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Autoritarismos con elecciones: la política de la incertidumbre

Escrito por Armando José Mercado
Elecciones en Venezuela.

Elecciones en Venezuela.

Armando MercadoUn libro para entender por qué y cómo los regímenes no democráticos pueden llevar a cabo elecciones, y cómo ellos – y sus opositores- pueden aprovechar esas elecciones. Una lectura cada vez más pertinente.   

Armando José Mercado*

La política de la incertidumbre en los regímenes electorales autoritarios.

Andreas Schedler
Fondo de Cultura Económica
2016, 279 págs.

Los autoritarismos de hoy

Tanto entre los académicos como entre la opinión pública existe un consenso bastante general en el sentido de que regímenes como el del recientemente depuesto Robert Mugabe en Zimbabue o como el de Nicolás Maduro en Venezuela son autoritarios.

Estos regímenes se consideran no democráticos porque violan de manera evidente uno o varios de los atributos básicos de la democracia liberal. Pero, ¿qué tipo de autoritarismo son?  

Bajo las clásicas monarquías absolutistas o bajo las longevas dictaduras militares no existía ninguna oposición. Los partidos opositores eran ilegales, eran reprimidos brutalmente o eran una simple fachada.

En la mayoría de los autoritarismos contemporáneos se hacen elecciones.

Por el contrario, en la mayoría de los autoritarismos contemporáneos se hacen elecciones multipartidistas y algunos partidos de oposición logran una representación significativa en cuerpos legislativos, además de tener gobernadores regionales y/o alcaldes municipales.

¿Son elecciones meramente decorativas? ¿La oposición es una fachada? El politólogo Andreas Schedler cree que el elemento que define a los regímenes no democráticos actuales —llamados por él “autocracias electorales”— es justamente la competencia en la arena electoral y la incertidumbre (real o potencial) que produce esa competencia, tanto para los gobernantes autoritarios como para la oposición.

Profesor Andreas Schedler.
Foto: Youtube
Profesor Andreas Schedler. 

La política de la incertidumbre

Con un análisis cuantitativo comparado, Schedler demuestra cómo el “autoritarismo electoral” es el tipo de régimen no democrático más frecuente en el mundo contemporáneo, después del fin de la Guerra Fría.

Así como la democracia electoral se expandió durante la llamada “tercera ola democratizadora” de finales del siglo XX,  así también se expandió el autoritarismo electoral, pero no a costa de la democracia, sino a costa de otros tipos de regímenes autoritarios, como las dictaduras militares o los regímenes de partido único.

A diferencia de otros autores —que consideran las elecciones bajo regímenes no democráticos como simples simulacros para darle un respiro al Gobierno—, Schedler sostiene que las elecciones han tenido un papel fundamental en los autoritarismos de hoy.

Según Schedler, las elecciones son arenas de competencia que producen tanto oportunidades como restricciones para el régimen y para la oposición es decir, que producen incertidumbre entre los competidores.

Para estudiar lo que ha llamado la política de la incertidumbre, Schedler se enmarca en el neo-institucionalismo y construye un sub-enfoque denominado institucionalismo político basado en el régimen. El autor reconoce y utiliza los aportes de otros enfoques ya aplicados para estudiar los regímenes autoritarios y las transiciones a la democracia. Por ejemplo, los que él llama:

  • La sociología política centrada en la sociedad;
  • La economía política centrada en el Estado y
  • La economía política centrada en la élite.

Sin embargo Schedler sostiene que estos enfoques centrados en variables estructurales como la cultura y la economía o en cálculos costo-beneficio, han descuidado la autonomía de la política como objeto de estudio y el análisis de los regímenes políticos per se, que tienen sus propias lógicas.

Lo importante, según el autor, es recordar que el gobierno y la oposición compiten por definir cómo se accede, cómo se conserva y cómo se ejerce el poder político. Compiten por la dominación misma y no solo por la captura de rentas o la imposición de un modelo de sociedad.

Schedler afirma que, pese a lo que se suele creer, los autócratas y sus regímenes siempre sufren dos tipos de incertidumbres:

  • Incertidumbre institucional, pues nunca saben cuánto durará en realidad su régimen;
  • E incertidumbre informacional, porque nunca saben con certeza cuáles son las amenazas que enfrentan.

Los autoritarismos sufren de incertidumbre porque son opacos por definición, a diferencia de las democracias, que deben ser transparentes en sí mismas.

