Chavela Vargas: relajo, emblema y amuleto - Razón Pública
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Chavela Vargas: relajo, emblema y amuleto

Escrito por Manuel Hernández
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Manuel-Hernandez-Razon-PublicaRepresentó la bohemia y la desesperación de los años sesenta, pero vino a realizarse como artista una generación más tarde, cuando el relajo era ya una forma de vida y no fuente de escándalo, rodeada y adorada por artistas que podían ser sus nietos.

Manuel Hernández Benavides*

Mujeres excesivas

Sobre Chavela Vargas y su muerte hay una enorme profusión de información en internet. Invito a los lectores a navegar, tal como tuve que hacerlo para documentarme. Pero curiosamente, en las librerías no hay nada y en las disqueras tampoco. El fin de semana estuve buscando en vano.

Los aspectos de su vida más destacados en la red son: su soledad, sus amistades, sus enfermedades, su retiro por más de veinte años. La mortificación con su padre por su ser sexual. Una polio no invasiva, su afición de andar armada, su amistad con grandes figuras y artistas, algunas actrices norteamericanas, los españoles Picasso, Joaquín Sabina y Almodóvar, entre otros.

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Foto: Cubadebate.cu

Cuando se aprobó el malhadado TLC entre México y Estados Unidos, se inició el pago simbólico por todo lo que le iban a quitar a México con un homenaje de galeristas gringos a Frida Khalo. Se puede hablar del boom de la artista, cuyo talento no desmerece la fatalidad de haber sido redescubierta para su retorno mediático: mujer lisiada, casada dos veces con Diego Rivera, amante de Trotsky, veleidosa y genialmente interpretada por Salma Hayek.

Y ahí, justamente en esa película, reapareció también Chavela. La Llorona y El Último Trago son dos de las canciones que interpreta. Magistralmente.

Grabando y cultivando una fama discreta e inmediata, Chavela aparece en 1961. Elimina al mariachi de sus intervenciones artísticas, como un mensaje antimacho: recordemos que mariachi viene del francés mariage, matrimonio, consolidación de la tradición católica, de la familia, la propiedad privada y el Estado.

La revolucionaria Chavela nunca creyó en esas tres instituciones: amaba a las mujeres y cultivó y defendió su cuerpo. Lo castigó con tequila y resistió el alcohol, lo que no pudo hacer José Alfredo Jiménez. Había algo de blues en su voz y soledad, dijo Monsiváis.

Más allá del relajo

En 1981 se da a la imprenta la colección de crónicas de Monsiváis sobre ésa cultura popular mexicana que abarca tres décadas, del treinta al sesenta. El título encantador es: Escenas de pudor y liviandad.

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Foto: extracine.com

Frente a la falsa sociología de atribución de Oscar Lewis, con sus Hijos de Sánchez que desarrollará epígonos en Colombia, como Alfredo Molano, y que son un girar sobre la situación del campo y la ruralidad, Monsiváis hace una sociología urbana a través de la crónica y crea la primera gran escópica de la vida de la ciudad latinoamericana desde El Relajo.

Esa inquietante palabra agrupa muchos sentidos. El relajo es lo que nos queda. Lo bailado, que nadie nos puede quitar. El relajo es la sexualidad permisiva y caliente que admite ser estudiada desde Freud y también desde la picaresca.

El relajo es María Félix con sus maridos y es también el grande, el traidor del pueblo, el intérprete de México, la caricatura de la impotencia del PRI, Mario Moreno, Cantinflas, desayunando con Díaz Ordaz a la mañana siguiente a las atrocidades de Tlatelolco, la Plaza de las Tres Culturas, en esa Ciudad de México que esperará hasta el ochenta y cinco para reinventarse, después del terremoto.

En ese libro no se menciona a Chavela, pues ella es precisamente la antítesis y la culminación de ese relajo. Es una concesión del sentimiento entre los culteranos de la música. Es otro nivel.

Bohemia antes de los hippies

Recuerdo en la Bogotá de mis mocedades el culto por Chavela. Novelistas secretos previos y opacados por Gabo, cineastas, directores de cine, (esta semana pasaron dos películas de Arzuaga en un canal oficial sobre la Bogotá de esos años), filósofos bohemios, historiadores en ciernes, mujeres pintoras y amantes, economistas brillantes como Jorge Child y su chavelísima esposa Cecilia Porras, la escuchábamos en los tocadiscos Garrard de los sesenta, mientras bebíamos y oteábamos horizontes pictóricos surrealistas, provenientes de México, como la cantante.

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Foto: elnosoyloquedeberia.wordpress.com

El pintor llamado Dr. Atl, las pintoras Eleonora Carrington o Remedios Varo, desarrollos pictóricos de un pequeño continente de imágenes de valles inhabitados y personajes mitológicos pintados por nativos y europeos radicados en México, para mayor gloria de una cultura variada que tenia múltiples cielos con sus dioses y diosas; pero la diosa padre, a lo bestia, era Chavela.

La mano de la Macorina poniéndose ahí, donde le ruega Chavela, es total e inolvidable. Querer más amor y MÁS, como en El último trago, es una petición de goce y placer que bordea su imposible, como sucede. Y ahí en ese sitio se quedó Chavela para siempre. Esa fue su forma de inmortalidad.

Emblema de la desesperación

¿Emblema? Sí. Última entre los últimos se aferró a su cielo con indios y silencios y aislamientos de décadas y siguió cantando. Demasiado mensaje para la frivolización del continente.

Quisiera hacer una invocación a la manera de Roberto Bolaño en su novelita del ´99, Amuleto. Resulta que Bolaño se inventa una mujer llamada Auxilio proveniente de Montevideo, la única testigo visual de la matanza de Tlatelolco en septiembre del 68, desde un baño de la facultad de filosofía y letras; quijotesca y solitaria, hacedora de oficios domésticos para poetas refugiados de la dictadura de Franco, ella se hace a sí misma la madre de los poetas jóvenes de México, pero en verdad del continente latinoamericano.

Como Bolaño mismo, Prometeo que no encontró un hígado de repuesto para el que le devoraron los buitres de la desesperación, y uno de los más agudos testigos de la ridícula zozobra del poeta joven del continente en español; los poetas salvajes (detectives los llama él) son los testimonios de la soledad de la quijote, de la Chavela, de la íntegra y coqueta amiga de la vida y de la desdicha, del dolor y la amargura, como han dicho todos, pero nunca de la desesperación.

Se me antoja que en ese sentido ella, Chavela, la Auxilio de Bolaño en su novela Amuleto, es el amuleto contra la desesperación: salud, Chavela. Salud Lila Downs.

* Escritor y profesor.

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