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El catálogo de las pequeñas soluciones: alternativas a la coca

Escrito por Andrés López Restrepo
Andres Lopez Restrepo

El libro es un homenaje a la imaginación y empuje de las comunidades que dejan los cultivos ilícitos y descubren alternativas a la erradicación forzada.

Andrés López Restrepo *

Coca: «para un gran problema, pequeñas soluciones»

Colombia lleva décadas como el principal productor mundial de hoja de coca y de cocaína lista para exportar, y durante casi el mismo tiempo ha intentado sin éxito acabar con este cultivo, ya mediante campañas de sustitución voluntaria o erradicación forzada.

Como explica este libro recién publicado, después del café (932.000 ha), la coca es el cultivo que más tierra ocupa en Colombia (169.000 ha) y proporciona al menos parte del sustento de medio millón de colombianos. El catálogo de las pequeñas soluciones describe procesos adelantados por comunidades campesinas o étnicas y por empresas rurales que han intentado reemplazar los cultivos ilícitos por actividades económicas legales.

De entre cientos de historias comparables, los autores decidieron resaltar diez, que ya habían sido publicadas por Pacifista: «las experiencias publicadas en este libro forman parte del Proyecto Coca, un proyecto periodístico del medio digital Pacifista, y fueron publicadas entre 2017 y 2019».

Erradicación forzada y sustitución voluntaria: soluciones masivas

Colombia cuenta con dos herramientas para eliminar los cultivos ilícitos: la erradicación forzada —manual o aérea— y la sustitución voluntaria concertada con las comunidades.

La erradicación forzada es un instrumento puramente represivo; produce resultados inmediatos, pero su efecto desaparece una vez que los erradicadores abandonan la zona cocalera: los campesinos, sin opciones económicas, vuelven a sembrar coca. Por consiguiente, la erradicación forzada solo produce resultados duraderos mediante una represión intensa y sostenida sobre los cultivadores.

Pero es difícil mantener esa represión debido a que es incompatible con las instituciones democráticas y a que sus costos económicos aumentan hasta ser insostenibles. Además, como método de erradicación forzada, la aspersión aérea es nociva para la salud de los cultivadores, daña sus animales, cultivos legales y fuentes de agua.

La sustitución voluntaria también es costosa: se necesitan grandes inversiones para que los cultivadores tengan otras fuentes de ingreso. A diferencia de la erradicación forzada, sus costos disminuyen con el tiempo, a medida que se consolida un modelo económico distinto en las regiones donde antes se cultivaba coca.

Las dificultades con la sustitución concertada son de otro orden:

• El Estado debe estar presente en las regiones cultivadoras para ofrecer bienes públicos que sostengan una economía diferente.
• La construcción de un nuevo modelo económico toma tiempo, del que no siempre se dispone en un contexto donde la oposición política y las presiones internacionales reclaman resultados antes del próximo ciclo electoral.

Foto: Portal Posconflicto - Soluciones agrícolas de las comunidades son una de las pequeñas soluciones.

Estrategias demasiado ambiciosas (y autoritarias) ante cultivos ilícitos

Para los regímenes autoritarios es más fácil erradicar los cultivos ilícitos. En el caso de la sustitución voluntaria, no están sometidos al calendario electoral, por lo que pueden tomarse el tiempo necesario para cambiar las economías de las zonas donde haya cultivos ilícitos.

Si, en cambio, optan por la erradicación, pueden usar todo un repertorio represivo para obligar a los cultivadores a abandonar la amapola o la coca; también podrían fumigar con glifosato impunemente. Por eso mismo resultan tan llamativo el hecho de que Colombia sea hoy el único país del mundo que utiliza este instrumento.

Los gobiernos colombianos, carentes de la flexibilidad de los gobiernos autoritarios para acabar con los cultivos ilícitos, han usado dos estrategias diferentes:

• Promueven esfuerzos inconsistentes y poco diligentes de sustitución voluntaria. Cuando constatan que muy pocos campesinos pasan a una economía legal, los gobiernos culpan a los grupos armados o a los mismos campesinos del fracaso de sus políticas.
• Queda la erradicación forzosa. Algunos países —la mayoría de ellos reconocidamente autoritarios— erradican de manera manual. En Colombia, las minas antipersonales que han puesto los grupos armados para impedir la erradicación han matado y herido a muchas personas. La fumigación, por su parte, presenta tantos problemas que ningún otro país la usa.

