Bolivia: ¿por qué Evo perdió en el referéndum para la reelección? - Razón Pública
Inicio TemasInternacional Bolivia: ¿por qué Evo perdió en el referéndum para la reelección?

Bolivia: ¿por qué Evo perdió en el referéndum para la reelección?

Escrito por José Carlos Campero

El Presidente boliviano Evo Morales durante la conmemoración de sus 10 años de gobierno.

Jose CanteroError de cálculo, desgaste tras 15 años de gobierno, escándalos de corrupción, redes sociales en contra y una Bolivia que sigue polarizada hicieron que el presidente indígena no pueda ser reelegido para un cuarto período a partir del 2019.  

*José Carlos Campero.

El calor de las masas

No está claro por qué el presidente Evo Morales, al iniciar su tercer mandato, propuso una reforma constitucional que le permitía acceder a un cuarto período de gobierno.

Para Pablo Stefanoni, exdirector de la edición boliviana del Le Monde Diplomatique y partícipe del gobierno de Morales, una respuesta puede ser la necesidad de Morales de tener una inmediata reafirmación por parte de las masas: “Como si la abstinencia electoral resultara insoportable para un líder que necesita de la continua aprobación de las masas, el presidente boliviano se lanzó a un referéndum para habilitar precozmente un cuarto mandato, cuando aún le quedan cuatro años para terminar su tercera gestión”.

Para otros, tener a Evo Morales en el poder es condición necesaria para seguir impulsando las políticas gubernamentales que dan legitimidad y contenido al proceso de cambio. El vicepresidente Álvaro García decía en su campaña por Morales: “Papá, mamá no lo abandones al presidente Evo, no lo abandonen. El Presidente, si tiene apoyo, construye colegios, si no tiene apoyo regresarán los gringos, los vende patrias, los asesinos y a las wawas [hijos] les van a quitar todo, y no va haber destino y va a haber llanto. El sol se va a esconder y la luna se va a escapar, y todo va a ser tristeza para nosotros”.

Finalmente el Poder Legislativo aprobó esta modificación constitucional que permitía la tercera elección del binomio Morales-García y la posibilidad de acceder a un cuarto mandato consecutivo (2020 – 2024). Pero la reforma tenía que ser ratificada mediante  referéndum popular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los sondeos

Ciudad de El Alto en el municipio de La Paz, la segunda ciudad más poblada de Bolivia.
Ciudad de El Alto en el municipio de La Paz, la segunda ciudad más poblada de Bolivia.
Foto: nell haynes

Las encuestas previas al referéndum mostraban una opinión fluctuante y al final una leve mayoría en favor de la reforma. Este grupo pasó del 42 por ciento en septiembre de 2015 a 40 por ciento en noviembre y a 41 por ciento en enero de 2016; por su parte la opinión en contra sumaba un 52 por ciento en septiembre y llegó a 54 por ciento en diciembre pero  descendió a 38 por ciento en enero.

Y mientras tanto subía el porcentaje de electores que se identificaban como “indecisos”, que llegó en enero de 2016 a un 21 por ciento, una cifra que podía determinar el resultado de la elección.

Si resultaba ganador el “sí”, el 46 por ciento de los encuestados desde ya anunciaron que darían su voto a Morales en las presidenciales del 2019.

También se percibían problemas potenciales en la percepción de la legitimidad del Tribunal Electoral, pues solo el 11 por ciento de los encuestados lo percibía como “muy creíble”.

Errores y aciertos de campaña

El gobierno Morales llevó a cabo una intensa campaña a favor de la reforma constitucional con la ejecución de la inversión pública, la inauguración de obras y el compromiso de muchas más, y la difusión de los resultados positivos de sus gestiones pasadas. Todo esto significó un abuso de los recursos del gobierno (vehículos, personal, medios de prensa estatales, etc.) y demostró el desgaste de las capacidades discursivas y operativas de Morales para volver a enamorar al electorado con nuevas propuestas de cambio.

Por su parte la oposición apeló a la innovación y al uso de las redes sociales como principal vehículo de comunicación. Los líderes regionales y municipales, algunas figuras políticas del pasado, periodistas, disidentes del proceso de cambio y agrupaciones de jóvenes se unieron en torno a la consigna de un “no” vacío de contenido político, lo cual les permitió articular a la atomizada oposición política como no había sido posible en ninguna de las contiendas electorales previas.

