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Cali: modernidad, desorden y autoritarismo

Escrito por Boris Salazar
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Boris_SalazarUna ciudad grande con unos dirigentes de mente pequeña. El caos del transporte colectivo en estos días es otra prueba apenas de aquel viejo problema.

Boris Salazar *

Falsa sensación de autoridad

El viernes 1º de septiembre de 2012, a plena luz del día, una patrulla motorizada de la Policía Metropolitana de Cali fue atacada, al suroeste de la ciudad, por una carga de explosivos activada a distancia desde un cerro vecino. Cuando refuerzos de la policía inspeccionaban el lugar, junto con algunos reporteros, otra carga fue activada hiriendo a varios agentes y a un reportero gráfico.

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Guerrero aseguró que el diseño del sistema caleño es tan especial que puede cubrir la ciudad entera sin ningún problema una vez que el número de buses alcance el total previsto. Foto: Alcalde de Cali.

La respuesta del comandante de la Policía fue impresionante, tanto por su inmediatez como por su dominio de lo que habría ocurrido: dijo que la acción era una retaliación de los criminales contra la Policía por las captura de varios miembros del hasta ese momento desconocido “Parche de Zuley”, comprometidos en el atentado contra el ex ministro Fernando Londoño, de acuerdo con informes de inteligencia.

Lo más sorprendente de la versión oficial era la celeridad, dominio informativo, y eficiencia logística de los criminales, que habrían planeado y ejecutado un ataque con explosivos contra una patrulla armada de la Policía en sólo dos días.

Más sorprendente aún era la segunda parte de la hipótesis del general Castañeda: el ataque no lo habría llevado a cabo el maltrecho “Parche de Zuley”, sino una oficina de cobro cuyo centro de operaciones serían los barrios Nápoles y Caldas, vecinos del lugar de los hechos.

No resulta fácil imaginar tal grado de coordinación y de eficiencia logística en bandas de criminales a sueldo, con bases de operación tan lejanas: el Parche de Zuley en el Oriente, y la supuesta banda de Nápoles en el Sur de la ciudad.

¿Cómo es posible tan extraña combinación de desorden extremo (una patrulla atacada a plena luz del día en un barrio residencial), conocimiento casi perfecto de las autoridades de los modos de actuación y de la identidad de los criminales, y la increíble efectividad de las oficinas de cobro para recolectar información, coordinar y ejecutar una acción terrorista en sólo dos días?

Pero más sorprendente aún es que con tanta información y conocimiento no haya todavía ninguna captura, ni tampoco ningún resultado de las investigaciones realizadas por las autoridades.

El MIO: un orden ambiguo

Esta anécdota refleja, en forma extrema, la ambigüedad que caracteriza el estado del gobierno de Cali. Por un lado, los ciudadanos tenemos la impresión de contar con unas autoridades que parecen saberlo todo, poseer un control absoluto de la información relevante y tener en sus manos los mejores planes posibles para gobernar la ciudad.

Del otro lado, los ciudadanos sufren todos los días un desorden de tal magnitud que la ciudad no parecería contar con un gobierno enterado de lo que está ocurriendo ni tener la menor idea de lo que debería hacer para cambiar la situación.

El desorden ha aparecido ahora en una dimensión clave de la vida de la ciudad: el transporte público y la movilidad de los ciudadanos. En la última semana la duración promedio de los viajes de los caleños se multiplicó por dos y tres veces, hasta llegar en ciertos casos a ajustar las dos horas y media. Las pérdidas de tiempo, de productividad, de bienestar y de cohesión social no han sido medidas todavía, pero son sin duda muy altas.

Las razones son múltiples y van desde factores estructurales hasta la ausencia de planes concretos para resolver problemas previsibles, pasando por el uso de la autoridad como único recurso para resolver conflictos profundos.

A diferencia de otras ciudades del país y del mundo, dicen sus autoridades, Cali ha desarrollado un sistema de trasporte masivo (MIO) tan completo y universal que excluiría las demás modalidades de transporte público, salvo los taxis y los vehículos que comunican la zona plana con las laderas.

Algo extraordinario, si tenemos en cuenta que no hay ninguna ciudad del mundo, que pase de los dos millones de habitantes, que pueda funcionar con una sola modalidad de transporte masivo.

De paso, es necesario reconocer que efectivamente el MIO ha mejorado en forma considerable la movilidad, ha disminuido la contaminación ambiental, y ha aumentado el bienestar de todos. Ni su crecimiento ni su existencia están en discusión. Lo que está en juego es si hace o no parte de un sistema de transporte público multimodal

Un costoso experimento real

En estos días de agitación, el alcalde Guerrero aseguró que el diseño del sistema caleño es tan especial que puede cubrir la ciudad entera sin ningún problema una vez que el número de buses integrados al sistema alcance el total previsto.

Boris_Salazar_Cali_ciudadanosEl desorden ha aparecido ahora en una dimensión clave de la vida de la ciudad: el transporte público y la movilidad de los ciudadanos. Foto: Alcalde de Cali.

