Paola Rios, autor en Razón Pública
Foto: Presidencia de la República

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Estas son las diferencias entre el proyecto de reforma laboral que se ahogó en el Congreso y la nueva versión que acaba de presentar el gobierno. ¿Cómo evaluar estos cambios?

Paola Ríos*

El trabajo de reformar

El nuevo texto de la reforma laboral fue presentado al Congreso el 24 de agosto.

Aunque se mantienen algunos elementos del proyecto original ―y aunque el nuevo articulado no fue consultado con los gremios ― el texto incluye variaciones importantes, hace gradual la ejecución de algunas iniciativas y facilita la incorporación de trabajadores informales en los sistemas de seguridad social.

Gremios y analistas habían insistido en que el aumento de los costos laborales que implica el proyecto inicial reduciría el número de empleos formales. Según el estimado del Banco de la República, las pérdidas ascenderían a 450.000 empleos.

Desde los primeros anuncios de la reforma laboral, la intención del gobierno ha sido revertir el proceso de “flexibilización” que se expresó sobre todo en la ley 789 de 2002, una ley que disminuyó los beneficios y condiciones de los trabajadores para aumentar los niveles de empleo.

Dicha “flexibilización” se refirió, entro otros, al pago de los dominicales, la definición de las horas nocturnas, las reglas de juego para la contratación de aprendices y la indemnización por despido sin justa causa. Los estudios sobre estas medidas de reducción de los costos laborales han concluido que el aumento en los puestos de trabajo fue inferior al proyectado por el gobierno.

El nuevo texto mantiene muchas de las iniciativas referentes a la ley 789 de 2002, pero incluye ajustes para aliviar el aumento de los costos y añade nuevas disposiciones. A continuación, haré el recuento de algunas de las iniciativas que se mantuvieron, las concesiones que se lograron y las nuevas iniciativas.

Puede ver: Cambios laborales: ¿peligra el empleo?

Continuidades y concesiones

Se mantiene la intención de que el contrato de aprendizaje no pueda ser por un valor inferior al salario mínimo y que debe pagar la seguridad social. Esta no era una de las propuestas más costosas para lo empresarios, pero sin duda encarece la contratación de este tipo de trabajadores.

Desde los primeros anuncios de la reforma laboral, la intención del gobierno ha sido revertir el proceso de “flexibilización” que se expresó sobre todo en la ley 789 de 2002,

Foto: Alcaldía de Medellín - El texto de la reforma laboral mantiene el cambio de horario nocturno, pero lo fija a partir de las 7 p.m.
Al igual que en el proyecto inicial, los recargos por festivo y dominical serían del 100% del salario ordinario, pero ahora es de manera gradual. Se mantiene el cambio del horario nocturno, pero la nueva propuesta lo fija a partir de las 7:00 PM. Estas dos medidas eran las más onerosas de acuerdo con las estimaciones del Banco de la República.

De esta manera, los costos laborales aumentarían significativamente, pero menos de lo que lo harían bajo el proyecto original y la empresa ahora tendrán más tiempo para adaptarse a las nuevas reglas de juego.

En cuanto a los contratos de prestación de servicios―y a diferencia de la primera propuesta―, no se pretende que los empleadores garanticen los mismos derechos salariales y prestacionales de quienes realicen servicios relacionados con la actividad principal de la empresa.

El reajuste anual equivalente al menos al ritmo de inflación para quienes perciben menos de dos salarios mínimos no fue incluido en el nuevo texto de la reforma. Esto también disminuye la presión sobre los costos laborales en comparación con la propuesta inicial.

Los nuevos ingredientes…y sus dificultades

Una de las iniciativas más notables es la posibilidad de realizar pagos parciales a los sistemas de seguridad social. Recordemos que hoy por hoy es posible hacer aportes sobre la base de salarios inferiores al mínimo, mediante la cotización por semanas; de esta manera el trabajador queda cubierto por a los sistemas de pensiones y riesgos laborales, además de acceder a algunos de los servicios de las cajas de compensación familiar.

Además, hasta junio de 2023 existía el sistema de Beneficios Económicos Periódicos (BEPS) que proveía un piso de protección social con coberturas para la vejez o ante enfermedades fatales de trabajadores de bajos ingresos. Estos dos sistemas no incluían prestaciones económicas relacionadas con incapacidades por enfermedad común o con licencias de paternidad y maternidad. Y aquí además debo anotar que han sido muy pocos los trabajadores que cotizaron al BEPS o los que cotizan por semanas, una fracción muy pequeña de los trabajadores que ganan menos de un salario mínimo.

Parece que el gobierno ha adoptado un tono más conciliador frente a los gremios, sin renunciar a su intención de proteger a los trabajadores formales.

En cambio, los dos proyectos de reforma contemplan nuevas alternativas para que las personas que trabajan a través de las plataformas de reparto y los micronegocios puedan cotizar en el sistema de seguridad social.

