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Carlos Pizarro: un compromiso con la memoria histórica

Escrito por Álvaro Villarraga
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Alvaro VillarragaA 25 años del asesinato de Carlos Pizarro, se recuerda su historia al mando del M19 y su decisión de guiar al grupo guerrillero hacia un exitoso proceso de paz. Su historia es también un llamado para que el Estado no olvide cumplir sus compromisos de paz. 

Álvaro Villarraga Sarmiento*

Deber de memoria

Entre las guerras y la violencia política en Colombia hemos perdido a los más importantes líderes del país. Ocurrió en la Independencia con los patriotas que combatieron el terror de la reconquista española entre 1815 y 1816.

Sucedió con la derrota del radicalismo y la pérdida de muchos de sus dirigentes en la guerra civil de 1885 que derogó la constitución progresista de 1863 e impuso la constitución regresiva de 1886 (que se perpetuó hasta 1991). Y sucedió con la pérdida de miles de líderes sociales con la llamada “guerra sucia”, entre los años 1980 y 1990.

En este grupo de líderes exterminados se destacan Carlos Pizarro León-Gómez, Carlos Toledo, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Óscar William Calvo, Luis Carlos Galán, Héctor Abad Gómez, entre miles de liderazgos que cayeron en medio de un conflicto que dejó más de dos centenares de miles de víctimas fatales y de más de seis millones de víctimas de graves violaciones a los derechos humanos.

Hoy se reclama con justeza el reconocimiento de la dignidad de todos ellos y se recuerdan sus demandas sociales a través de esfuerzos institucionales para recuperar la memoria histórica de lo sucedido, superar el predominio de la impunidad y conseguir medidas efectivas para que este tipo de situaciones no se repitan en el futuro.

Inhumación del cuerpo de Carlos Pizarro en el Cementerio Central de Bogotá.
Inhumación del cuerpo de Carlos Pizarro en el Cementerio Central de Bogotá.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

El comandante Pizarro

El caso de Carlos Pizarro, asesinado hace 25 años, aunque emblemático, es una manifestación más de la existencia de una acción delictiva masiva y sistemática que cometió delitos de lesa humanidad, con responsabilidad estatal y la participación de grupos irregulares, durante las últimas décadas.

La importancia de Carlos Pizarro estriba en haber sido el líder del primer pacto de paz efectivo entre el gobierno y las guerrillas en el curso del actual conflicto. Después sería el candidato presidencial de una amplia convergencia política y social de izquierda: la AD M19 (Alianza Democrática,  M19), en la que participaban parte de la Unión Patriótica, el Frente Democrático, el Frente Popular, el Partido Socialdemócrata, el Socialismo Democrático, Colombia Unida, Unidad y Democracia y otros movimientos políticos regionales.El caso de Carlos Pizarro, asesinado hace 25 años, aunque emblemático, es una manifestación más de la existencia de una acción delictiva masiva y sistemática que cometió delitos de lesa humanidad, con responsabilidad estatal y la participación de grupos irregulares, durante las últimas décadas.

Fue justamente después de la experiencia del M19 que otras guerrillas pactaron la paz (EPL, PRT y MAQL) en la coyuntura de la convocatoria y realización de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

La importancia de Carlos Pizarro estriba en haber sido el líder del primer pacto de paz efectivo entre el gobierno y las guerrillas

Adicionalmente, Pizarro fue un personaje que asumió la ruptura y afrontó complejos procesos: cuestionó la guerra desde su posición de comandante militar y tomó la decisión estratégica y definitiva de la paz.

Carlos Pizarro provenía de una familia reconocida y con recursos. Su padre fue el vicealmirante Juan Antonio Pizarro, comandante general de las Fuerzas Militares.

Su vinculación a la guerrilla fue de los casos excepcionales en que un estudiante proveniente de una universidad privada se inscribe en la subversión. Como estudiante de la Pontificia Universidad Javeriana hizo parte de un colectivo de izquierda que promovió protestas que llevaron a varias expulsiones y al cierre de los programas en Derecho y Sociología.

Pizarro tenía un estrecho vínculo con sus hermanos mayores, Juan Antonio y Eduardo, militantes comunistas, lo que lo llevó desde muy joven a hacer parte de la Juventud Comunista (Juco). Expulsado de la Javeriana, ingresó a la Universidad Nacional, donde proliferaba el activismo de izquierda. Finalmente, abandonó los estudios y se vinculó a las FARC en 1972.

Estuvo con las FARC en El Pato, entre Huila y Caquetá. Sin embargo, por desacuerdos con los dirigentes se retiró con Jaime Bateman, y con un sector del grupo político Anapo y varios exmilitantes de agrupaciones insurgentes fundó el M19.

Después de una propaganda inicial en Bogotá, el M19 incursionó en algunas regiones y se transladó a Santander. Allí, tras un combate Pizarro fue capturado y torturado por el Ejército en 1979, y después trasladado a la penitenciaría La Picota en Bogotá. Recuperó la libertad con la Ley 35 de amnistía de 1982, expedida por el gobierno de Belisario Betancur durante el proceso de paz que condujo a pactos de tregua bilateral en 1984 con las FARC, el EPL y el M19.

