
Catatumbo: aprendizajes frente a la desesperanza
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Ante la situación actual de violencia en el Catatumbo y la crisis humanitaria en Norte de Santander, es importante destacar algunos elementos que permitan una mejor comprensión de los acontecimientos y, además, señalar posibles aprendizajes para el futuro.
Contexto
En el actual fortalecimiento del ELN, se reviven experiencias recientes como la guerra entre el ELN y el EPL en 2018 y 2019, marcadas por cambios en los propósitos del uso de la violencia, las economías de guerra y la consolidación de Maduro en Venezuela.
Desde noviembre la Defensoría del pueblo –con sus alertas tempranas– y parte de las organizaciones de la sociedad civil alertaban sobre una posible escalada del conflicto. Aunque las crecientes tensiones entre el ELN y las disidencias del frente 33 de las Farc se apaciguaron con las fiestas decembrinas, el inicio del año 2025 trajo consigo el despliegue de toda esta violencia. Esto se dio en un contexto de tensiones con la mesa de negociaciones con el ELN y un gobierno nacional debilitado en su relación con el Legislativo, con bajo recaudo y ejecución de presupuesto público y ante la posibilidad de un nuevo remezón ministerial ad portas de un ambiente preelectoral.
Llama la atención el traslado de tropas desde Arauca para librar la guerra en el Catatumbo contra la disidencia del Frente 33. En primer lugar, porque esto supone la repetición de una práctica que también se usó en la guerra contra el EPL en 2018-2019. La presencia de efectivos sin arraigo territorial puede aumentar la violencia, como ocurrió en 2018 con el asesinato de familiares del EPL. Esto violó los acuerdos de la región de no involucrar a las familias de los integrantes de los grupos armados.
También es esencial analizar la frontera desde múltiples ángulos, más allá de verla como un territorio poroso, aislado del centro político.
La dimensión internacional podría haber influido en esta escalada de violencia. Tras la incertidumbre causada por la transición presidencial en Venezuela, Maduro ha demostrado que mantiene su control sobre el poder. Mientras tanto, miembros de la derecha colombiana han instado a una respuesta militarista para derrocar a Maduro, y Trump se ha posicionado en Estados Unidos como un abierto opositor al dirigente venezolano. Aunque estas declaraciones pueden ser más una estrategia electoral que una realidad inmediata, contribuyen a la percepción del gobierno venezolano sobre una posible invasión, utilizando a Colombia como punto de entrada.
En este contexto, el ELN reafirma su posición como una fuerza estratégica de la revolución bolivariana, al destacar su carácter binacional y su relación con las fuerzas militares de ese país. Este escenario proporciona al ELN una oportunidad adicional para ejercer las acciones de violencia que ha llevado a cabo en esta región fronteriza.
Cambios en el propósito del uso de la violencia
La escalada de violencia que vemos tiene relación directa con las transformaciones del conflicto armado en Colombia. La desmovilización de las FARC-EP reconfiguró las dinámicas de los actores armados, quienes supieron adaptarse y reacomodarse en el territorio y en las economías de la guerra. Progresivamente, dejaron de lado el uso de la violencia como expresión de la lucha política para promover el poder popular y la autonomía frente al Estado y sus oligarquías, y orientaron su lucha a la obtención de ganancias económicas y el control territorial. El ELN no es una excepción. Los repertorios que estamos viendo hoy en la guerra en el Catatumbo reflejan una violencia más instrumental que simbólica y política.
Es necesario reconocer que el ELN se ha apartado del discurso político. Sus objetivos y métodos están cada vez más alineados con una lógica militarista y las economías ilícitas. Los asesinatos, el desplazamiento masivo, las afectaciones a la sociedad civil, el incumplimiento de pactos y otros repertorios utilizados recientemente están deteriorando su relación con las bases sociales. Estas rupturas, ya sean permanentes o temporales, suelen dejar marcas difíciles de olvidar.
La necesidad de una mejor comprensión de las economías de guerra
Para enfrentar la crisis, el Gobierno ha propuesto nuevamente políticas de sustitución de cultivos y legalización de drogas, argumentando que el narcotráfico impulsa la violencia. Sin embargo, estas políticas enfrentan desafíos debido a incumplimientos pasados y falta de apoyo legislativo. Es necesario analizar las recientes reconfiguraciones de la violencia en el Catatumbo para evaluar estas propuestas.
En los últimos años, el Catatumbo vio una caída en los precios de la coca, aunque recientemente se ha estabilizado. Esto afectó la economía de las familias cocaleras, pero no golpeó significativamente a los grupos armados. Por el contrario, diversificaron sus fuentes de ingreso. En un contexto fronterizo favorable, emprendieron actividades con grandes efectos humanitarios y medioambientales: trata de personas, minería ilegal de carbón, control de flujos migratorios y de mercancías en la frontera, extorsión, etc.
Todo esto indica que es necesaria una mejor comprensión de las economías de guerra, toda vez que se deposita una esperanza ciega en el fin del narcotráfico como alternativa para la superación de toda la violencia.
El ELN es un fiel retrato de esto, y no solo en el Catatumbo. En Arauca, por ejemplo, desde tiempo atrás consolidaron su frente más fuerte lejos de la coca, a base de economías extractivas –petroleras en Colombia, mineras en Venezuela–. Al igual en Chocó, donde ellos y otros grupos armados se nutren de la minería fluvial y la explotación maderera.
