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Cese unilateral y conversaciones en la Habana

Escrito por Juan Carlos Garzón
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juan_carlos_garzon_razonpublicaJugada prematura o error estratégico, el anuncio sorpresivo — justo antes de comenzar de veras las conversaciones y sin un mecanismo de verificación previamente acordado — entró en contradicción con ataques de las FARC. Tres hipótesis explicativas.

Juan Carlos Garzón*

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Los más optimistas asumieron las declaraciones del Márquez como un claro gesto de paz.   Foto: diariolavoz.net

Anuncio inesperado

El 19 de noviembre, el jefe de la delegación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la Habana, Iván Márquez, anunció un cese unilateral al fuego entre el 20 de noviembre y el 20 de enero de 2013.

El comandante guerrillero leyó un comunicado ante los medios de comunicación según el cual “…el Secretariado ordena a las unidades guerrilleras en toda la geografía nacional el cese de toda clase de operaciones militares ofensivas contra la fuerza pública y los actos de sabotaje contra la infraestructura pública y privada”.

Los más optimistas asumieron las declaraciones del Márquez como un claro gesto de paz. Semanas antes un grupo de organizaciones civiles (el colectivo Colombianos y Colombianos por la Paz) había pedido a esta guerrilla declarar una tregua navideña, como señal de su buena voluntad para avanzar en la resolución pacífica del conflicto armado.

Los más cautos advirtieron que el anunció podría ser una jugada de la insurgencia para presionar al gobierno a declarar el cese, ganar espacio político y obtener una ventaja militar.

Los más pesimistas, calificaron el hecho como “más de lo mismo”, señalando que el cese no sería cumplido.

A solo siete días del anunció es posible afirmar que todos tenían algo de razón: de la Habana salió un barco cargado de promesas y buenas intenciones, pero los mensajes se quedaron por el camino y el gesto de paz no llegó como se esperaba. ¿Qué ocurrió?

Indicios de incumplimiento

A menos de una semana de declarado el cese unilateral por parte de las FARC, ya hay indicios de su incumplimiento:

  • En la vereda Barro Blanco de Tarazá (Antioquia), al paso de una patrulla del Ejército que cuidaba a los erradicadores manuales de coca, fueron detonadas dos cargas explosivas que causaron la muerte a un uniformado y heridas a tres más.
  • En este mismo departamento, en el municipio de Campamento, las FARC presuntamente derribaron dos torres energía, en un hecho que dejó sin luz a una extensa región. "En Antioquia no hay tregua: hoy un soldado muerto y tres heridos en Tarazá por explosión", fue el comentario de rechazo en Twitter del secretario de Gobierno de l departamento, Santiago Londoño.
  • Al mismo tiempo en el departamento del Cauca se reportaron combates en Caloto, luego de un intento de emboscada del frente sexto de las FARC, que según el alcalde Jorge Edinson Arias, causó el desplazamiento de 300 habitantes por temor al cruce de disparos El Colombiano. FARC rompen su anuncio del cese al fuego. 21 de noviembre de 2012.

¿Dónde se quedó el anunció de la tregua?

Tres hipótesis

1. El mensaje salió, pero no todos los frentes se enteraron

 

El incumplimiento de la tregua ha dado lugar a dudas sobre la capacidad de mando efectiva que tienen los comandantes guerrilleros que están en La Habana. Quienes arriesgan esta hipótesis, señalan la desconexión que hay entre la organización “política” y la organización “militar” — si es que tal distinción existe — así como la inconformidad y el desinterés que hay en algunos frentes sobre el actual proceso de diálogo.

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A menos de una semana de declarado el
cese unilateral por parte de las FARC,
ya hay indicios de su incumplimiento.

Foto: patriagrande.com.ve

  

La reciente deserción del principal comandante del frente “Abelardo Romero” que opera en la región de La Macarena y La Uribe — lugares altamente simbólicos y estratégicos para el grupo guerrillero — deja entrever algunas fisuras dentro de la organización guerrillera. Por otra parte, en un comunicado del frente 36 de las FARC, esta unidad se “excusa” por la voladura de las torres, argumentando que la orden difundida en la Habana no les llego a tiempo: “Faltó mayor difusión de la vocería guerrillera ordenando el cese al fuego, de tal manera que pudiese ser escuchada por todas las unidades guerrilleras y milicianas”, argumenta el frente. No obstante este incidente, es todavía temprano para decir que exista un proceso de fragmentación que explique el incumplimiento del cese.

Con todo y las dificultades, las FARC siguen siendo una organización cohesionada, cuyas decisiones se toman y se transmiten de manera vertical: la única manera de sobrevivir en una guerra prolongada de baja intensidad. La duda ahora es si las órdenes sí fluyen de arriba abajo. Desde esta perspectiva, el cese es una oportunidad para aclarar quiénes siguen las órdenes y quiénes no. La descoordinación inicial no augura un buen futuro. Ya veremos.

2. El mensaje se quedó en La Habana

No hubo nunca la intención de cumplir el cese: el propósito de las declaraciones era enviar un mensaje retórico, no real.

Para quienes sostienen esta posición, lo importante del cese no es “ser” sino “parecer”, es decir mostrar que la guerrilla sí tiene intenciones de avanzar en el camino hacia la paz, mientras que en el terreno continúa la confrontación. El objetivo es ganar oxígeno político y presionar al gobierno para que a su vez declare el cese de hostilidades.

