce algunos serios atrasos en materia de CTI:

· Admite por ejemplo que aunque  la tasa de creación de empresas es elevada, tan solo un 6 por ciento de los nuevos emprendimientos pueden considerarse como innovadores; esto implica poca diversidad y baja productividad en la oferta exportadora, lo que nos hace vulnerables a los ciclos de precios internacionales.

· Igualmente el Plan señala la falta de coordinación entre y dentro del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) y el Sistema Nacional de Competitividad (SNC), lo cual limita la eficacia de ambos. Por esto el Plan reconoce que entidades como Colciencias, Bancoldex o las Comisiones Regionales de Competitividad necesitan ser revisadas y fortalecidas.

· Por su parte, las capacidades científicas y de investigación del país no muestran un panorama alentador. El gasto nacional en actividades de ciencia, tecnología e innovación fue de apenas 0,5 por ciento del PIB en 2013. Más aún: el gasto en Investigación y Desarrollo (I+D) es sólo un  0,2 por ciento del PIB (del cual sólo el 30 por ciento es financiado por empresas); en Brasil esta cifra es seis veces mayor (1,2 por ciento del PIB) y la  mitad del gasto es financiado por el sector privado; en la OCDE los valores respectivos son 2,4 por ciento del PIB y 65-75 por ciento invertido por empresas.

· En relación con el financiamiento público, el documento reconoce que el mayor presupuesto de Colciencias a partir del 2007 no se tradujo en un aumento proporcional de los fondos  asignados al fomento de la innovación, pues en promedio un 60 por ciento de los recursos se dedicaron a los programas de becas para estudiantes de postgrado. Inclusive, de manera implícita, se admite  que este esfuerzo de formación de recursos humanos es insuficiente, pues Colombia sólo cuenta con 0,4 investigadores por cada 1.000 habitantes (mientras que Uruguay tiene 1 y Argentina 3).

· En cuanto a las organizaciones, el Plan indica que los 66 Centros de Investigación y Desarrollo Tecnológico existentes en 2013 eran muy disímiles y en general poco eficaces como espacios  de cooperación entre universidades y empresas.

· No menos importante, el Plan señala que la inserción de capital humano avanzado en el sector productivo es baja y decreciente (según la Encuesta de Desarrollo e Innovación Tecnológica, el número de doctores en empresas manufactureras bajó de 471 en 2008 a 453 en 2010 y a 329 en 2012). Se entiende así que en las comparaciones internacionales sobre innovación, en temas como el registro de patentes y publicaciones científicas per cápita, Colombia esté rezagada ante países con un nivel similar de desarrollo.

Aunque enuncia los problemas anteriores, debo anotar que el Plan no alude a otras variables   importantes para un diagnóstico adecuado y para diseñar buenas políticas. Me refiero en especial a los problemas de diseño institucional que señalé en esta revista, como decir los de especificación y cumplimiento de las reglas de juego e incentivos para hacer que los actores del SNCTI se comprometan de veras con la innovación para el desarrollo y la inclusión social.

El lugar de la CTI  

Tan solo un 6 por ciento de los nuevos emprendimientos pueden considerarse como innovadores
Como se sabe, el  propósito del Plan es “construir una Colombia en paz, equitativa y educada”. Para lograr estos objetivos, el documento propone cinco estrategias transversales que  en alguna medida conciernen a la CTI: Infraestructura y competitividad estratégicas, Movilidad social, Transformación del campo y crecimiento verde, Consolidación del Estado Social de Derecho y Buen gobierno. Por supuesto la primera estrategia tiene más ingredientes de CTI.

De un total de 275.179 palabras en el documento, la palabra “ciencia” aparece 60 veces, “tecnología” o “tecnológica” aparecen 276 veces, e “innovación”, 175 veces (a modo de referencia, la palabra más usada es “desarrollo”, que aparece 1.249 veces).  Entre las expresiones más propias de la CTI figuran “competitividad” (183 veces), “sostenible” (190), “conocimiento” (127) y productividad (118). Por otra parte y aunque son reconocidos como ejes de la política de Santos, la “paz” es mencionada 255 veces y el “postconflicto” 11 veces.

Aunque esta ilustración numérica no dice nada en sí misma y puede expresar más bien el discurso internacional en boga- ¿la retórica de moda?- ofrece alguna idea sobre el lugar que ocupa la CTI en el programa de Santos.

En términos de objetivos, el Plan es ambicioso: en 2018 Colombia “habrá posicionado (sic) el conocimiento, la producción científica y tecnológica, y la innovación como el eje central de la competitividad, como hoja de ruta para convertirse en uno de los tres países más innovadores de América Latina en el 2025”. Y con el trabajo sistemático en “áreas focalizadas”, se “crearán clusters tecnológicos y ciudades con vocación marcada hacia la generación permanente de conocimiento y de innovación”.

