El Carnaval de Negros y Blancos en el país del sur
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El Carnaval de Negros y Blancos en el país del sur

Escrito por Jaime Acosta

En una región donde impera el olvido estatal tiene lugar un carnaval de fama internacional. ¿Por qué el Carnaval de Negros y Blancos es un ejemplo de arte, cultura y desarrollo?

Jaime Acosta Puertas*

Una cultura por el cambio

He participado una decena de veces en el Carnaval de Negros y Blancos. Por eso tengo una visión de sus transformaciones; una perspectiva de lo que representa para la economía de Pasto, su transformación urbana y como forma de expresión política y cultural de cambio.

Los carnavales van unidos a la vida de quienes nacieron en el país del sur de Colombia. Por eso es fácil recordar cómo hace sesenta años se jugaba el cinco de enero, día de los negros, con cosméticos importados; y el seis de enero, día de los blancos, con polvos (talcos de marca), y se adornaba el juego con serpentinas de papel de todos los colores.

En esta celebración la ciudad converge en la senda del carnaval, el lugar donde ocurren los grandes desfiles y donde se congregan los ciudadanos del sur, centro y norte de la ciudad.

Allí el 31 de diciembre desfilan los años viejos, el dos de enero el Carnavalito de los niños que años más tarde harán el Carnaval de los adultos, el tres de enero los espectaculares Colectivos Coreográficos del Canto a la Tierra, el cuatro de enero la familia Castañeda (que intenta permanecer pero que ya no puede más), y el seis de enero el Desfile Magno del Carnaval que cierra con las monumentales carrozas.

Sin embargo, todo empieza el 28 de diciembre con la fiesta del Arco Iris en el Asfalto, cuando la gente con tiza en mano se arrodilla sobre el pavimento de uno de los barrios tradicionales de la ciudad (El Colorado) para dibujar y pintar, desde niños que a duras penas se sostienen en pie por su corta edad, hasta personas mayores. Todos son los artistas en el asfalto.

El Carnaval es centro de la vida artística y cultural de la ciudad y de los municipios del corredor andino del departamento de Nariño.

No obstante, aún falta explorar su articulación con las fiestas del Pacífico. Si eso llega a ocurrir, los carnavales de Blancos y Negros y la Fiesta del Fuego en Tumaco se jugarán en todos los rincones del país del sur, como ocurre en Brasil. No se trata de que el Carnaval de Pasto sea el Carnaval del Pacífico. Serían dos carnavales de dos culturas, con un núcleo principal: el carnaval de la ciudad sorpresa.

El Carnaval ha cumplido cien años (nació en 1927) como los Cien Años de Soledad de Colombia, el país del norte, y los doscientos años de soledad del país del sur.

La fiesta de Blancos y Negros vivirá otros cien años, porque las transformaciones que ha tenido son enormes y continuas. Se ha consolidado y ha evolucionado más que el conjunto del departamento en otros campos.

El Carnaval viaja por encima de la dirigencia de su territorio, porque la fuerza de su gente, artesanos, artistas y gestores culturales así lo ha querido: volar sin límites para vivir en el país del sur, el país de todos los verdes de Aurelio Arturo, de Los Ejércitos de Evelio José Rosero, y de Faustino Arias, compositor de Noches de Bocagrande, letra inspirada en una isla cerca a Tumaco.

Un patrimonio de la humanidad

Corpocarnaval es un ente público encargado de acompañar y orientar la preparación y desarrollo del Carnaval. Desde el 2009, el Carnaval es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, al igual que el Carnaval de Barranquilla.

La soledad del sur está contribuyendo al conflicto interno en Ecuador. Sin embargo, el Carnaval es la muestra de lo que significa un proceso de desarrollo endógeno desde la cultura, la fiesta colectiva y la creatividad.

Especialmente asombran dos eventos: los colectivos coreográficos del Canto a la Tierra, grupos de aproximadamente doscientas personas; y la evolución de las carrozas del seis de enero por su tamaño, cantidad y arte popular. La fuerza y creatividad de estos dos componentes principales seguramente son los que llevaron a la Unesco a darle la más alta distinción internacional.

La música motiva y le da fuerza e identidad al Carnaval. Si bien en los comienzos los instrumentos de viento y de cuerda eran la base, ahora los tambores con sus innovaciones propias son los que marcan el ritmo de los desfiles.

La fiesta comienza con el primer golpe de los tambores. Así ocurre en el día de los colectivos, en el día de las carrozas, y en el Carnavalito de los niños, tal cual los tambores que inician las marchas en la protesta social, en los desfiles militares, o en las batucadas que son percusión.

La fiesta del carnaval no es algo que se produce como caído del cielo, ni su evolución positiva sucede de manera permanente. Son procesos que tienen sus altos y sus bajos porque el aprendizaje y la creatividad son un proceso con caídas y con disrupciones culturales y creativas.

A comienzo de este siglo, hace 24 años, año 2000, el Carnaval sufría una inflexión. Bajo el liderazgo de Leonardo Sansón Guerrero, quien estuvo hasta 2008, el Carnaval volvió a levantar vuelo. Para ello, se desarrolló un estudio que identificó las condiciones en las que estaba la ciudad ante el carnaval. De ahí emergieron decisiones para algunas acciones estructurales:

  • Se establecieron parámetros de calidad (efecto que perdura);
  • Se adelantó un proyecto taller en el cual se construyeron las bases conceptuales y operativas y se determinaron las condiciones para cohesionar y consolidar la perdurabilidad del carnaval;
  • Muchos de los hijos, amigos o parientes actores de los artesanos del carnaval, sobre todo de las carrozas, se vincularon a la Facultad de Artes de la Universidad de Nariño.

