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Balance de la administración Petro

Escrito por Efraín Sánchez

Más allá del ruidaje político, este balance sereno de lo que hizo y dejó de hacer el gobierno de la Bogotá Humana, de cuáles fueron las verdaderas debilidades de Petro, y de las tres lecciones que les quedan a sus sucesores. 

Efraín Sánchez*

Destitución: más pérdidas que ganancias

Si un hecho queda claro en la tragicomedia de la destitución e inhabilidad del alcalde Petro es que el balance general de su alcaldía es ampliamente negativo. Perdió Petro, perdió su administración, perdieron quienes votaron por él, perdió la izquierda y, si se mira desde el largo plazo, perdió también la ciudad.

Hacer el balance final de un gobierno que apenas iba por la mitad del período para el cual fue elegido.

Las ganancias, por otra parte, son bien mezquinas. Si las cosas quedan como están, habrán ganado el procurador y un sector de “la derecha”, pero solo un sector, pues no son muy claros los beneficios que pueden haber derivado los partidos, ni siquiera los más de “derecha”, o el presidente Santos, o el sector privado, o los gremios de la producción.

No podría decirse, pues, que en este caso ganaron los buenos y perdieron los malos. Y tal vez lo más paradójico de este episodio es que, si tenemos que responsabilizar a alguien, los incriminados no serían únicamente el procurador Ordóñez, quien desató la tormenta, o el jefe más visible de “la derecha”, el ex presidente Uribe (de quien se dice que está detrás de todo, cual Maquiavelo paisa), sino que habría que incluir al propio Petro, que no cumplió aquello de que “soldado advertido no muere en guerra”.


Equipo de recicladores incluidos en el programa
“Basura Cero”.
Foto: Gustavo Petro Urrego

¿Cómo evaluar un gobierno?

Hay varias maneras de evaluar una administración. Una es compararla con otra anterior, lo cual no sería del todo justo ni lisonjero para Petro, excepto tal vez si se le compara con su antecesor inmediato, Samuel Moreno.

Puede también hacerse el balance utilizando las propias varas de medida del gobierno en cuestión, es decir, los objetivos y metas de su Plan de Desarrollo. Tampoco en este caso el resultado es positivo para la administración Petro.

Debe tenerse en cuenta el hecho, asimismo paradójico, de que nos encontramos en la circunstancia de hacer el balance final de un gobierno que apenas iba por la mitad del período para el cual fue elegido. Bien sabemos que, en nuestro sistema y nuestras costumbres políticas, el primer año de gobierno se dedica al planeamiento, incluida la preparación del Plan de Desarrollo; en el segundo se empieza apenas a tomar impulso, y los resultados comienzan a verse en los dos últimos años. De esta última etapa quedaron privados el alcalde Petro y su administración.

Queda, por último, la opción de evaluarla en términos de los problemas y las potencialidades actuales de la ciudad, preguntándose qué se logró y qué no durante los dos primeros años de un gobierno interrumpido, tratando, de paso, de extraer algunas lecciones de utilidad tanto para los futuros mandatarios como para la ciudadanía en su conjunto.

Por qué atacaron a Petro

Para empezar, queda la impresión global de que Bogotá no es “una ciudad más humana” hoy que hace dos años. Muchos, por ejemplo los usuarios de TransMilenio en las horas pico, o los usuarios de la malla vial en todas las horas, pueden aducir lo contrario sin faltarles razón.

Tampoco es cierto que se le hubiera criticado por gastar demasiado en sus transformaciones, sino precisamente por no gastar.

Quedó en nada la intención de fondo de Bogotá Humana, puesta de manifiesto por Petro durante la rendición de cuentas de marzo de 2013: “La construcción de una ciudad más humana se concibió como una apuesta de transformación social, económica, cultural y política, que rebase los tradicionales actos gubernamentales de ajuste y continuación de políticas pasadas”.

Petro sostenía entonces que la Bogotá Humana era duramente criticada por cuenta de ese “sentido transformador”, no solo por los altos costos de las transformaciones, sino porque “es posible afectar intereses de tipo económico, que pueden acarrear costos políticos”.

Es innegable que el Plan Bogotá Humana tiene propósitos transformadores que afectan grandes intereses económicos, y que esta transformación tiene altos costos financieros y políticos. Pero no es cierto que las más duras críticas contra Petro y el Plan Bogotá Humana fueran por sus intenciones transformadoras. A Petro lo que más se le criticó fueron su falta de “capacidad gerencial” y su improvisación.

Tampoco es cierto que se le hubiera criticado por gastar demasiado en sus transformaciones, sino precisamente por no gastar: por niveles históricos de baja ejecución presupuestal.

Petro no fue destituido por transformador sino por infringir las leyes y por actuar de manera antirreglamentaria e improvisada al intentar transformar el modelo de recolección de basuras de la ciudad.