Guerra total, cuando se trata al pueblo como enemigo

Para justificar la erradicación, Colombia ha mezclado dos problemas diferentes hasta hacerlos casi indisolubles: el narcotráfico y el conflicto. Si el narcotráfico es una dimensión más del conflicto colombiano, entonces quienes participan en él se enfrentan al Estado colombiano y podrían ser tratados como enemigos, incluyendo la posibilidad de envenenarlos desde el aire. Es decir, el Estado colombiano ha decidido tratar así a los 500.000 colombianos que tienen cultivos ilícitos. La erradicación no tiene cabida en un país que vea a esos campesinos como ciudadanos.

En suma, el Gobierno ha caído en su propia trampa; en consecuencia, fracasarán sus intentos por promover la sustitución o erradicar forzosamente. Para escapar de este dilema, Bermúdez y Garzón decidieron ver los cultivos ilícitos desde otra perspectiva. Dado que sería inútil esperar una solución desde el Estado, los autores examinan algunos ejemplos muy notorios de los cientos de comunidades que han intentado abandonar los cultivos ilícitos con su propio esfuerzo.

En muchas ocasiones, han fracasado los intentos de sustitución apoyados por el gobierno nacional, a causa de su carácter jerárquico. Se dan estímulos a los campesinos para que se dediquen a cierta actividad económica; pero muchas veces no existen otras condiciones necesarias, como bienes públicos o circuitos de mercadeo para que la nueva actividad sea sostenible.

El gobierno ni siquiera ha sido capaz de crear las condiciones mínimas de seguridad para que los campesinos puedan dedicarse a otras actividades sin temor a desafiar a los grupos armados que ejercen el control local.

Foto: Portal del posconflicto - El cacao es uno de los productos que puede servir para impulsar la sustitución de la hoja de coca.

Conocimientos del territorio: «la conversación sobre lo posible»

Por su conocimiento de la situación económica y de la seguridad local, las comunidades de campesinos estarían en mejores condiciones para decidir cuáles alternativas son posibles en su territorio; del mismo modo, podrían determinar las estrategias más adecuadas para construir una economía diferente.

El catálogo de las pequeñas soluciones reúne ejemplos de comunidades que, con apoyo del Estado, agencias de cooperación y empresarios privados, han desarrollado economías distintas en lugares donde antes dominaban los cultivos ilícitos.

Los ejemplos citados son de naturaleza muy diversa: recuperación de memoria cultural, emprendimientos comerciales y de construcción de infraestructura, proyectos de conservación y de turismo, programas de investigación, cadenas de comercialización, etc. Estas experiencias revelan la imaginación y el empuje de las comunidades rurales que salen de la economía ilegal, valores a los cuales este libro hace un justo homenaje.

Los autores entienden estos proyectos como alternativas en pequeña escala a las grandes estrategias de erradicación o sustitución que han pretendido resolver el problema de los cultivos ilícitos; estas innovaciones de origen local se oponen por completo a la erradicación forzosa y reclaman unos niveles de participación mayores de los que permitían los programas de sustitución.

Una política razonable frente a los cultivos ilícitos no puede admitir la erradicación; necesita abrirse más a la participación de las comunidades rurales, que conocen de manera directa lo que puede o no funcionar en el campo. El Estado debe estar atento a las innovaciones que puedan surgir desde lo local, así como a ampliar el alcance de las más prometedoras. Aún falta una política nacional frente a los cultivos ilícitos, una política que a la vez fomente las soluciones en pequeña escala y piense en las alternativas de alcance nacional.

Bermúdez Liévano, Andrés & Garzón Vergara, Juan Carlos. (2020). El catálogo de las pequeñas soluciones. Alternativas para sustituir los cultivos de coca en Colombia. Bogotá: Fundación Ideas para la Paz & Friedrich-Ebert-Stiftung en Colombia (Fescol), 2020.

http://library.fes.de/pdf-files/bueros/kolumbien/16314.pdf

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