Reducir a los grupos armados a la etiqueta de narcotraficantes nos puede dejar por fuera la comprensión de estos como estructuras sofisticadas que se mueven en distintas economías y con una mayor capacidad para reinventarse que la que puede tener el Estado para dar golpes contundentes.
La paz total en crisis
La paz total está en crisis. Es fácil juzgar los procesos de paz como éxitos o fracasos, pero estas visiones reduccionistas no ayudan a construir la paz. Lo más valioso es aprender de los esfuerzos de paz históricos y aplicar esas lecciones.
El modelo de negociación con las FACR-EP fue lo suficientemente exitoso como para lograr que la guerrilla armada más grande del país dejara las armas y firmara con el Gobierno un acuerdo que abordaba los problemas estructurales de Colombia: el acceso desigual a la tierra, el problema de la droga, la atención y reparación a las víctimas, entre otros. Posiblemente el aprendizaje más evidente que queda de ese proceso es que cumplir los compromisos e implementar lo pactado es fundamental.
También ofrece una lección operativa: las mayores disputas ahora son entre organizaciones armadas, no entre el Estado y un grupo armado. Estas disputas tienen significativos efectos humanitarios. En la paz total, los múltiples ceses al fuego no redujeron la violencia y mostraron a las Fuerzas Militares como incapaces de manejar conflictos como los del ELN y las disidencias de las Farc.
Como resultado, la mesa de negociaciones entre el Gobierno y el ELN ha visto comprometidas tanto su legitimidad como su percepción pública. Aunque se debe tener en cuenta que durante décadas el ELN ha utilizado las mesas de diálogo como una plataforma para posicionarse políticamente, pero carece del músculo necesario para implementar lo que se pacta en sus distintos frentes de guerra.
Para futuras ocasiones, se deben reevaluar estas estrategias, con ceses al fuego que reduzcan impactos en la población civil, pero que no dejen maniatado al Estado.
El modelo de Paz Total propuso una metodología innovadora que tenía por objeto mitigar los riesgos asociados a la implementación de acuerdos que trasciende diferentes administraciones gubernamentales. Este enfoque propone negociar e implementar acuerdos de forma simultánea. Es fundamental reconocer y valorar los esfuerzos por concebir metodologías distintas para la construcción de la paz.
Por lo tanto, más allá de calificar la Paz Total como un fracaso o un éxito, es fundamental recoger sus enseñanzas y continuar desarrollando modelos de paz que integren diversas propuestas y metodologías. No se debe abandonar la reflexión sobre la paz como una opción viable, ni aceptar la guerra como un destino inevitable.
Para frenar la violencia
Ante la situación de violencia actual, es esencial rescatar experiencias como la de la Comisión por la Vida y la Paz del Catatumbo. Entre 2018 y 2019, esta comisión logró reunir a los movimientos sociales del Catatumbo para hacer un llamado conjunto a los grupos armados en favor de la reducción de la violencia. La implementación de un modelo similar podría ser relevante para mitigar los efectos de la escalada de violencia presente.
Resulta notable la respuesta de Cúcuta ante la crisis humanitaria. Este fenómeno es significativo, ya que mientras la violencia afecta cada vez más a ambos territorios, persiste una división sociocultural marcada por la estigmatización hacia el Catatumbo y mantenida por la falta de atención institucional en la región.
En la ciudad existen desafíos y obstáculos para realizar prácticas culturales y movilizaciones sociales, como pintar un mural en apoyo a las madres del Catatumbo. No obstante, esta crisis humanitaria puede representar una oportunidad para reducir el recelo al trabajo de organizaciones sociales y comunitarias de la ciudad, por parte de la sociedad cucuteña. Pues el trabajo de estos colectivos que recurren al arte y a la denuncia pública para llamar la atención sobre la escalada del conflicto y la defensa de los derechos humanos no solo en Cúcuta, sino también en su área metropolitana, la frontera y la región del Catatumbo en general, es fundamental para generar conciencia sobre lo volátil que puede ser una escalada de violencia y lo importante que es que la sociedad civil rechace categóricamente estos y otros actos similares.
Finalmente, la Paz Total y los esfuerzos semejantes deben ser vistos como pasos cruciales hacia una Colombia más pacífica y justa. Es imperativo aprender de las lecciones del pasado, ajustar las estrategias y continuar construyendo una sociedad que dé prioridad a la paz y al bienestar de todos sus ciudadanos. La guerra no debe ser nuestro destino inevitable.
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1 comentarios





De acuerdo, no se puede dejar de buscar mecanismos para lograr la paz. Tristemente la desinformación o la información malintencionada y mentirosa de los medios no deja avanzar sino que siembra el miedo y el odio y lo mas curioso e interesante, los que están mas a favor de los procesos de paz son los que mas han sufrido del conflicto y los que nada han sufrido el conflicto son los que se oponen. Sin perseguir o quitar la libertad de prensa si debe buscarse un modo para que quienes den noticias falsas y de odio sean apartados de los medios, no es posible que las tales organizaciones que protegen la libertad de prensa no censuren a los que difunden falsa información, Digo esto porque en el diario vivir, se escucha a personas repitiendo falsos mensajes de odio y de violencia que proviene de personas que están en sectores políticos , empresariales y los mismos periodistas que solo deben transmitir la verdad y no mensajes llenos de odio, violencia sin ninguna prueba solo porque tienen los medios en sus manos, que tristeza