Estación de transmilenio de la calle 85, en Bogotá.
Foto: rutabogo

Los logros

En cuanto a aspectos más específicos de la vida de la ciudad, sin duda Petro y su gobierno pueden reivindicar algunos logros, y el más visible es una importante reducción en la tasa de homicidios, que descendió de 22,2 por cien mil habitantes en 2011 a 16,7 al terminar 2013, según cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal (INML); la tasa más baja desde 1984, antes de las guerras del narcotráfico.

Aun así, la percepción de seguridad no mejoró en 2013 con respecto a 2011. Hoy solo el 21 por ciento de la ciudadanía se siente seguro, en comparación con 22 por ciento en 2011 y 33 por ciento en 2008, según la encuesta de Bogotá Cómo Vamos.

También hubo una leve mejoría en el nivel de victimización (proporción de  personas que  declaran haber sido víctimas de algún delito en el último año), que pasó de 26 por ciento en 2011 a 23 por ciento en 2013.

Pero bien puede aducirse que en materia de seguridad el mayor reto para Bogotá no está en los homicidios sino en los llamados “delitos de alto impacto”, entre ellos las lesiones personales (o violencia interpersonal, como lo describe el INML), en lo cual Bogotá va de mal en peor.  Aún no se han publicado las cifras de 2013, pero entre 2011 y 2012 se pasó de 569,3 a 623,4 casos por cada cien mil habitantes. En esto Bogotá está mucho peor que Colombia en su conjunto (tasa de 333,8 en 2012), y así mismo en visible desventaja frente a ciudades como Medellín (281,4), Cali (278,5) o Barranquilla (285,3).

En la percepción ciudadana el robo de celulares empeoró entre 2012 y 2013 y se mantiene igual el porcentaje de quienes afirman haber sido víctimas de atraco, “raponazo” o robo.

Otros resultados exitosos del Plan Bogotá Humana en estos dos años se encuentran en aspectos como

  • La tasa de mortalidad infantil (pasó de 11,4 casos por cien mil habitantes en 2011 a 10 casos por cien mil habitantes en 2013),
  • La garantía del mínimo vital de agua para los estratos 1 y 2,
  • La puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), lo cual no fue en verdad un logro sino una obligación que la Administración Petro debía cumplir), y
  • La rebaja en las tarifas de Transmilenio en “horas valle”.

Los fracasos

Todo, o casi todo lo demás es un rosario de actos fallidos, promesas incumplidas, equivocaciones, reversiones (o decisiones en reversa), así:

Tal vez lo más triste es que Petro y su gobierno no lograron mejorar la confianza de la ciudadanía en la Alcaldía como institución pública. 
  • Salud en general,
  • Construcción de colegios y jardines infantiles,
  • Jornada única en los establecimientos educativos del Distrito,
  • Efectividad del SITP,
  • El metro,
  • La rehabilitación de la malla vial,
  • TransMilenio,
  • Viviendas de interés prioritario,
  • Recolección de basuras (e incluso el nivel de cumplimiento con los recicladores)

Pero tal vez lo más triste es que Petro y su gobierno no lograron mejorar la confianza de la ciudadanía en la Alcaldía como institución pública. Según la Encuesta de Cultura Ciudadana de Corpovisionarios, en 2011 solo el 25 por ciento de la ciudadanía tenía mucha o muchísima confianza en la Alcaldía, habiéndose presentado un descenso de 15 puntos porcentuales desde 2008 debido principalmente al “carrusel de la contratación”. En 2013 dicho nivel de confianza descendió a 24,5 por ciento.

Las lecciones

La primera: si uno quiere transformar dentro de la institucionalidad (lo cual fue una decisión deliberada de Petro), tiene que tener cuidado con la ley y los reglamentos. Si estos obstaculizan o se oponen a las transformaciones es mejor transformar primero la ley y los reglamentos para evitar que lo destituyan a uno.

La segunda: para gobernar una ciudad tan compleja y donde entran en tensión tantos intereses no bastan las buenas intenciones, ni basta tener un plan para realizarlas; es indispensable contar con estrategias bien meditadas, inteligentes y, sobre todo, realizables.

También, por prosaico que parezca, es esencial usar los cinco sentidos: saber ver (Petro indudablemente fue ciego a las consecuencias de mediano plazo de muchas de sus decisiones), saber oír (no escuchar fue una de las críticas más frecuentes al alcalde), tener tacto (sin comentarios), tener buen olfato (sin duda Petro lo tuvo como congresista, pero pareció olvidarlo como alcalde) y, finalmente, desarrollar el sentido del gusto para entender que ser un buen político o un buen diplomático, como escribió Oscar Wilde, es como preparar una buena ensalada: hay que saber con precisión cuánto aceite debe ponerse con cuánto vinagre.

 

* Sociólogo y doctor en Historia Moderna Latinoamericana por la Universidad de Oxford.

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