Buenaventura: de la calma engañosa a la violencia evidente - Razón Pública
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Buenaventura: de la calma engañosa a la violencia evidente

Escrito por Linda Ordóñez
Buenaventura Mar PacificoLinda Ordonez

Buenaventura Mar PacificoLinda Ordonez

Linda OrdonezLa disminución de los asesinatos no significa que la gente pueda vivir tranquila. ¿Qué está pasando realmente en la ciudad?

Linda Sofía Ordóñez*

Se prenden las alarmas

“La violencia siempre vuelve” dijo un líder social en Buenaventura cuando le pregunté por la disminución de los asesinatos en la ciudad: con “apenas” 68 casos en 2017 y 71 en 2018, la ciudad tiene ahora una de las tasas más bajas de homicidio entre los centros urbanos del país. La respuesta del líder tiene sentido a la luz de la historia: en otras ocasiones esa calma aparente ha significado un simple reacomodo de las fuerzas y ha sido el preludio de algo peor.

Durante los últimos meses se han presentado varios asesinatos y balaceras entre grupos armados, y el 23 de enero la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana por el riesgo que corre la población. La Defensoría pide a las autoridades acciones inmediatas, pero el nuevo gobierno nacional y la Policía no comparten su visión del conflicto. Dentro del plan “El que la hace la paga”, han adoptado una estrategia basada en capturas e incautaciones de droga, armas y municiones. Proteger la población no es una prioridad.

La policía tampoco acepta la idea de que en la ciudad existan disidencias de las FARC y milicianos del ELN. Según su análisis ni siquiera hay presencia del Clan del Golfo y la violencia se debe a actores criminales como La Empresa y La Local, catalogados como Grupos Delincuenciales Organizados.

Ante esta situación, debe aclararse que:

  1. Grupos como el Clan del Golfo, con presencia extendida en el territorio nacional, subcontratan a grupos más pequeños, bandas delincuenciales y pandillas, especialmente en zonas urbanas y semi-urbanas para asegurar su control de la cadena de producción y comercialización de la droga.
  2. Grupos como La Empresa, La Local y las bandas barriales mantienen cierta independencia. Además de “trabajar” para grupos más grandes o proveer seguridad privada, mantienen un abanico de actividades ilícitas pero rentables. La extorsión y el cobro de vacunas son las más comunes.

Aun entonces en ausencia de Grupos Armados Organizados como el Clan del Golfo, existe un riesgo considerable de violencia. En medio de un conflicto como el que ha vivido Buenaventura, la población civil puede sufrir en dos escenarios distintos, pero igualmente peligrosos:

La acción del gobierno ayudó a estabilizar la situación y frenó la lucha armada abierta, pero esta concluyó con la victoria del Clan del Golfo. 
  • Cuando su territorio es teatro de enfrentamientos entre uno o más grupos armados ilegales y/o la Fuerza Pública. La población civil suele quedar en medio del fuego, ser desplazada, ver reducida su movilidad o ser vinculada a algún bando y por lo tanto amenazada y perseguida por el otro.
  • Ante el control sostenido y hegemónico de un grupo armado ilegal sobre un territorio y sus habitantes. Ese control puede valerse de la ausencia, pasividad o complicidad de la Fuerza Pública. Al no tener “competencia” disminuyen los niveles de violencia “dura” (homicidios, masacres, balaceras, desplazamientos masivos). Pero eso no significa que la población viva tranquila. Al contrario, las extorsiones, asesinatos selectivos, amenazas y vigilancia de los grupos armados y el temor a denunciar se vuelven parte de la vida cotidiana.

Puede leer: Buenaventura: exclusión histórica y represión estatal.

Ciclos de violencia

Memoria conflicto buenaventura

Foto: Linda Ordóñez
La memoria del conflicto en Buenaventura.

En Buenaventura estas dos situaciones se han alternado desde 1999. En ese año, para combatir a las FARC —que realizaban secuestros y extorsiones en la vía Cali-Buenaventura— empresarios y narcotraficantes facilitaron la llegada de las Autodefensas Unidas de Colombia y la creación del Frente Pacífico. Los años 2000 a 2003 se conocen como “el arribo paramilitar” o “la época de las mil muertes”. Más de la mitad de las masacres en Buenaventura ocurrieron durante esos cuatro años.

Los hermanos Castaño habían enviado desde el Urabá un grupo de hombres y a comandantes como alias “Román” o Élver Veloza alias “HH”. Pero el control territorial que lograron se debió en mucho a sus alianzas con ejércitos privados al servicio de narcotraficantes del cartel del Norte del Valle —Los Machos y Los Rastrojos— y a la cooptación o contratación de bandas que existían en la ciudad sobre todo a partir de 1993, cuando se bloquearon los mecanismos de ascenso social para los afrocolombianos debido a la privatización de Colpuertos.

El cuadro siguiente presenta, de modo general, los períodos de enfrentamientos y los de control territorial de distintos grupos a partir de 1999:

Periodo

Actores

1999-2003

AUC vs FARC

2004-2005

AUC

2006-2008

Los Machos vs Los Rastrojos vs FARC

2008-2012

La Empresa (Los Rastrojos)

2012-2014

La Empresa vs Clan del Golfo

2015-2017

Clan del Golfo – La Empresa

2017-2019

La Local vs La Empresa vs ELN vs Disidencias

Fuente: elaboración propia a partir de información del Centro Nacional de Memoria Histórica, la Defensoría del Pueblo y la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Entre 2004 y 2005 disminuyeron los enfrentamientos porque las FARC se retiraron de la zona urbana, derrotadas por las AUC, y porque los paramilitares esperaban su desmovilización, que finalmente ocurrió con la Ley de Justicia y Paz bajo el gobierno Uribe.

