El Banco de la República y el lento relajamiento de la política monetaria
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El Banco de la República y el lento relajamiento de la política monetaria

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El Banco de la República da pasos tímidos hacia un relajamiento de la política monetaria. Aunque su mayor preocupación es la inflación, hace falta completar la información y los análisis de la Junta Directiva para la toma de estas decisiones.

Cristian Frasser*

Crónica de un descenso lento

Aunque la inflación comenzó a disminuir en abril de 2023, tuvieron que pasar ocho meses consecutivos de caída para que finalmente el Banco de la República decidiera empezar a relajar la política monetaria. La decisión no fue unánime, dos directores se opusieron. Sin embargo, con el respaldo de cinco directores, la Junta anunció un primer recorte de apenas 25 puntos básicos en diciembre de 2023.

A partir de la reunión de enero del 2024, todos los miembros de la Junta han estado de acuerdo en continuar con la reducción de la tasa de interés. Lo que está en disputa es el ritmo al que se debe llevar a cabo la reducción. 

Mientras la minoría, dos directores, votó en enero por un recorte de 50 puntos básicos, la mayoría decidió un recorte de 25 puntos básicos, igual al de diciembre. En marzo y abril, la minoría, motivada por el grave deterioro de la actividad económica, propuso reducciones más fuertes de 75 y 100 puntos básicos. La mayoría decidió un recorte de 50 puntos básicos.

Así, el efecto de seguir una trayectoria de descenso lento es prolongar la postura contractiva de la política monetaria, lo que limita la recuperación económica.

La reunión del pasado 28 de junio reprodujo el mismo comportamiento de los últimos meses; la minoría defendió un recorte de 75 puntos básicos, pero la mayoría eligió uno de 50 puntos básicos. 

Así, el efecto de seguir una trayectoria de descenso lento es prolongar la postura contractiva de la política monetaria, lo que limita la recuperación económica.    

Foto: X: Banco de la República - Leonardo Villar manifestó que la escasa credibilidad de la meta de inflación se evidenció en las negociaciones sobre el salario mínimo de los últimos tres años.

Las razones de Leonardo Villar

Leonardo Villar, gerente general del Banco, presentó unos meses atrás, en un evento organizado por ANIF y Fedesarrollo, tres argumentos para justificar una trayectoria de reducción lenta de la tasa de interés. 

Sus argumentos no tenían la intención de resumir la totalidad de razones ofrecidas por los miembros de la mayoría, que en todo caso se encuentran de forma dispersa y fragmentada en las minutas de las reuniones. No obstante, en ellos se pueden entrever algunas de las ideas y valores que guían las decisiones de la mayoría de la Junta. Estos fueron: 

  • Primero, señaló que la inflación aún estaba lejos de la meta propuesta del 3%.
  • Segundo, destacó el riesgo de un deterioro en la credibilidad de la meta, ya que 2024 sería el cuarto año consecutivo con una inflación por encima del rango aceptable (2% a 4%). 
  • Tercero, invocó la incertidumbre ante situaciones inesperadas que, de materializarse junto con una tasa de interés relativamente baja, obligarían a revertir el relajamiento de la política monetaria.

Los dos primeros argumentos no son en sí mismos una razón contra una reducción más rápida de la tasa de interés, sino una expresión de insatisfacción por el hecho de que la inflación se está tardando en llegar a la meta, aunque presenta una tendencia descendente.

Ante ello, conviene preguntarse por el contrafactual: ¿cuál habría sido el costo social de alcanzar la meta en menor tiempo mediante un aumento más drástico y elevado de la tasa de interés? ¿Cuántos miles de trabajadores habrían sido empujados al desempleo y la pobreza justo después de atravesar una pandemia?

Ojalá nuestros banqueros centrales hayan abandonado cualquier nostalgia de la era Volcker en Estados Unidos. Los días en los que los banqueros centrales eran aclamados por provocar recesiones que desinflaban la economía han quedado atrás.

En las circunstancias políticas actuales, lanzar la economía por el abismo solo destruiría la credibilidad del Banco como institución que contribuye al buen funcionamiento de la sociedad.

Con respecto al tercer argumento, es notable que la incertidumbre se invoque solo para imaginar situaciones riesgosas cuando la tasa de interés es baja y no cuando es alta. Si uno se toma en serio la existencia de incertidumbre también debe contemplar la posibilidad de eventos inesperados que, con una tasa de interés relativamente alta, aumenten los riesgos económicos.

