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Autopista o Camino Real

Escrito por César González

cesar gonzalezCaen rayos y centellas sobre la autopista colombiana de la gestión cambiaria. Es inevitable la intervención a fondo por parte del Banco de la República, con resultados inciertos.

César González Muñoz *

Para el Ministerio de Hacienda el manejo del problema cambiario es-usando los símiles del ministro Echeverry- como una  autopista de tres carriles: el ajuste fiscal, la reducción de costos de la producción nacional, y la revisión del régimen cambiario.  

En algún momento también se manejó la noción de que el dólar, que está devaluándose en todas partes, iba a corregir el rumbo más temprano que tarde. Pero la ruta más probable de la moneda gringa va en la dirección contraria.

Curiosa esta autopista, cuyos carriles son dolorosamente lentos. El ajuste fiscal tiene un destino lejano. Hacen falta ajustes tributarios estructurales y mecanismos promotores del ahorro público. Si el congreso los aprobara con toda diligencia, sólo al final de esta administración podría verse un cambio cierto en el talante fiscal. Pero el gobierno se ha negado hasta ahora a proponer una reforma tributaria integral. La reducción de costos privados y el aumento de la productividad empresarial y del empleo son procesos cuya velocidad será, forzosamente, la de una tortuga comparada con la de la liebre de un peso sobrevaluado.   

Una eventual revisión del régimen cambiario colombiano podría tener un fuerte impacto en la tasa de cambio; el problema es que nadie en el estado llano sabe en qué podrá consistir esa revisión ni cuál será el procedimiento institucional para realizarla.  

Esta es la discusión en Colombia. Entre tanto, allá afuera hay una tormenta entre las principales divisas, particularmente el dólar y el yuan. Desde el estallido de la última gran crisis las economías más ricas sufren por el desempleo, el bajo crecimiento y la débil demanda interna; todas ellas buscan un empujón exportador. Pero no hay suficientes compradores en el mundo: China, que es una máquina exportadora sin parangón, atesora reservas internacionales a un ritmo inaudito; éstas llegaron a 2.5 trillones de dólares  a mediados de 2010, 30 por ciento del total mundial y equivalentes al 50 por ciento del PIB chino. Buena parte de la expansión monetaria de Estados Unidos, instrumentada por su banco central como respuesta a la recesión, termina en el balance del banco central chino. El desajuste es enorme e insostenible técnica y políticamente.

La situación actual es parecida a la que vivía el mundo a mediados de los ochenta. En 1985 Alemania, Francia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos suscribieron el llamado Acuerdo del Plaza, mediante el cual se forzó una devaluación del dólar y se negoció un sistema de sacrificios compartidos. Japón terminó aceptando una fuerte apreciación del yen y una reducción de su superávit externo.

A falta de las reformas institucionales que necesita la economía global, , un acuerdo "pragmático" implicaría la revaluación del yuan y de las divisas asiáticas en general, y una mayor apertura asiática y europea al consumo importado.  Los expertos tampoco creen que tales cosas vayan a ocurrir ahora. Las apuestas están a favor de una creciente intervención de muchos bancos centrales en los mercados cambiarios para impedir la ulterior revaluación de las monedas. Es decir, se prevé un escenario de retaliaciones mutuas y desordenadas. Lo dijo el ministro de hacienda de Brasil la semana pasada: "Estamos en una guerra de divisas. Esta es una amenaza que atenta contra nuestra competitividad".   El gobierno brasileño comenzó a actuar en consecuencia: El lunes aumentó del 2 al 4 por ciento el impuesto sobre transacciones financieras, que grava la entrada de capitales externos invertidos en instrumentos de renta fija.

Caen rayos y centellas sobre la autopista colombiana de la gestión cambiaria. Es inevitable la intervención a fondo por parte del Banco del República,  con resultados inciertos.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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