Para reducir la incertidumbre y aumentar su control sobre la información, los autoritarismos pueden crear policías secretas, cuerpos de inteligencia, medios de comunicación, sindicatos de Estado, etc., pero paradójicamente esto hace que la información que consigan sea menos confiable, por ejemplo: la confesión de un opositor sometido a tortura, o el chisme de un ciudadano oportunista que busca quedar bien con el régimen.

Tipologías de amenazas al régimen autoritario

 

Amenazas pacificas

Amenazas violentas

Amenazas laterales

Golpe palaciego

Golpe militar

Amenazas verticales

Competencia electoral

Rebelión popular

Amenazas externas

Sanciones económicas

Guerra

Schedler (2016)

Ante las amenazas o presiones nacionales o internacionales, los autócratas en el mundo contemporáneo se han visto forzados a convocar elecciones: otra fuente más de incertidumbre y amenaza. La política de la incertidumbre, por lo tanto, consiste en utilizar estratégicamente la competencia electoral para reducir o aumentar la incertidumbre (según lo que convenga).

Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Foto: Conexión Capital
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. 

Elecciones sin democracia: oportunidades y restricciones

Mientras que el autócrata trata de reducir la incertidumbre, las elecciones la aumentan cada vez más.

Pero el autócrata tiene una ventaja estratégica en la arena electoral: él es el que hace las reglas. Las elecciones se convierten en una competencia, en un juego en el que uno de los jugadores tiene la facultad de cambiar las reglas. Por lo tanto, es un juego asimétrico. Como el autócrata no puede prescindir de las elecciones, se dedica a tratar de manipularlas.

Schedler hace todo un manual de los tipos de manipulación que los autócratas utilizan para inclinar el tablero a su favor:

  • Manipulación legislativa -restricción de las funciones del poder legislativo o intimidación-.
  • Manipulación judicial -cooptación de jueces, restricción de sus funciones o nombramientos amañados-.  
  • Manipulación de las autoridades locales -recorte de funciones y recursos o destituciones arbitrarias-.  
  • Manipulación de los medios de comunicación -cierre de medios, sanciones, censura, autocensura, restricciones al consumo-.  
  • Manipulación de la sociedad civil -organizaciones paralelas, represión selectiva, cooptación de líderes civiles para producir división interna-.  

Las elecciones pueden ser una oportunidad para las autocracias. Con elecciones, el autócrata puede obtener información sobre sus aliados y adversarios o medir su grado de apoyo real para legitimarse nacional e internacionalmente.

El autócrata tiene una ventaja estratégica en la arena electoral: él es el que hace las reglas.

Pero la arena electoral también  puede ser una oportunidad para los opositores del régimen. Las elecciones le permiten a la oposición:

  • Exponer sus reivindicaciones en medios nacionales e internacionales;
  • Impugnar los resultados electorales;
  • Movilizarse y manifestarse en época electoral o en otras ocasiones;
  • Provocar la deserción de agentes del Estado, al notar que la preferencia de los votantes se está volcando del lado de la oposición.   
  • Provocar la deserción de ciudadanos leales al régimen como consecuencia  del descontento o de la propaganda de la oposición.

Si bien las elecciones autoritarias implican grandes restricciones para los disidentes y opositores, también producen oportunidades para retar al régimen de manera individual o colectiva.

Robert Mugabe.
Foto: Wikimedia Commons 
Robert Mugabe. 

Lo que le falta al libro

La versión en español reseñada aquí no contiene un importante capítulo empírico incluido en la versión original en inglés. El capítulo faltante contiene una interesante base de datos original sobre elecciones autoritarias de 1980 hasta 2002, de la cual extrae el autor una gran parte de sus conclusiones, a través de comparaciones y de un análisis más detallado de los casos.

La arena electoral también puede ser una oportunidad para los opositores del régimen.

La omisión —acaso un intento por aligerar innecesariamente el texto— podría interpretarse como un desplante para el público latino: ¿se nos ve como una audiencia que se conforma  con descripciones históricas cualitativas y que no exige explicaciones cuantitativas rigurosas?

Con excepción de ese detalle no menor, el texto es rico en conceptos, teorías e hipótesis bien construidas y aplicadas por el autor, el producto de más de quince años dedicados al estudio de los autoritarismos electorales.

Lo considero el mejor marco teórico que se ha hecho hasta la fecha para entender el funcionamiento de los  regímenes autoritarios electorales como Venezuela, cuyo régimen ha pasado —en tan solo dieciocho años— de una democracia electoral de baja calidad a un autoritarismo electoral hegemónico.    

*Politólogo con estudios de Maestría en Conflicto social y Construcción de paz, investigador del Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

 

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