Esta hipótesis se basa en las evidencias del pasado: declaraciones similares que acabaron en recriminaciones mutuas. Basta recordar la declaración del cese al fuego bilateral en los años 1980, durante el gobierno del presidente Belisario Betancur, cuando la tregua terminó abruptamente.

La fuerza de esta versión radica en la evidencia de los hechos, con acciones recientes cuyos responsables serían las FARC, lo que suscita dudas sobre su verdadera intención de cesar los hostigamientos a la Fuerza Pública y los ataques a la infraestructura.

3. No tenemos manera de probar que el mensaje no llegó

Tal como fue planteado por las FARC, es imposible verificar el cese al fuego. Sin concentración de tropas, sin un organismo encargado de monitorear las acciones de las partes, así como sin definir qué tipo de acciones serán interrumpidas, el cese no es nada más que un mensaje acompañado de buenas intenciones.

En un cese al fuego — y más aún si es unilateral y repentino — son más importantes los hechos que las palabras: el problema es no disponer de un mecanismo efectivo para verificar los hechos y para desmentir – o no – las palabras.

Cuando los medios de comunicación interrogaron a Iván Márquez sobre la presunta violación de la tregua, el comandante indicó que las FARC se han comprometido a respetar la suspensión de hostilidades, pero también aseguró que “…cuando se presenten enfrentamientos con la Fuerza Pública, actuarán a la defensiva”. RCN Radio. FARC piden a Obama indultar a Simón Trinidad. 23 de noviembre de 2012.

¿Quién determina si la insurgencia se estaba defendiendo o si violó intencionalmente el cese? Organizaciones armadas ilegales de distinto tipo podrían provocar ataques e incluso hacerse pasar por la guerrilla: en un proceso como el actual, a la hora de encontrar saboteadores la lista es larga. Peor todavía: las FARC acaban de declarar que los ataques en El Cauca fueron una “pantomima” del Ejército, que habría simulado un combate para boicotear el cese. Razón tienen quienes afirman que en estas condiciones, el cese al fuego es una promesa imposible de verificar. El Nuevo Herald. La tregua de las FARC en Colombia, una promesa imposible de verificar. 23 de noviembre de 2012.

¿Y el gobierno?

En un principio la declaración del cese fue calificada por varios analistas como una “jugada maestra” de las FARC, poniendo el balón en el campo del gobierno, quien ahora se vería presionado a pronunciarse sobre un posible cese.

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Habría inconformidad y desinterés en algunos frentes sobre el actual proceso de diálogo.
Foto: cambio.com.co

  

El gobierno se encontraba en una encrucijada: rechazar el anunció de la insurgencia lo acercaría a una posición guerrerista, pero sumarse al cese podría causar incertidumbre entre los sectores más opuestos al proceso y otorgar ventajas a quienes reclaman el retorno a la salida militar.

Los negociadores del gobierno mantuvieron la mayor discreción, mientras que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, declaró que las Fuerzas Militares continuarán con las operaciones en contra del grupo insurgente.

Con el paso de los días la presión ha ido bajando, en parte por las presuntas violaciones del cese al fuego por parte de las FARC, y en parte porque la agenda mediática se cargó con las implicaciones del fallo de la Corte de la Haya en el diferendo limítrofe con Nicaragua.

Humberto de la Calle, jefe de la delegación del gobierno, hizo un llamado a evitar la “algarabía” y hacer un “trabajo serio”, concentrándose en el punto uno de la agenda es decir, en el problema de la tierra y el desarrollo agrario integral en el país.

Queda claro que el Ejecutivo no considera oportuno discutir sobre el cese de hostilidades en esta etapa. También hay indicios para pensar que el balón del cese está de nuevo en el campo de las FARC y en su capacidad para demostrar que puede cumplir con la denominada “tregua navideña” y de esa manera aliviar la situación de las poblaciones que sufren los efectos de la guerra.

Esperanza e incredulidad

Sin embargo no hay que perder de vista que una es la lectura que se hace del proceso en Colombia y otra la que se hace desde el exterior. En ambos planos, las FARC han ganado oxígeno político, tal vez más afuera que adentro.

A la insurgencia le interesa ganar espacios donde se le reconozca como un actor político, tras cargar por años con los estigmas del terrorismo y el narcotráfico, y aguantando la arremetida militar lanzada por el presidente Álvaro Uribe.

La palabra puede recuperar su valor, hasta ahora acallada por el ruido de las armas; pero también se corre un gran riesgo cuando los mensajes no son respaldados por los hechos – y acaban convirtiéndose en propaganda. La incredulidad flota en el ambiente y nada haría más daño al actual proceso de conversaciones que empezar a acumular promesas incumplidas.

Los colombianos seguimos esperando que el barco proveniente de La Habana venga cargado de buenas noticias, acompañadas por hechos concretos. El tiempo, la paciencia y la comprensión con recursos escasos y probablemente no renovables.

Algunos auguran que el puerto se quedará esperando una embarcación que en realidad nunca zarpará; otros están incluso dispuestos a atacar el barco y hasta a hundirlo. En todo caso, los costos de que naufrague este navío serán muy altos para el país. La buena noticia es que a pesar de las dificultades, aún soplan fuertes vientos a favor de la salida negociada.

Juan Carlos Garzón VergaraPolitólogo de la Universidad Javeriana. Investigador del Centro Woodrow Wilson y el Centro de Estudios Latinoamericanos de Georgetown University. Ha trabajado como consultor para el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos. Autor del libro Mafia & Co: las redes criminales en México, Brasil y Colombia.

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