Baja productividad, la enfermedad crónica de la economía colombiana - Razón Pública
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Baja productividad, la enfermedad crónica de la economía colombiana

Escrito por Jorge Gaitán
Jorge Gaitan baja productividad portada

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El debate sobre cómo reactivar la industria colombiana no puede limitarse a medidas macroeconómicas. La pérdida de competitividad de largo plazo está vinculada a una profunda brecha de productividad.  La transformación productiva no ha empezado.

Fuerte caída de la competitividad

Los diferentes estudios que miden anualmente la competitividad sistémica comparada — como el World Competitiveness Yearbook del International Institute for Management Development (IMD) y el Global Competitiveness Report del Foro Económico Mundial — indican la misma tendencia para Colombia en 2012: el país ha perdido competitividad a lo largo de los últimos seis años y se ubica en la misma posición del año 2000, tal como se puede observar en la gráfica siguiente.

COMPETITIVIDAD SISTEMICA COMPARADA

Posición relativa de Colombia frente a otros países

  jorge gaitan

Jorge Gaitán Villegas*

Jorge Gaitan baja productividad competitividad

Fuente:  IMD – World Competitiveness Yearbook – 2000 a 2012.

El Informe Nacional de Competitividad 2012 – 2013, elaborado por el Consejo Privado de Competitividad, presenta un minucioso análisis de las causas de semejante descalabro.  Una de las cuales, sin duda, es la baja productividad general de la economía.

Desempeño de la industria

La pérdida de competitividad de la economía colombiana se refleja en el pésimo desempeño de la industria colombiana durante 2012: apenas creció 0,2 por ciento entre enero y noviembre de 2012, cuando un año antes había crecido a una tasa de 5,1 por ciento.   Fue necesario llegar a este extremo para que las alarmas se activaran por fin.

Colombia vive una fuerte conmoción en su aparato productivo, que lo tiene al borde de la parálisis.  El diagnóstico no es tan evidente: muchos analistas detectan la combinación perversa de revaluación, altas tasas de interés domésticas, crecientes dificultades logísticas y la entrada masiva de materias primas y productos cada vez más competitivos desde el exterior.  Y recomiendan intervenir directamente sobre las variables de política económica que podrían modificar esta situación de alto riesgo.

¿Pero son éstas las verdaderas causas o apenas los síntomas de una enfermedad crónica?

 

 

Jorge Gaitan baja productividad comportamiento

Tomado de http://m.elespectador.com/noticias/economia/articulo-398487-claves-reactivar-industria-nacional

Una enfermedad crónica

Colombia ha estado buscando opciones para insertarse mejor en la economía mundial desde hace más de veinte años, a partir de la primera apertura — parcial y malograda — durante el gobierno Gaviria. Pero el país llegó tardíamente a la globalización y su aparato productivo no estaba preparado convenientemente.

El crecimiento económico de los últimos años se ha interpretado como una señal de buena salud, cuando en realidad una enfermedad crónica y perniciosa viene minando las bases del aparato productivo.

Esa enfermedad es la baja productividad.

El diagnóstico

Desde 2005 se sabía que en el aparato productivo colombiano persiste una profunda brecha de productividad laboral frente a las economías más eficientes.  Por ejemplo,  con respecto a Estados Unidos el diferencial es del orden del 80 por ciento, tal como se presenta en la gráfica siguiente: 

 

 

 Jorge Gaitan baja productividad productividad

 

En 2007, Ricardo Hausmann [1] presentó los resultados de un detallado estudio para medir el grado de preparación y de adaptación de los diferentes sectores del aparato productivo colombiano para aprovechar el cambio del entorno mundial y las nuevas oportunidades que se le estaban abriendo.  El mensaje era contundente: era preciso iniciar de inmediato un complejo proceso de transformación productiva.

Cinco años después, a pesar de esfuerzos meritorios pero dispersos, aislados e insuficientes, el aparato productivo colombiano no ha iniciado siquiera el proceso de  transformación.  Las consecuencias comienzan a ser evidentes, desafortunadamente.

La entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos y muy pronto del TLC con la Unión Europea — nodos principales de un entramado de tratados en todas direcciones (Chile, Canadá, América Central, Corea del Sur, Turquía, entre otros) — ya están poniendo en evidencia que la inmensa mayoría de empresas colombianas no solo no están listas para exportar exitosamente hacia esos mercados, sino que ni siquiera están preparadas para hacer frente a la competencia que los tratados inducirán inevitablemente: esas son las reglas de juego.

