Cien años de la política monetaria en Colombia | Razón Pública 2023
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Cien años de la política monetaria en Colombia

Escrito por Jacobo Campo - Juan Camilo Villar

El Banco de la República celebra cien años de existencia y estos han sido sus cambios, pero hoy son necesarias nuevas soluciones para los retos actuales de Colombia.

Juan Camilo Villar Otálora* y Jacobo Campo Robledo**

Las misiones, las reformas y la estabilidad

El Banco de la República se fundó hace cien años gracias a la Misión Kemmerer que fue contratada por el presidente de la República, Pedro Nel Ospina, para evitar un pánico bancario, o lo que hoy se conoce como una crisis sistémica. Además, el banco se fundó para garantizar la confianza en la economía y en la moneda nacional, contribuir a la estabilidad macroeconómica y, en general, cumplir los mandatos que le fueron asignados.

Si el banco central no es independiente, puede estar sujeto a presiones políticas que lo obliguen a tomar decisiones de corto plazo en vez de pensar en el largo plazo, lo que puede llevar a una economía inestable. Con la independencia como garantía, se reduce la probabilidad de decisiones sesgadas o que se abuse de la política monetaria con fines políticos, como ocurrió en el pasado.

Sin embargo, la economía ha experimentado cambios importantes en el transcurso del tiempo, ya que ha sido necesario ejecutar una serie de reformas dirigidas a garantizar la estabilidad monetaria y macroprudencial. Las reformas a las que ha sido sometido el Banco se pueden encasillar en tres grandes bloques:

  • Las presiones gubernamentales. Debido a los efectos de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, entre 1930 y 1950 se organizaron la segunda Misión Kemmerer y la Misión Grove. Ambas misiones, financiadas por el gobierno nacional, establecieron controles de cambios para regular las operaciones con el resto del mundo y dotaron al Banco de la República de más instrumentos para regular la oferta monetaria y canalizar el crédito con el propósito de estimular el desarrollo económico.
  • Las presiones gremiales y de la Junta Monetaria. Con las reformas de 1951, de 1963 y de 1973 aumentó la injerencia del gobierno nacional en el funcionamiento del Banco de la República y, con ella, su participación en la financiación del gasto público.

Además, al otorgarle la función de promover sectores productivos a través del crédito de fomento, se debilitó el propósito de preservar el poder adquisitivo del dinero. Finalmente, se descubrió un sesgo inflacionario en las decisiones de la autoridad monetaria bajo la conformación de la Junta Monetaria con participación de ministros y otros altos funcionarios.

  • Las reformas constitucionales. Con una inflación anual del 32,4 % en 1990, la Constitución de 1991 estableció el control de la inflación como propósito primario del Banco de la República.

Del arreglo constitucional se destacan aspectos claves asociados con la estabilidad de precios como un derecho de los ciudadanos y un deber del Estado; con la autonomía administrativa, patrimonial y técnica concedida al Emisor; y con la creación de la Junta Directiva del Banco de la República (JDBR) como única autoridad monetaria, cambiaria y crediticia.

Foto: Alcaldía de Cartagena - La Constitución de 1991 estableció que el objetivo principal del Banco de la República sería controlar la inflación.

La independencia como garantía

La independencia del Banco de la República consiste en su capacidad para tomar decisiones de política monetaria sin la interferencia del gobierno nacional u otros sectores políticos. Esta facultad es necesaria porque permite que la autoridad monetaria tome decisiones basadas en criterios técnicos y económicos, en vez de considerar intereses políticos o electorales.

Si el banco central no es independiente, puede estar sujeto a presiones políticas que lo obliguen a tomar decisiones de corto plazo en vez de pensar en el largo plazo, lo que puede llevar a una economía inestable. Con la independencia como garantía, se reduce la probabilidad de decisiones sesgadas o que se abuse de la política monetaria con fines políticos, como ocurrió en el pasado.

El “trilema” de la política monetaria

La política monetaria aspira a cumplir tres metas deseables pero imposibles de lograr al mismo tiempo. El conocido trilema.

Las metas en cuestión son:  un determinado nivel de tipo de cambio, un nivel de tasa de interés definido y una libre movilidad de capitales. Dichas metas plantean posibilidades e imponen limitaciones al funcionamiento de la política monetaria.

Durante las décadas de 1950 y 1960 se estableció y reglamentó el control de capitales, con el propósito de solucionar las repetitivas crisis cambiarias. Después, a partir de 1970, en prácticamente todos los sectores económicos se prohibió la Inversión Extranjera Directa (IED), al igual que las nuevas inversiones. Además, aprobaron nuevas limitaciones al capital extranjero destinado al sector financiero.

Para la década de 1980, con la crisis de la deuda de América Latina, la autoridad monetaria adoptó como meta principal la reactivación económica mediante una política expansionista que concedía aumentos sostenidos del crédito para los bancos comerciales y, en mayor medida, al gobierno nacional. Dichas medidas ocasionaron el agotamiento de las reservas oficiales, llevando al país a una crisis cambiaria que fue solventada con un paquete de medidas de ajuste ortodoxo.