En este contexto de reflexión y de cualificación nació Corpocarnaval. A mediados de la primera década de este siglo, se incorporaron los colectivos del Canto a la Tierra, y se definió que el tres de enero sería su día en la gran fiesta.

Foto: Turismo Pasto - El Carnaval no debe sujetarse a los errores del urbanismo, por ejemplo, la ubicación de La Plaza del Carnaval en un entorno deteriorado.

El Carnaval del país del sur

Con el reconocimiento de la Unesco, los carnavales deben cumplir unos requisitos de identidad y calidad, que además de sostenerse, deben alimentar un mejoramiento continuo.

Por eso, al participar en el carnaval del año 2020, la fiesta del Arco Iris en el Asfalto, la evolución de los Años Viejos, el día del Canto a la Tierra, y el día del Desfile Magno noté un enorme salto cualitativo.

Nada igual puede emerger en Colombia, el país del norte, ni en los países de más al sur. Porque los Carnavales son un grito de libertad. Un grito de rebeldía de las comunidades afrodescendientes por lo cual existe el día de los negros en el carnaval.

Sin embargo, en la realidad no es aún un día de los negros porque la integración entre el territorio andino y el Pacífico aún no sucede. La Fiesta del Fuego en Tumaco, que debería tener un espacio en el día de los negros, todavía no lo tiene, aunque hace unos quince años emergió el Palenque Lúdico.

El Palenque Lúdico tenía como objetivo que la gente se desplazara desde cuatro comunas a la Plaza del Carnaval bajo un determinado trabajo comunitario, con el fin, entre otros, de rescatar el gesto delicado de “una pintica por favor” que caracterizó por muchos años el juego del cinco de enero, el día de los negros.

Con el actual gobernador sería posible renovar el vigor de la fiesta del cinco a través de una presencia más fuerte del Pacífico en el Carnaval.

El sur es un territorio mal conectado con el resto de Colombia: sus aeropuertos tienen limitaciones, la carretera de Popayán a Pasto transcurre por los bordes de un precipicio de una falla geológica interminable. Lo mismo ocurre con la vía Pasto-Mocoa, que avanza metro a metro que se convierten en años y en décadas que parecen siglos. El desarrollo para la integración portuaria por el Océano Pacífico, es precaria. La integración física con Ecuador tiene una magnífica doble calzada de Pasto a Guayaquil (pero no de Pasto a Popayán) pasando por Quito, que es aprovechada para el comercio legal e ilegal pero no para otras dinámicas de desarrollo.

La invasión del narcotráfico al Ecuador ocurre por la movilidad del narcotráfico y sobre todo por la porosidad de la frontera con el Ecuador teniendo en cuenta que en Nariño y Putumayo está la mayor concentración de producción de hoja de coca del mundo.  La soledad del sur está contribuyendo al conflicto interno en Ecuador. Sin embargo, el Carnaval es la muestra de cómo se desata y construye un proceso de desarrollo endógeno desde la cultura, la fiesta colectiva y la creatividad, cuando otros factores del cambio productivo y tecnológico son incipientes o ausentes.

Economía, urbanismo y cultura

Durante todo el año una sociedad se prepara para la fiesta del año siguiente. Son cientos de artesanos, decenas de directores, de artistas, de creativos, de diseñadores y confeccionistas.

en la realidad no es aún un día de los negros porque la integración entre el territorio andino y el Pacífico aún no sucede. La Fiesta del Fuego en Tumaco, que debería tener un espacio en el día de los negros, todavía no lo tiene

Son más de tres mil los miembros de los colectivos coreográficos, son miles los vendedores ambulantes que venden carioca, camisetas, sombreros, gorras, ponchos, gafas, tapabocas, cerveza, los polvos con los que juega la gente y que dejan blancas las calles de la ciudad desde el tres de enero.

Los hoteles se llenan. Los vuelos llegan repletos de turistas y de nacidos en la tierra que vienen a jugar sus carnavales. Los grupos musicales locales y de otros lugares se preparan para los conciertos del Carnaval y los talleres de confección del vestuario trabajan para todos los desfiles.

Existe una economía popular en torno a la cultura, que es una fuente de nuevos emprendimientos y de organización de la producción y la comercialización. Las industrias culturales y creativas, cuando se adelante la reindustrialización desde las regiones, deben incorporar actividades cuya ventaja competitiva y creciente productividad esté determinada por la innovación, la creatividad y la fiesta colectiva.

El parque taller de los artesanos del Carnaval es un proyecto necesario y urgente porque se crearían condiciones para construir una potente aglomeración de actividades en torno al arte y la cultura de los carnavales de Blancos y Negros. Sería un referente urbano único para el arte y la cultura. En esta línea, el museo del carnaval debe ser otro reto de la ciudad. La actual infraestructura es insuficiente. Parque Taller y Nuevo Museo del Carnaval sería un colosal proyecto que debe tener financiación nacional, internacional y local, pública y privada.

Finalmente, el Carnaval no debe sujetarse a los errores del urbanismo. La Plaza del Carnaval está en el centro de un entorno deteriorado y hay calles por las cuales las carrozas a duras penas caben. Se debe pensar un urbanismo que obedezca al  Carnaval y no que el Carnaval se adapte a un urbanismo que no es bueno para la ciudad, solo para los constructores. Por ejemplo, si quienes pensaron la calle 27 hubieran pensado en la senda del Carnaval, otro hubiera sido su diseño.

En el Carnaval del 2024 no hubo un muerto, y no es la primera vez que ocurre, porque la gente entiende que son días de fiesta, de libertad y de revolución pacífica basada en la cultura y la alegría.

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1 Comentario

Samson Wiza enero 17, 2024 - 12:30 pm

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