Pero no es fácil garantizar sistemas de información veraces y suficientes para que estas nuevas formas de cotización sean empleadas de manera adecuada. Tampoco será fácil diseñar los sistemas de aporte y beneficios de la seguridad social que correspondan a las nuevas formas de cotización.

Otras medidas innovativas llaman la atención y bien merecerían un análisis detenido, como decir el programa de incentivos para el acceso a créditos por parte de los micronegocios que realicen pagos a la seguridad social.

Parece que el gobierno ha adoptado un tono más conciliador frente a los gremios, sin renunciar a su intención de proteger a los trabajadores formales. Pero la puja por el aumento de los costos laborales seguirá estando en el trasfondo del debate en el Congreso.

Lea en Razón Pública: La política nacional de reindustrialización ¿misión imposible?

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Paola Rios

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Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

Foto: Gobernación de Boyacá

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Los anuncios de reforma laboral han despertado esperanzas, pero también el temor de que aumente el desempleo. Por eso urge que el gobierno aclare su propuesta, para lo cual hay que tomar en serio el contexto y el difícil momento de la economía.

Paola Ríos*

Una apuesta al pasado

Contamos todavía con pocos elementos para discutir lo que será la reforma laboral que el gobierno se propone presentar ante el Congreso durante el mes de marzo.

Pero el documento sobre las bases del Plan Nacional de Desarrollo (PND) enuncia algunos planteamientos que se podrían tener en cuenta en la reforma. Entre estos figuran la modernización del sistema de inspección, vigilancia y control, la promoción del trabajo decente, el aumento de la formalización laboral, la defensa de los derechos de los trabajadores y los contratos que garanticen la relación de trabajo, la estabilidad laboral y la libertad sindical.

De su lado la ministra Gloria Ramírez manifestó el deseo de retornar al sistema anterior a la Ley 789 de 2002 y, además, de poner límites al uso de los contratos de prestación de servicios.

No obstante la propuesta empezó con un traspié, porque el gobierno pretendió que los entes territoriales y nacionales realizaran reestructuraciones administrativas en tan solo cuatro meses.

A continuación, explicaré algunos elementos importantes a la hora de discutir la reforma laboral.

Foto: Alcaldía de Medellín - El aumento de los costos después de la jornada diurna, que termina a las 6 p.m., afecta principalmente a hoteles, restaurantes y establecimientos de entretenimiento.

Le recomendamos: Mercado laboral: propuestas incumplibles vs ausencia de propuestas

Aumento de los costos laborales

Los críticos de la de la Ley 789 sostienen que ella no produjo el aumento esperado del empleo, sino la desmejora de las condiciones laborales.

Esta reforma, que pretendía disminuir los costos y aumentar la flexibilidad en las relaciones laborales, aumentó el número de empleos, pero, como lo mencionó Jaime Tenjo, produjo sobre todo un aumento en las horas trabajadas.

Si se vuelve al sistema anterior, la jornada de trabajo diurna duraría hasta las 6 de la tarde, lo cual implicaría un costo mayor para las empresas que operan después de esa hora. También aumentaría el recargo en festivos y domingos, sería más costosa la indemnización por despido sin justa causa, y los contratos de aprendizaje tendría costos más altos.

Sobre los cambios anteriores hay que decir que no todos los sectores económicos se verían igualmente afectados; los de comercio, hotelería, turismo, entretenimiento y algunos sectores industriales sufrirán los efectos negativos más importantes, de manera que la nueva reforma no afectaría a la totalidad de sectores productivos.

Pero del otro lado hay que considerar el entorno económico actual que en general hace más costosa la producción, por motivos como el aumento en los precios de los insumos, el alza de los salarios a raíz del reajuste en el salario mínimo y una mayor tributación para algunos sectores por la reciente reforma tributaria.

Los mecanismos de ajustes ante un retorno al sistema anterior podrían hacer que las empresas asuman estos costos, beneficiando a algunos trabajadores del sector formal, pero también es probable que estas empresas tengan menor capacidad de contratar nueva mano de obra.

Si se vuelve al sistema anterior, la jornada de trabajo diurna duraría hasta las 6 de la tarde, lo cual implicaría un costo mayor para las empresas que operan después de esa hora. También aumentaría el recargo en festivos y domingos, sería más costosa la indemnización por despido sin justa causa, y los contratos de aprendizaje tendría costos más altos.

Además, hay que pensar que otra alternativa será la reducción de las horas trabajadas, la cual no será beneficiosa para todos los trabajadores ni para las empresas que suministran insumos o servicios a las empresas directamente afectadas por la nueva reforma.

Asegurar el cumplimiento de la ley laboral

La Misión de Empleo resaltó el elevado incumplimiento de la ley laboral, el déficit del 54 % en el número de inspectores de trabajo en relación con los estándares internacionales, y la sobrecarga de tareas que tienen estos inspectores.