Finalmente, la década de 1990 marcó un hito en el manejo de la política monetaria. Por un parte se adoptó el sistema de bandas cambiarias, como consecuencia del desplazamiento hacia una posición antiinflacionaria por parte del Emisor que le permitía mantener el grado necesario de flexibilidad y reducir la posibilidad de especulación que caracterizó la década de 1980. En segundo lugar, se adoptó el “esquema de inflación objetivo” que detallamos a continuación.

El esquema de inflación objetivo

Desde 1991, y mediante la adopción de metas de inflación anuales, la Constitución a estableció el control de la inflación como propósito primario del Banco de la República.

Sumado a lo anterior, y con el abandono del sistema de bandas cambiarias y la adopción de un tipo de cambio flexible, el 1999 se adoptó de manera oficial el esquema de inflación objetivo.

La nueva meta de la política monetaria era mantener una tasa de inflación baja y estable, y alcanzar el máximo nivel sostenible del producto y del empleo. Las acciones están dirigidas a que la inflación futura se sitúe en la meta fijada del 3 %.

Garantizar el cumplimiento de la meta de inflación contribuye a que la economía crezca de forma sostenible y estable en el tiempo. Para eso, el Emisor usa tres herramientas, siendo la tasa de interés de intervención la más importante.

Si la inflación es alta, la autoridad monetaria aumenta la tasa de interés para reducir la demanda y controlar los precios, tal como ha ocurrido desde comienzos de 2022. Por el contrario, si la inflación es baja, reduce las tasas de interés para estimular la economía mediante el aumento del consumo y la inversión.

El esquema de inflación objetivo es transparente y ayuda a promover la confianza en la política monetaria. De ese modo, el Banco de la República informa regularmente sobre las decisiones de política sobre la base de los datos de inflación calculados y publicados mensualmente por el DANE. Esto ayuda a que los agentes  tomen decisiones con la información completa y en función de sus expectativas.

Retos de la política monetaria

Dada la coyuntura actual, la política monetaria en Colombia enfrenta la siguiente serie de retos:

  • Inflación. La principal función de la política monetaria es mantener la estabilidad de precios. Para esto el Banco de la República ha establecido una meta de inflación de entre 2 y 4% anual. Sin embargo, alcanzar y mantener esta meta puede ser un reto, especialmente cuando hay factores internos y externos que afectan la economía colombiana.
  • Crecimiento económico. Si bien la política monetaria no es la única responsable del crecimiento económico, en el corto plazo juega un papel importante. Uno de los desafíos de la política monetaria es garantizar la armonía entre mantener la inflación bajo control y estimular el desarrollo económico.
  • Tasas de interés. Las decisiones de política monetaria afectan directamente las tasas de interés, lo que a su vez puede afectar el consumo y la inversión. Un reto de la política monetaria es mantener las tasas de interés en un nivel adecuado para controlar la inflación y estimular la economía, sin afectar negativamente el consumo y la inversión.
  • Volatilidad cambiaria. Colombia es una economía pequeña y abierta, dependiente de las exportaciones de materias primas. Esto hace que la volatilidad cambiaria sea un desafío para la política monetaria. El Banco de la República debe tomar decisiones adecuadas para mitigar estos efectos.
  • Política fiscal. La política fiscal es responsabilidad del gobierno nacional y puede afectar la economía de forma significativa. La coordinación entre la política monetaria y la política fiscal es necesaria para la estabilidad macroeconómica y financiera adecuada.

Pero ¿cómo se logra esto si los instrumentos de política monetaria convencionales usados por los bancos centrales ya no funcionan? El debate sobre el fracaso de los instrumentos y de cómo deberían combatir los bancos centrales los altos niveles de inflación está sobre la mesa.

Garantizar el cumplimiento de la meta de inflación contribuye a que la economía crezca de forma sostenible y estable en el tiempo. Para eso, el Emisor usa tres herramientas, siendo la tasa de interés de intervención la más importante.

Podría listarse una serie de soluciones, pero la mejor manera de combatir la inflación depende de las circunstancias específicas de cada país y de la situación económica en un momento dado. Ahora es importante más que nunca que los bancos centrales tengan la capacidad de adaptarse a los cambios económicos y ejecutar las medidas necesarias, de corto y largo plazo, para controlar la inflación de manera efectiva sin afectar a la economía en general.

Una alternativa que puede considerarse es la regulación de la oferta, es decir, el aumento de la oferta de bienes y servicios puede ayudar a reducir la inflación al aumentar la competencia económica y reducir los precios. El gobierno nacional puede fomentar la inversión en sectores específicos para aumentar la producción o reducir las barreras para la entrada de nuevos competidores en los mercados.

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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