En palabras de Stefanoni, esta situación le permitía a múltiples actores articular discursos diversos en torno a una misma causa: “Desde los racistas que nunca quisieron un gobierno campesino-indígena hasta quienes critican lo contrario: que no es un verdadero gobierno indígena sino un sucedáneo de matriz blancoide o directamente un gobierno antiindígena”.

El balance final dejó en evidencia la ventaja de la oposición para incidir sobre la  masa de indecisos por haber desarrollado mensajes efectivos en las redes sociales, que hoy son el medio a través de los cuales las grandes mayorías votantes urbanas se expresan, se comunican y controlan a sus gobiernos.

También la oposición supo usar figuras sindicales, juveniles, pensadores de izquierda y políticos que empezaron sus carreras en los gobiernos de Morales, como los nuevos rostros de la disidencia, con quienes se evitó el maniqueo estigma de “neoliberales” o “vende patrias” utilizado por el oficialismo.

Ambiente desfavorable

El Ministro de la Presidencia de Bolivia Juan Ramón Quintana entrega una escuela en la población de Bella Vista.
El Ministro de la Presidencia de Bolivia Juan Ramón Quintana entrega una escuela
en la población de Bella Vista.
Foto: Ministerio de la Presidencia

El entorno de desencanto en torno a Morales y su administración fue creciendo sobre todo por una serie de hechos de corrupción que el gobierno no pudo manejar durante los meses previos al referéndum.

Casos como el escándalo de corrupción del Fondo Indígena, donde se hallaron cientos de proyectos fantasmas y millones de recursos públicos en bolsillos privados, sumado al paternalismo con que el gobierno trató a los culpables y la protección a altas figuras del partido de gobierno crearon un sentimiento de impunidad muy negativo para Morales. 

Además, la vinculación de Evo Morales con una expareja y la cesión de proyectos por millones de dólares y sin licitación pública a una empresa dirigida por ella (CAMC, de China) relacionó por primera vez y de forma directa al presidente con un caso de corrupción.

El asalto y la quema de la Alcaldía de El Alto, gobernado por la oposición, por parte de un grupo de padres vinculados con exfuncionarios y líderes sindicales, con el propósito de destruir la documentación que los vinculaba con actos de corrupción en gestiones pasadas del partido de gobierno -que además dejó más de 6 muertos- propició igualmente el castigo moral a las formas de actuación autoritarias reñidas con la ley y la democracia.

Además, durante el día del referéndum, se dieron varias acciones criticables:  

  • La evidente intención de fraude de parte de algunas personas allegadas al gobierno que fueron encontradas con papeletas previamente marcadas con el “sí”,
  • La alteración deliberada de actas,
  • El autoritarismo e irrespeto en el trato de funcionarios del gobierno hacia los medios de comunicación  y la ciudadanía,
  • La intervención del vicepresidente, quien aseguró que los resultados preliminares que daban la victoria al “no”, “cambiarían de forma radical en las horas y días siguientes”,
  • El recuento de votos “a puertas cerradas [pero con presencia gubernamental]” que llevó a cabo un Tribunal Electoral sin legitimidad.  

Estos actos merecieron el repudio social e impulsaron a la población a salir a las calles “en defensa de sus votos”, lo cual legitimó el resultado contrario a los intereses de Morales y su gobierno.

El “no” (51,29 por ciento) a la modificación constitucional ganó por un estrecho margen  sobre el “sí” (48,71 por ciento) y se impuso en 6 de los 9 departamentos de Bolivia.

Y más allá del triunfo de uno u otro bando, estos resultados hacen evidente la necesidad de reflexión porque otra vez ponen sobre la mesa el fantasma de la fractura y la polarización en Bolivia.

La decisión del pueblo supone para el gobierno la exigencia de encontrar formas de reinventar su discurso y su oferta electoral en el mediano y largo plazo, desde una perspectiva inclusiva y plural. Igualmente lo lleva a enfrentar la dura tarea de encontrar un sucesor de Evo Morales para 2019.

A la oposición por su parte le espera una tarea titánica para identificar y promocionar nuevos líderes que dejen atrás aquellos viejos políticos que se niegan a la jubilación, y proponer al país visiones de desarrollo a partir de una nueva Bolivia y no desde la resaca del pasado.

 

* Consultor, candidato doctoral en Gobierno y Administración Pública de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Universitario Ortega y Gasset, máster en Gestión y Políticas Públicas y licenciado en Economía de la Universidad Católica Boliviana.

 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies