Ciencia y tecnología en Colombia 2015: a paso de caracol - Razón Pública
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Ciencia y tecnología en Colombia 2015: a paso de caracol

Escrito por Julio César Zuluaga
Ceremonia de proclamación de beneficiarios Colfuturo del año 2015.

Ceremonia de proclamación de beneficiarios Colfuturo del año 2015.

cesar zuluagaOtro mal año para la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) en un país que pretende ser competitivo. Pese a algunos avances en formación doctoral, seguimos descuidando el problema capital: la falta de interés empresarial en innovar.

Julio Cesar Zuluaga*

Cómo medir la investigación

La convocatoria de Colciencias para medir la productividad de los 3.775 grupos de investigación registrados provocó un choque considerable entre esta entidad y los investigadores colombianos entre marzo y abril de 2015.

Los procedimientos y parámetros de evaluación de Colciencias fueron calificados como “burocráticos” y varios grupos reconocidos se abstuvieron de participar en la convocatoria o pidieron eliminarla. Entre las razones de la inconformidad se señaló que los términos de la convocatoria:

• Inhibían el trabajo interdisciplinario e interinstitucional,

• Estimulaban un modelo “productivista” limitado a la investigación aplicada,

• Ignoraban las lógicas del quehacer científico en las distintas disciplinas,

• Sesgaban la producción científica hacia la publicación de artículos en revistas indexadas, en detrimento de otros productos, como los libros, lo que afecta especialmente al campo de las humanidades.

La rebelión estalló en octubre y varios medios nacionales hablaron de “la mala hora de las humanidades”. De los 189 programas de doctorado que concursaron para recibir becas de Colciencias, solo 40 pasaron la evaluación preliminar y ninguno pertenecía a programas de ciencias humanas.

Para el gobierno está claro que el énfasis debe recaer sobre las ciencias exactas, dadas su presuntamente mayores productividad e impacto sobre el crecimiento económico. Tan grave fue la inconformidad que decanos de varias universidades se reunieron y crearon la Asociación de Facultades de Humanidades y Ciencias Sociales para expresar sus desacuerdos.

El fondo del debate es sobre la “pertinencia” y “calidad” de la investigación que se produce en Colombia. Este conflicto de visiones definirá la política pública de investigación de las próximas décadas: ¿hay que estimular la investigación básica o la aplicada? ¿Las ciencias naturales o las ciencias sociales y humanidades? ¿Hay que fomentar la publicación en revistas indexadas internacionales o en libros y revistas nacionales? ¿Debemos centrarnos en los problemas sociales o en el aparato productivo?

En Colombia hace falta un debate muy serio y muy intenso sobre los criterios para medir la productividad científica, que tenga en cuenta las particularidades de cada disciplina y el funcionamiento de la comunidad científica respectiva, al mismo tiempo que permita establecer comparaciones sobre la base de criterios de medición internacionales.

Edificio de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de colombia, Sede Bogotá.
Edificio de Ciencia y Tecnología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
Foto: Wikimedia Commons

Escasez de doctores e ingenieros

La falta de profesionales con doctorado vinculados a la academia y al sector productivo ha sido un problema constante para el avance de la ciencia y la innovación. Mientras en América Latina el promedio de profesionales con título de doctorado es 38 por cada millón de habitantes y en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es de 130 por cada millón de habitantes, en Colombia tenemos 6 apenas.  

Ni duplicando las inversiones en formación doctoral el país podrá, acortar la brecha que tiene con países como México o Brasil.

Aunque desde hace una década Colciencias y otras entidades han avanzado para subsanar este déficit, ni duplicando las inversiones en formación doctoral el país podrá, acortar la brecha que tiene con países como México o Brasil, o los de la OCDE.

Problemas similares se observan en la formación de capital humano, y el déficit de ingenieros en las áreas de tecnología, energía eléctrica y agricultura es el mayor problema en este momento.

Entre las causas de esta situación figuran la mala calidad de muchas instituciones de educación superior, la carencia de las habilidades específicas que requiere el sector productivo, la baja remuneración económica, el alto riesgo de desempleo y el escaso interés de los bachilleres por estas carreras.

Aunque el déficit de científicos e ingenieros data del siglo XIX el problema fundamental radica en la desconexión entre la oferta de capital humano y la demanda de conocimiento por parte del sector productivo. Por eso no basta con aumentar el número de doctores o ingenieros; se necesita su efectiva incorporación al sistema de investigación y al aparato productivo.

No basta con aumentar el número de doctores o ingenieros; se necesita su efectiva incorporación al sistema de investigación y al aparato productivo. 

Mientras el sector productivo no base sus estrategias de crecimiento y competitividad en actividades de innovación, la demanda de conocimiento en la sociedad colombiana será baja y los incentivos para mejorar la oferta de capital humano también serán mínimos.

