Bad Bunny en el Super Bowl, también con reguetón se puede hacer política
Foto: El Mundo

Bad Bunny en el Super Bowl, también con reguetón se puede hacer política

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La música, el español, la boda, los bailarines y el final con las banderas representando el continente americano hicieron sentir a muchos latinos orgullosos y representados, y solo por eso, el gesto ya tiene un enorme sentido político.

El fútbol americano es el deporte más popular en Estados Unidos y su final, o el Super Bowl, es el evento deportivo más grande y el que más público atrae en este país. Como en todos los deportes y especialmente en Estados Unidos, mucho más que un simple partido, la final es un evento mediático y comercial. Es bien sabido, por ejemplo, lo extremadamente costosos que son los comerciales que salen al aire durante el partido. 

El concierto del medio tiempo es otro de los eventos estelares de la tarde y en los últimos años estos conciertos han atraído más espectadores que el propio juego. Algunos de los artistas que se han presentado en este espacio han sido Michael Jackson, en 1993; Prince, en 2007; Rihanna, en 2023, y finalmente este año el cantante puertorriqueño Bad Bunny.

El espectáculo como plataforma global

El concierto del medio tiempo del Super Bowl, especialmente en los últimos años, es una producción espectacular de luces, video y bailarines, por lo que es ya un evento en sí mismo. Este año más de 128 millones de personas lo vieron por televisión.

Los artistas que cantan en el espectáculo de medio tiempo en el Super Bowl siempre son algunos de los mejor pagados y más reconocidos en la industria musical norteamericana, y Bad Bunny no es la excepción. Independientemente de si a alguien le gusta o no el reguetón, si le parece que Bad Bunny es buen o mal cantante, si lo reconoce como un artista genuino o simplemente como un producto del mercado, Benito Antonio Martínez Ocasio es uno de los artistas más famosos en el mundo. Plataformas como Spotify lo han declarado el Top Álbum Global en 2020, 2021, 2022 y 2025, y a comienzos de febrero de este año el artista ganó el Grammy al mejor álbum del año, con lo que se convirtió en el primer músico en la historia en ganar en esta categoría con un álbum en español.

Uno de los aspectos más interesantes de la presentación de Bad Bunny es que había mucha expectativa sobre si el artista iba o no a hacer un mensaje político en contra de Trump, ICE o las políticas migratorias de la presente administración norteamericana. El cantante nunca ha sido tímido en el momento de expresar sus opiniones sin pedir disculpas y sin matices; incluso durante su discurso de aceptación del Grammy, hace apenas un par de semanas, habló explícitamente de este tema. Sin embargo, en su show no hizo comentarios explícitos al respecto, sino que el concierto fue más una celebración de la cultura puertorriqueña y latinoamericana. 

Estética de la identidad cotidiana

El espectáculo fue una secuencia de sus canciones más famosas, que el artista cantó mientras recorría pequeñas instantáneas de artefactos de la cultura latina que son inmediatamente reconocibles para muchos de nosotros. Los viejitos jugando dominó, puestos de comida callejeros, las chicas haciéndose la manicure y el niño dormido en una silla en la fiesta, entre muchos otros. Estas imágenes, presentadas rápidamente una tras otra, fueron pequeñas instantáneas de partes de la identidad para muchos latinoamericanos que, si bien no representan a todos, hicieron que muchos se sintieran identificados. En ese sentido el show de Bad Bunny fue un poderoso modelo de representación. El artista, ante la oportunidad de presentarse frente a esta enorme plataforma mediática, decidió utilizar el espacio no para dialogar con Trump o con sus detractores, a quienes simplemente ignoró, sino que se enfocó en celebrar una parte de nuestra cultura.

Esto no significa que el concierto no fuera un acto político. Algunas de estas viñetas fueron más explícitas, como cuando se subió a unos postes de electricidad en referencia a los apagones que todavía afectan a Puerto Rico después del huracán María en 2017; y la interpretación que Ricky Martin hizo de Lo que le pasó a Hawai una canción que reflexiona sobre los peligros del turismo masivo y la gentrificación.

El mensaje incluyente del concierto en términos de una identidad panamericana también mostró aspectos más específicos de nuestra cultura como nuestras raíces afro y nuestra diversidad racial. Pero de nuevo no lo hizo diciendo “somos diversos”, lo hizo mostrando bailarines, banderas e invitados de todas partes.

