En busca del centro perdido - Razón Pública
Inicio COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA En busca del centro perdido

En busca del centro perdido

Escrito por Jorge Mantilla

El centro no es una ideología, es un lugar en la política. Ese lugar está compuesto por gente de izquierdas y de derechas que se encuentran alrededor de proyectos de país o de ciudad y de cómo alcanzar esos proyectos. Por ello, la naturaleza del centro es oscilante, situacional. Sus márgenes están definidas por momentos históricos que varían de una sociedad a otra dependiendo del contexto político y del grado de polarización ideológica. Esto no quiere decir que el centro carezca de contenido ideológico, puesto que ese contenido esta definido por la correlación de fuerzas entre quienes convergen en él. Es un espacio en disputa.

Por ello la idea de un centro aristotélico, concebido como el punto medio entre la extrema izquierda y la extrema derecha, es ingenua y engañosa. Esa ilusión de equidistancia, además de conllevar a una falsa superioridad moral, crea el artificio de la neutralidad, mortal para quienes aspiran no solo a participar en política sino a ganar elecciones. Cómo lugar de convergencia las posturas de centro se caracterizan por su realismo, por la mentalidad abierta y por el pragmatismo de lo posible. La renuncia a un pensamiento bipolar, como el que caracteriza a los sectores más radicales de izquierda o de derecha, implica reconocer el mérito de políticas diseñadas por los adversarios, si esas políticas están inspiradas en el bienestar, construidas sobre la base de la evidencia disponible y sus efectos son positivos. Es así cómo los principios del centro son firmes, pero no son los de una iglesia. Quizás una de las ventajas y de las debilidades del centro es justamente esa; no hay libretos preestablecidos ni líderes incuestionables.

En el contexto colombiano, la búsqueda y la consolidación de una convergencia política de que sea capaz de recoger las banderas del centro será crucial en los próximos años. El escenario inminente de las elecciones del 2026 es uno pendular: si el gobierno nacional no es capaz de enderezar el rumbo, recomponer las mayorías parlamentarias, y mostrar avances ciertos en materia de seguridad y paz terminará por impulsar una candidatura de derecha, al igual que lo hizo la pésima gestión del gobierno Duque con el entonces candidato Petro.

Además, el Pacto Histórico deberá sortear la tormenta interna desatada tras las elecciones locales que muestra unas bases descontentas con la falta de democracia y de transparencia interna. Paradójicamente, la continuidad del Pacto Histórico en el poder terminará dependiendo de figuras que no son de izquierda como Roy Barreras que, además de proyectar un estilo menos radical, conoce como nadie los pormenores de las componendas que pueden apaciguar el fuego amigo al interior de la coalición de izquierda.

Por su parte, ante la ausencia y el eventual juicio del expresidente Uribe, la derecha se viene reconstruyendo por fuera del Centro Democrático sin que hasta el momento una figura clara unifique al partido del expresidente y a las demás agrupaciones de este espectro político. Esto le abre espacio a Vargas Lleras, quien entraría a disputar una candidatura con María Fernanda Cabal, la más disciplinada y coherente de los reaccionarios. En el peor de los casos aparecerá un outsider, quizás un exmilitar, que intente imitar lo hecho por Rodolfo Hernández en el 2022.

Ante este panorama, quienes logren aglutinar y recoger las banderas del centro tendrán la enorme responsabilidad de detener está lógica pendular entre izquierda y derecha al estilo argentino. Que tan a la derecha o a la izquierda se ubique está convergencia depende de los sectores que entren a formar consensos dentro de ella. La primera movida la ha hecho la Revista Semana, catalogando a personajes como Fico y Char dentro del centro. Una movida natural para sectores de derecha carcomidos por el desprestigio y la corrupción que intentarán desmarcarse de sus tradiciones partidarias disfrazándose de moderados.

Por esto, son dos los desafíos urgentes del centro en Colombia. El primero es superar el síndrome del impostor: el centro existe y el calibre de su activismo político no puede reducirse a demostrar que no es de izquierda ni de derecha, mucho menos autoimponerse la impresentable etiqueta de “tibios”. El país necesita un centro caliente, sólido. Con un calado intelectual de suficiente hondura para contener la implosión que se avecina y marcar el rumbo futuro.

En segundo lugar, el centro debe estar vigilante de no ser cooptado por la derecha. Este es un problema del que padecen los centros políticos alrededor del mundo. En la medida en que al considerar que la gradualidad en los cambios sociales es determinante para que se produzcan, pueden terminar defendiendo el status quo y asumiendo el rol de los conservadores.

Por último, la organización del centro político de cara al 2026 será difícil pero necesaria. Es preciso empezar cuanto antes a congregar los liderazgos que puedan definir las reglas de juego y los mínimos programáticos sobre los cuales se pueda evitar que el país caiga en la lógica del péndulo ideológico a la que nos conduce de manera acelerada el gobierno del presidente Petro.

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies