Castillos de arena y cárceles en el mar - Razón Pública

Castillos de arena y cárceles en el mar

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Recientemente el presidente Abelardo de la Espriella lanzó la propuesta REMAS (Reclusión Especial Marítima de Alta Seguridad) la cual consistiría en habilitar buques de la Armada como cárceles transitorias de máxima seguridad en altamar, con el propósito de aislar en condiciones extremas a 40 presos de alta peligrosidad, que se sospecha siguen ordenando extorsiones, homicidios y operaciones de narcotráfico desde las cárceles. 

Construir cárceles aterradoras, ya sea por su ubicación geográfica y/o condiciones severas de reclusión, como una manera de disuadir, castigar (y pocas veces resocializar) delincuentes, es una idea que tiene varios ejemplos tanto en la vida real como en la ficción. Repasemos algunos de ellos.

Pero antes de continuar ¿por qué revisar casos de la ficción especulativa? El sociólogo Farid Kahhat y la politóloga Gabriela Camacho en su obra Pandemias, dragones y muertos vivientes. La ciencia política en lugares insospechados, señalan que recurrir a casos de la literatura, el cine o la televisión puede ser útil, no solo como experimentos mentales contrafácticos, sino también como una estrategia que permite que conceptos, teorías y enfoques politológicos que pueden ser bastante abstractos o complejos, al aplicarlos a ciertos casos ficticios, estos ilustran explicaciones o las ejemplifican de una manera más comprensible a un público más amplio, y no simplemente al público especialista de la disciplina en cuestión. 

Como cárceles famosas y aterradoras podríamos contar el caso del Castillo de If, fortaleza convertida en prisión situada en una pequeña isla frente a la costa de Marsella en Francia, de la escapó Edmond Dantès en El conde de Montecristo; o, la mega prisión subterránea futurista de la genial Fortress (1992) de Stuart Gordon o la de su secuela (esta si, no tan buena) en la cual la acción se traslada ahora a una cárcel ubicada en una estación espacial que orbita la tierra, dónde al pobre de Christopher Lambert le toca volverse a escapar. También está la maravillosa Escape de Nueva York (1984) del gran John Carpenter, donde, en un futuro distópico, toda la isla de Manhattan es aislada y convertida en una prisión en la que los reos tienen su propia sociedad ultraviolenta. Así como estas existen muchos más ejemplos en el cine y en los comics, de cárceles subterráneas, submarinas, terrenales, insulares o interdimensionales (la zona fantasma en Superman) donde aprisionan a los villanos más peligrosos.

Pero la imaginación carcelaria del ser humano no se quedó en la tierra y su órbita, llegando incluso aún más lejos en el espacio. En la saga literaria Dune de Frank Herbert, existe un brutal planeta prisión llamado Salusa Secundus, el cual es uno de los secretos mejor guardados del Emperador del Universo conocido, Padishah Shaddam IV de la Casa de Corrino, pues, aunque algunos saben de la existencia del planeta prisión, lo que pocos saben es que de allí el Emperador recluta a sus hombres para formar las feroces tropas imperiales llamadas los Sardaukar, guerreros forjados por las crueles y violentas condiciones del planeta prisión.

Pero la realidad en ocasiones iguala, supera o convive con la ficción. Quizás los casos más conocidos en el imaginario popular de cárceles extremas son la Isla del Diablo, localizada cerca de las costas de la Guayana Francesa, que fue utilizada en la vida real como cárcel por Francia, dando origen al libro autobiográfico y posterior película Papillon (1973) donde Henri Charrière describe las inhumanas condiciones de reclusión y su posterior fuga de la prisión; o la también famosa Escape from Alcatraz (1979) donde Clint Eastwood hace el papel de Frank Morris, uno de los pocos hombres que junto con los hermanos John y Clarence Anglin, lograron fugarse en la vida real de la cárcel de Alcatraz, localizada en una isla rocosa frente a las costas de San Francisco en EE.UU.

Colombia también tuvo sus propios alcatraces, unos más conocidos que otros. Quizás el más recordado sea la cárcel de Gorgona, la cual fue una prisión de máxima seguridad ubicada en la Isla Gorgona, en el Océano Pacífico colombiano. Pero otra no tan famosa pero igual de cruel fue la temida colonia penal agrícola de la Araracuara, ubicada en medio de la selva amazónica entre los departamentos de Caquetá y Amazonas, descrita en detalle por Germán Castro Caicedo en Perdido en el Amazonas (1978) y en el reportaje Ya no hay llanto en Araracuara (1986). 

Pero qué nos dicen las ciencias sociales y los estudios jurídicos sobre lo eficaces que pueden ser las cárceles extremas a la hora de reducir la criminalidad. El experto en políticas públicas Mark A. R. Kleiman en su libro Cuando la fuerza bruta fracasa: Cómo lograr que haya menos crimen y menos castigo, demuestra que la encarcelación masiva por periodos muy largos y la fuerza bruta ya no son estrategias viables para controlar el crimen en la actualidad, mientras que alternativas como la rapidez y la certeza del castigo en vez de severidad aleatoria o concentrar los recursos para hacer cumplir las leyes en lugar de dispersarlos, pueden tener mejores resultados. También señala que las políticas de “cero tolerancia” aunque parecen fuertes en el discurso, no tienen mucho sentido, dado que siempre existen más delitos que capacidad punitiva estatal. 

Ya el presidente construyó su castillo en la arenosa, ahora desea construir cárceles en el mar. Las propuestas de mano dura y megacárceles extremas a la Bukele pueden parecer en una primera impresión políticas contundentes para disuadir a los criminales, pero, como evidencian no solo la ficción especulativa sino también la realidad social, no son tan eficaces como aparentan (o pregúntese amigable lector porqué cerraron los alcatraces y las gorgonas del pasado). Aunque el llevar presos a altamar de manera transitoria ya lo hemos hecho antes con algunos exparas, antes de pensar en cárceles exóticas, deberíamos estar diseñando propuestas para combatir el hacinamiento en las prisiones garantizando la dignidad humana de los prisioneros, y, a través de una amplia y profunda deliberación ciudadana, ser muy creativos a la hora de repensarnos los procesos de resocialización y la justicia restaurativa en el siglo XXI, no con propuestas que parecen más sacadas del siglo XIX o de tenebrosos futuros distópicos.

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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