Por eso la Misión recomendó algunas medidas que ya fueron incluidas en las bases del PND, como el aumento del número de inspectores, su mayor cobertura territorial, la mejora en sus propias condiciones laborales y el aumento de sus competencias. La misión, además, propuso robustecer las sanciones y el procedimiento para aplicarlas.

Las bases del PND también aluden a la posibilidad de otras medidas, como  fortalecer el componente preventivo del sistema de inspección, vigilancia y control, la agilidad en los trámites, una mejoría tecnológica y un grupo élite en temas de género, que de hecho empezó a funcionar el primero de diciembre de 2022.

Sería pues un acierto que la reforma laboral incluya disposiciones para aumentar el cumplimiento del estatuto laboral. Antes que aumentar los costos de contratar trabajadores, se debería velar por el respeto de las normas existentes y, después, desarrollar estrategias para la formalización laboral.

El miedo a las reformas

La reforma laboral debe partir de estimaciones rigurosas sobre los posibles efectos de sus varias medidas para determinar cuáles grupos de trabajadores —formales e informales—, cuáles personas en búsqueda de empleo y cuáles empresas serán beneficiados y cuáles se verán afectados negativamente.

Esto, en otras palabras, significará que quienes hoy trabajan con contratos de prestación de servicios verán una reducción en su ingreso neto, porque parte de su ingreso cubriría las prestaciones laborales que hoy no cubre, como las cesantías, las vacaciones y las primas.

También se deben considerar la coyuntura y el contexto propio del mercado de trabajo en Colombia, es decir, los altos niveles de informalidad, la elevada inflación, la alta incidencia del desempleo, el panorama económico mundial adverso, el encarecimiento del crédito y la notable devaluación del peso.

Lo sucedido con la Circular Conjunta 100-005-2022 para limitar los contratos de prestación de servicios debe tomarse como una lección para la reforma. Este incidente muestra la desconexión entre las instituciones del gobierno al adoptar con intensiones loables una medida que no resulta compatible con las realidades del país.

La Federación Colombiana de Municipios expresó su preocupación ante dicha circular porque desconoce las limitaciones que suelen tener los municipios para financiar los estudios de planta y ejecutar las reestructuraciones en cuatro meses.

Igualmente, en respuesta a una carta del Ministerio de Trabajo que a su vez planteaba preocupaciones sobre la circular, Función Pública aclaró que no se necesitan recursos adicionales para, por ejemplo, absorber a los trabajadores de prestación de servicios como trabajadores dentro de las plantas temporales.

Esto, en otras palabras, significará que quienes hoy trabajan con contratos de prestación de servicios verán una reducción en su ingreso neto, porque parte de su ingreso cubriría las prestaciones laborales que hoy no cubre, como las cesantías, las vacaciones y las primas.

Me pregunto si estas son las condiciones deseables para las personas que hoy trabajan por prestación de servicios y que quieren mejoras en sus condiciones laborales.

Una circular posterior permitió extender el plazo de los cuatro meses para ciertos casos, pero este tipo de cambios debe involucrar a los actores que se verán afectados, y evaluar la pertinencia y consecuencia de los cambios.

Como ocurrió con las limitaciones de los contratos de prestación de servicios en el sector público, el afán de ejecutar las reformas no puede ir en contravía de hacer evaluaciones rigurosas sobre las condiciones económicas actuales y los efectos de dichas reformas.

Lea en Razón Pública: Los “Ninis”: desempleo y brecha de género

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Paola Rios

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Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

Foto: Alcaldía de Santa Marta - El programa de Hernández no tiene propuestas concretas en materia laboral. En el de Petro hay definidas unas propuestas pero, como en otras áreas de su programa, requieren un esfuerzo fiscal enorme.

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Las propuestas de Hernández y de Petro en materia laboral son vagas, o no existen, o son completamente inviables. Esto dicen sus programas de gobierno.

Paola Ríos*

Inexistentes o costosísimas

Esta revisión de las propuestas de los candidatos en segunda vuelta se basa en los programas de gobierno que presentaron las campañas respectivas, y no en las declaraciones de Gustavo Petro o de Rodolfo Hernández en otros escenarios. En general se encuentra que

  • el programa de Hernández no tiene propuestas concretas en materia laboral, y
  • En el de Petro hay algunas propuestas definidas, pero su realización implicaría un esfuerzo fiscal tan considerable que resultan imposibles; estas propuestas además podrían aumentar la inflación y de este modo afectar el bienestar de los trabajadores.

Un salario para los desempleados

Petro propone un salario para los desempleados y otros grupos que quieran y no puedan trabajar en el sector privado: es el Estado como empleador de última instancia.

De esta manera el Estado tendría que garantizar un salario y prestaciones sociales para los 2,3 millones de desempleados actuales y además para una parte de los casi   12 millones de trabajadores informales que aspirasen a un empleo en el sector privado.

