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Cancún: una cumbre rentable

Escrito por Laura Gil

laura gilNadie esperaba que de esta reunión saliera nada, y sin embargo de ahí salió el comienzo de una negociación entre Colombia y Venezuela.

Laura Gil*

Todo estaba listo para que la Cumbre de Cancún, una reunión conjunta del Grupo de Río y de América Latina y el Caribe para discutir la integración y el desarrollo, se convirtiera en una aburrida reunión más. 

Dentro de la tradición latinoamericana, se esperaba una congregación con foto (el infaltable retrato de los jefes de Estado sonrientes en las escaleras de algún edificio histórico), condenas a Estados Unidos (la culpa siempre es de los demás) y promesas utópicas de mayor integración, concertación y consenso (¿y por qué no una moneda común?). Así lo sugería el borrador de una inocua declaración que cubría desde una nueva arquitectura financiera hasta el manejo de las migraciones, pasando por la profundización del comercio y la solución a la crisis energética.

A pesar de las diferencias ideológicas y hasta la ausencia de un miembro de la región (Honduras), los mandatarios tuvieron el descaro de llamar a este encuentro la "Cumbre de la Unidad". No podrían haber elegido peor título para describir a un continente que, hace rato ya, decidió supeditar los avances de la integración a la ideología.

Pero el álgido altercado entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez salvó la Cumbre. "Sea un varón", le dijo el Presidente colombiano al teniente coronel. Y este desafío logró lo que Colombia venía buscando desde meses atrás. Ni Brasil, ni Cuba, ni España habían logrado que Venezuela aceptara una mediación. Los cubanos, que tanto ascendiente tienen en el gobierno venezolano, era ignorados y, a los españoles, el Presidente Chávez ni siquiera les pasaba al teléfono.  

Un cara a cara entre los presidentes lo consiguió. Argentina, Brasil, Chile, México y República Dominicana instituyeron un grupo de países amigos. Vale la pena recordar que también la oferta de mediación del presidente dominicano Leonel Fernández había sido ignorada por Caracas.

Con el uso y abuso de las cumbres presidenciales, tan común en América Latina, quienes tienen más para ganar son los países, como Colombia y Venezuela, cuyas relaciones exteriores están más "presidencializadas". En Santo Domingo, a pocos días del bombardeo del campamento de "Raúl Reyes", la conversación directa entre Uribe, Chávez y Ortega evitó el rompimiento de las relaciones. 

Como resultado de Cancún, llegó de Venezuela una oferta de diálogo y, enseguida, el Canciller Bermúdez ripostó con una invitación a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, para el inicio de las negociaciones. Es que, más allá de los gustos y disgustos de Chávez, Venezuela tiene mucho para ganar si concreta la compra de energía colombiana que, hábilmente, propuso el gobierno colombiano.

De aquí en adelante, la institucionalización del diálogo constituye un requisito fundamental. Así lo demostró la negociación con Ecuador. Correa y Uribe difícilmente serán amigos: no habrá imagen de abrazos que reemplace la mirada de odio de Correa aquel día en Santo Domingo. No obstante, con paciencia y persistencia, ecuatorianos y colombianos han logrado acuerdos de fondo sobre la frontera.   

Uribe le recriminó el embargo comercial a Chávez y este último hizo lo mismo con la presencia de paramilitares colombianos en territorio venezolano.  Se atrevió incluso a afirmar que pretendían asesinarlo por orden del gobierno colombiano. 

Desde Bogotá se ridiculiza la preocupación de Chávez y se la excluye como un tema serio de una agenda de negociación. Se le atribuye a la excesiva personalización de la relación bilateral y hasta la posible demencia del mandatario venezolano… pero no. Tanto Uribe como Chávez se encontraban defendiendo intereses nacionales tal y como son identificados desde sus países. ¿Cómo no sería un interés nacional de un Estado la supervivencia de su jefe máximo?

No se trata de reconocer la acusación de Chávez como veraz pero, si se quiere avanzar en la normalización de las relaciones, se debe reconocer la ansiedad de Chávez como un factor real de perturbación que es necesario neutralizar. Y eso sólo se puede hacer si es posible dialogar sin la negación de antemano. Además, la pregunta es obvia: si la guerrilla está en condiciones de utilizar territorio de Venezuela y Ecuador, ¿por qué no podrían hacerlo los paramilitares? Si Colombia aspira a poner sobre la mesa la internacionalización del conflicto, debe estar dispuesta a encarar todas sus facetas.

El Presidente Uribe hizo lo que hace mejor -confrontar- y sacó a la situación colombo-venezolana del impasse. Ahora toca dejar que la Cancillería y las instancias bilaterales entren en acción. Si se lo dejamos a los presidentes, no podrá haber reanudación de relaciones.

* Politóloga e internacionalista uruguaya residenciada en Bogotá. Es articulista del diario El Tiempo. Ha sido observadora de DD.HH. de la ONU y de la OEA. Y profesora de la Academia Diplomática San Carlos de Colombia.

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