De igual modo, Bad Bunny mostró su posición a favor de la comunidad LGBTQ+ y no es esta la primera vez que lo hace. Sus invitados fueron, por ejemplo, Lady Gaga, quien es un ícono para la comunidad gay, y Ricky Martin, miembro de la comunidad. Hubo otros atisbos de inclusión como varias parejas del mismo sexo bailando atrás del cantante, y uno de los invitados en la casita que estaba bailando fue Young Miko, una rapera y cantante lesbiana. 

Foto: Cadena Dial

El idioma como trinchera política

En términos de género también está el hecho de que una de las canciones escogidas por el artista para interpretar este día fue Yo perreo sola. Esta canción tiene un mensaje sobre el derecho de las mujeres a disfrutar de la fiesta sin miedo a ser víctimas de violencia o acoso. Esta canción marca una distancia con las letras tradicionales del reguetón en las que con mucha frecuencia se presenta a las mujeres como objetos. El video original de la canción también causó cierto revuelo en su momento ya que los reguetoneros casi siempre proyectan una imagen de masculinidad bastante rígida y muchas veces tóxica, y en este video Bad Bunny sale vestido de mujer y comparte escenario con varias mujeres transgénero de Puerto Rico. En el Super Bowl la canción fue introducida por el cantante con “las mujeres en el mundo entero… perreando sin miedo”. 

Otro aspecto realmente importante de la presentación fue, por supuesto, el uso del español. En Estados Unidos no hay una lengua oficial, y el español es la segunda lengua más hablada. De hecho, Estados Unidos, después de México, es el país donde se habla más español en el mundo. Sin embargo, la popularidad de esta lengua está acompañada de un rechazo —por un sector amplio de la sociedad— hacia los inmigrantes en general y a los hispanohablantes en particular. Muchos migrantes que han sido víctimas de esta discriminación han optado por no enseñar sus lenguas maternas a sus hijos pensando que así les darán una mejor vida. Pero muchos otros han transmitido tanto su idioma como las tradiciones de sus países de origen. Debido a este complejo panorama, el hecho de que casi todo el espectáculo fuera en español es un acto simbólico que motivó un sentimiento de orgullo, por decirlo de algún modo, lingüístico; al mismo tiempo que reconoce la realidad de que el español es una lengua que ya hace parte de la cultura norteamericana. El uso casi que exclusivo del español en el show de Bad Bunny resalta, afirma y festeja la presencia de los hispanohablantes en Estados Unidos.

No a todos les gustó el concierto, hubo críticas desde la derecha y el mismo presidente Trump, que vieron la falta de personas blancas y del uso del inglés como una afrenta la identidad cultural de Estados Unidos; las críticas han demostrado el racismo de una sociedad que no ve a los inmigrantes como personas. También ha habido críticas desde los propios latinos, quienes no se sintieron identificados y rechazan el término latino para identificarse. Otros creen que no es posible hacer una crítica del sistema desde el sistema.  

Sin embargo, la resistencia contra la discriminación y el racismo se puede ejercer de muchas maneras, lo hacen los profesores en clase, los activistas en la calle protestando, y también las personas que cocinan en los restaurantes, que trabajan en las peluquerías y, por qué no, las personas ricas y famosas. La gente que mantiene vivas sus tradiciones especialmente en la diáspora o en espacios donde son normalmente excluidos o mirados como inferiores. 

Después del concierto de Bad Bunny, las redes sociales se inundaron de videos de latinos en Estados Unidos y en América Latina, reaccionando con lágrimas al espectáculo. La música, el español, la boda, los bailarines y el final con las banderas representando el continente americano hicieron sentir a muchos latinos orgullosos y representados, y solo por eso, el gesto ya tiene un enorme sentido político. 

En un ambiente político y social en Estados Unidos, donde muchos inmigrantes documentados e indocumentados están siendo perseguidos y tienen miedo de salir a la calle, la fiesta de Bad Bunny, el baile, la alegría y el orgullo de ser latino se sintió como un respiro. Perrear también es resistencia.

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Acerca del autor

Ana María Ferreira
anaferreira@razonpublica.org.co | + posts

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com

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Ana María Ferreira

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com

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