El costo fiscal de un programa semejante sería enorme. Según el Tablero de control para el seguimiento de los aportes al Sistema de la Seguridad Social, la planta actual del sector público llega a 1,6 millones de personas, sin incluir a los contratistas; añadir un mínimo de 2,3 millones de trabajadores a esta planta implicaría algo así como duplicar los gastos de funcionamiento del Estado.

La mayoría de los países tienen seguros de desempleo. Los sistemas varían en cuanto a la duración de la ayuda, el porcentaje del salario cubierto, el requisito de asistir a cursos o programas para conseguir empleo, y el aporte o no aporte que deban hacer los trabajadores mientras estén empleados.

Sistemas tan generosos como el que Petro propone se han aplicado en otras partes del mundo, pero son de carácter temporal y se utilizan solo en momentos de crisis, como la que causó la pandemia. Estos programas además se focalizan con mucho cuidado.

Por eso, aunque la protección al desempleado en Colombia esté lejos de ser eficiente, pensar que van a conseguirse los recursos para este tipo de programas es bastante debatible. Y debatibles también serían sus efectos para la economía colombiana.

El programa del Pacto Histórico sostiene que ese salario garantizado no afectará el nivel de precios. Pero resulta que el precio del trabajo es uno de los más importantes en la economía: la idea de Petro implica mayor costo de todos los bienes y servicios.

El único experimento de este tipo se hizo en Finlandia y cubrió solamente a los desempleados. Este experimento, con participación de dos mil personas, se tradujo en aumentos en el empleo y el bienestar de los participantes. Pero las diferencias entre la economía y el mercado de trabajo de Finlandia y los de Colombia son abismales. El resultado probable entre nosotros sería muy distinto, debido a factores como la capacidad fiscal, la tasa de desempleo, el tamaño de la economía informal, el desarrollo empresarial, los estándares de vida, o la provisión de bienes públicos, en especial el acceso a educación de alta calidad.
El Mercado laboral Colombiano
Foto: Radio Nacional - Ambas propuestas resultan ser vagas o poco viables.

Puede leer: El desempleo alto y ahora la inflación también

En particular, el gran tamaño de la economía informal en Colombia haría que los criterios de selección y el seguimiento de las personas fuese demasiado complicado.

Es probable que la informalidad aumente, ya que los programas de transferencias monetarias han demostrado que los beneficiarios tienden a conservar sus trabajos, de manera que otros miembros inactivos del hogar podrían emplearse como informales para calificar como receptores del subsidio. En otras palabras: la propuesta de Petro haría más atractivos los trabajos informales.

El programa del Pacto Histórico sostiene que ese salario garantizado no afectará el nivel de precios. Pero resulta que el precio del trabajo es uno de los más importantes en la economía: la idea de Petro implica mayor costo de todos los bienes y servicios.

Como si falta hiciera, el programa del Pacto añade subsidios a la contratación de trabajadores, subsidios al consumo de servicios públicos, crédito subsidiado para los agricultores y los pequeños o medianos emprendedores, matriculas gratuitas para los estudiantes, subsidios para las mujeres que retribuyan su trabajo de cuidado…y complete usted la lista.

Las demás propuestas de “el ingeniero” se refieren al sistema pensional, pero no se mencionan cambios en las tasas de cotización o en las edades de jubilación, de modo que quedamos sin saber de dónde provendrían los recursos para esos nuevos o mayores beneficios pensionales.

Todos esos programas exigirían un esfuerzo fiscal de grandes dimensiones. Generalmente los subsidios a la contratación o los programas de empleo directo por parte del Estado se utilizan ante crisis como las que vivimos durante la pandemia, o para poblaciones altamente vulnerables que por eso no pueden vincularse al mercado de trabajo.

Uno o varios programas permanentes y dirigidos a millones de personas desbordarían las posibilidades financieras del Estado en cualquier lugar del mundo.  Es más: no hay evidencia suficiente para decir que el programa tendría efectos positivos, sostenibles y potenciadores del desarrollo.

La ausencia de propuestas

El programa de Hernández incluye dos propuestas de carácter propiamente laboral: “Generar empleo digno y vocacional”, y “Diseñar una política de incentivos e inversión en el campo para que haya el desarrollo y la vida digna que generan los empleos directos”.

Cualquier persona podría estar de acuerdo con esos enunciados programáticos.  Falta apenas explicar cómo llegar a estos resultados.

Las demás propuestas de “el ingeniero” se refieren al sistema pensional, pero no se mencionan cambios en las tasas de cotización o en las edades de jubilación, de modo que quedamos sin saber de dónde provendrían los recursos para esos nuevos o mayores beneficios pensionales.

El corto capítulo sobre política laboral y pensional reseña vagamente algunos problemas y menciona algunas propuestas, como el salario mínimo diferendo por regiones y “la necesidad de reformas paramétricas” en el sistema pensional. Pero ninguna de estas propuestas es retomada en la sección “¿Qué se puede hacer y cómo?”.

