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Calendarios múltiples de gobierno

Escrito por César González

César gonzalez

La capacidad de liderazgo del presidente y su gabinete debe ponerse a prueba para tramitar debates, para buscar consensos mínimos, para construir el ambiente que acompañe, en una perspectiva de mediano y largo plazo, la prosperidad de la comunidad colombiana.

Cesar González Muñoz *

En su obra póstuma, “Poder y Prosperidad”, el economista Mancur Olson reitera que el ciudadano del común, el “votante típico” es racionalmente ignorante de los asuntos públicos. Ello quiere decir que el ciudadano promedio no encuentra incentivos para estudiar los arreglos institucionales y las acciones del Estado que estimulan o bloquean la prosperidad colectiva. Las masas no perciben el beneficio neto de estudiar las opciones de política pública. Para millones de colombianos, este ejercicio es imposible en todo caso: Ni el rebusque ni el analfabetismo funcional lo permiten. En Colombia a la ignorancia racional hay que añadirle, en grandes dosis, la ceguera que viene con la pobreza, la miseria y la exclusión.

La ciudadanía no es tonta, dice Olson, pero con alta frecuencia escoge ignorar los temas claves de la gestión colectiva y por ello suele caer víctima de la Dialéctica de la Yuca, de la depredación populista, de grupos de interés particular, de líderes mesiánicos que le hacen daño a la democracia liberal, factor clave de la prosperidad social.

Santos y los estrategas del próximo gobierno tendrán que vérselas con esta realidad. La gente quiere tener más oportunidades de empleo, quiere que los servicios de salud mejoren y que no siga la amenaza de su colapso. A los millones de desplazados por la violencia les urge que el Estado deje de sacarle el bulto a sus responsabilidades de protección, reparación y restitución de derechos y patrimonios. Los moradores urbanos observan crecientes amenazas a su seguridad. Los viejos quieren saber si tendrán alguna protección pensional. Siguen muchas más carencias y frustraciones.

Estos, y todos los problemas cotidianos de la gente, tienen un trasfondo de instituciones que requieren cambios, o la necesidad de nuevas creaciones institucionales, de escogencias políticas sobre las prioridades del gasto público y sobre la estructura del ingreso del gobierno. Son movimientos que tienen que pasar por el tamiz de los órganos del poder público y cuyos impactos no son inmediatos.

Solo una pequeña minoría instalada en la cúpula de la sociedad colombiana (el establecimiento político y cultural y los estratos sociales de alto patrimonio e ingreso) encuentra incentivos para participar en los debates públicos. Dado que la gente no sale a la calle para manifestarse, y que la llamada participación ciudadana sigue siendo un hecho social desvanecido y frecuentemente deforme, es sólo en la cúpula donde se libran estas batallas (o se arman las conspiraciones respectivas) que contienen un elemento técnico, un gran componente político e ideológico y la presencia dominante de intereses particulares, tanto legítimos como ilegítimos e ilegales.

Es aquí donde se va exhibir la capacidad de liderazgo del presidente y su gabinete para tramitar estos debates, para buscar consensos mínimos, para construir el ambiente que acompañe, en una perspectiva de mediano y largo plazo, la prosperidad de la comunidad colombiana. Mientras tanto, en la perspectiva del corto plazo, el gobierno tendrá que usar los instrumentos válidos de persuasión para mantener en la mente colectiva la esperanza de que las cosas realmente van a mejorar, a pesar de que las realidades cotidianas no tendrán mayores cambios en los próximos años.

La jugada del gobierno tendrá que ser múltiple y propia de un prestidigitador: Uno, administrar las rutinas de un aparato público muy complejo, hoy en buena medida asaltado por intereses contrarios al interés público; dos, sacar a látigo de allí a los corrompidos; tres, proponer e impulsar la instalación de los fundamentos institucionales que sostengan una sociedad colombiana más igualitaria y menos pobre y, cuatro, mientras tanto, persuadir a la ciudadanía de que estos son los caminos correctos.

 

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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