Y sin embargo el Plan se queda corto al no especificar con claridad cómo van a lograrse esos loables resultados, de modo que podría repetirse la historia de gobiernos anteriores que prometieron lo mismo y no cumplieron. Esta versión del Plan se limita a señalar que el gobierno nacional, junto con todos los actores del SNCTI, se debe concentrar en la “creación y fortalecimiento de capacidades en capital humano, infraestructura, financiación y cultura de la CTI, avanzando a su vez en la calidad de la investigación y de la innovación que se realice”.

Pero, insisto, el documento dice poco sobre los mecanismos específicos, más allá de una mayor inversión en estos rubros, y de generalidades a propósito de: (1) Una “Política Nacional de CT+I de Largo Plazo” a cargo de Colciencias; (2) Una “Mayor Eficiencia del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del SGR” (Sistema General de Regalías);  (3) La “Evaluación y Eficiencia de los Instrumentos de CT+I”; (4) El diseño “Lineamientos de Propiedad Intelectual”; (5) Un “Programa de Compra Pública Innovadora” que incluiría mejor coordinación del gasto público, (6) Una “Ventanilla Única de Innovación” –portal web- que servirá como centro documental al respecto, además de  (7) La mención de “5 programas estratégicos de CT+I” –sin especificar- y el avance “en el diseño de un plan sectorial”.

Re-inventar la forma como se piensa sobre la innovación. 

En el  plano institucional, las principales propuestas son: (1) Crear un “nuevo Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología, Innovación y Competitividad” que “será liderado por la Alta Consejería para la Competitividad e Innovación, y su Comité Ejecutivo ejercerá como la máxima instancia de coordinación para las políticas y programas que busquen incrementar la productividad a través de estrategias de CT+I.”, (2) Reestructurar Colciencias de manera que “tenga una estructura administrativa independiente para las labores de formulación y de ejecución”, y (3) “Un esquema (sic) de gobernanza para la CTI con roles de ejecución claros” donde Colciencias liderará la “ejecución de instrumentos relacionados con la oferta de conocimiento estratégico” y Bancoldex “liderará la ejecución de aquellos relacionados con la demanda de soluciones por parte de las empresas”.

En síntesis, la centralidad de la CTI en el discurso parece no verse reflejada en transformaciones institucionales significativas para alcanzar los objetivos propuestos.
Una forma de enriquecer el Plan es señalar sus ausencias y puntos a reconsiderar. Aunque no puede hacerse en estas pocas líneas, en mi opinión sería fundamental:

Puntos a revisar

· Repensar el punto de partida conceptual del Plan esto es, el enfoque de la “función de producción de conocimiento”: la vieja idea de que para estimular la capacidad de innovación basta con aumentar la inversión en capital humano e I&D. Esta forma de abordar la política de CTI ha tenido efectos muy limitados sobre el cambio estructural de países como Colombia, donde existen problemas persistentes como desconexión entre oferta y demanda de conocimiento, mercados politizados y predominio de comportamientos rentísticos, entre otros asuntos específicos del contexto latinoamericano que no contemplan los enfoques convencionales sobre política de CTI.

· Re-inventar la forma como se piensa sobre la innovación. Abandonar la idea de que la CTI concierne solo a los problemas de competitividad empresarial, crecimiento económico e “incremento de la productividad”. La CTI también es decisiva cuando  se trate de remediar la pobreza y reducir la desigualdad: el enfoque de innovación para la inclusión social y el desarrollo viene demostrando avances en varios países, como una forma de conectar la oferta y demanda de conocimiento e incentivar la innovación de empresas y organizaciones.

· Moverse del “qué se quiere” al “cómo lograrlo”. El silencio del Plan en torno al problema del “cómo” es preocupante, ya que se asemeja más a un lista de chequeo que a una verdadera estrategia nacional.

· Y sobre todo, lograr que la CTI sea el eje de desarrollo implica abandonar el modelo   imperante en las últimas tres décadas. La experiencia internacional y la evidencia histórica muestran que ningún país ha logrado el desarrollo sin una verdadera revolución en su entramado institucional y un cambio en su política económica. En este sentido, el modelo centrado en la exportación de materias primas debe repensarse, ya que en sus dos versiones (las de 1880 y 1990) ha demostrado ser insostenible a largo plazo y con efectos limitados.
 

* Historiador de la Universidad del Valle, estudiante de doctorado en Administración de la Universidad de los Andes e investigador visitante en el Jackstädt Center for Entrepreneurship and Innovation Research, University of Wuppertal (Alemania). Ha sido Profesor en las Universidades Javeriana, de los Andes y el Colegio de Estudios Superiores en Administración (CESA).

 

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