En síntesis: el programa de Hernández propone escenarios deseables, pero no dice cómo ni a cuál costo van a crearse los millones de empleos productivos que Colombia sin duda necesita ni cómo o a cuál costo tendremos el sistema de protección social que Colombia sin duda necesita.

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Paola Rios

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Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

Foto: Alcaldía de Barranquilla - Colombia superó el año pasado las expectativas de recuperación económica.

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Las presiones inflacionarias, el aumento del salario mínimo y las elecciones dificultarán el crecimiento económico y la creación de empleos formales.

Paola Ríos*

¿Qué pasó en 2021?

Colombia superó el año pasado las expectativas de recuperación económica. Como consecuencia, la OECD, el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda cambiaron sus estimativos sobre el crecimiento que tuvo lugar en 2021.

Los nuevos cálculos indican que el PIB habría aumentado entre el 9,5% 6 el 9,8% y que la actividad productiva logró los niveles previos a la llegada del virus. Estos resultados se explican en buena parte por la disminución de las medidas de confinamiento y el aumento del gasto de los hogares.

Pero en materia de empleo las cifras son mucho menos alentadoras, pues en noviembre de 2021 había un millón menos de personas ocupadas que en el mismo mes de 2019. La OECD pronostica que los niveles de empleo previos a la pandemia solo podrán alcanzarse a mediados de 2023.

Las elecciones podrían hacer que algunos inversionistas locales e internacionales aplacen sus proyectos hasta que se aclare el panorama político, económico y social.

¿Qué podemos esperar para el año que comienza?

El crecimiento económico

Es seguro que el crecimiento económico será más bajo que el de 2021, pues este récord histórico fue sobre todo un fenómeno estadístico. La alta tasa de crecimiento en el 2021 respondió en gran parte a que el rebote en la actividad económica permitió retornar a niveles ligeramente más altos que los que se observaron antes de la pandemia.

Además de lo cual, el repunte del consumo del 2021 fue impulsado por la deuda, pero es de esperar que las presiones inflacionarias den pie al alza de las tasas de interés por parte del Banco de la República u otras medidas que encarezcan el endeudamiento. Además, es probable que la inflación tenga un efecto negativo sobre el consumo.

Por eso los pronósticos sugieren que el crecimiento del PIB oscilará entre el 4% y el 5%.

Por otro lado, las elecciones podrían hacer que algunos inversionistas locales e internacionales aplacen sus proyectos hasta que se aclare el panorama político, económico y social. Este riesgo electoral quedó ilustrado en Chile, donde la elección de Gabriel Boric fue seguida por una devaluación sin precedentes, un aumento en las tasas de interés sobre la deuda pública y una caída en el índice bursátil. No obstante, solo conoceremos los efectos reales cuando el presidente electo ponga en marcha las reformas propuestas.

la economía colombiana en el 2022
Foto: Alcaldía de Barranquilla - El 2021 fue un éxito en recuperación económica, pero no en recuperación de empleo.

Puede leer: Quiénes han ganado y quiénes no con el repunte de la economía

Salario mínimo y el empleo

En el contexto colombiano, un aumento superior a la suma de la productividad y la inflación puede tener efectos negativos para las empresas, lo cual puede a su vez dificultar la creación de empleos formales.  De hecho, ya hay muchas empresas que están lidiando con la disminución en la demanda de sus productos por la crisis sanitaria, con el mayor precio de los insumos y de maquinaria y con el aumento de los costos salariales.

El aumento del salario mínimo podría hacer más difícil todavía que las empresas poco productivas ofrezcan empleos formales. Además, el reajuste del 10% podría estimular la inflación, afectando especialmente la capacidad de compra de los trabajadores informales que tienen ingresos bajos. De hecho, en 2021 la inflación para los hogares de ingresos bajos fue 2,5 puntos porcentuales superior a la de los hogares de ingresos altos.

Sin embargo, el aumento del salario mínimo también podría tener un efecto positivo, pues los nuevos ingresos seguramente se traducirán en un mayor consumo por parte de los hogares. A su vez, el aumento de la actividad económica podría promover la creación de nuevos empleos.

Finalmente, en 2022 disminuirán las ayudas del gobierno a las empresas. Por ejemplo, el gobierno anunció que el programa PAEF, que otorgaba subsidios a la nómina del 40% o el 50%, ha llegado a su fin. La eliminación transitoria del impuesto al consumo también ha terminado. No obstante se mantendrá vigente el programa Nuevo Empleo, que otorga máximo el 25% del salario mínimo a los empleadores que contraten nuevos trabajadores.

En síntesis, el 2021 fue un éxito en recuperación económica, pero no en recuperación de empleo. Todo indica que en 2022 habrá menores tasas de crecimiento y mayores costos salariales para crear empleos formales, lo cual hará difícil reducir los altos índices de desempleo. Solo resta esperar que la resiliencia de los trabajadores y los empleadores nos sorprendan y los indicadores sean mejores de lo previsto.