En el análisis de Álvaro Moreno, publicado en Razón Pública el 29 de julio pasado, que muestra las graves deficiencias  del actual modelo de desarrollo colombiano, se plantea que  “lo importante es acumular capacidades que permitan producir y exportar bienes cada vez más sofisticados. La estructura del espacio de producto es una red compleja en cuyo centro se localizan los productos más sofisticados y cercanos en términos de la probabilidad de exportar con ventaja comparativa revelada: por ejemplo, exportar Ipads dado que ya se producen teléfonos celulares. Los productos menos sofisticados y con un menor número de interconexiones se localizan en la periferia.”[2]

 

 

El país ha perdido competitividad a lo largo de los últimos seis años y se ubica en la misma posición del año 2000, tal como se puede observar en la gráfica siguiente. 

 

 Jorge Gaitan baja productividad interconexion

Fuente: Hidalgo et al (2007) [3]

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)  acaba de presentar, en enero de 2013, su Evaluación Económica sobre Colombia.  La conclusión general advierte que si el pais aspira de veras a ingresar algún día a este club de países desarrollados, debería comenzar a tomarse en serio su más grave debilidad: la baja productividad agregada de la economía.

Otro estudio fundamental publicado por el BID en 2010 — “La Era de la Productividad” — demuestra que el lento crecimiento crónico de las economías de América Latina frente a las del Sudeste Asiático tiene una causa principal: la baja productividad, de nuevo.

“La baja productividad suele ser el resultado no intencionado de una gran cantidad de fallas del mercado y del Estado que distorsionan los incentivos para innovar, impiden la expansión de las compañías eficientes y promueven la supervivencia y el crecimiento de empresas ineficientes.”[4] “… el desarrollo económico exige irse despojando de capas de malas políticas y corregir fallas de mercado que conspiran contra el crecimiento de la productividad.”

“En la industria manufacturera de la región, si se redujera la proporción de microempresas y aumentara la de empresas medianas para que coincidiera con la distribución por tamaños de las empresas manufactureras de Estados Unidos —sin modificar los niveles de productividad individuales de cada empresa— prácticamente se duplicaría la productividad de la industria manufacturera en los países en los que puede realizarse este cálculo.”

“Este impulso sería suficientemente fuerte para cerrar la brecha de productividad manufacturera con Estados Unidos” (énfasis añadido).

“Esto significa que los bajos niveles de productividad agregados se explican por la abrumadora mayoría de pequeñas empresas y que, por lo tanto, a diferencia de otras regiones del mundo, la presencia avasalladora de microempresas y trabajadores por cuenta propia debe interpretarse como una señal de fracaso, y no de éxito, como a menudo se indica.”

“En otros, el exceso de micro y pequeñas empresas parece estar vinculado con una gran variedad de subsidios implícitos a las empresas más pequeñas, ya que estas evaden el pago de impuestos, las obligaciones de la seguridad social de sus empleados y otras disposiciones normativas con mayor facilidad que las empresas medianas y grandes.  Estos subsidios ayudan a que las empresas de baja productividad amplíen su participación en el mercado, a expensas de las empresas más productivas.”

“La amplia proporción de empresas muy pequeñas también pone de manifiesto la incapacidad de muchas pequeñas empresas de innovar y convertirse en empresas con un nivel medio o alto de productividad, y de las empresas de productividad media de incursionar en el mercado y atraer mano de obra de compañías más pequeñas y menos productivas.”

“En América Latina, una asignación más eficiente de recursos dentro de la manufactura podría elevar la productividad de este sector en aproximadamente un 50 a un 60 por ciento.  En algunos países, como México, estos aumentos se estiman en un 100 por ciento.”

Análisis del caso colombiano

Se ha construido el siguiente cuadro sobre la base de los estados financieros a 31 de diciembre de 2011 de algo más de 27 000 empresas recopilados por la Superintendencia de Sociedades: 

 

 

 

 Colombia vive una fuerte conmoción en su aparato productivo, que lo tiene al borde de la parálisis.

 

 

Jorge Gaitan baja productividad resumen

Fuente: Supersociedades. Estados financieros a 31 de diciembre de 2011

Las empresas han sido clasificadas por el rango de ingresos.  La muestra  cubre lo esencial del aparato productivo colombiano formal, que está vigilado y obligado a reportar sus estados financieros a la Superintendencia de Sociedades. Incluye empresas de todos los grandes sectores: manufactura, comercio, servicios, minero–energético y algunas del sector financiero. 