Pero el mismo ejercicio de la autoridad, de que tanto gusta esta administración, y las acciones de grupos de propietarios y choferes de buses del antiguo sistema de transporte urbano precipitaron un experimento real que puso en duda las afirmaciones del alcalde.

El lunes 1º de octubre se cumplió el plazo para que un cierto número de los buses del antiguo sistema saliera de circulación. Los representantes de los transportadores y el gobierno municipal habían estado negociando, con resultados ambiguos y con tensiones que habían llevado a desórdenes y enfrentamientos un mes antes. El gobierno decidió que una parte de los buses podría seguir trabajando mientras todos los buses del sistema integrado de transporte eran incorporados al servicio.

Pero los transportadores decidieron hacer paro y retirar del servicio sus buses. Al mismo tiempo, las autoridades de tránsito sacaban de circulación los buses que no contaban con la licencia al día. El resultado fue un inesperado experimento a escala total: el MIO, o sistema integrado de transporte, quedó de veras como el único medio de transporte masivo de la ciudad.

Los resultados no dejaron duda: el sistema colapsó rápidamente ante la demanda desbordada, los bloqueos de los manifestantes en ciertas intersecciones y los ataques contra los buses del MIO.

Y colapsó también porque el trazado de la red del sistema no tuvo en cuenta que la mayor parte de la demanda venía desde el Oriente hacia el Centro, el Sur y el Occidente de la ciudad: se ha dejado para el futuro el trazado y la construcción de las troncales, las estaciones y las rutas de buses alimentadores que cubrirán la zona más populosa, pobre y sin servicios, lejana de la ciudad central y rica, ya interconectada por la troncal que va desde la estación de Universidades, en el extremo sur, y la Torre de Cali, en el centro-norte.

Al mismo tiempo la demanda por servicios de transporte ilegales subió en forma espectacular. Taxis piratas, moto–taxis, taxis legales actuando como colectivos, y vehículos de todo tipo fueron utilizados por los caleños para realizar los viajes originados, sobre todo, en el Oriente de la ciudad y en las zonas de ladera.

La autoridad que tan a menudo ha ejercido el secretario de tránsito no funcionó esta vez. Como medidas de choque levantaron la restricción del pico y placa –aumentando el número de vehículos sobre las vías, y bajando la velocidad promedio de por sí bastante baja— y volvieron gratuito el transporte en los alimentadores. Los resultados obvios fueron menor velocidad y mayor desorden.

En realidad, tanto los transportadores como la administración actuaron como si el momento de la salida de los buses antiguos nunca fuera a ocurrir. Creyeron en un futuro distante que, de pronto, apareció ante sus ojos y los llevó al enfrentamiento y al uso improvisado de medidas de choque.

Sorprende, incluso, que una administración que se enorgullece de su capacidad técnica, ni siquiera se haya preocupado por diseñar los mecanismos de mercado necesarios para fijar los precios de salida (o de compra) de los buses.

Una gran ciudad para mentes pequeñas

Pero más allá de esta coordinación al revés, lo que subyace a esta oleada de desorden es la ausencia de una visión integrada de ciudad. En los últimos veinte años, Cali no ha contado con una visión de su futuro urbanístico. Cada alcalde ha intentado atacar el presupuesto, o ayudar a unos amigos, o pasar a la historia, o transferir sus votos a una futura alianza, o hacer grandes obras sin plan, o todas las anteriores, o sólo algunas.

Boris_Salazar_Cali_mioEl MIO ha mejorado en forma considerable la movilidad, ha disminuido la contaminación ambiental, y ha aumentado el bienestar de todos. Foto: Alcaldía de Cali

En muchas ocasiones, urbanistas, arquitectos y simples ciudadanos han sugerido modalidades alternativas de transporte público — incluida la del tren ligero aprovechando los rieles y el trazado del antiguo ferrocarril — pero nadie los ha tomado en serio. Ni la ciudad, ni sus dirigentes, ni sus alcaldes.

Como no ha habido una visión de ciudad, lo que hoy tenemos es el resultado del diseño rentista, excluyente y autoritario que han compartido, con sus matices, las alianzas que se han turnado en el poder en los últimos años.

En esta semana los habitantes de la franja central de Cali vivieron lo que viven todos los días los habitantes del Oriente y de las laderas. Debimos entender la fragilidad de la vida y del orden en una ciudad construida sobre la base de intereses privados, con una visión distorsionada de lo público.

Al contrario de lo que plantean las autoridades y algunos expertos, los problemas de Cali no están ni el Oriente ni en las laderas, sino en las élites del Centro rico, que no han podido superar sus pequeños intereses privados, y construir por fin una ciudad de todos y para todos.

* Escritor, profesor del departamento de Economía de la Universidad del Valle. Su último libro, escrito con María del Pilar Castillo, es ¿A dónde ir? Un análisis del desplazamiento forzado. 

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