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Paola Rios

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Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

Foto: Alcaldía de Cartagena - Se recuperaron casi todos los empleos, y aún así el desempleo sigue siendo muy alto.

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Aunque hay algunas cifras alentadoras, el desempleo sigue disparado, las mujeres siguen rezagadas y los estragos de la pandemia podrían ser permanentes.

Paola Ríos*

Más crecimiento que empleo

Los datos más recientes del DANE indican que Colombia está recuperando el empleo, pero a un ritmo inferior al de la reactivación del crecimiento económico.

La tasa de desempleo fue 14,3 % en julio de 2021 y de 20,2 % en 2020. Por otra parte, la participación laboral —proporción de personas que están ocupadas o buscando trabajo sobre la población en edad de trabajar— fue 60,4 % en 2021 y 56,5 % en 2020.

Las cifras anteriores muestran una mejora sustancial en el mercado laboral con relación al drama del año pasado: más personas pudieron conseguir trabajo, dejaron de tener como actividad principal los oficios del hogar y se animaron a buscar un empleo.

Pero al comparar las cifras con las de crecimiento económico se llega a una conclusión adicional. Este año, el PIB de Colombia aumentó un 0,9 % y el número de ocupados disminuyó un 8 % respecto del segundo trimestre de 2019. En otras palabras, la economía está creciendo a un ritmo cercano al de la prepandemia, pero en empleo hay un rezago mayor.

Los sectores que sobre todo explican este fenómeno fueron el de comercio y el de industrias manufactureras. Como estos sectores son intensivos en mano de obra, debieron generar la mayor parte de los puestos de trabajo; pero en la práctica, según muestro adelante, esto se dio solo en el caso del comercio, no así en el caso de las manufacturas.  ¿Por qué?

¿Dónde y para quiénes se ha recuperado el empleo?

A lo largo de los meses anteriores, las cifras del DANE venían mostrando una tasa de recuperación de empleo más alta para los hombres que para las mujeres. Pero en julio cambio la tendencia: de los 1,7 millones de nuevos empleos registrados en julio con respecto al año anterior, el 53 % son empleos de las mujeres.

Esto por supuesto implica una disminución de la brecha de género en el mercado laboral, que se había exacerbado en los momentos más difíciles de la pandemia. En julio de 2020, por ejemplo, la brecha de género en la tasa de desempleo fue de 10 puntos porcentuales, mientras que este año la diferencia fue de 7,7 puntos porcentuales.

Este avance en materia de equidad de género puede estar relacionado con la reapertura de centros educativos, que les permitió a las mujeres desempeñarse en actividades remuneradas. Además, la mayor movilidad de las personas y la reactivación de la economía permitieron crear empleos en sectores como el comercio, los restaurantes, el alojamiento y el empleo doméstico, que son altamente feminizados.

En general, los sectores que impulsaron las cifras de ocupados fueron el comercio y la reparación de vehículos; el alojamiento y los servicios de comida; y las actividades artísticas y de entretenimiento. La suma de estos sectores representa más de la tercera parte del total de empleos creados con respecto a 2020. Sin embargo, inquieta que en estos sectores prevalece la informalidad y la inestabilidad.

Por último, es importante señalar que la recuperación de empleos se dio principalmente en las grandes ciudades. Este dato es positivo, dado que las mayores afectaciones durante la pandemia se dieron en las ciudades. También resalta en los datos de junio que las empresas que más empleos crearon fueron las pequeñas, que tienen hasta diez trabajadores. Esto significa que los empleos creados pueden ser relativamente inestables en el tiempo.

Foto: Alcaldía de Bogotá - El desempleo en el país ronda el 14 por ciento.

¿Quiénes siguen rezagados?

A pesar de los avances, el empleo femenino sigue rezagado y la brecha de género sigue siendo más alta que la de la prepandemia.

El 41% de los puestos de trabajo que no se habían recuperado entre julio del 2019   y julio de este año corresponden a sectores altamente feminizados, como el de la educación preescolar y primaria, el trabajo doméstico y la confección de prendas de vestir. Un 38 % de los puestos recuperados corresponde a sectores más masculinizados, como la ganadería y el transporte terrestre público.

El empleo juvenil también sigue rezagado. Entre mayo y julio de 2021, el número de jóvenes ocupados decreció un 8,3 % respecto de 2019, mientras que la disminución para el total de la población fue de 7,4 %. Esto sin mencionar el número de jóvenes que abandonó sus estudios a causa de la pandemia, como muestra Harvy Vivas en esta misma edición de la revista.

¿Qué sigue?

Todavía hay muchas dudas sobre el tiempo que tardaremos en regresar al escenario anterior a la pandemia.