Pizarro firmó la tregua, pero tras romperse esta en 1985 comandó intensos combates en Yarumales ante el asedio del Ejército. El M19 consideró entonces que había condiciones para una insurrección y por ello emprendió la campaña Paso de Vencedores y conformó el Batallón América con una fuerza guerrillera importante.

El grupo llegó entonces hasta las goteras de Cali y avanzó del Valle al Tolima en medio de intensos combates con el Ejército. Pero los costos fueron altos y el M19 terminó debilitado y replegado en el Cauca.

El camino a la paz

En 1988, cuando Pizarro era comandante general tras las muertes de Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad, el M19 entró en crisis. Por propuesta suya el grupo guerrillero dio otro giro estratégico con la consigna “paz a la nación y guerra a la oligarquía”. Declaró entonces la tregua a la Fuerza Pública y tomó como rehén al dirigente conservador Álvaro Gómez.

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB) se había fortalecido, las FARC, el EPL y el ELN ampliaban sus frentes regionales y las cuatro guerrillas realizaban acciones conjuntas. A pesar de tener diferencias entre ellas, plantearon en conjunto la solución política y enviaron una carta al gobierno solicitando al presidente Virgilio Barco el diálogo directo.

Ya habían surgido iniciativas regionales y nacionales de diálogos de paz con la Comisión de Convivencia Democrática y con la Comisión de Notables, la cual intermedió entre el gobierno y todas las guerrillas. Aunque el ELN no compartía la idea de los diálogos de paz, aceptó que estos se hicieran a través de la CGSB, a condición de incluir un acuerdo de humanización.

Sin embargo, Pizarro adoptó una decisión muy controvertida en su momento: marginar al M19 de la CGSB e iniciar de inmediato una negociación independiente con el gobierno. Para ello argumentó desconfianza en que se consiguieran acuerdos al respecto entre las guerrillas, así como el rechazo ciudadano al desborde de violencias y el paso a la política como salida a la crisis del propio M19.

Inicialmente Antonio Navarro y la comisión internacional discreparon de esta decisión, pero al retornar al país se sumaron a la propuesta. El M19 aprovechó entonces la liberación de Álvaro Gómez, en 1989, como trampolín para desarrollar sus acuerdos de paz con el gobierno.

Pizarro se refirió a tal retención como “la oportunidad de diálogo que no se dio con la toma del Palacio de Justicia”, de forma que nunca reconoció que las dos acciones fueron violaciones graves al derecho internacional humanitario. Por el contrario, siempre las reivindicó y limitó su crítica a las violaciones por parte del Ejército en la retoma del Palacio.

El M19 pasó a la legalidad y como parte de la AD M19 se sumó a los estudiantes y demás sectores que pedían la Constituyente de 1991. El EPL, que la había propuesto desde la tregua de 1984, se dispuso al entendimiento de paz definitivo, junto con el Movimiento Armado Quintín Lame del Cauca y el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Es preciso reconocer a Carlos Pizarro como víctima, pues fue asesinado en indefensión cuando cumplía el compromiso de paz.

Las FARC rechazaron estos entendimientos al momento hacia una negociación de paz definitiva, de manera que la CGSB terminó reducida a las FARC y al ELN. Por eso, en ese momento no resultó viable una resolución grupal del conflicto armado.

Memoria de una víctima

Uno de los fundadores del M-19, Jaime Bateman Cayón.
Uno de los fundadores del M-19, Jaime Bateman Cayón.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Es preciso reconocer a Carlos Pizarro como víctima, pues fue asesinado en indefensión cuando cumplía el compromiso de paz. Al Estado le correspondía brindarle la protección reforzada que para la población amnistiada exigen las normas nacionales e internacionales.

Por el contrario, aunque la Policía y el DAS se apresuraron a señalar la supuesta responsabilidad del narcotráfico y se dieron capturas arbitrarias para desviar la investigación, los hechos muestran que hubo una relación entre el sicario y varios organismos de seguridad del país. El caso permanece en la impunidad, pero al menos se logró que no prescribiera al ser reconocido como crimen de lesa humanidad.

En la actualidad, su hija, María José Pizarro, lidera el rescate de su memoria y el fortalecimiento de la acción judicial desde la mirada de una generación que toma distancia del pasado pero hace un esfuerzo de dignificación que pone de presente el amor, el respeto y la comprensión de su padre.

Más allá de sus aciertos y equivocaciones, de sus afectos y desafectos, Carlos Pizarro fue uno de los valiosos personajes históricos que nunca debimos perder. Su muerte fue uno de los más sentidos y costosos daños de esta guerra degradada. Quienes lo conocimos damos fe de su convicción, entrega, inteligencia y liderazgo, no exento de visos de sectarismo propios de la época.

 

* Directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica.

 

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