Pobreza de la ciencia y la educación

Tal vez el único avance del último año que merece destacarse fue el de la inversión en formación doctoral- y aunque el atraso acumulado es tal que estos recursos siguen siendo insuficientes-

Pero además persisten los recortes de presupuesto. En agosto se anunció una nueva disminución del presupuesto de Colciencias para 2016 cercano al 20 por ciento (67.000 millones de pesos menos que en 2015). Esta entidad ha sufrido recortes sistemáticos que dificultan su tarea como organismo rector de la ciencia y la innovación, y que desmienten las declaraciones, leyes y decretos de un gobierno que dice que el conocimiento será la base de la competitividad del país.  

En cuanto al rubro de inversiones en investigación y desarrollo (I&D) y actividades de ciencia, tecnología e innovación (CTI), el panorama es igualmente desalentador. Es de sobra conocido que Colombia tiene uno de los peores desempeños de Latinoamérica en esta área, con una inversión que no supera el 0,2 por ciento del PIB en I&D ni el 0,5 por ciento en actividades de CTI. Y el año que pasó no cambió esta tendencia.
Un problema especial es la baja inversión del sector privado: del total de inversión en I&D, cerca del 70 por ciento fue pública y solo un 30 por ciento fue privada.

Aunque poco sabemos sobre los mecanismos de innovación de las empresas colombianas, el sentido común sugiere que no invierten sencillamente porque no están interesadas. ¿Por qué no están interesadas? Un economista promedio respondería que no tienen los incentivos adecuados. Mientras se mantengan las “señales” actuales es decir, las reglas de juego derivadas del modelo de desarrollo económico basado en capturar rentas o en exportar materias primas de bajo contenido tecnológico, las empresas colombianas no necesitarán realizar inversiones en actividades de innovación para competir o crecer.

Según un informe de la OCDE, Colombia es el segundo país con menor inversión gubernamental en educación por alumno entre 32 países analizados. Luxemburgo, el primero en la lista, invierte en promedio 22.545 dólares al año por cada estudiante, mientras Colombia solo 3.291 dólares.

Todo apunta a que el compromiso del presidente en el Plan Nacional de Desarrollo para llegar en 2018 a una inversión del 1 por ciento del PIB en ciencia e innovación (50 por ciento del sector privado) será una promesa de papel.

El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.
El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.
Foto: OECD Development Centre

La esperada ley nacional de CTI

2015 cerró con la presentación del borrador de la “Política nacional de ciencia, tecnología e innovación 2015-2025”, que no ha sido bien recibida por varios sectores de la academia. Algunos han llegado a recomendar que el documento vuelva a redactarse porque piensan que no da respuesta a los complejos problemas de la ciencia y la innovación en Colombia.

Aunque se trata de un texto bien escrito y parte de revisar la literatura académica reciente sobre el particular, esa nueva política nacional de CTI se concentra en el aumento de inversión en formación doctoral y en actividades de I&D, abordando de manera marginal y con pocos instrumentos los problema de la baja inversión y capacidad tecnológica de las empresas y falta de interacción entre los agentes del sistema.

Más que un aumento de la inversión pública, necesitamos un cambio de incentivos para el sector privado: desestimular las estrategias rentistas, fomentar la competencia entre las industrias que no necesitan protección, apoyar la formación de capacidades tecnológicas y proteger algunos sectores vulnerables que tengan alto potencial de desarrollo tecnológico y de impacto sobre el crecimiento.  

Más que un aumento de la inversión pública, necesitamos un cambio de incentivos para  el sector privado.

En segundo lugar habría que aumentar la interacción entre empresas, universidades y gobierno para aprovechar los beneficios de la formación doctoral y de los apoyos a proyectos de emprendimiento adelantados por Colciencias, Bancoldex e Inpulsa. De esta manera se ampliarán los derramamientos (spillovers) de conocimientos entre diferentes sectores y regiones, lo cual tendría un efecto positivo sobre la ciencia y la innovación en el país.

El panorama de 2016

El año que comienza es especial. El énfasis exclusivo sobre la estabilidad macroeconómica y la apertura económica de los gobiernos de los últimos 15 años no han resultado suficientes para construir una economía competitiva.

La crisis económica que se viene obligará a un cambio hacia nuevos modelos y estrategias. Es el momento de fortalecer las capacidades científico-tecnológicas en empresas, universidades y organizaciones civiles.

Esto solo es posible con una política de CTI articulada con la política industrial y educativa. El gobierno, las empresas y la sociedad civil avanzan en estos temas, pero con la velocidad de un caracol.

 

* Historiador de la Universidad del Valle y magíster en Estudios Organizacionales de la Universidad de los Andes, ha sido profesor en las universidades Javeriana, de los Andes y el Colegio de Estudios Superiores en Administración (CESA).

 

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