De hecho, es válido preguntarse si en efecto volveremos a ese escenario, pues la pandemia pudo haber acelerado procesos productivos que cambiaron sustancialmente la demanda por trabajadores y que modificarán el panorama laboral de manera permanente. Por ejemplo,

  • ¿El comercio electrónico cambió la demanda de trabajadores en el sector comercio?
  • ¿El teletrabajo cambiará para siempre la demanda de trabajadores de transporte público terrestre?

Como dije al comienzo, la recuperación del empleo no avanza al mismo ritmo que el crecimiento económico. Pero este fenómeno se venía registrando desde antes de la pandemia; entre las hipótesis que podrían explicar este comportamiento figuran las siguientes:

  • Nos estamos volviendo más productivos;
  • Estamos trabajando más horas;
  • Se han reemplazado de manera más acelerada los puestos de trabajo por herramientas tecnológicas.

Sobre la primera hipótesis, todavía no se tienen datos. Acerca de la segunda, las cifras del DANE indican que ha sido más acelerada la recuperación del total de horas trabajadas que la del total de empleados. Y con respecto a la tercera hipótesis hay indicios, pero sería preciso un estudio más juicioso para determinar la magnitud de los cambios.

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Paola Rios

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Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

Foto: PxHere - Con la recuperación económica y la disminución en las restricciones para desempeñar las actividades económicas, la demanda laboral experimenta un ritmo muy diferente al que se tenía el año anterior.

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El desempleo sigue disparado, pero los empleadores no logran cubrir sus puestos de trabajo: esta es la paradoja de la recuperación económica. Un examen novedoso del mercado laboral en Colombia.

Paola Ríos*

Renuncias masivas

La demanda de trabajadores ha venido aumentando gracias a la recuperación económica y a la relajación de los controles sanitarios sobre las actividades comerciales.

Y sin embargo en varios países — especialmente en los países desarrollados— se habla de la dificultad de las empresas para llenar sus vacantes. Al mismo tiempo, y para completar la paradoja, este fenómeno ha sido acompañado por un aumento en las actividades de búsqueda de empleo por parte de las personas que desean conseguirlo.

Lo último se explica sin mayor dificultad: ante un panorama económico más favorable, los trabajadores están buscando mejores oportunidades, por ejemplo, empleos con horarios más flexibles. Se habla, incluso, de una renuncia masiva o de una  “gran renuncia” (“The Great Resignation”): un encuesta de Microsofot encontró que 41% de los trabajadores de distintos países estaba pensando en renunciar. En abril, Estados Unidos marcó un número récord de personas que renunciaron a sus trabajos (desde que se comenzó a llevar un registro en el año 2000).

El fenómeno anterior puede explicarse en Estados Unidos o en Europa, donde la recuperación económica sucede más rápidamente, las tasas de desempleo son más bajas y los mercados de trabajo son más competitivos. Pero en Colombia la paradoja es más difícil de explicar: aunque se reportó un record en el número de empresas que afirman tener dificultades para encontrar trabajadores, nuestro mercado laboral funciona de manera muy distinta de los mercados de países desarrollados.

Expectativas de contratación

Una encuesta reciente de Manpower indica que el 70% de los empleadores en Colombia tienen dificultades para cubrir puestos de trabajo. Es el número más alto en los últimos diez años; en 2019 (antes de la pandemia) era de apenas 54%.

Si bien el valor actual coincide con el del mundo en su conjunto (69% de empleadores que reportan escasez de trabajadores), la expectativa de contratación que tienen las empresas colombianas es diferente.

Manpower define la expectativa neta de contratación como el porcentaje de empresarios que pretenden contratar más trabajadores en el próximo trimestre menos el porcentaje que prevé un recorte de personal. En Colombia, esta expectativa neta es del 5% para el tercer trimestre de 2021, mientras países como Estados Unidos, Taiwán, Australia, Grecia o Islandia tienen una expectativa igual o superior al 15%. De 43 países incluidos en la encuesta, Colombia está entre los diez con menor expectativa de contratación. Por lo tanto, aunque las empresas nacionales afirman tener problemas para cubrir las vacantes, su expectativa de contratación no es muy alta.

Puede leer: Políticas para los jóvenes: más allá del empleo y la matrícula

¿Por qué es difícil cubrir las vacantes?

Infortunadamente el reporte de Manpower no nos permite indagar si la dificultad de las empresas para encontrar empleados es generalizada —para toda clase de ocupaciones— o se concentra en cierto tipo de perfiles. En términos generales, sin embargo, hay tres tipos de factores que podrían explicar por qué las empresas estan teniendo más problemas que antes para cubrir sus vacantes.

  1. Que sus mecanismos de búsqueda sean deficientes y les impidan encontrar los candidatos ideales.
  2. Que los trabajadores perciben un clima ideal para buscar mejores opciones y por lo tanto sean más exigentes a la hora de elegir un trabajo.
  3. Que exista un desbalance entre lo que buscan las empresas y la formación o las habilidades que tienen los trabajadores.