Entre 2006 y 2008 se reorganizaron los ejércitos privados y aparecieron las “bandas criminales” o grupos armados posdesmovilización, pues estaban conformados en su mayoría por exintegrantes de las AUC. En el 2006 la ciudad alcanzó la impresionante cifra de más de cuatrocientos asesinatos.

En cabeza de su líder “Don Diego”, el grupo de Los Machos se había aliado con las AUC y para el momento de la desmovilización dominaba el negocio del narcotráfico en Buenaventura. Pero en 2007 Don Diego fue capturado y Los Rastrojos, su principal contrincante, se fortalecieron y tomaron el control de la ciudad.

El periodo 2008-2012 corresponde a un dominio casi exclusivo de Los Rastrojos a través de La Empresa, un grupo local fundado en 2006 por Carlitos Capri, dueño de discotecas y locales comerciales. Su bastión ha sido siempre la comuna 12, uno de los lugares más estratégicos de la ciudad. En el 2009 hubo 145 asesinatos y 129 en el 2011.

Le recomendamos: Buenaventura: un puerto opulento, una ciudad empobrecida.

Los últimos años

Historia violencia buenaventura

Foto: Linda Ordóñez
Imágenes sobre la memoria del conflicto en Buenaventura

En 2012 llegó el Clan del Golfo, también conocido como Los Urabeños o Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), considerada la agrupación más grande y mejor organizada del país. Los Urabeños le arrebataron la ciudad a Los Rastrojos, no sin antes incurrir en una violencia profundamente degradada.

Su expansión a Buenaventura la había patrocinado Víctor Patiño Fómeque, un expolicía convertido en narcotraficante que quería vengar la muerte de treinta y cinco miembros de su familia, asesinados por sus antiguos socios de Los Rastrojos por la información que Patiño entregó a la DEA luego de su captura. Algunos residentes recuerdan a Patiño como “el primer jefe que controló totalmente Buenaventura” cuando ni las FARC ni las AUC habían llegado a la ciudad.

De modo que la época del 2012 al 2014 quedó marcada por la confrontación entre La Empresa —con alcance apenas local— y Los Urabeños. La violencia se radicalizó hasta el horror de las llamadas casas de pique, en las que miembros de un grupo torturaban y desmembraban a los integrantes del otro y a todo aquel que consideraran su simpatizante.

Con el declive de la cadena de mando de los grupos con alcance nacional y regional, los enfrentamientos se dan entre grupos cada vez más fragmentados.

Fue también la época de toques de queda ilegales, balaceras y fronteras invisibles que restringieron la movilidad de la población y aumentaron el desplazamiento forzado intraurbano como no había pasado en ninguna otra ciudad de Colombia —solo en el 2012 fueron desplazadas casi 5500 familias—.

En 2014 el gobierno finalmente decidió militarizar la ciudad y capturó a miembros de La Empresa. Los Urabeños lograron controlar casi toda el área urbana, con excepción de algunas partes de la comuna 12. Los homicidios disminuyeron, desaparecieron las fronteras invisibles y la violencia se tornó más difusa y más selectiva. Sin embargo, aumentaron la violencia sexual, el reclutamiento forzado y el microtráfico.

La acción del gobierno ayudó a estabilizar la situación y frenó la lucha armada abierta, pero esta concluyó con la victoria del Clan del Golfo y su alianza con sectores de La Empresa para ejercer un extendido control territorial.

Puerto Buenaventura

Foto: Dirección Nacional de Planeación
Puerto de Buenaventura.

Lea en Razón Pública: Buenaventura, una comunidad fuerte a pesar de todo.

¿Y ahora?

En el 2015 un hombre llamado “Robert” asumió el mando de La Empresa y la reorganizó a partir del reclutamiento de menores de edad en las comunas 8, 9, 10, 11 y 12. Convirtió la comuna 12 en su fortín y comenzó a controlar la población mediante el uso de la fuerza y de una cierta autoridad como mediador de disputas cotidianas.

En 2017 alias “Robert” fue capturado. Pero dicen algunos que está cerca de recuperar su libertad y que está dando órdenes para retomar el control de los territorios perdidos y proseguir la guerra contra La Local, la franquicia del Clan del Golfo en Buenaventura que ha tendido a independizarse, al parecer por la falta de pagos a sus miembros.

Con el declive de la cadena de mando de los grupos con alcance nacional y regional, los enfrentamientos se dan entre grupos cada vez más fragmentados, independientes y difícilmente identificables.

Por su parte, la policía continúa capturando a cabecillas y miembros rasos de los grupos. Esto tiene dos posibles efectos:

  1. Logra debilitar a uno de los grupos lo suficiente como para que el otro tome el control y se suspendan temporalmente los enfrentamientos.
  2. Causa disputas dentro de los grupos, estimula el reclutamiento forzado y cuando los jefes salen de la cárcel vuelve a haber peleas para recuperar el control.

Como si fuera poco, los habitantes de Buenaventura se enfrentan al despojo — megaproyectos turísticos y de expansión portuaria requieren terrenos donde viven las comunidades más vulnerables—, a un índice de pobreza de más del sesenta por ciento y a gobiernos locales corruptos.

Las acciones de resistencia de muchos líderes y comunidades bonaerenses son admirables y merecen todo nuestro apoyo y solidaridad.

*Antropóloga.

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