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Choques múltiples, costo de vida y política monetaria responsable

Escrito por Fabio Nieto y Andres Avellaneda
Fabio-Nieto

Qué está pasando con los precios en Colombia y cuál ha sido la respuesta del Banco de la Republica

Fabio Nieto** y Andrés Avellaneda***

Qué es eso de la inflación
El rol de la estética y el arte en comunidades en transición política" - Facultad de Ciencias Sociales y Humanas

Si en algún momento usted ha sentido que la misma cantidad de dinero le alcanza para comprar menos cosas, entonces, le interesará saber qué es la inflación.

La inflación es simplemente el cambio de los precios a lo largo del tiempo. Muchos índices numéricos ampliamente utilizados hoy día, como el Índice de Precios al Consumidor (IPC) o el Índice de Precios al Productor (IPP), ofrecen una idea de cómo evolucionan los precios, permitiendo medir cambios en los costos al productor o en el costo de vida del consumidor.

Una inflación baja y estable es necesaria para asignar de manera eficiente los recursos y lograr de esa manera un mayor bienestar para la población. Si los precios están disparados, problemas de asignaciones sub-óptimas y mala planificación de los agentes (privados y el Estado) están a la orden del día.

Por mandato constitucional, el Banco de la República es el encargado en Colombia de controlar la inflación y el poder adquisitivo de la moneda (el peso), mediante la fijación sistemática de metas de inflación (el llamado “esquema de inflación objetivo”). Cuando la inflación se desvía de dicho objetivo, el Banco debe actuar para procurar su meta y evitar desequilibrios en la economía que vayan en contra del bienestar de la población.

Por qué aumentó la inflación 

El último dato de IPC publicado por el DANE mostró un aumento de 0,38% en los precios durante el mes de septiembre, con lo cual la inflación acumulada en este año ascendió a 4,33%. Más aún, la inflación anual (entre septiembre de 2020 y el mismo mes de 2021) se aceleró hasta 4,51%, situándose 1,5 puntos porcentuales por encima de la meta de inflación de 3% que había fijado el Banco de la República para 2021.

Buena parte de este aumento de la inflación se explica por las alzas en los precios de bienes y servicios cuya demanda se ha venido reactivando en el marco de la recuperación económica.

Un fuerte aumento de la inflación observada y sus expectativas implica riesgos futuros para el bienestar de la población. En particular, para el de los hogares más vulnerables que siempre son los más expuestos a la inflación.

Las fallas de suministro doméstico e internacional que ocasionó la pandemia (o choques internos y externos de oferta, como decimos los economistas) son de naturaleza transitoria y han afectado principalmente los precios al productor (es decir al IPP). Sin embargo, estos choques se están transmitiendo rápidamente a los precios al consumidor (el IPC) y aumentando el costo de vida de los hogares.

Lo malo de lo anterior es, sobre todo, que el aumento de los precios no necesariamente está reflejando aumentos en la demanda que vayan de la mano con mejoras significativas del ingreso y la productividad de los factores en distintas actividades económicas. Por tal razón, acaba por afectar la capacidad de compra efectiva de los hogares.

Inflación pasada e inflación esperada

Muchos precios se amarran o “se indexan” a la inflación pasada (por ejemplo, los arrendamientos, las matrículas y las pensiones), pero también a la inflación esperada.

Las alzas ya registradas contaminan las expectativas de inflación de los agentes económicos, y esto a su vez afecta sus decisiones de consumo y la planificación de las finanzas personales.

Por ahora, según varias encuestas, las expectativas de inflación a horizontes de 1 y 2 años se encuentran ligeramente por encima de 3%, pero las de cierre de 2021 ya están muy cerca de 5% y representan un gran riesgo de cara a los próximos años.

Quiénes asumen el mayor costo

Dicho en otras palabras: un fuerte aumento de la inflación observada y sus expectativas implica riesgos futuros para el bienestar de la población. En particular, para el de los hogares más vulnerables que siempre son los más expuestos a la inflación, sobre todo a la de bienes de primera necesidad como los alimentos.

Por ejemplo, tomando de nuevo las cifras de IPC de septiembre, el IPC de “recreación y cultura”, que es muy sensible a los cambios en la demanda, registró una inflación mensual de 0,77%, la más alta dentro de las categorías que utiliza el DANE. Allí la respuesta de los precios parece ser consistente con un mejor comportamiento del gasto de los hogares y la reapertura económica.

Sin embargo, la variación mensual del IPC de “alimentos y bebidas no alcohólicas”, la que más afecta a la población vulnerable, fue 0,76%, una inflación alta si se compara con el promedio histórico de 0,14% para ese mismo mes entre 2016 y 2020. Los precios de estos bienes se han visto afectados por factores de oferta como:

  • el aumento mundial de los costos al productor (en especial insumos agroindustriales),
  • la depreciación acelerada del peso colombiano en 2020-2021, y
  • varias afectaciones climáticas que producen escasez y aumentos en los precios.

Más aún, sí descontamos el efecto de algunos alivios al consumidor (como el programa de educación gratuita para estratos 1, 2 y 3 que ocasionó una caída mensual de -2,3% en el IPC de educación), la inflación anual sería del orden del 5% —casi dos puntos porcentuales por encima de la meta del Banco de la República—.

La política del Banco

Como consecuencia de la crisis suscitada por la pandemia, el Banco de la República redujo la tasa de interés de referencia a mínimos históricos para estimular la demanda interna. No obstante, el alza de la inflación comentada anteriormente lo obligó a elevar los tipos desde 1,75% hasta 2%. De esta forma, el emisor dio comienzo a un proceso de “normalización” en la política monetaria que espera continuar en los próximos años.

La decisión del Banco no marca, sin embargo, un cambio drástico de la postura monetaria para el corto plazo. Su política sigue siendo expansiva y seguirá apoyando la recuperación de la economía, pues gracias a las medidas adoptadas el año pasado las tasas de interés de muchos créditos descendieron y han permitido acelerar la reactivación de la demanda agregada. Además, apoya el anclaje de las expectativas de inflación de los agentes, pues envía un mensaje de compromiso con su meta de inflación en el futuro cercano.

Foto: Alcaldía de Santamarta - Un fuerte aumento de la inflación observada y sus expectativas también implica riesgos futuros para el bienestar de la población.

Este tipo de medidas no siempre gozan del apoyo popular, pues un aumento en el costo del dinero no luce amigable. Pero ante la presión que está ejerciendo la multiplicidad de choques sobre el costo de vida, el Banco de la República ha obrado en cumplimento de su mandato constitucional de controlar la inflación y garantizar, en el futuro no muy lejano, una dinámica de los precios baja y estable. Pensar en el mediano y largo plazo también es importante, y mantener bajo control la inflación y sus expectativas es coherente con una política monetaria responsable que piensa en el bienestar de la población.

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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