Respecto del primer factor hay que decir que los mecanismos de los empleadores para encontrar candidatos hoy son probablemente mejores que hace diez años. Hoy existen más agencias de empleo y plataformas digitales más capaces de encontrar al candidato ideal, escogiendo entre un mayor número de aspirantes.

El segundo factor opera, sobre todo, en mercados laborales muy estrechos, donde la tasa de desempleo es muy baja. Pero estas no son características del mercado laboral colombiano. Como ya vimos, la expectativa de contratación no es muy elevada y no ha llegado a los niveles de antes de la pandemia; lo mismo sucede con la tasa de desempleo. No obstante, algunos puestos de trabajo que tienen una alta demanda sí pueden producir un clima más competitivo.

Sobre el tercer factor —que indicaría un desbalance entre las habilidades demandadas y las habilidades ofrecidas— no se tienen datos generales que puedan demostrarlo de manera clara y concreta. Sin embargo, en Colombia hay estudios de algunos sectores que sí sugieren una posible escasez de talento, sobre todo en el sector tecnológico.

Foto: Alcaldía de Bogotá - La encuesta de Manpower indica que el 70% de los empleadores en Colombia tienen dificultades para cubrir puestos de trabajo.

Lea en Razón Pública: ¿Cómo recuperar el empleo después de la crisis?

Escasez de talento especializado

Según el registro de vacantes en el Servicio Público de Empleo (SPE), parece que la demanda de trabajadores con un nivel educativo superior al bachillerato ha tenido un mayor dinamismo en el último tiempo. Durante el primer semestre de 2021 este tipo de vacantes aumentó 26% respecto del 2020, aunque está un 15% por debajo de lo registrado en 2019.

En cuanto a las vacantes para bachilleres o personas con un nivel educativo más bajo, el aumento comparado con el primer semestre de 2020 fue del 21% y el rezago frente al primer semestre de 2019 fue del 25%. Estas cifras pueden ser un indicio de que hay mayor demanda de perfiles técnicos o profesionales.

Asimismo, la pandemia aceleró la adopción de tecnologías, lo cual sugiere que habría   una mayor demanda de personas capaces de manejar las herramientas tecnológicas. Esto también lo sugiere un análisis de los textos de 1.183.501 ofertas de empleo según el cual las competencias informáticas —que van desde la ofimática hasta el manejo de software especializado— fueron más numerosas en 2020 que en 2019.

Un estudio para identificar las brechas de capital humano en el sector de las TIC — elaborado por el Ministerio del Trabajo, el Ministerio de las TIC y otras entidades— encontró  un déficit de programas educativos para cargos asociados con el desarrollo de software y una brecha en la demanda de estos programas; es decir las personas optan por estudiar otras carreras.

El mismo estudio indica que hay una distancia entre lo que necesita el sector productivo y las habilidades que tienen los egresados de las instituciones educativas; especialmente en cuanto a “habilidades blandas”, como la orientación al cliente, las destrezas de comunicación, el liderazgo y la resiliencia.

Otro análisis elaborado por CEPAL, usando información de dos plataformas de trabajo remoto, indica que, a pesar de la demanda global de oficios en el sector de la economía digital, en Colombia no hay una oferta suficiente de cargos relacionados con tecnologías de la información, programación, ventas y marketing. Este mismo reporte señala la escasa representación de las mujeres en la economía digital, especialmente en oficios relacionados con tecnologías de la información y programación.

Un estudio más, elaborado por el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Cultura y otras entidades, sobre los sectores de audiovisuales y BPO (Bussiness Process Outsourcing), mostró brechas en el manejo de inglés, herramientas TIC y programación. También se observaron brechas en “habilidades blandas” como la comunicación asertiva, el autoaprendizaje o el relacionamiento.

Más educación y orientación profesional

Aunque se necesita más información para entender este aumento del porcentaje de empresas que tiene dificultades para encontrar personal, sí podemos afirmar con certeza que la pandemia aceleró el proceso de digitalización en muchos sectores productivos e impulsó especialmente al sector tecnológico. De igual forma, las tendencias globales muestran la necesidad de tener una fuerza laboral con más alto nivel educativo, habilidades en herramientas TIC y con talento en “habilidades blandas”.

Los datos en Colombia parecen confirmar esta tendencia. Hay más demanda de personas con habilidades en informática y de perfiles técnicos y profesionales. Por eso han de ajustarse los programas académicos, no solo en la educación terciaria sino también en los procesos formativos más tempranos y en la orientación profesional, pues parte de la escasez de talento se puede explicar por la poca disponibilidad de personas que optan por carreras en el sector de la economía digital o que adquieren habilidades en herramientas TIC. Además, deberían prestarse otros esfuerzos para mejorar las habilidades de quienes ya participan en el mercado laboral.

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Paola Rios

Escrito por:

Paola Rios

Economista de la Universidad Externado de Colombia, Magíster en Economía de Tilburg University.

ISSN 2145-0439

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