Por ejemplo, una reducción inesperada en la capacidad de los hogares y las empresas para pagar sus créditos, y de los bancos para mantener sus provisiones, agravada por una alta tasa de interés, podría deteriorar la cartera vencida hasta poner en riesgo la estabilidad financiera del país.

Salarios y meta de inflación

Durante el mismo evento, Leonardo Villar manifestó que la escasa credibilidad de la meta de inflación se evidenció en las negociaciones sobre el salario mínimo de los últimos tres años. Los ajustes salariales se basaron únicamente en la inflación pasada, ignorando tanto la meta de inflación como la tendencia descendente proyectada. 

Como resultado de lo anterior, el salario real creció en una proporción que, según Villar, “es muy superior al aumento de la productividad y del ingreso real per cápita de los colombianos”.  Además, agregó que dicho aumento “se convierte en una presión alcista sobre la inflación”. 

El interés en analizar la credibilidad de la meta de inflación, sin embargo, no fue suficiente para incluir en su discurso el comportamiento de otros actores económicos, aparte de los trabajadores de salario mínimo. Villar podría, por ejemplo, haber presentado evidencia sobre los ajustes de precios realizados por los empresarios en estos años, destacando la relación de dichos ajustes con las ganancias, la inflación observada y la meta de inflación. Lamentablemente, nada de eso ocurrió.

De acuerdo con los propios estudios del Banco, tras una fuerte caída durante la pandemia, el crecimiento del ingreso laboral mediano real ha vuelto a tasas positivas, cercanas a las registradas en los años previos a la crisis sanitaria. 

Sin embargo, la recuperación ha sido más débil para el sector de trabajadores por cuenta propia. No hay que lamentarse por estas mejoras, son una señal alentadora para el bienestar de los trabajadores y la promoción de una mayor equidad. Además, la crítica a los ajustes al salario mínimo pasa por alto el hecho de que la economía colombiana no está atrapada en una espiral donde mayores tasas de incrementos salariales y tasas de inflación se refuerzan mutuamente.

El crecimiento del salario mínimo nominal disminuyó del 16% en 2023 al 12% en 2024, mientras que la inflación pasó del 9.2% en 2023 a una proyección del 5.5% para finales de 2024. Por lo tanto, si el ajuste salarial continúa basándose en la inflación pasada, el crecimiento del salario mínimo nominal para 2025 será menor al de 2024, lo cual ayudará a acercarse a la meta de inflación.

Este comportamiento es coherente con la prescripción de la teoría macroeconómica estándar, que describe la tarea de las autoridades económicas como la reducción del crecimiento del gasto nominal para reducir por esa vía el crecimiento de los precios.

Los meses venideros 

Durante el primer trimestre de 2024, las tasas de crecimiento de los créditos morosos, de todas las modalidades de carteras, siguieron superando los promedios históricos. Es particularmente fuerte el crecimiento de los microcréditos vencidos, que registraron un incremento anual del 65% en marzo, cerca del máximo histórico.

Una mejora insignificante en estos indicadores, o su eventual deterioro, pondrá los reflectores sobre la decisión de la mayoría de la Junta de prolongar el dolor económico para así terminar de curar al paciente afectado por la inflación.

La inversión en formación bruta de capital en términos reales se redujo en un 24.8% en 2023, una caída dramática cuyos efectos a mediano plazo sobre el crecimiento y el empleo aún son inciertos. La tasa de desempleo nacional desestacionalizada comenzó a aumentar en el segundo semestre de 2023, pasando del 9.5% en agosto al 10.3% en mayo de 2024.

La información económica de los próximos meses será crucial para evaluar los méritos de la estrategia de disminuir la tasa de interés lentamente. Una mejora insignificante en estos indicadores, o su eventual deterioro, pondrá los reflectores sobre la decisión de la mayoría de la Junta de prolongar más el dolor económico para así terminar de curar al paciente afectado por la inflación.

Lea en Razón Pública: La encrucijada fiscal

Acerca del autor

Cristian Frasser

* Ph. D. en Economía, profesor en el Departamento de Economía de la Universidad del Valle.

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* Ph. D. en Economía, profesor en el Departamento de Economía de la Universidad del Valle. X: @cfrasser

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