El análisis porcentual de la muestra se presenta a continuación: 

   

 

Jorge Gaitan baja productividad porcentual

 

Fuente: Supersociedades. Estados financieros a 31 de diciembre de 2011.

Se observa una gran concentración en los tres primeros escalones, que corresponden a las 764 empresas con ingresos por encima de 100.000 millones de pesos en 2011, es decir apenas el 2,81 por ciento de la muestra:

  • concentran el 63 por ciento de los ingresos;
  • más del 71 por ciento de las utilidades antes de impuestos;
  • contribuyeron con el 69 por ciento de los impuestos;
  • poseen el 61 por ciento del patrimonio total a disposición de las más de 27.000 empresas.

Por otra parte, el segmento conformado por las 5.593 empresas con ingresos entre 5.000 y 20.000 millones de pesos — que pueden considerarse como el núcleo central de las típicas medianas y pequeñas o pymes – representa el 20 por ciento del total, pero solo obtuvo el 11 por ciento de los ingresos, contribuyó con el 9 por ciento de los impuestos y dispone apenas del 8 por ciento del patrimonio total.

De otra parte, la evidencia empírica confirma la conclusión central del estudio del BID: a medida que se baja en la escala del tamaño de la empresa resulta dramática la caída en la productividad de las empresas colombianas, medida por ejemplo por indicadores de productividad del capital como el retorno sobre el patrimonio (ROE) y la creación de valor, tal como puede observarse en la última columna de este cuadro: 

 

 

 El crecimiento económico de los últimos años se ha interpretado como una señal de buena salud, cuando en realidad una enfermedad crónica y perniciosa viene minando las bases del aparato productivo.

 

Jorge Gaitan baja productividad patrimonio

Fuente:   Para el cálculo del costo de capital en Colombia para 2010, ver: Sánchez, Jairo Humberto.  “La Tasa de descuento en países emergentes. Aplicación al caso colombiano”. Revista EAN. Julio – Diciembre 2010, Tabla 11, pág. 132.

De hecho, esta última medida es elocuente: solo las empresas más grandes — con ingresos por encima de un billón de pesos — realmente lograron crear valor en términos económicos en 2011 (47 empresas entre más de 27.000).


El otro componente central de la productividad agregada es la productividad laboral.  La gráfica siguiente pone en evidencia la brecha en la productividad laboral de los principales subsectores industriales colombianos en términos de valor agregado por trabajador por año, en dólares. Resulta preocupante la brecha promedio con Estados Unidos: algo más de 53.000 dólares por trabajador por año. 

 

 

Jorge Gaitan baja productividad subsectores

Fuente: McKinsey Global Institute.

La productividad laboral en Colombia registró una fuerte volatilidad en el período 1991–2012, estrechamente asociada con las grandes crisis de carácter macroeconómico como la del año 1999 y la de 2009.  Se observa una tendencia muy marcada a la baja desde 2010.

 

 

Jorge Gaitan baja productividad laboral

Fuente: DANE. Muestra Mensual Manufacturera (1991 – 2012)

Para cerrar la brecha

En conclusión, el aparato productivo colombiano requiere una intervención estatal para acelerar el proceso de transformación productiva con un objetivo central: cerrar la brecha de productividad.

Pero es evidente que la estrategia de intervención debe ser selectiva:

i. La brecha de productividad se amplía a medida que disminuye el tamaño de las empresas.

ii. Las grandes empresas del país ya alcanzan estándares internacionales de productividad y no requieren estímulos adicionales.

iii. Se debe desestimular la proliferación de muy pequeñas empresas ineficientes que escapan a la vigilancia y al control del Estado, por lo cual reciben subsidios implícitos derivados de la informalidad.

iv. El foco de la política pública debe concentrarse en las pequeñas y medianas empresas manufactureras, agroindustriales y de base tecnológica, susceptibles de adoptar procesos de transformación productiva que lleven efectivamente a cerrar la brecha de productividad, a elevar el tamaño promedio y a reducir la dispersión de los recursos escasos, como el capital financiero y el capital humano.

 

* El perfil del autor lo encuentra en este link.
Para ver las notas de pie de página, pose el mouse sobre el número sin dar click.

 

   

 Solo las empresas más grandes — con ingresos por encima de un billón de pesos — realmente lograron crear valor en términos económicos en 2011 (47 empresas entre más de 27.000).

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